El Tlacuache o el Dios ladino que robó el fuego para los antiguos mexicanos

Nuestra resistencia está en los mitos que conjuramos: este es el mito del Tlacuache, el Dios de la regeneración.

Por: Rober Diaz
junio 25, 2016

“La historia de la humanidad ha sido escrita por los vencedores”. Lo anterior lo escribió Brasillash antes de morir frente al patíbulo, acusado de colaborar con el nazismo. Sin embargo, no siempre se olvida aquello que los vencedores quisieron borrar, como tampoco se niega ese secreto aprendido en silencio y que modelan ­­–más que un itinerario de lucha para los pueblos frente a sus invasores– una filosofía para resistir.

Si los santos católicos ofrecieron un abanico de personalidades, y estas sirvieron como sustitutos para el antiguo panteón de dioses prehispánicos, estos modelos de probidad no pudieron allanar en su totalidad las diversas formas en la que los dioses de la antigüedad prehispánica se manifestaban.

Aquellos dioses desaparecieron poco a poco, pero el tlacuache, adorado como una deidad a la altura en que se tenía al jaguar, el conejo o el águila, pervivió. El tlacuache fue un animal divino para muchas culturas mesoamericanas. Parece que su fama se extendió por las propiedades curativas de su cola, con la que se asegura, robó el fuego privilegio de los dioses y lo metió en su marsupio para entregárselo a nuestros ancestros. Luego de la conquista también se dijo que el tlacuache había cometido aquella proeza porque el hijo de la virgen María, una noche fría necesitaba calor, fue entonces delante de la Vieja Avariciosa y le pidió calentarse en su fogata; en un descuido este robó la lumbre para entregársela al salvador.

Si la versión occidental hizo referencia a esta hazaña en la leyenda de Prometeo, donde un titán furibundo (aunque lleno de heroísmo y amor por los hombres) les regaló el fuego a estos últimos luego de robárselo a su padre Zeus, el Tlacuache lo hizo un día de parranda; se convirtió sin proponérselo en un Fénix de poca monta que no pudo ser exterminado gracias a su abundante reproducción:

Cuenta una antigua leyenda que un día el tlacuache invitó a comer a su compadre, cuando éste llegó se dio cuenta –siempre loco, olvidadizo y dicharachero– de que no tenía nada que ofrecerle de comer. Entonces el tlacuache se fue al río y le pidió a su esposa que lo matara y cocinara su carne. La esposa del tlacuache tuvo cuidado al hacerlo y dejó sus nervios pegados al hueso para que se regenerara pronto. Cuando la carne estuvo cocida y servida, el tlacuache regresó con su compadre y también comió de su propia carne como si nada hubiera pasado.

Las características del tlacuache

Este marsupial carga a sus hijos en una bolsa con un músculo que se contrae y distiende, esto le permite liberarlos a voluntad por si hubiese algún predador al asecho. Caza gallinas y roba el maíz. Su cola tiene propiedades maravillosas como ya dijimos, que van desde quitar el estreñimiento hasta acelerar el parto para las mujeres embarazadas y regresarles la regla si ésta les faltara. También su cola es útil para curar las vías urinarias, solo basta embarrar un ungüento, derivado de moler la cola, para hacer sanar cualquier miembro del cuerpo afectado.

tlacuache

No solo son sus propiedades una fuente de sanación, el carácter del tlacuache está bien definido en la siguiente anécdota:

Se dice que en el principio de los tiempos acudieron a este personaje para preguntarle si los ríos debían ser rectos o tener ondulaciones. El tlacuache que estaba ebrio dijo que debían ser curvos, porque eso detendría el cauce que vertiginoso correría si los ríos fueran rectos. Nadie podría pescar y a él le gustaban muchos los peces como para dejarlos pasar.

Este Dios representó el sabotaje de lo aparentemente perfecto, sus mayores laureles los obtuvo mintiendo, pero su engaño tuvo un motivo, y su mendicidad recuerda al viejo Diógenes el Perro.

