Sueños y etnopoesía: el relato onírico de un curandero chiapaneco

El valor ritual, social y cultural de los sueños en México, forma un delirante patrimonio de identidad y metafísica.

Por: Javier Barros Del Villar
julio 09, 2017

Con frecuencia se relaciona a México con lo surreal, con lo que está más allá de las fronteras de nuestra realidad pero que a la vez se hace presente, o mejor dicho se desborda, en esta. Algo tendrá que ver esta cualidad mexicana, aunque sin determinar si como causa o efecto, con la importancia decisiva que tienen los sueños entre distintos grupos del país. Y si de injerencia onírica se trata, una fascinante muestra de esta se cultiva en Zinacantán.

Este municipio, ubicado en los altos de Chiapas, muy cerca de San Cristóbal de las Casas, tiene una población predominantemente tzotzil. Los zinacantecos son floricultores y artesanos notables, y dentro de su inquieta cosmovisión, los sueños son decisivos en su vida ritual, social y cultural.

En Zinacantán los sueños son el vehículo utilizado por el alma para navegar un mundo paralelo al nuestro. Soñando, el alma se sacude al cuerpo y viaja para interactuar con otras almas, con la divinidad y con fuerzas varias. Lo que “allá” ocurre tiene una injerencia “aquí”, en tiempo real, y con consecuencias tangibles. Para ellos, los sueños tienen distintas funciones, desde lo premonitorio o el autoconocimiento, hasta lo coercitivo o lo iniciático.

Robert Laughlin, estudioso estadounidense y curador emérito del Smithsonian Institute, dedicó años a ahondar en la cultura maya y trabajó un buen rato precisamente en Zinacantán. Producto de su trabajo tenemos el libro Of Wanders Wild and New: Dreams from Zinacantán (1976), un atisbo esencial al mundo onírico de este grupo. En esta obra Laughlin no solo nos introduce a la presencia casi ubicua de los sueños en la vida zinacanteca, también transcribe la narración de 170 sueños, experimentados por once habitantes. Entre estos se incluye a Anselmo Pérez, chamán y escritor de cuentos.

De hecho, Anselmo se hizo chamán mediante un rito iniciático, que simplemente toca a algunos: de acuerdo a la tradición zinacanteca, los elegidos sueñan tres veces que su alma es llamada a comparecer ante los dioses ancestrales de la Gran Montaña Mayor. Mercedes de la Garza, en su libro Sueño y alucinación en el mundo náhuatl y maya (1990), cita el relato del curandero sobre como recibió su iniciación onírica:

Desde los seis anos me ordenaron que debía ser curandero, pues lo traía de nacimiento. A los seis años soné́ que llegó un señor a darme flores, velas, un incensario, sal espiritual de Ixtapa, las yerbas, y canastos para guardar todo; también traía sangre en un platito y me hizo meter ahí́ un dedo para aprender a pulsar. En otro sueño vinieron a traerme para llevarme junto a los tntilmeiletik. Entré en una casa y ahí́ estaban todos y también los otros curanderos. Me presentaron y explicaron a los tiihles y parteras diciendo: “ese muchacho será́ mejor que ustedes”. Me recibieron bien; me dieron un bastón de bish (bambú́) y me dijeron que con esa iba a curar la enfermedad; me enseñaron las yerbas que estaban sobre una mesa. Aguanté el miedo y a los doce años empecé́ a curar. Los que no han soñado, no pueden curar.

Sobre él, Laughlin dice: “Era el zinacanteco más guapo que jamás hubiese visto, recordaba a un pavorreal.”, y elogia su elocuencia y sagacidad. Cinco de los 260 sueños colectados son de Anselmo, los cuales se describen en la obra como “textiles sobre los que surca laberínticamente un desfile de extraordinarios sucesos”.

Este sueño podrían no ser más que una curiosidad –aunque una que abre tantas puertas como las que cada uno abrimos mientras soñamos–. Pero también es, además de poseer un rico ingrediente literario, un puente, y por eso lo retomó aquí, a un elemento primario de la cosmovisión de los zinacantecos –y en algún sentido de los mexicanos, al menos de muchos, entre quienes los sueños son brújula del autoconocimiento y dibujan coordenadas esenciales para navegar la realidad cotidiana.

Sueño #247: Soy perseguido por serpientes y salvado por un hombre al darme una cruz y un trago 

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 Soñé hace mucho tiempo que era atormentado terriblemente. Me estaban llevando a atravesar un río sobre el tronco de un árbol, un tronco redondo. Estaba caminando sobre él. A mitad del río trataban de empujarme para que cayera. ¡Si!

No me caí. Pude sostenerme de un árbol. Me aferraba a él. Estaban girando el tronco pero de cualquier forma logré cruzar. Aferrándome. Cruce por completo. ¡Si!

Crucé el río. Habían allí muchas serpientes. Las serpientes trataban de morderme. ¡Si!

Tomé una serpiente y la arrojé al río.

