Los presagios purépecha de la conquista española

Diversos registros relatan cómo los purépecha sabían que alguien más los conquistaría, aunque jamás imaginaron que vendrían de tan lejos.

Por: Sonia Iglesias
noviembre 17, 2016
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El último caltzontzin, Tangáxoan II nació en fecha desconocida. Hijo mayor de Henziua (Zuangua), Señor de Cumanchen, fue el último cazonci (caltzontzin o irecha) de Tzintzuntzan, “donde está el templo del colibrí mensajero”, ciudad que fuera fundada por Tariácuri en 1325, junto al Lago de Pátzcuaro, en la región de la Meseta Tarasca.

Tangáxoan recibió de su padre, Zuanga, el reinado en el año de 1521. Zuanga fue hijo del décimo sexto irecha llamado Harame, quien luchó valientemente en la famosa Guerra del Salitre, y murió muy viejito a causa de una epidemia de viruela. Fue a Tangáxoan a quien le tocó, en mala hora, recibir los terribles presagios que anunciaban la llegada de una inconcebible catástrofe para los pueblos purépecha.

Los presagios.

Al igual que aconteció con los mexicas en la ciudad de Tenochtitlan, los purépecha recibieron anuncios casandrescos de la terrible fatalidad que estaba por ocurrir al pueblo. En la Relación de las ceremonias y ritos y población y gobernación de los indios de la provincia de Michoacán, famoso códice purépecha, de valor incalculable para reconstruir la historia antigua de Michoacán, escrita por el franciscano Jerónimo de Alcalá por expreso encargo del primer virrey de la Nueva España don Antonio de Mendoza, se encuentran escritos los presagios de tan nefasto acontecimiento.

El primero de los presagios sucedió cuando los indígenas se percataron de que sus templos se cuarteaban (hendían en la Relación) misteriosamente. Se ordenaba a los albañiles que repararan el mal, pero en cuanto lo hacían, las paredes de los templos volvían a abrirse. Este fenómeno ocurrió por cuatro años. Los sacerdotes no conocían la causa, pero estaban seguros de que era un mal agüero, pues los templos eran los lugares sagrados por excelencia, habitados por los dioses, y lugares de tránsito y comunicación entre el mundo de las deidades y el de los simples mortales. Se trataba de espacios psicopompes. La Relación de Michoacán constata:

Dice esta gente que antes que viniesen los españoles a esta tierra, cuatro años seguidos se les hendían los cues desde lo alto hasta abajo, y que los tornaban a cerrar y luego se tornaban a hender y caían piedras, como estaban hechos de lajas sus cues, y no sabían la causa de esto, mas lo tenían por agüero.

El segundo presagio hace referencia a la aparición de dos cometas: Y pensaban que sus dioses habían de conquistar o destruir algún pueblo y que ellos habían de ir a destruirle. Es decir, que los cometas eran señales de los dioses que anunciaban terribles catástrofes como la muerte de algún gobernante; o bien, el inicio de guerras y conquistas. En un principio los sacerdotes interpretaron la noticia como la conquista de nuevos pueblos por los tarascos, pero posteriormente se percataron de su equivocación ya que ellos serían los conquistados.

El tercer presagio aconteció cuando una de las concubinas de Uiquixco, gobernante de Ucareo, acudió a una junta de dioses. A la dama la visitó la diosa Cuerauáperi, quien la llevó ante el dios Curicaveri, convertido en un águila blanca, a un lugar donde se encontraban otros dioses. Ahí le informaron que unos dioses habían creado a otros hombres que llegarían a las tierras habitadas por los indios, lo cual desconcertó terriblemente a las deidades, pues desconocían tal suerte que alteraba el orden divino y que afectaba al sagrado panteón purépecha, pues trastocaba los conceptos de la religión indígena y la desaparición de la misma:

… todo ha de quedar desierto porque ya vienen otros hombres a la tierra, que de todo en todo han de ir por todos los confines de la tierra, a la mano derecha y a la mano izquierda y de todo en todo irán hasta la rivera del mar y pasarán adelante y el cantar sea todo uno y que no habrá muchos cantares como teníamos, mas uno solo por todos los términos de la tierra.