El Dios Tlacuache y los múltiples mitos que se tejieron alrededor de él, recuerdan la característica ladina con la que luego fueron asociados los indígenas por permanecer fieles a sus antiguas creencias. A la vez, este prejuicio provocó que el mito cayera en desuso para las siguientes generaciones. Pero no todo se perdió, el tlacuache y su leyenda pudieron filtrarse en la “economía de guerra” con la que el indígena sobrevivió –se calcula que un aproximado 25 millones de indígenas perecieron durante la conquista–: engañar en esa tierra ahora de conquistadores fue su forma de sobrevivir como lo fue para el tlacuache.

Su adoración transmutó como un recurso histriónico, en el que había que actuar la propia muerte, demostrando poco valor pero mucha astucia; luego con esta actitud se representó a los héroes en la pantalla grande. El indio ladino, el chavo de barrio, el trabajador alburero que solía salirse con la suya de la forma más divertida. Su aparente falta de compromiso solo demostraba que su verdadera intención era más grande, pues aún sumido en su propia marginación osaba reírse de su destino.

¿Acaso la forma en la que los mitos se trasmitieron, ocupando una categoría moral no confesada dentro del imaginario nacional, pudieron darle sentido a una ideología secreta para resisitr a nuestro pueblo?

Posiblemente no haya sido solo la influencia del mítico tlacuache sino un cúmulo de circunstancias políticas, sociales, pero el mito en sí logra condensar una personalidad que sigue recorriendo el ser mexicano y que le guste o no a quien la vitupera y señala, permanecerá como una señal de lo que fuimos, quiero decir, somos.

A continuación, una receta de sanación contenida en el libro Los Mitos del Tlacuache del historiador Alfredo López Austin:

 

Medicamentos entre los que se encuentra la cola del tlacuache, según Martín de la Cruz

Huihuitzmallótic. Cohuanenepilli. Hierba para la vejiga, o halicacabo.

Cuando se ha tapado el conducto de la orina, para que se abra, muélanse brotes de las hierbas mamaxtla y cohuanenepelli, el tlatleuhqui amoxtli, la flor muy blanca del yolloxóchitl y la cola del animal llamado tlácuatl, en agua muy amarga, y mézclese semilla de la muy conocida chían. Todo en conjunto ha de macerarse. 

Cuauhaláhuac. Cihuapahtli. Quetzalhuéxotl. Remedio para la parturenta.

Cuando una mujer tiene dificultad para eliminar el feto, o simplemente, para facilitar el parto, beba el medicamento hecho de corteza de árbol cuauhaláhuac y de la hierba tlanextia. Quémense pelos y huesos del mono, un ala de águila, un poco de árbol quetzálhuéxotl, cuero de venado, hiel de gallo, hiel de liebre y cebollas descecadas al sol. Se agrega a todo eso sal, un fruto que llamamos nochtli y octli.

Todo se calienta y se unge al paciente con el jugo.

Coma carne de zorra y cuélguese del hombro una esmeralda verde al igual que una perla, también muy verde.

También puede beber puede un preparado de pulque, de caca molida de halcón y de pato y un poco de cola de tlacahuatzin. El pulque ha de ser dulce.

Báñese la vulva con líquido preparado con tallos de xaltómatl, cola de xaltómatl, cola de tlacutazin y hojas de cihuapahtli, molidas.

También muele en agua la cola de tlacautazin y la hierba cihuapahtli y aplícalo con un clisterio en el vientre para lavarlo y purgarlo.

Debe lavarse el vientre mediante un clisterio en agua caliente de hierbas molidas de ohuaxocoyolin. Y sino se aprovecha esta medicina, hay necesidad de recurrir a la médula de la palama muy tenúe, cubierta con poco de algodón unatada con miel y de la raíz de la hierba huihuitzmallótic, que se introduce con muchisímo cuidado en el meato del miembro viril, pues de este modo se abre la obturación de la orina.”

 

*Imágenes: 1) Ilustración de  Ana Paula de la Torre Díaz; 2) Figura de barro encontrada en Tlapacoya, Estado de México; se cree data del año 1000 A.C.

Autor: Rober Diaz
Escritor. Hiperrealista. Trabaja en LCD / Departamento de teorías conspiratorias.
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