Aspectos sobre el culto a la luna de los antiguos mexicanos

Los aztecas y otras culturas mesoamericanas conocían la gran influencia de la luna en nuestras vidas, desde la fecundación, el nacimiento, la agricultura, y por ello la honraban.

noviembre 15, 2016

La luna es quizá el astro y símbolo más asociado a los ciclos. Como la luna nace, crece y vuelve a nacer de manera perenne, ha sido motivo de asombro para el humano, ¿no es así el ciclo de la vida y la muerte también?

Por ello para los antiguos mexicanos la luna estuvo siempre asociada a aspectos que también se consideraban en otras culturas como nacimiento, crecimiento, plenitud, decaimiento y muerte; a  la lluvia, la vida de las plantas, la menstruación y por consiguiente la fertilidad y la reproducción; también se le asociaba al tiempo y al destino, a la regeneración y a la oposición de la luz y la oscuridad.

Para los aztecas, la luna (metzli) guardaba una relación estrecha con el agua, sabían, que esta influía en enormemente en este líquido vital. El texto del investigador Yólotl González Torres, Algunos Aspectos del Culto a la Luna en el México Antiguo, nos concede una atrayente síntesis sobre este tema, y de él extraemos la información que a continuación compartimos.

 

Estaba íntimamente asociada al pulque:

El animal lunar por excelencia es el conejo y en los mitos de la creación este fue arrojado al rostro de la luna por Papáztac, uno de los dioses del pulque. “Los dioses del pulque son llamados los Centzon totochtin “cuatrocientos conejos”, y uno de los principales se llama Ome TochtIi “dos conejo”. Estos dioses junto con Mayahuel, la diosa del maguey, llevan en su indumentaria adornos como el yacametztli, “nariguera de la luna”, y en sus escudos el glifo lunar. En algunas ocasiones, el vestido de Mayahuel estaba adornado con cuartos crecientes.

 

En lo religioso:

“Estaba directa o indirectamente relacionada con gran número de dioses; entre los principales se encuentran Tláloc y otros dioses del agua, Quetzalcóatl, Tezcatlipoca y los dioses del pulque, y aún Huitzilopochtli, o más bien el dios que adoraba Huitzilopochtli, es decir, Tetzauhtéotl. Así lo encontramos en Cristóbal del Castillo” … aquel mágico que llamaban el dios agorero (Tetzauhtéotl) les dijo que él era la luna (Metztli); así que también por esto se llamaron Quetzalcóatl usa como pectoral una sección de caracol, el ehecailacatzcózcatl, símbolo del viento y de la luna.” Varios investigadores consideran a Toci-Teteo Innan y a Xochiquétzal como las diosas lunares por excelencia. Piensan que la primera es la luna vieja y la segunda la luna joven. Como Toci es identificada con Tlazoltéotl y con Mayáhuel, a todas ellas se les considera diosas lunares.

 

Asociada a la toltequidad y el agua:

Se piensa que “Tula era la ciudad de la luna, que estaba situada al oeste. Como ciudad de los tules, la relacionaba con el agua, razón por la cual, dice, los toltecas usaban mantas y ropas pintadas de azul y tocados en forma de caracol. Además era una ciudad que existía antes del nacimiento del sol, que estaba habitada por los antepasados, por los primeros hombres”.

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A los caracoles:

“Sabiendo que el principal nombre que recibía el dios de la luna era Tecciztécatl, pensamos que lógicamente el Tecucizcalco, “la casa de caracoles”, era un lugar en donde se adoraba a la luna. e templo, dice “debía de ser dedicado a la luna porque los antiguos mexicanos la llamaban Tecuciztécatl.  Además dice que en este templo estaba  el dios Omeácatl, que tiene atributos nocturnos y lunares y que parece ser una de las advocaciones de Tezcatlipoca.”

 

A la agricultura:

“La asociación entre luna y vegetación es tan fuerte, que muchos dioses de la fertilidad son también divinidades de la luna”.

 

A lo femenenino:

“Thompson tiene la teoría que en toda Mesoamérica las deidades lunares son concebidas como femeninas, y que si Tecciztécatl, deidad que se convirtió en luna, es de sexo masculino, no tiene mayor importancia, porque el caracol está más bien relacionado con el interior de la tierra y con el principio femenino.”

 

En los Códices:

La luna está asociada al norte, a Mictlán, el país de los muertos.

 

Para los mexicas, según nos explica González Torres, la luna estaba presente en su comovisión como una presencia que comprendía los ámbitos del agua, vegetación, muerte, renacimiento; no hacía falta nombrarla directamente. Sin sobreexplicaciones, estaba presente en su esencia sagrada como una obviedad en aspectos multiples y fundamentales de la vida cotidiana y ritual.

 

*Fuente: Algunos Aspectos del Culto a la Luna en el México Antiguo/Yólotl González Torres

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