40 años aprendiendo de los Tarahumaras: Javier Ávila Aguirre “El Pato” (Entrevista)

Este entrañable personaje nos sumerge en la admirable cosmovisión rarámuri.

mayo 31, 2016
11655SHARES

 

Ellos no aprendieron nada en los libros, lo aprendieron en la vida. Hay que hacer universidades para desaprender.

Javier Ávila Aguirre 

 

Quizá no existe quién visite la sierra Tarahumara con el propósito de conocer más sobre los rarámuri (tarahumaras) que no haya escuchado hablar de “El Pato”. Se trata de un jesuita muy querido por distintos sectores sociales; lleva cuarenta años trabajando, con base en Creel, por la defensa de los derechos humanos, desde su organización Comisión de Solidaridad y Derechos Humanos (COSYDDHAC).

Cuando llegó a la sierra, en los años 70’s, quedó prendando de lo que el llama “la inteligencia sumamente civilizada de los rarámuri”, así como de diversos aspectos de su concepción de la vida: la justicia, su sentido de comunidad y solidaridad, el concebir el todo como sagrado e incluso la armónica dualidad, masculina-femenina, de su principal deidad: Onorúame – Eyeruame.

Cuarenta años después, aún cuando la globalización ha hecho de las suyas, muchos rarámuri conservan su concepción original de la vida, la cual, a decir de Javier Ávila, les genera mucha paz –un estado por cierto envidiable en la actualidad occidental, donde la premura y el acelere son quizá la principal característica.

En esta entrevista Javier Ávila “El Pato” nos comparte, luego de tantos años de experiencia con este pueblo, cuáles considera los rasgos más admirables del pueblo rarámuri, mismo que a través de los siglos se ha forjado una imagen de dignidad y resistencia (en sentido mucho más amplio que su épica habilidad para correr largas distancias).

A continuación compartimos algunas de las nociones del tarahumara que Javier Ávila ha encontrado admirables en tanto tiempo trabajando con ellos:

 

Sobre la Muerte

A nosotros cuando muere un ser querido nos duele profundamente, le hacemos novenarios o nos deprimimos. Hace poco platicaba con el hermano de un rarámuri que murió, tenía una cara de profunda tristeza, pero una paz impresionante –¿Qué necesitas?–le dije.–Tengo nada, no necesito nada–. Es impresionante la concepción: tengo nada.

 

Sobre su resistencia

Son culturas que tienen por lo menos tres veces más de tiempo que nuestras culturas actuales y permanecen ¿por qué será? ¿qué hay en el fondo de ellos que los hace ser tan resistentes?. Ellos me han enseñado a mi muchísima resistencia.

Cuando fui víctima de una demanda injusta un rarámuri me dijo–Cede, ponte a negociar; yo te he notado muy angustiado y hay que vivir en paz–. Encontré que yo había perdido la paz por algo que es absurdo. Y me dijo– Imagínate si nosotros estuviéramos así con tanto territorio que nos han robado: pierde el que roba, pierde dignidad, pierde confianza, pierde fe, pierde esperanza–.(Aunque todo mundo tiene un límite y los rarámuri no están dispuestos a perder más territorio).

 

Sobre su manera del ver al otro

El gran problema que tenemos nosotros los occidentales para relacionarnos con el otro es que nos situamos en un palco, en una diferencia de altura: del que sabe al que no, del sano al enfermo, del nutrido al desnutrido. Hay que empatarnos con los otros. En los cuarenta años que llevo aquí no sé qué he enseñado pero he aprendido muchísimo, he recibido muchísimo. Ellos saben de todos los temas: económico, educativo, justicia: todas estas concepciones no las conocemos y hay que darlas a conocer.

 

Sobre la Justicia

Un compadre rarámuri me dijo un día–Oiga compadre, qué injusta es la justicia de ustedes–.–¿Por qué?–, contesté. –Cuando alguien de ustedes hace algo se lo llevan, lo encierran, come tres veces al día y se olvida de su familia y de su tierra y a quién perjudicas a la familia y  no a él–.

La justicia de ellos se lleva a cabo en un juicio: lo más importante para ellos es la justicia restaurativa, el delincuente tiene qué cambiar, tiene que restaurar lo que se dañó y nuestra justicia es total venganza: tú mataste, vas al bote, que te duela, esa es la manera en como vas a pagar, castigándote.

