La antigua leyenda de cómo nació la vainilla

Los antiguos habitantes de Papantla, Veracruz, honraron a la vainilla desde su mitología.

enero 01, 2017
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Pocos lo saben: la vainilla, sutil aromatizante, delicado saborizante, delicatessen mundial, es de origen mesoamericano. La más famosa de México es la vainilla de Papantla, que figura como uno de los 15 productos mexicanos que tienen denominación de origen en el mundo.

Precisamente en estas tierras, en Papantla, Veracruz, sus antiguos habitantes transmitieron una leyenda sobre el origen de la vainilla, tan importante en su cosmovisión por ser un elemento tan generoso de su entorno, modo de vida, cultura.

 

Te compartimos la leyenda del nacimiento de la vainilla en la versión  de la publicación Orgullo de México:

 

Según los antiguos habitantes de Papantla, Teniztli, tercer señor de El Tajín, tuvo con una de sus mujeres una hija de excepcional hermosura: la princesa Tzacopontziza. Una niña tan bella que el padre, al mismo tiempo que se enorgullecía de ella, vivía preocupado. ¿Qué hombre, pensaba, será digno de tener semejante tesoro? Ninguno, concluyó. No hay hombre en esta tierra que tenga los atributos que se necesitarían para disfrutar de semejante belleza. Dicho lo cual, ordenó Teniztli que su hija fuera llevada a una de las montañas cercanas, donde se levantaba el templo dedicado a la diosa Tonacayohua, y se quedara en el grupo de doncellas consagradas a su culto. Tzacopontziza se encaminó al templo de la diosa madre, protectora de la siembra y la cosecha. Durante algún tiempo aceptó su destino, quizá con alegría y devoción, quizá sólo con resignación. Hasta que un día, de la nada, apareció en las cercanías del templo un joven. Era Xcatan-oxga, quien en uno de sus paseos había visto de lejos a Tzacopontziza y, como era previsible, había quedadoprendado de ella.

Xcatan-oxga se acercó a la hija de Teniztli, habló con ella y, sin más, se la llevó consigo. Aunque no tenían la menor idea de adónde se dirigirían, lo primero era alejarse del templo, ¡y pronto! Sin embargo, sólo habían andado unos pocos pasos cuando un monstruo les cerró el paso. No había modo de escapar. Intentaron seguir un nuevo camino, pero entonces toparon con los sacerdotes de Tonacayohua. Sacrilegio, dijeron. Sin pedir explicaciones tomaron a la pareja, les cortaron las cabezas, extrajeron sus corazones y luego los lanzaron, con todo lo demás, al fondo de un barranco.

En el barranco, la vegetación comenzó a mostrar cambios inexplicables. Primero, todas las plantas y las hierbas se secaron. Después, comenzó a crecer un arbusto, uno solo, y pronto se llenó de hojas. A su lado creció una orquídea y, a los pocos días, se enredó en torno al arbusto, abrazándolo delicadamente. Cuando ambos alcanzaron su tamaño definitivo, las flores amarillas se transformaron en vainas oscuras, que despedían un aroma exquisito, incapaz de ser definido a cabalidad. Los sacerdotes dijeron que los corazones de Xcatan-oxga y de Tzacopontziza eran los responsables del prodigio y declararon que, por eso mismo, la planta era sagrada. La llamaron xanath o flor recóndita. Es la vainilla.

 

*Imagen: aprendeespanol.net/la-vainilla

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