Pueblos ancestrales de México se hermanan para siempre (ahora Mixes visitan a los Rarámuri)

"Cruce de Caminos" logró que dos etnias ancestrales, los Mixes y los Rarámuri, se visitaran mutuamente, un intercambio milenario que refuerza el valor de dos culturas.

Por: Mauricio del Villar
noviembre 06, 2016
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El pasado mes de septiembre se llevó a cabo la segunda parte de la iniciativa Cruce de Caminos que generó un intercambio cultural entre dos pueblos originarios de México; el Rarámuri (Tarahumara) y Ayuuk (Mixe) con el propósito de compartir su cosmovisión en medio de un ambiente de fiesta y de su cotidianidad.

Todo inició cuando Feliciano, Rosalina, Valentina, Maximino, Celestina, Marco Antonio, Marta, Agileo, María, Arimatea, Carolina, Francisco, Pedrito, Anastacio, Quin, Toño, Angel, Frida, Azael y Mitzi Fernanda pertenecientes al municipio de Santa María Tlahuitoltetepec, Sierra Mixe de Oaxaca emprendieron el viaje rumbo a la Sierra Tarahumara con el objetivo de visitar las tierras de los Rarámuri, aquellos que hace unos meses también los visitaron en tierras Mixes. Sobre el acontecimiento, nos dice Gustavo Esteva (fundador de Universidad de la Tierra en Oaxaca):

No queda sino tejernos, entretejernos, en este momento de peligro. Tan importante como aprender a escuchar a los pueblos indígenas y dejarnos inspirar por ellos es que sus caminos se sigan cruzando y así puedan enriquecer sus resistencias y sus luchas.

La expectativa era grande y el sentir profundo, viajar tan lejos para encontrar una cultura hermana que tenía muchas cosas que decir y ellos por descubrir. El encuentro entre ambos pueblos inicio cuando el grupo de Oaxaca se trasladó a Wajurana y fueron recibidos por los la comunidad, llegaron en camionetas por un camino de terracería que se abría entre las rocas, arroyos, pinos y encinos que cubren las montañas. Esa noche compartieron palabras y alimentos entorno al presente.

mixes visitan sierra tarahumara cruce de caminos

 

Al día siguiente inició una travesía a pie hacia la comunidad de Rowerachi que se encontraba del otro lado del barranco, el caminar por brechas y travesías represento parte importante de este encuentro que permitió ver los pasos que durante miles de años los Rarámuri han recorrido para construir su comunidad y su cultura. En el camino se observaron cuevas que son habitadas en la época de invierno, pequeñas tierras sostenidas por trincheras ancestrales, piedras monumentales que se asemejaban a guardianes de la tierra, disfrutaron de las aguas termales al fondo del barranco y finalmente batieron pinole tal y como lo hacen ellos, lo de ahí.

Otro mundo es urgente y no lo construiremos sin el encuentro con el otro. Y que mejor si el encuentro es entre pueblos dignos … La sabiduría del indígena nace de la apertura al otro y crece abierta al diferente” Javier Avila Aguirre (Padre Jesuita “El Pato”).

Durante la estancia en Rowerachi se generaron vínculos y reflexiones que van más allá de lo que una persona puede digerir en unos días. La comunidad los recibió tal y como es; con sus fortalezas y con sus debilidades, con su cosmovisión y su música, con sus milpas y sus alimentos, con su silencio y sus palabras, con sus casas de piedra y de madera, con la risa de los niños y el silencio de la mujeres, con el rarajipari (carrera de bola) y la ariweta (carrera con aro), con los modos y con el pensar de un grupo alejado de la cultura mestiza.

Uno de los momentos más importante de estos días llego en la víspera de la fiesta cuando miembros de las comunidades de Rowerachi, Wajurana, Porochi y Norogachi se congregaron al interior de la iglesia (cuando decimos no es en el sentido de una iglesia católica sino más bien del espacio donde se reúnen para celebrar sus fiestas), de pronto y bajo una intensa lluvia las mujeres Rarámuri llegaron y se sentaron del lado derecho, los hombres del lado izquierdo, como siempre lo han hecho, como siempre lo harán. Envolviendo su cara de asombro y de sonrisas con su chiniki (vestido), vieron como fueron entrando uno a una los Mixes, vestidos de fiesta; ellas con sus faldas y sus rebozos negros en la cabeza, y ellos con sus sombreros negros y sus jorongos de lana.

