La Comala de Colima y la Comala de Rulfo

Visitar Comala es un excitante recorrido por el punto de reunión de mundos paralelos, el real y el literario.

enero 06, 2016
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“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre,

un tal Pedro Páramo.”

Juan Rulfo

Vine a Comala porque es donde sucede Pedro Páramo, una novela tan abismal como los grandes misterios que aloja México.

El pueblo de Comala, en Colima, poco tiene que ver con la Comala que se imagina Juan Rulfo en Pedro Páramo. ¿Quién desearía visitar la Comala de Rulfo? Un lugar entre el cielo y el infierno, un páramo como el limbo, un no lugar.

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Juan Rulfo en Comala en 1961.

La Comala de Rulfo no puede compararse ni con el más seco de los desiertos. Está tan profundamente alojado en la conciencia, o en el inconsciente, de un hombre que supo tocar las vísceras de este país, en su identidad, en su nostalgia, en su pérdida y melancolía; la Comala de Rulfo se encuentra en todas partes. En la mirada de los mexicanos que trabajan en el campo, en el valle de los cirios de la Baja California Sur, entre los magueyes de Oaxaca, y los árboles de Nayarit, en la selva de Chiapas, en las voces de los tríos y mariachis, en las risa de la mamá grande, o del recién nacido en Guanajuato, en las sonrisas de las mujeres de la maquila.

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Aunque la obsesión mexicana por la muerte –su necesaria burla ante esta convicción inevitable– permea cada página de Pedro Páramo, lo cierto es que la historia que se cuenta podía haber ocurrido en cualquier otro lugar. Describe Jorge Volpi en el prólogo a una de las ediciones de la novela de Rulfo.

La Comala de Pedro Páramo es intrínseca a las sensaciones del mexicano, al humor, a la burla, a la soledad y a la tristeza, a la alegría, al sazón y al baile mexicanos.

Es el sitio del hubiera “qué pasaría si”, “cómo fuera en el caso de que”, “y si sí”, “y si no”. Y también del no lo cambiaría por nada. Todo mexicano está orgulloso de serlo. Por las raíces, la tierra y su belleza, la familia y la lucha en común. Todos los mexicanos se reconocen en los mexicanos.

La Comala de Colima, es un pueblo de casas blancas, de calles empedradas, que en la plaza que erige una estatua de Juan Rulfo, venden alcoholes de sabores, dulces, la tuba, una bebida extraída de la espiga de flores de la palma de coco. Es un sitio tranquilo, donde se antoja reflexionar acerca de un lugar que no puede ser acogido por un lugar, sino que está en la tierra y en las almas de los mexicanos.

A pesar de la fidelidad de Rulfo al lenguaje de los Altos de Jalisco, o a la recreación de la historia completa de un pueblo mexicano durante la época revolucionaria, Comala podría estar en cualquier parte justamente porque no está en ninguna. Su aridez y su soledad son universales. Continúa Volpi en su apreciación de Pedro Páramo.

Lo que cierto es que desde Ciudad Guzmán en Jalisco hasta la ciudad de Comala en Colima, los paisajes van develando una serie de fotografías que son parte del México Rulfiano, cuando este se acerca a la esperanza y a los sueños, y no se queda acurrucado en el hubiera, ni en la nostalgia.

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La visita a la Comala de Colima es el presente nítido, el cual nos remite a la imaginación de las grandes mentes mexicanas, justamente porque se vuelve evidente que llegan a abrazar un cosmos que va más allá de lo material y de la escenografía.

Imágenes:1) Cortometraje Comala de Jim Bruno,  3)institutoculturaldeleon.org.mx

 

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