El Taller de Gráfica Popular: 80 años de arte revolucionario y popular en México

Eran artistas. Eran militantes. Y eran herederos de la revolución que vivían los convulsos tiempos de la primera mitad del siglo XX.

Por: Sandra Vanina Celis
septiembre 11, 2017

“El arte no es un espejo para reflejar la realidad, sino un martillo para darle forma”.
Bertolt Brecht

Durante las décadas que verían sucederse dos guerras mundiales, así como profundos procesos de cambio social en México, surgió uno de los proyectos artísticos más interesantes: el Taller de Gráfica Popular (TGP)*, un movimiento de artistas muy politizados que revolucionaron la gráfica mexicana para siempre.

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Arturo García Bustos, uno de los más jóvenes integrantes del TGP, recuerda  a éste como una “proeza colectiva”, que tuvo sus antecedentes en la Liga de Artistas y Escritores Revolucionarios (LEAR). Dentro de estos grupos, entre otros, era donde la intelectualidad de izquierda hacía de la cultura un arma efectiva de lucha contra las oligarquías e instituciones que mantenían una guerra declarada contra los trabajadores (como los cristeros, quienes estaban detrás de una matanza de 200 maestros rurales), y servía también como medio de denuncia frente al fascismo que asolaba a Europa.

Fue el grupo de grabadores de la disuelta LEAR quienes, en 1937, fundaron el TGP. Leopoldo Méndez, junto con Pablo O’Higgins y Luis Arenal, alentados por David Alfaro Siqueiros, fueron quienes echaron a andar el Taller. Estaba ubicado en la plaza Belisario Domínguez, y actualmente sigue dedicado a la imprenta –por cierto que aún acuden organizaciones y activistas para imprimir volantes y carteles. Ahí es donde cobró vida el TGP, uno de los proyectos artísticos más importantes de toda Latinoamérica, al que pronto se incorporarían decenas de artistas y con el que colaborarían también escritores y poetas.

La gráfica ¡a las calles!

México seguía siendo un país iletrado (53.1 de analfabetas) y con poco acceso a la cultura; no había forma posible de seguir haciendo arte si no era haciendo un arte popular que saliera de los fríos museos y que trascendiera los reducidos márgenes del arte de élite. Se necesitaba de un arte que se retroalimentara de la realidad circundante y que, al mismo tiempo, se irradiara de todas las maneras posibles por las calles de todo México.

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Así, los artistas del Taller de Gráfica Popular, incluidos sus muralistas, bajaron de sus andamios y recorrieron las calles pegando los carteles que imprimían con la técnica de impresión litográfica que le habían aprendido al maestro Jesús Arteaga. Y para elaborar tirajes más grandes es que el local de Belisario Domínguez tenía destinado uno de sus cuartos para la vieja imprenta mecánica que habían comprado, fabricada en París en 1871 (razón por la cual la llamaron orgullosamente “La Comuna”), y de la cual saldrían, además de carteles, cientos de telones, volantes y revistas, como la publicación de propaganda Frente a Frente. A otras técnicas como la pintura mural también las harían “móviles”, (como precisamente los llamados “murales transportables”), todo con la intención de hacer llegar el arte hasta los últimos confines del territorio.

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Pero además, el estilo gráfico de estos mexicanos traspasó las fronteras y llegó incluso a Estados Unidos y Europa; incluso –y como tanto anhelaban los miembros del TGP–, se llegó a exponer en Moscú en 1940. No obstante, al ya instaurado stalinismo no le parecieron suficientemente ortodoxa la estética en las obras del TGP, lo que conllevó a un cierto alejamiento por parte del TGP de la corriente de la URSS, por lo menos de la corriente artística denominada “realismo socialista”; un alejamiento que se volvería también político con el paso de los años, pues posteriormente el TGP comenzaría un trabajo más cercano al gobierno, amparado en la política de unidad nacional, lo que abriría una nueva etapa en su trabajo.

Grabando memoria

De este nuevo giro el TGP marcó como principal objetivo el rescate a la memoria de la revolución mexicana, lo que incluía develar las omisiones  que el gobierno pudiese llegar a haber hecho de un movimiento que tenía apenas 30 años de ocurrido y que era menester reivindicar. También era una apuesta contra los detractores de la revolución, algo que en 1946 el recién nombrado presidente Miguel Alemán vio con buenos ojos, apoyando por ello los esfuerzos del TGP. Y aquí surgió uno de los trabajos más importantes: el de Estampas de la Revolución Mexicana, una colección que constaba de 85 grabados y que fueron publicadas, una cada día, en el periódico El Nacional.

