Recorriendo el Laberinto de Paz

El Pachuco, las máscaras, la chingada... un breve recorrido por el Laberinto de la Soledad de Octavio Paz que aún hoy mueve consciencias y despierta controversia.

Por: Lucía Treviño
julio 24, 2016

 

El texto parte de una situación personal de confusión,

de soledad, de desconcierto del autor,

y de allí, desde esa confusión, desde esa soledad,

se transita a la historia, al mundo,

a la vida, a la sociedad.

                                                                   Alejandro Rossi

 

A finales de los años cuarenta Octavio Paz se mudó a Los Ángeles por un tiempo. Caminando por las calles de esa ciudad reconoció un aire de mexicanidad, fue cuando se preguntó ¿Quién es el mexicano?

El Laberinto de la Soledad se publicó por primera vez en 1950. El texto recibió aplausos, elogios, rechazos y críticas. El autor esbozaba un complejo ensayo sobre el mexicano. Un intento de análisis sociológico, histórico y hasta psicológico, narrado con esa voz poética que lo distingue, como con ecos de Piedra de Sol.

Debido a la posición económica del poeta, a la distancia que logró tomar, parecía que el autor estaba desligándose del dolor y el sufrimiento que los cambios, las guerras y la historia, habían infligido en el pueblo mexicano.

Una gran mayoría de escritores y académicos confronta a Octavio Paz con José Revueltas. Aún hoy en día existen quienes se reconocen partidarios de uno u otro como si fueran banderas contrarias. Identificarse con un autor sucede de manera natural, pero en este caso, tanto Paz como Revueltas son una clara demostración del espectro que se abrió en la literatura mexicana, literaturas que han representado al país en sus diversas formas, “desde un Paz hasta un Revueltas”.

Para comenzar a recorrer el laberinto se nos presenta la figura que cautivó al premio nobel. El pachuco, “Todo en él es impulso que se niega a sí mismo, nudo de contradicciones, enigma”. Asocia la rebeldía del pachuco con la de un adolescente que se disfraza para no asumir su identidad, quedándose a medias, ni mexicano ni americano. Cierra el primer capítulo proponiendo que en términos históricos México es un país adolescente, si se le compara por ejemplo con algunos países europeos.

Continuando el camino por el laberinto retoma las máscaras. Dice que están introducidas en el lenguaje popular, los rodeos, el albur. “El hermetismo es un recurso de nuestro recelo y desconfianza.”. Describe la resignación como una virtud, “Más que el brillo de la victoria nos conmueve la entereza ante la adversidad”. Y propone que las características de lo femenino y masculino también están en el habla y las expresiones. “Para los mexicanos la mujer es un ser oscuro, secreto y pasivo”. Las máscaras que describe Paz, las que se esconden en el silencio o en las frases coloquiales, son la armadura para postergar el reconocimiento de nuestra condición mexicana.

Pero las máscaras también se caen. En las fiestas, reuniones y ceremonias, el mexicano llega al derroche económico y emocional. “Algo nos impide ser. Y porque no nos atrevemos o no podemos enfrentarnos con nuestro ser, recurrimos a la Fiesta.”. En la fiesta hay un acto de solidaridad con los otros mexicanos, también aparecen las confidencias y declaraciones más íntimas. “La indiferencia del mexicano ante la muerte se nutre de su indiferencia ante la vida. El mexicano no solamente postula la intrascendencia de morir, sino la del vivir.” Y en nuestra relación con la muerte se muestra también nuestra relación con la vida; como está todo lo que queremos decir en lo que callamos.

“¡Viva México, hijos de la chingada!” se grita en celebraciones y fiestas. Paz aprovecha la figura de la Malinche para ligarla a la chingada. La Malinche como el mito que encarna la mujer indígena que traicionó a su pueblo. Los mexicanos como hijos de una madre que ha traicionado y un padre conquistador, “luchamos con entidades imaginarias, vestigios del pasado o fantasmas engendrados por nosotros mismos.”. ¿Quién es la Chingada?, se pregunta Paz, y responde que se trata de una madre mítica que ha sufrido y también una madre que ha sido violada.

el laberinto de la soledad

Integrándonos a otra de las vertientes del laberinto nos encontramos con la etapa posterior a la Conquista. Cuando la población criolla es una mayoría, se busca la independencia. “Si México nace en el siglo XVI hay que convenir que es hijo de una doble violencia imperial y unitaria: la de los aztecas y la de los españoles.”. No solo se mezclan rasgos y razas, también creencias y tradiciones. Sin olvidar que desde el comienzo de la Conquista el indio encuentra un zona segura dentro de la Iglesia.