Me atraparon de nuevo. Me iban a matar. ¡Oh! Volé. Corrí. Encontré ahí una casa. Entré. Los propietarios estaban ahí. Me ocultaron en la casa. Las serpientes rodeaban por fuera la casa. ¡Si!

Esperaban a que yo saliera. Salí por otra puerta. No me vieron. Seguí. Luego encontré a un hombre en el camino.

“¿A dónde vas?” me preguntó.

“Voy a casa.” dije.

“¿Por qué viniste aquí?” me preguntó.

 “No sé a dónde he venido. Ellos me estaban tratando de atraparme, tratando de matarme” dije.

“¿Por qué?” preguntó.

“No sé quiénes eran los que bloquearon ahí mi paso” dije, ¡Si!.

“Vamos a ver quiénes son. ¡Yo lo voy a averiguar!” me dijo.

Regresé con él. Luego me encontré con esos diablos. Estaban a punto de atraparnos otra vez. ¡Si!

Luego ese hombre me defendió “¿Por qué lo tienen que atrapar?” preguntó. “Qué ha hecho mal” preguntó.

No hizo nada malo. Mató a uno de nuestros amigos” respondieron.

“¿Dónde? ¡Vamos a ver! dijo el hombre que estaba conmigo.

“Lo lanzó al río” dijeron los diablos.

“Hemos estado buscándolo y nunca lo encontramos” dijeron los diablos.

“Pero no les permitiré atrapar a este chico” les advirtieron. “Si lo tienen que atrapar entonces atrápenme a mi. No tienen justificación para atraparlo.” dijo el hombre que estaba conmigo.  

Esos diablos estaban reunidos ahí. Ahí se quedaron. Nos fuimos –yo y el hombre. Nunca me percaté cómo llegué ahí. La siguiente vez que miré estaba ahí, ahora en una iglesia. Había una fiesta. Había muchas personas. Cuando llegué, estaba parado dentro de la iglesia. El hombre que había estado conmigo apareció.

“¿Estás aquí ahora?” me preguntó.

“Estoy aquí” dije.

“Entonces vayamos allá” me dijo.

“¿A dónde? pregunté.

“A mi cuarto. Aquí” dijo.

“Está bien, vamos” dije, y fuimos, llegué.

“Aquí hay una silla. Siéntate” me dijo. 

“Está bien”, dije, y me senté.

Un caballero apareció. “¿Estás aquí hijo?” me dijo.

“Estoy aquí señor” dije, e incliné la cabeza saludando.

“¿Quién te trajo?” me preguntó.

“Un hombre me trajo” dije.

“¿Quién era ese hombre?” me preguntó.

“No se quién era. No lo conozco” dije.

“¿Dónde te encontró?” me preguntó.

“Lo encontré en el camino” dije. “Ese hombre me salvó” dije. “Por eso me trajo aquí” dije.

“¿Quién trataba de matarte?” me preguntó.

“No los conocía. Había un gran grupo.” dije.

“ Dios, ¿pero por qué trataban de matarte?” me preguntó.

“No lo sé” dije. Estaba ahí sentado en una silla.

“No importa, hijo, lleva esto contigo.” Me dijo. Me dio una pequeña cruz. Era de este tamaño. Pero la pequeña cruz era realmente hermosa. Esta crucecita era de puro oro. “Te estoy dando esto para que te lo lleves. Te acompañará” me dijo.

“!Bien!” dije.

“Entonces marcha” dijo.

“Bien” dije.

No sé cómo salí de ahí. La siguiente vez que vi, estaba ahí junto al juzgado. Estaba caminando junto a él. Luego conocí a alguien.

“¿A dónde fuiste?” me preguntó.

“Fui a la iglesia” dije.

“¿A qué fuiste?” me preguntó.

“Le fui a rezar a nuestro señor” dije.

“¿Vas a regresar ahorita?” me preguntó.

“Si, voy de regreso” dije.

“¿No quieres tomar un trago?” me preguntó.

“No, no quiero” dije.

“Vamos rápido” me dijo.

“Dios, lo dices en serio” dije.

“Vamos –un trago no dolerá” me dijo.

“Vamos pues” dije. Fuimos. Luego llegamos a la tienda. Pidió media medida del licor de caña y una coca. Las mezcló. 

“!Tomemos un poco!” me dijo.

“!Gracias!” dije. Estaba sosteniendo el trago. Yo estaba sentado ahí cuando desperté. Eso es todo lo que vi. No había nada más. Terminó así.

(¿Cuándo lo soñaste?) Fue hace mucho. Tal vez hace unos tres años y medio. Fue hace mucho, mucho. Hace tiempo solía atormentarme con frecuencia. No sé por qué. Tal vez los diablos estaban atormentándome. ¡Si!

 

 * El relato fue traducido por Laughlin del tzotzil, lengua que por cierto llegó a dominar, al inglés. Esta traducción es la que se llevó al español para ser incluida en este artículo.

Autor: Javier Barros Del Villar
Editor digital con aspiraciones carpinteras. Mexicano.
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