Cuando terminó la reunión la mujer regresó y comunicó lo visto y oído al cacique de Ucareo y a los sacerdotes que le acompañaban. Asustado, el señor de Ucareo preguntó de qué hombres se trataba; pensó que se hacía referencia a los mexicas, a los otomíes o a los chichimecas. Los sacerdotes decidieron ir a ver al caltzontzin para comunicarle lo dicho por la mujer. Entonces exclamó:

¡Dónde han de ir los señores que están? ¿Quién nos ha conquistar? ¿han de venir los mexicanos o los atomíes (sic) a conquistarnos, o los chichimecas?  Dice que todo el reino ha de estar solo y desierto. Idlo a decir al rey.

Cuando se enteró el supremo gobernantes de los purépecha pensó que el linaje purépecha se encontraba en grave peligro, se dio cuenta de que estaba en peligro de muerte, y que uno de sus hijos sería el que afrontaría a los nuevos hombres y sería torturado. Como sucedió efectivamente con el despiadado Nuño de Guzmán. Y dijo:

Aquél oirá todo eso y el pobre no será mucho tiempo señor, porque será maltratado… cuatro años será maltratado, después de los cuales sosegará el señorío y yo no lo oiré que primero moriré.

El cuarto presagio aconteció cuando un pescador fue raptado por un caimán que se lo llevó a una casa que se encontraba debajo del agua. Se trataba de un dios que deseaba prevenirlo de la horrible desgracia que pasaría y le dijo al pescador:

Ve a la ciudad de Michoacán (TzinTzunTzan) y di al rey que nos tiene a todos en cargo, que se llama Zuangua, que ya se ha dado sentencia, que ya son hombres, y ya son engendrados los que han de morar en la tierra, por todos los términos.

Los purépecha estaban ansiosos por saber de quiénes se trataba, y así recordaron otro presagio.

El quinto presagio aludía a una anciana que se encontró con los dioses Tiripemencha, que eran los hermanos de Curicaveri, y le dicen a la mujer que los gobernantes de Coyoacán han cometido muchas faltas religiosas como no haber llevado leña a los templos de los dioses, y que a causa de ello los dioses creadores están enojados, y añade:

No son sabios los señores de Coyoacán ni se acuerdan de traer leña para los cues, ya no tienen cabezas consigo, que a todos han de conquistar, que se han enojado los dioses engendradores. Cuéntaselo así a Ticatame, que de ahí a poco tiempo nos levantaremos de aquí de Coyoacán, donde ahora estamos, y nos iremos a Michoacán y estaremos allí algunos años y nos tornaremos al levantar y nos iremos a nuestra primer morada llamada Uayameo. Esto nomás te decimos.

Con lo que se quería decir que los mexicas no cumplían como debía ser con sus deberes religiosos y que eso traería consecuencias nefastas, y la pérdida de su hegemonía.

El último presagio aconteció –pasada la conquista- cuando un sacerdote informante del fraile compilador de la Relación, le confió haber soñado con gente extraña que venía a caballo y profanaban los templos de los dioses purépecha:

…que venía una gente y que traía bestias… que él no conocía, y que entraban en las casas de los papas y dormían ahí… y traían muchas gallinas que ensuciaban en sus cues.

Y efectivamente los presagios se cumplieron, y el mundo de los purépecha desapareció para ser reemplazado por otro en el cual se convirtieron en esclavos de los extranjeros montados en bestias, y con la espada en la mano. Todo había terminado.

 

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*Imagen: página de Relación de las ceremonias y ritos y población y gobernación de los indios de la provincia de Michoacán.

Autor: Sonia Iglesias
La antropóloga y periodista Sonia Iglesias y Cabrera nació en la Ciudad de México. Por más de treinta años se dedicó a la investigación de las tradiciones y el folklore de México en la Dirección General de Culturas Populares. Actualmente sigue investigando y publica artículos en diferentes sitios web.
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