Pero el mismo tipo de gobierno que se tenía en la Conquista continúa a manera de Virreinato Mexicano. Hasta la Reforma, con ella viene la negación de la Conquista, la negación del pasado indígena y del catolicismo. Una minoría pensante impone su esquema. Y el único que se anima a tomar las riendas es Porfirio Díaz, quien organiza al país pero prolonga el feudalismo y abraza el positivismo. Se funda a México sobre una noción general (y hasta Universal) del Hombre sin tomar en cuenta la condiciones del país ni a la sociedad; se reduce a un sueño, a una utopía.

Llegada la Revolución se busca la verdad, y sin tener un plan, en la lucha se va definiendo. “La explosión revolucionaria es una portentosa fiesta en la que el mexicano, borracho de sí mismo, conoce al fin, en abrazo mortal, al otro mexicano.”. Finalizada la Revolución se busca reconstruir al país, pero son pocos los pensadores que ofrecen una guía. Vasconcelos y Justo Sierra son los precursores de la educación. Pero en cuanto a ideologías se importan de otros países, haciendo un pastiche a favor del progreso; se continúa con la imposición de formas extranjeras para impulsar a la sociedad mexicana.

Pasada la segunda Guerra Mundial “Vivimos, como el resto del planeta, una coyuntura decisiva y mortal, huérfanos de pasado y con un futuro por inventar.”.

Al finalizar, Paz enuncia lo que sería el comienzo de la situación actual, delineando una condición que hoy es más evidente: las diferencias abismales entre ricos y desposeídos. “La historia muestra que nunca una clase ha cedido voluntariamente sus privilegios y ganancias.”. Cierra concluyendo que México es un país que históricamente ha evadido y sigue evadiendo cuestionarse y reconocerse.

La idea del laberinto es la metáfora de una realidad que se consume a sí misma sin encontrar otra forma de enfrentar su complejidad. Pero el camino recorrido dentro del mismo laberinto genera vistazos de diversas verdades que otorgan alguna noción del país. Y es entonces cuando Paz integra la idea del amor, como un acto solitario (el recorrido de un laberinto propio en la soledad), un cuestionamiento, una acción en la cual se “es”. Pero los mexicanos no hemos podido definir una concepción totalizadora del amor porque nuestro amor es individual, por lo que no nos constituimos como México, pero sí como individuos habitando en México, viviendo esa soledad.

Este texto es apenas una descripción superficial acerca del tratamiento del Laberinto de la Soledad de Octavio Paz. Como se estipula al principio, el ensayo es complejo, primero porque intenta aborda una totalidad histórica, segundo porque utiliza un lenguaje que alcanza cierto barroquismo, tercero por es una lectura que afecta a cualquier mexicano, ya que se trata de aceptar una “verdad dolorosa”, o de negar que la totalidad y la profundidad de los mexicanos está descrita en 231 páginas, y que no hay más.

El Laberinto de la Soledad forma parte de algunos planes de estudio de las preparatorias en México. Por su complejidad, un adolescente de 15 años tarda más tiempo en realizar su lectura y necesita de la guía del maestro.

Hace algunos años, Marco, estudiante de tercer semestre de preparatoria, tuvo que exponer Los hijos de Malinche frente a clase. Desde cierta distancia se apreciaba que las páginas de ese capítulo estaban completamente en amarillo, ya que en su intento por resumirlo había subrayado la totalidad del texto. Cuando se le señaló lo que había hecho el alumno aseguró que todo le parecía importante.

*Imágenes: 1 y 2) Pinturas de Francisco Toledo

 

 

 

Autor: Lucía Treviño
Lectora. Interesada por el lenguaje. Curiosa. Originaria de la frontera.
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