Más que nunca, hoy, a partir de los últimos acontecimientos sucedidos en nuestro país, hago esta reflexión con la esperanza y experiencia de que pueda ser de utilidad. Además de responder a las necesidades inmediatas, se pueda convertir en oportunidades de crear estrategias de desarrollo sostenible.
Para escribir esta reflexión, parto de las siguientes premisas fundamentales:
A lo largo de mi vida he tenido la oportunidad de prestar mis servicios personales y profesionales en situaciones de vulnerabilidad. He visto cómo de las peores historias, surgen, como hoy, personas con grandes talentos para construir condiciones de vida, personales y comunitarias ejemplares.
Confiar en ese potencial latente en las personas y en las comunidades y ofrecer oportunidades para que emerja y se desarrolle, es y ha sido mi quehacer por más de 40 años. Estoy cierta de que es posible lograr que las personas sean protagonistas en la construcción de sus propias historias, y que utilicen su creatividad para encontrar, por si mismos, las alternativas que les permitan vivir con dignidad y convivir en armonía.
Afirmo que los programas asistenciales son necesarios y muy relevantes para paliar algunas situaciones de vulnerabilidad. Por ejemplo: condiciones de pobreza extrema, víctimas de violencia, accidentes, abandono, riesgo de muerte, dificultades en la salud, pérdida del patrimonio, incapacidad de subsistencia, etc. Todas ellas reunidas en nuestra situación actual y que requieren de asistencia inmediata.
Estoy convencida de que los criterios que favorecen una sana asistencia social necesitan de programas y acciones que:
Los desastres naturales sorprenden, causan incertidumbre y dolor, provocan miedo e inseguridad.
Los desastres naturales arrojan un caudal de pérdidas. Perdidas de vida, de salud, de seres queridos, de bienes materiales, de confianza, de seguridad, de estabilidad.
También, los desastres naturales, mueven el piso, reacomodan estructuras y nos ponen de frente ante nuestra propia vulnerabilidad.
Dentro de su capacidad destructiva, pueden sacudir el polvo. El polvo de la indiferencia, del individualismo, de las divisiones, del racismo. El polvo de la comodidad, la monotonía y el sinsentido. El polvo de la ceguera, la miopía y la zona de confort.
Durante la historia de la humanidad, es a partir de las crisis, cuando se encuentran paradigmas nuevos y constructivos que impulsan el desarrollo de las naciones.
Traen consigo la posibilidad de derramar las mejores características del ser humano: la sensibilidad, la empatía, la solidaridad, la creatividad, la generosidad, la disposición y el encuentro de miradas hacia un fin común: una vida digna para todos y una convivencia armónica entre todos.
Los mexicanos nos caracterizamos por nuestra sensibilidad y generosidad. Somos testigos de la capacidad que nos distingue para solidarizarnos en momentos de imperiosa necesidad. La ayuda surge como impulso innato, y ante las catástrofes nos volcamos en el servicio al desprotegido, aun arriesgando la propia vida. Actitudes como las que vivimos en éste y otros momentos críticos, son verdaderamente dignas de admiración y de orgullo.
Si este espíritu solidario se mezcla con organización y sentido de eficacia, somos capaces de lograr imposibles. Si nuestro apoyo, además de responder a las necesidades inmediatas, se convierte en oportunidades de crear estrategias de desarrollo sostenible, será verdaderamente trascendente. Si logramos transformar el sufrimiento presente en posibilidades de construir calidad de vida permanente, entonces el dolor cobra sentido.
Me conmueve ver a la juventud mexicana presente y activa, respondiendo valiente y generosamente a la tragedia que estamos viviendo. Admiro a los no tan jóvenes derramando sabiduría y experiencia previa. Me emociona ver a los niños aportando lo que su edad les permite. Me emocionan los voluntarios de todas edades, profesiones y condiciones socioeconómicas; los rescatistas, las ambulancias, los bomberos, los Topos; los hospitales, centros de salud, espacios de acopio, albergues; los medios de comunicación, las redes sociales; las organizaciones civiles, los profesionistas organizados; las empresas socialmente comprometidas, los pequeños negocios; los servidores públicos responsables y las instituciones eficaces; los países que nos ofrecen su colaboración, los migrantes y todas las personas que están aportando tiempo, recursos, manos, ideas y acciones constructivas. Cómo mujer y como mexicana me siento agradecida con cada uno de ustedes, porque, hoy más que nunca nos infunden esperanza, el medio más potente para construir un futuro más promisorio. Gracias.
