Juventino Rosas y “Sobre las Olas”, el exitoso vals y el anonimato de un legado

La historia de un hombre que se convirtió en melodía, en una de las más épicas en la historia de la música mexicana: “Sobre Las Olas".

Por: Miranda Guerrero
noviembre 26, 2017

Todos los mexicanos han escuchado Sobre las Olas. Los que creen que no, también. Sólo se necesita tararear las notas y el recuerdo es instantáneo. Lamentablemente, no existe melodía que pueda imitar la vida de un hombre. Este es el caso de Juventino Rosas, quien escribió este épico vals y durante mucho tiempo, permaneció en el anonimato.

Como si la precariedad de su legado no fuera suficiente, en vida también careció de lo indispensable. Juventino Rosas nació en el Estado de Guanajuato en 1868, en el entonces poblado de Santa Cruz Galeana. Allí, la podredumbre era una marca en las manos que todos tenían. Aunque eso no evitó que aprendiera a tocar el violín. Su padre, Don José de Jesús Rosas, era un músico militar y al ver el potencial de su hijo, no dudo en unirlo a su banda de músicos.  Las participaciones en bautizos y bailes comenzaron a adentrarse en la vida diaria de Rosas, aunque en su corazón, seguía necesitando algo. 

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Ese vacío dentro de él y la muerte de un miembro del grupo musical donde estaba, lo motivaron a abandonar la banda de su padre. Después de empleos esporádicos y de poca paga, la suerte pareció sonreírle. A los 15 años había encontrado un espacio como músico en la orquesta que acompañaba a la prestigiosa Angela Peralta. La alegría y la esperanza se volvieron una emoción que comenzó a llenar el espíritu de Juventino, hasta que la compañía donde trabajaba llegó a Mazatlán. Allí hubo un brote de cólera mortal, que ni siquiera perdonó a la cantante Ángela, por lo que la compañía tuvo que disolverse.

Al partir de Mazatlán, la sensación de desamparo lo siguió. Deseoso de que el mundo supiera su nombre, entró al Conservatorio en 1885,  pero, poco después, decidió abandonarlo. La muerte de su padre fue otra mala noticia. El carácter melancólico de Rosas se agravó. Entonces el aguardiente se volvió su compañera. Ante el vacío, sólo le quedaba su talento. Una joya que lo ayudó a salir casi  indemne y que la gente empezaba a apreciar. Tanto así, que su vida cambió cuando estuvo en un festival que conmemoraba la batalla de Puebla, con el presidente Porfirio Díaz como asistente.  La gente se quedó boca abierta por su destreza musical. Después de eso, comenzó a tocar para las clases altas y tuvo el patrocinio de gente adinerada. De esta época son las obras: “Cuauhtémoc”, “Te Volví a Ver”, “Seductora”, “Sueño de las Flores” y “Ensueño”.

Aún así, Juventino sentía que no era suficiente y los bolsillos del músico comenzaban a vaciarse.  Fue por esta razón que hizo un grupo musical y en una de sus funciones realizó la pieza “Junto al manantial”. El nacimiento de dicha obra fue crucial. Porque, poco después, se le cambió el nombre a Sobre las Olas. Aunque, debido a sus constantes deudas y su adicción al alcohol, no tardó en venderla a los Sres. A. Wanger y Levien, quienes la publicaron e hicieron famosa. El éxito del vals se volvió inmediato, pero debido a que la había vendido, Juventino no recibió remuneración. El chispazo de suerte se le había acabado. En otro intento de cambiar su destino, el compositor partió a Cuba, mas allí murió de mielitis espinal a los 24 años, sin que nadie llevara una rosa a su tumba. 

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El deceso y el anonimato de Juventino fue un precio que la historia tardó en saldar. En el año 1950, se realizó la película Sobre las Olas, donde Pedro Infante hacía el papel de Juventino. El que haya sido interpretado por un actor como Pedro Infante, comunicó al público la relevancia que debía hacer justicia a Juventino Rosas años después. A pesar de eso, que el título de la película sea Sobre las olas, nos sigue demostrando una verdad. Las creaciones de los artistas siempre los superaran en la línea del tiempo. Tal vez Juventino Rosas no es conocido por su nombre, pero eso no impide que sea apreciado a través de una de sus piezas musicales. Después de todo, el reconocimiento es una de las melodías más bellas.

 

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*Pintura: Ivan Aivazovsky, 1850 / Dominio Público

Autor: Miranda Guerrero
Estudió la carrera de Letras Hispánicas en la UAM Iztapalapa. Su carrera artística involucra tanto narrativa, poesía y elaboración de collages.
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