Materiales, formas y colores de los códices prehispánicos

La materia prima con que eran hechos los vestigios escritos de mesoamérica tenían un rol importantísimo e incluso significados.

Por: Sofia Gomez Sanchez
agosto 15, 2016

A los documentos que nacieron del sistema de escritura pictográfico mesoamericano (basados en la imagen), se les llama comúnmente códices o libros pintados. A los realizados antes de la conquista se les denomina códices prehispánicos, mientras que los hechos posteriormente son nombrados como códices coloniales. En el caso de la cultura náhuatl, la palabra con que se les designaba a estos textos era amoxtli.

El material para su realización constaba de “papel hecho a base de fibras vegetales (área maya y del centro de México) o bien sobre piel curtida de animales (zona mixteca –Oaxaca). A estos materiales cabe añadir, pese a no conservarse ninguno de época precortesiana, los pintados sobre lienzos fabricados con algodón y fibra de amate o de maguey”.[1]

 

Códice Borbónico

En el caso de los mexicas, ellos utilizaban el amatl, hecho con la fibra del amacuhuitl o del maguey. Para obtener este papel remojaban las cortezas de las ramas, quitaban la parte exterior para que quedara la cutícula, la cual era extendida sobre una tabla y machacada con un utensilio de piedra hasta que las fibras se unían entre sí.[2] Sobre el origen del papel en Mesoamérica, hallazgos arqueológicos establecen su aparición un milenio antes de Cristo. “Si esto es cierto, Mesoamérica sería el centro de la invención del papel, y no China, como hasta ahora se afirma”.[3]

En cuanto a su forma los había de tira, biombo, lienzo y hoja. La tira era un pedazo de papel de fibra vegetal o de piel curtida, de forma alargada y estrecha. Es posible que estuviera construida de forma enrollada, por lo que recibía el nombre de rollo, o si se plegaba se obtenía un biombo. Los dibujos eran colocados de modo continuo, si estaban dispuestos verticalmente, el amoxtli se convertía en banda y si era de modo horizontal se trataba de una tira. Su lectura se hacía abriendo dos de sus páginas o extendiéndolos por completo. Tanto en la primera como en la última hoja solían unirse unas tapas de madera o de piel de animal (de allí que en apariencia fueran tan similares a los libros occidentales).

codice borbonico

 Códice Borbónico

Tira de la Peregrinación

Con base en los documentos que se poseen actualmente, se considera que su longitud solía sobrepasar los 10 metros y podía llegar a los 40 centímetros de ancho. El lienzo estaba hecho con uno o varios trozos de tela, realizados con largas tiras de algodón, amate o fibra de maguey y era uno de los formatos más utilizados para documentar la historia de los pueblos o para la realización de mapas.[4]

Respecto a los colores, los mexicas utilizaban primordialmente el rojo, verde, amarillo, ocre, azul, gris, rosa, morado, negro y blanco. Fray Bernardino de Sahagún refiere que el tlille o color oscuro usado para escribir se obtenía del nacazcólotl, así como del humo de las teas y lo llamaban tlilliócotl.[5] El color blanco se extraía de la piedra chimaltizcatl, o de tierra amasada como lodo que al fuego adquiría un tono blanco.[6] El azul fino o matlalli y el azul claro, llamado texotli, se hacían de flores azules; el azul oscuro procedía de la flor del xiuhquílitl.[7] Al amarillo fino se le nombraba xochipali, surgía de las flores del mismo color; el amarillo claro zacatlaxcalli, “quiere decir, pan de hierba que se amasa de unas hierbas amarillas, que son muy delgadas; son como tortillas delgadas, y usan de ellas para teñir o pintar”.[8]

tira de la peregrinacion

Tira de la Peregrinación

 Códice Nuttall

El rojo, uno de los colores más importantes, era realizado en varias tonalidades y de diversas fuentes. La grana o nocheztli significa sangre de tunas, “porque en cierto género de tunas se crían unos gusanos que llaman cochinillas, apegados a las hojas, y aquellos gusanos tienen una sangre muy colorada; ésta es la grana fina”.[9] La grana cenicienta era la llamada tlapalnextli. El rojo blanquecino era llamado chíotl, hecho de flores molidas; si se le agregaba un ungüento de nombre axin se hacía el color bermellón. De las mezclas de estos colores básicos surgían el yapolli (verde), el morado o el leonado.[10]

Para fijar mejor los colores usaban el jugo del tzauhtli y del aceite de chia. Como pinceles se utilizaban pelos de conejo de distintos grosores.[11] Además, existían cantidad de utensilios para dibujarlos tales como gomas, esponjas, raspadores, reglas, escuadras, secantes, tinteros, depósitos para conservar los pigmentos; lo que nos habla del grado de especialización en el ejercicio de escritura prehispánico.[12]

codice nuttall

Códice Nuttall

 

 

*Bibliografía

Arellano Carmen, Grube Nikolai, “Escritura y literalidad en Mesoamérica y en la región andina: una comparación” en Carmen Arellano Hoffmann, Peer Smidt, Xavier Noguez (coords.), Libros y escritura de tradición indígena. Ensayos sobre los códices prehispánicos y coloniales de México, México, El Colegio Mexiquense/Universidad Católica de Eichstatt, 2002, pp. 27-65.

Batalla Juan José, de Rojas José Luis, La religión azteca, Madrid, Trotta/Universidad de Granada, 2008.

Pardo López, José, Peralbo Pintado, José y Torres Jara, Sergio, “Los códices mesoamericanos prehispánicos” [en línea] en Signo. Revista de historia de la cultura escrita, Alcalá de Henares, Universidad de Alcalá, 2002, pp. 63-91, <http://dspace.uah.es/dspace/bitstream/handle/10017/7585/codices_pardo_SIGNO_2002.pdf?sequence=1>.

Sahagún, Bernardino de, Historia general de las cosas de Nueva España, México, Porrúa, 2006.

 

*Notas al pie

[1] Batalla y De Rojas, Religión, 2008, p. 147.

[2] Pardo, Peralbo y Torres, “documento en línea citado”, p. 69.

[3] Arellano, “Escriba”, 2002, p. 238.

[4] Batalla y De Rojas, Religión, 2008, pp. 148-149.

[5] Sahagún, Historia, 2006, p. 676.

[6] Pardo, Peralbo y Torres, “documento en línea citado”, p. 71.

[7] Sahagún, Historia, 2006, pp. 675-676.

[8] Ibídem., p. 675.

[9] Ídem.

[10] Ibídem., p. 676.

[11] Pardo, Peralbo y Torres, “documento en línea citado”, p. 71.

[12] Arellano, “Escriba”, 2002, p. 250.

Autor: Sofia Gomez Sanchez
Licenciada en Letras Hispánicas y con una maestría en Historia de México, ambas por la Universidad de Guadalajara. Ha publicado en varias revistas digitales. Le gusta conjugar las letras y la historia a través de invenciones agridulces.
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