Los mestizos en la Nueva España

Los primeros mestizos en la Nueva España se enfrentaron a un rechazo sistémico; curiosamente, de ahí venimos la mayoría de los mexicanos.

Por: Sonia Iglesias
diciembre 04, 2016
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Vivamos como hermanos y congregados en un solo cuerpo. Cuidemos de la protección y conservación de los españoles, criollos, mestizos, zambos e indios, por ser todos compatriotas, como nacidos en estas tierras y de un mismo origen.

Tupac Amaru, último inca rebelde de Vilcabamba.

Quiénes fueron los mestizos.

Durante la época colonial se llamaba mestizos a las personas nacidas de un español y un indígena, o al revés, lo cual no era muy frecuente. A veces se les tomaba como españoles y otras como indígenas, dependiendo de su físico predominante; sin embargo, nunca fueron realmente aceptados ni por los españoles ni por los indígenas. No tenían cabida en ningún grupo. Muchas veces los mestizos y las mestizas recibieron una educación como si fuesen españoles, pues se consideraba que un hijo de español no debía ser educado como indio. Los padres de los mestizos muchas veces pagaban a la administración para que sus hijos apareciesen en las actas de nacimiento como “españoles”. Pero a pesar de todo, siempre fueron considerados como “gente vil”, sin derecho para ocupar puestos reales o eclesiásticos, tampoco podían ser funcionarios públicos ni gozar de repartimiento, por orden expresa de Carlos V en el año de 1549.

Constituían un grupo inestable por excelencia, que convivieron con otras castas igualmente no privilegiadas, a pesar de ser muy numeroso, y sometido al capricho de los españoles y los criollos; es decir, de aquellos hijos de españoles que habían nacido en la Nueva España. Ambos grupos, criollos y españoles, ejercían una tremenda discriminación sobre los mestizos y otras castas. La minoría de españoles ricos e influyentes recibía el nombre de “gachupines”. La palabra gachupin en el Diccionario de Autoridades de 1729, se describía como El Español que pasa y mora en las Indias, que en el Perú llaman Chapetón. Es voz traída de aquellos países y muy usada en Andalucía y entre los comerciantes en la carrera de Indias

Los descendientes de los mestizos.

Obviamente los mestizos se aparejaron con otras de las múltiples castas que convivían en la Nueva España, y que recibían su nombre propio en atención a su mezcla sanguínea y a su color de piel. Así pues, si un mestizo se relacionaba con un español, los hijos se llamaban “castizos”; si la mezcla era con un indio, el resultado era un “cholo” o “coyote”; si con un mulato, “apiñonado”; pero si la mezcla tenía lugar con un castizo, entonces surgía un “harnizo”.

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Las madres de los mestizos.

Como es de suponer las mujeres indígenas contribuyeron mayormente al mestizaje por los hijos que tuvieron con los españoles, a los que se vieron sometidas sexualmente más por fuerza que por gusto. La violación a las mujeres indígenas no comenzó con la conquista de México, sino que fue iniciada por los hombres de Cristóbal Colón, como lo prueba el testimonio de Michel de Cúneo que escribió cínicamente: Mientras estaba en la barca, hice cautiva a una hermosísima mujer caribe, que el susodicho Almirante me regaló, y después que la hube llevado a mi camarote, y estando ella desnuda según es su costumbre, sentí deseos de holgar con ella. Quise cumplir mi deseo pero ella no lo consintió y me dio tal trato con sus uñas que hubiera preferido no haber empezado nunca. Pero al ver esto (y para contártelo todo hasta el final), tomé una cuerda y le di de azotes, después de los cuales echó grandes gritos, tales que no hubieras podido creer tus oídos. Finalmente llegamos a estar tan de acuerdo que puedo decirte que parecía haber sido criada en una escuela de rameras.

Aunque a la primaria conquista de México habían llegado algunas mujeres españolas, están eran aún pocas, lo que propició el rapto y la violación de las mujeres indias, o en algunos casos el amancebamiento, pues los matrimonios de un español con una nativa fueron sumamente escasos y a veces eran sustituidos por la barraganía; es decir, cuando un español tomaba a una india por concubina para vivir con él, como en el sonado caso de Hernán Cortés con la Malinche quienes tuvieron por hijo al mestizo Martín Cortés. Obviamente, la mujer no tenía ningún derecho civil. Costumbre hispana muy usada en la desde la Edad Media. El español solía hacerse cargo de los mestizos habidos. Solamente muy de vez en vez tenía lugar el matrimonio de una nativa con un español. Jesús Bustamante, el historiador, añade al respecto: Las relaciones «libres», estables o temporales, de blancos con mujeres indígenas, se siguieron manteniendo como norma aceptada incluso cuando, a finales del siglo XVI, se equilibró el porcentaje de mujeres de origen europeo dentro del grupo dominante. Ello afectó a la estructura familiar, ya que junto al núcleo «legítimo» pervivieron otro u otros núcleos no legitimados, pero relativamente estables. La situación se complicó por la práctica del «reconocimiento »de los hijos naturales, ampliamente desarrollada desde los primeros años de la conquista.

