Estos niños mayas intercambiaron sus uniformes escolares por preciosas prendas tradicionales

Abriendo la reflexión sobre cómo el sistema educativo no es responsivo con su contexto, en esta escuela, los uniformes se han vuelto signo de identidad.

noviembre 10, 2017

Si lo más bello de México es que las identidades son diversas, uniformar se vuelve contraproducente. En la Escuela Primaria Estatal “Ignacio Allende” de Yucatán, los niños mayas manifiestan su identidad y hacen una declaración cultural, a través de su forma de vestir.

Así, ellos están dejando de usar los clásicos uniformes y empezaron a intercambiarlos por preciosos huipiles floreados y camisas y pantalones blancos de algodón. La iniciativa propone que las multiplicidad de identidades que se entretejen en México, no debería ser invisibilizada. Al contrario: debería celebrarse. Y los uniformes, un concepto abrumador y un poco extraño, borran la diversidad.

Este ejercicio, propuesto por la directora de la primaria, María Candelaria May, está abriendo la reflexión sobre cómo cada práctica social debería poder responder a su contexto. La escuela es un sistema  que, como ella dice “no tiene pertinencia cultural o lingüística“ y “uno se quiere desdibujar para ser aceptado”.

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Si nos damos un momento para reflexionar, uniformar significa, literalmente, dar una sola forma a un conjunto de cosas. Mientras que “la uniformidad” implica integración y podría sugerir comunidad, también responde a una lógica de igualdad, que no admitiría que las identidades de cada sujeto son distintas de las otras.

Al usar la ropa que representa su identidad, estos chicos defienden su derecho a la diversidad cultural. Además el huipil no es sólo una prenda: su iconografía es signo de la conexión que, según los mayas y otros pueblos, existe entre el sujeto y la naturaleza. El huipil es un resonar con el entorno. El material de las prendas, también se corresponde con el espacio, pues es fresco y ligero; ideal para el calor Yucateco.

La escuela —lugar cotidiano y espacio que genera comunidad— debería resonar con quienes la habitan, hablar su lengua, vestirse de sus colores. Y, aunque no se puede “correr en huipil”, como reconoce una de las estudiantes, se vale aceptar primero esta identidad cultural, mucho más general para abrir otras preguntas.

Tal vez, eventualmente, los uniformes irán desapareciendo y nos permitiremos manifestar lo que sea necesario a través de nuestras formas de vestir. La delicia ser diversos recae en que siempre hay algo en nosotros que está por ser descubierto. Y eso no necesita ser conquistado o fijado: puede seguir cambiando siempre.

 

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