Para los tarahumaras cuando alguien comete un delito se le manda traer a un juicio y este se hace en la comunidad en donde todos tienen derecho a hablar y a señalar, y las autoridades están oyendo nada más. A veces crece mucho la tensión entre los señalamientos y las acusaciones y entonces el gobernador comienza a decir bromas y se relaja el ambiente; y prosigue el juicio, sacan todo. Si se le declara culpable se le dice, este es el daño que hiciste ¿cómo vas a repararlo? Se le dice la manera en que lo reparará y hay algo muy importante: el gobernador hace un exhorto y se dice a la comunidad que no se le volverá a señalar como culpable, hay que reintegrarlo a la comunidad. Si él sigue insistiendo en sus faltas entonces se margina él solo: ya no se le invita a las fiestas, ya no se le invita al trabajo: solo se ha marginado.

En nuestra ley marginamos al delincuente. En la comunidad, la misma gente se margina, pero siempre se busca cómo reintegrarlo a la comunidad, el valor comunitario es importantísimo. Tiene mucha importancia el individuo, por su puesto que sí, pero dentro de la comunidad.

 

Sobre la educación

Con un compadre rarámuri hablando sobre educación me dice –Oye compadre ¿por qué se esfuerzan ustedes tanto en que seamos como ustedes? ¿no se dan cuenta de lo mal que les ha ido? ese tipo de educación no la queremos para nuestros hijos, ni la necesitamos–.

Cuando me preguntan; oye ¿están civilizados? Depende qué entiendes tú por civilización. Si civilización significa que sean más humanos, que sepan llevarse más, que sepan convivir más (que ahí radica lo diferente a lo nuestro como “civilización”): sí creo que están mucho más civilizados que nosotros.

 

Sobre su democracia

Alguna vez en una reunión en los años 70 de unos 200 gobernadores (se elige un gobernador por cierta área geográfica) un rarámuri me platicó que se rumoraba que el Instituto Nacional Indigenista de ese entonces estaba proponiendo que duraran solo tres años los gobernadores y que se les pagara. Me dijo que no estaba de acuerdo y su razonamiento era: si es bueno ¿porqué lo vamos a quitar a los tres años? y si es malo ¿por qué lo vamos a aguantar tres años?; si nos pagan, además, entonces sí vamos a ser como ustedes, vamos a querer ser gobernadores, y se negaron. Algunas comunidades aceptaron solo el cambio cada tres años pero no el dinero

Yo conocí a un gobernador que duró más de treinta años. Y me decía él –Oye, dile a la gente que ya me cambie es que ya estoy cansado–.–Diles tú–, le dije.– No, es que dicen que todavía les ayudo–. Entonces, qué conceptos de justicia y de democracia tan diferentes; su concepción es de lo más inteligente y civilizada.

 

Sobre su religiosidad

Un obispo le preguntaba una vez a un grupo de rarámuri que se reunían con los sacerdotes: –Bueno, ¿y porqué cuando ustedes se reúnen no tienen misa?–. Y este le responde.–Mire, la misa para ustedes es el momento de relación más cercana con Dios, nosotros nos sentimos en relación constante con él-ella–. Para ellos todo su ser es religioso; no conciben ellos una celebración de fiesta sin poner una alusión a Dios que es al que se le agradece la vida.

Todo es sagrado, dado por el onorúame, que es además un concepto muy bonito que es papá-mamá. Para nosotros Dios es masculino, no existe la parte femenina como una deidad.

Dicen que hay sincretismo religioso, yo no creo, es lo de ellos perfectamente acoplado en una asimilación de lo que occidente pudo haberles dado. A mi ellos me han enseñado a ser cristiano: su forma de vivir una religiosidad, una relación con un Dios manifiesta en su relación con los demás. Su religiosidad es muy horizontal, muy en relación con la comunidad, volvemos a lo mismo.

 

Sobre México

Mucho de lo que estamos perdiendo como identidad, cohesión, solidaridad, todo eso búsquenlo en las comunidades y van a encontrarlo: tienen mucho qué enseñarnos las comunidades autóctonas.

Cargar Más