El mestizaje en la Nueva España se realizó mucho más entre un español y una india que entre una española y un indio. Pues las mujeres hispanas consideraban una absoluta deshonra el acostarse voluntariamente con un nativo, y era muy extraño el caso de que las mujeres blancas aceptaran tener relaciones sexuales. Cuando esto se producía por voluntad o por violación, las mujeres preferían ya no regresar con sus compatriotas y seguir en amancebamiento con el indígena.

Situación social de los mestizos.

En la sociedad de castas que se había formado en la Nueva España, el ser mestizo era una tragedia, pues los españoles consideraban a las culturas indígenas como inferiores y a los nacidos de uniones tan desiguales unos seres sin ninguna valía social ni racial. Los mestizos fueron explotados terriblemente por los blancos, quienes se aprovechaban de su condición marginada e ilegítima. Los mestizos podían casarse legítimamente con otras castas, pero nunca con una española o una criolla. Podían hacerlo con indias y mulatas, pero nunca con mujeres blancas.

Los mestizos estuvieron sometidos a muchas prohibiciones: no podían portar armas, ser escribanos, caciques, corregidores, alcaldes mayores ni protectores de los indios. Tampoco podían ser soldados, estudiar en las universidades o pertenecer a ningún cargo religioso. Solamente se les aceptaba cuando podían comprobar que eran hijos legítimos. Así pues, los trabajos que les eran permitidos a los mestizos eran muy pocos; podían ser: artesanos, carpinteros, albañiles, o peones. Todo ello se mantenía a pesar de que el número de mestizos fue aumentando considerablemente en el transcurso de la Colonia.

Gonzalo Guerrero, el padre de los primeros mestizos

El primer mestizo de la Nueva España no fue el primer hijo de Cortés habido con doña Marina, sino los hijos engendrados por Gonzalo Guerrero y una mujer maya. Este soldado después de participar en luchas de poder entre Nicuesa y Alonso de Ojeda, navegante y gobernador, participó en la expedición de Pedro de Valdivia con rumbo a la isla de Santo Domingo. El barco en que navegaban naufragó, y solamente lograron salvarse ocho marineros que llegaron a las costas de Yucatán, entre ellos se encontraba Gonzalo y Valdivia. Después de luchar contra los indios cocomes, fueron apresados. Cuatro españoles sirvieron de alimento a los indios, y los restantes fueron encerrados en jaulas de ramas, pero lograron escapar. Llegaron con los tutul xiúes, a la cuidad de Maní, donde el cacique Taxmar, los entregó como esclavos a su sacerdote Teohom. Debido a los duros trabajos a los que fueron sometidos, sólo sobrevivieron Gonzalo y su compañero Gerónimo de Aguilar. Taxmar donó al sacerdote Na Chan Can a Gonzalo, quien a su vez lo cedió a Nacom Balam, un jefe guerrero.

Poco a poco, Gonzalo se adaptó a la cultura maya, la hizo suya, se hizo tatuajes rituales, mutilaciones dentarias, y ostentaba bezote de oro en el belfo inferior. Cuando llegó Hernán Cortés en 1519, Aguilar, su compañero, se unió a los conquistadores, mientras que Gonzalo decidió quedarse con los indios, pues se había casado con la hija del cacique de Chetumal llamada Zazil Ha, hija de Na Chan Can, con la que había procreado tres hijos a los que permitió se les hiciese la deformación craneana. Tanta era su aculturación que permitió que su primera hija fuese sacrificada en el cenote sagrado de Chichén Itzá. Así dio inicio nuestro mestizaje.

Por lo tanto, cada uno de nosotros, los mexicanos, llevamos en las venas sangre india, lo cual debería ser suficiente para alejarnos de cualquier tipo de discriminación hacia nuestros conciudadanos indígenas, nuestros hermanos, o de cualquier persona de piel morena.

 

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Autor: Sonia Iglesias
La antropóloga y periodista Sonia Iglesias y Cabrera nació en la Ciudad de México. Por más de treinta años se dedicó a la investigación de las tradiciones y el folklore de México en la Dirección General de Culturas Populares. Actualmente sigue investigando y publica artículos en diferentes sitios web.
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