En este proyecto participaron todos los miembros del TGP, y tuvo como uno de sus principales logros el rescatar del olvido la famosa Convención de Aguascalientes, en la que en 1914 se reunieran los bandos revolucionarios del sur y del norte cuya primera etapa fue en la Ciudad de México, además de rescatar otras figuras y héroes populares, como a los hermanos Serdán, a Zapata, a Villa y a Carranza, además de otros personajes multitudinarios como a los obreros, a los campesinos e incluso a las populares “adelitas”.

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Sin embargo, tras esta mancuerna con el gobierno, Leopoldo Méndez dijo a los miembros que debían intentar alejarse de “representar a los hombres (y las cosas) fuera de su realidad, pues esto le da a nuestra producción cierto tinte de arte puramente oficial”. Hacía falta pintar a las personas en su aspecto real, y no “con coturnos a los pies y una aureola alrededor de la cabeza”.

El Taller de Gráfica popular sobreviviría todavía 20 años después de este periodo, en los cuales seguirían teniendo una fecunda producción artística y cultural, sobre todo hasta 1967, año en que la mayoría de los miembros originales se habían marchado. Durante ese tiempo –sea desde una perspectiva comunista o más nacionalista–, el TGP no sólo irradió el arte y la cultura popular de una forma innovadora, sino que fue un efectivo agitador político. Motivos y símbolos como el maguey, el águila o las famosas calaveras, como las de Leopoldo Méndez (inspiradas en el trabajo de José Guadalupe Posada), se mezclaron en un discurso revolucionario en un momento donde aún cabía pensar en la posibilidad de terminar con años de colonialismo en México, de la mano de los ideales revolucionarios que aún pervivían en las conciencias y que el TGP ayudó a volver indelebles.

Arte, cultura y revolución después del TGP

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-El Movimiento Gráfico del 68

En ese 2 de octubre que Jacobo Zabludobsky denominó como “muy soleado” ocurrió la masacre de Tlatelolco, a partir de la cual se conformaría un fuerte y potente movimiento juvenil, del que se desprenderían diversas exigencias hacia el Estado, así como un reclamo generalizado por justicia y contra la violencia policial y militar.

A esta lucha la acompañaría el denominado Movimiento Gráfico del 68, conformado por jóvenes estudiantes de la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado (ENPEG), como también de la Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP). La inspiración de este movimiento artístico fue el TGP, y muchos de sus carteles recuerdan al estilo de éste, aunque después tuvieron su propia estampa.

-El neomuralismo

Un movimiento contemporáneo de arte callejero que ha rescatado la tradición muralista, con todo lo social y popular que rodea a la misma, y que ha dado nueva vida al arte popular y colectivo valiéndose del graffiti para hacer lo que en su tiempo hiciera el TGP con los grabados y la pintura tradicional: difundir el arte, esparcirlo por las calles y hacerlo de todas y todos.

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Gracias a este movimiento se han recuperado espacios públicos y se ha bajado considerablemente el grado de violencia y delincuencia en decenas de barrios del país, llevando no sólo murales bonitos y coloridos a las comunidades, sino toda una nueva forma de ver la vida y las relaciones humanas en general.

Todas estas corrientes no son sino prueba de que el arte no sólo es arte en sí, sino que es, ante todo, un tiempo y espacio por donde el hombre y la mujer pasan, fijando su visión estética del mundo e imprimiendo lo que ven en la realidad. El TGP, el Movimiento Gráfico del 68, el neomuralismo y muchas otras corrientes continúan demostrándonos que, como dijera el poeta alemán Bertolt Brecht, el arte es un martillo.  

 *Para conocer más a fondo el arte del TGP te recomendamos darte una vuelta por la exposición inaugurada hace poco en las rejas del Bosque de Chapultepec, sobre Paseo de la Reforma.

 

*Imágenes: 1) Piso 9; 2) Pinterest; 2) Graphic Witness; 3)Colmich; 4) Cmegenis; 6) LaGuerrerodf

*Fuentes de consulta:

Al rescate de la memoria. Estudio iconográfico del grabado La Convención de Aguascalientes, 10 de octubre de 1914

Autor: Sandra Vanina Celis
Hija de tiempos posmodernos, pero aún así terca en la necesidad de construir el socialismo. Colaboradora del proyecto político Colectivo Ratio.
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