Imagen instántanea de Paty Quintana

Esta semblanza nos introduce a la personalidad de una las figuras más importantes en los últimos años en la resignificación de la comida mexicana.

Por: Mónica del Villar K.
agosto 05, 2016

 

“…La femineidad luce en su rostro. Trabaja, no se está ociosa, emprende cosas, tiene ánimo.”   

¡Gran embajadora de la cocina mexicana para el mundo!

Mónica del Villar K. 

 

Conocí a Patricia Quintana hace muchos o pocos años, depende del punto de vista, a principios de los años setenta, en un contexto familiar y social pero en el que, sin duda, era un honor sentarse en la mesa que ella servía con bondad y gusto, así nomás, en la vida diaria, cotidiana, casera pero con un toque de virtud porque sus platillos tenían ya “ese algo” de excepcional y disfrutable. Por supuesto, yo no tenía entonces una conciencia y conocimiento claro de la importancia y riqueza que posee la comida tanto como elemento cultural, como natural. Menos conocía los sabios tonalpohualli o “libro de los destinos” de nuestros antepasados, para poder predecir el futuro de la vida de una gran mujer, aunque algo se podía intuir ya en la importante labor destinada a Patricia: la preparación de los sustentos del hombre.  

Ella eligió el arte de la cocina que se manifiestó de varias maneras: en su seria investigación y experimentación, en su manejo y creación, en el enamoramiento de sus raíces antiguas que matrimonia con el presente mexicano. Pero además, en la gran difusión de su quehacer en las que ha empleado múltilpes vías: cursos, seminarios, conferencias, asesorías, banquetes, restaurantes, hasta convertirse en una empresaria exitosa con sus productos comerciales de gran éxito por sus recetas secretas.  

Conservo, con gran aprecio, el primer libro de Paty de 1975, con la portada dibujada por José Luis Cuevas en una edición pionera y artesanal. La tituló: La cocina es un juego, fue dedicada a “Todos aquellos que se aventuran en el maravilloso juego de la cocina”.  Así fue como el juego de Patricia, se convirtió en toda una aventura profesional, cultural y recreativa. Casi 10 años después,  en los años ochenta del siglo pasado, salió su segundo libro, The taste of México, y a partir de entonces, ha publicado numerosos títulos, más de 10, siendo uno de sus últimos libros, El Mulli. Pero Paty, no solo es una destacada chef y autora, sino que se ha convertido en toda una gran promotora cultural, tanto dentro como fuera de México. Cómo expresé en líneas anteriores, ella es: asesora, articulista, maestra, empresaria, embajadora culinaria, difunde y recrea numerosos platillos calificados como “el gusto mexicano”, es un contacto internacional y al mismo tiempo es un identitario nacional.  

Por 13 años fundó y mantuvo el reconocido y exitoso restaurante El Izote, que significa la flor de palma en maya yucateco, en la Ciudad de México, decorado con ese gusto de pictografías de nuestros anitguos mexicanos y con un menú digno de ellos hasta nuestros días. Fueron 13 años, una trecena, que marcan un ciclo calendárico prehispánico de inicio-fin para pasar a otros ciclos nuevos.  

En el 2015 fui invitada a un homenaje a Paty por cumplir 50 años de chef que ha dado tantos satisfactores a nuestros paladares y espíritu. Ha librado una gran y digna batalla por su salud física, sin demérito de su valores y creencias que tanto ha luchado por ellos con gran ejemplo por la vida . En verdad es una mujer extraordinaria y bella. Esa noche lucía un traje tan fino como autóctono de Veracruz, lugar donde guarda honda raíces. Nos sorprendió a todos al compartir su último libro, Polvo de jade. Esencia del tiempo. La primera obra narrativa que nos brinda, una piedra preciosa como su título. Es un reencuentro consigo misma, pasado y presente, también le damos las gracias por ello como otra muestra que nos comparte de su amor a la vida y a su cultura. 

Termino esta fotografía de Paty con una cita de Bernardino de Sahagún que resaltó Miguel León-Portila sobre  la figura ideal de la mujer indígena en el México antiguo, la cual incluye entre sus atributos esenciales, el ser buena cocinera, “prepara buena bebida, buena comida…”. “La mujer ya lograda, en la que se ponen los ojos, digna, no es objeto de diversión. Cihuayotl iixco ca, la femineidad luce en su rostro. Trabaja, no se está ociosa, emprende cosas, tiene ánimo”. 

 

¡Esta es Patricia Quintana!

 

*Imagen: 1) Cortesía de Patricia Quintana

Autor: Mónica del Villar K.
Amante del México Antiguo, cuidadora del Bosque de Chapultepec y entregada a los oficios editoriales desde hace muchos años.
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