En México, país desgarrado por la violencia, la inseguridad y la pobreza son muy pocas las rendijas que nos permiten entrever un futuro mejor. De ahí la importancia de salvar las distancias en este encuentro entre Rarámuri de Chihuahua y Ayuuk de Oaxaca … mucho tendrá que decirnos –a ellos y a todos nosotros– este cruce de caminos, este espejo en el que, ojalá, todos nos podamos mirar. Romana Falcon (Historiadora e Investigadora del Colegio de Méxic0).

Una vez reunidos los Rarámuri comenzaron los Nawesaris, que es cuando los gobernadores o siríames asumen el papel de consejero a los integrantes de la comunidad, es entonces que, con toda la autoridad moral que le ha conferido su comunidad dicen un discurso con el cual intentan fortalecer los lazos culturales que los mantiene unidos. Por el lado de los Ayuuk, Max tomo la palabra e inició un dialogo abierto, desde el corazón, que se iba traduciendo en palabras como “mkujo’yïxjïp” gracias en su lengua, “somos muy felices aquí… nos sentimos como hermanos y queremos bailar como bailamos allá para que vean acá,” entonces por primera vez en localidad de Rowerachi se escuchó la música mixe, las miradas se encontraban y las palabras también; con la danza después fueron intercambiando parejas, iban bailando mujeres con mujeres, hombres con niños, todos con todas, las faldas se envolvían, parecían las mismas.

A su vez tocó el turno de los Rarámuri que acompañados de violines y guitarras entraron los matachines bailando y recordando la esencia de danzar y vivir al mismo tiempo, de igual forma retumbo el suelo con el baile del pascol. Un sueño que ahora era realidad…así como debe de ser. En esos momentos se vivía un espacio de música pero a la vez de silencio del alma. No faltó que los visitantes probaran el tesguino o suguiki, una bebida tradicional que consiste en un fermentado de maíz que siempre está presente en las celebraciones y representa un elemento fundamental que congrega a la comunidad, que intensifica la comunicación, la integración y el intercambio entre ellos, así que juntos, ambas culturas, la ofrecieran a los cuatro puntos cardinales en agradecimiento por ese momento, o como lo dijo Max… al final “somos los mismo”.

Sólo basta voltear la cabeza hacia atrás y podremos darnos cuenta cuan ciegos y sordos hemos sido. La sabiduría ancestral la hemos ignorado, alabando el mundo moderno y el desarrollo tecnológico de la civilización occidental como única vía, y ahora estamos metidos en un serio problema social, cultural, ambiental y económico” Artemisa Castro (Directora Ejecutiva del Fondo de Acción Solidaria A.C

El grupo de la Sierra Mixe también tuvo la oportunidad de conocer otros lugares de la Sierra Tarahumara como el pueblo de Creel, la Casacada de Cusárare, San Ignacio, el Lago de Arareko, el Divisadero y que decir del paseo por el tren, el Chepe, el único tren de pasajeros en México.

Queremos agradecer a todos los que hicieron este segundo viaje posible, a todos lo que creyeron en que el encuentro de estas dos culturas es parte de nuestro presente, a las comunidades de Rowerachi y Wajurana por recibir a los mixes, a Adriana y Juan Daniel por su compromiso de vida para seguir construyendo un mejor mundo, a Don Mario por siempre estar presente y a toda la comunidad de Creel y del mundo que unieron sus corazones con los visitantes de tierras lejanas.

 

*Si quieres conocer más sobre esta iniciativa te invitamos a visitar nuestra página de internet www.crucedecaminos.mx, y en Facebook, próximamente estaremos compartiendo testimonios de las personas que participaron en este Cruce de Caminos!!!!!!

 

 

*Imágenes: Maria M. Caire.

Autor: Mauricio del Villar
Mauricio lleva más de una década compartiendo y construyendo la vida con comunidades indígenas y rurales de México.
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