Considero que, ante los desastres naturales, las necesidades y sus respuestas pertinentes transitan por diversas etapas. Destaco aquellas en las que mi experiencia me enseña que podemos participar como sociedad civil organizada.
1.- La prevención.
Desde luego que los desastres naturales nos sorprenden y no es fácil responder a la fuerza de la naturaleza, sin embargo, es posible crear y dar seguimiento a protocolos de protección civil que nos ayuden a saber qué hacer para preservar la seguridad ante diferentes casos.
Sociedad civil
Condiciones
Cuidar que los protocolos partan de información real y profesional, evitando los mensajes equívocos sobre los espacios y medidas de seguridad. Así como, asegurar que estén alineados a protocolos nacionales para que exista coordinación y claridad.
2.- La protección de la propia vida y de los cercanos.
Aunque la supervivencia es un instinto innato en el ser humano, es necesario involucrar a la consciencia y a la inteligencia en las reacciones ante un desastre natural. No es posible mantener la cabeza fría, pero si podemos orientarla de manera estratégica.
Las actitudes de heroísmo son admirables. Sin embargo, tienen que realizarse conscientemente, preservando la propia seguridad y de quienes nos rodean.
Sociedad civil
Condiciones
3.- El rescate.
Es un momento crucial que debe ser atendido por profesionales expertos, a menos que el riesgo esté bien calculado
Sociedad civil
Condiciones
Es muy importante no entorpecer la labor de los profesionales del rescate. Ellos necesitan concentración, silencio, coordinación.
4.- Atención médica.
Esta acción también requiere de especialistas de la salud.
Sociedad civil
Condiciones
Es importante conocer las propias capacidades para no caer en imprudencias médicas que pudieran costar vidas o deterioro de salud.
5.- Atención emocional y contención.
Se requieren especialistas en salud mental y Desarrollo Humano, facilitadores de procesos grupales e individuales.
Sociedad civil
6.- Establecimiento de espacios de vivienda y satisfacción de necesidades básicas.
Aunque las dependencias gubernamentales tienen la función de establecer centros de acopio, se salud, de alimentación y de vivienda, se ha demostrado ampliamente, en ocasiones anteriores, la pertinencia de la participación de la sociedad civil para lograr eficacia en estos servicios.
a). Centros de acopio de víveres
La ciudadanía se vuelca en apoyo y el suministro de víveres es crucial para satisfacer necesidades a corto y mediano plazo. Para hacerlo de manera efectiva es necesario:
Muchas personas se quedan sin vivienda y sin lo elemental para subsistir. Muchas más tienen que evacuar temporalmente sus viviendas, es por ello de suma utilidad el establecimiento de albergues para damnificados, para socorristas, para personas en riesgo.
Como consecuencia de los desastres naturales, muchas personas se encuentran en momentos de gran dificultad para alimentarse y alimentar a sus familias. Por falta de recursos, de insumos, de tiempo o de capacidad, no pueden ocuparse de una adecuada nutrición. En este sentido, el establecimiento de comedores se convierte en una acción fundamental.
– Elegir la comunidad pertinente
– Que determinen con la comunidad el tiempo que van a apoyarlos
– Que estudien el entorno, con la visión de que no se vean perjudicados los negocios locales.
– Que compren insumos a proveedores de las zonas afectadas, con el fin de promover su subsistencia y desarrollo.
– Que utilicen el espacio de los comedores para promover acciones educativas que permanezcan después de la intervención. (Ej. Nutrición, manejo de su economía, cocina económica, trabajo en equipo, autoconstrucción) etc. de manera que la “asistencia” ahorita necesaria, se pueda transformar en desarrollo.
7. Valoración de construcciones.
La valoración de viviendas, edificios y demás construcciones, debe ser hecha por expertos: estructuristas, peritos, arquitectos, etc. que puedan presentar una valoración formal que ofrezca la mayor garantía de seguridad.
Resulta muy útil marcar, de alguna manera, las construcciones que requieren apoyo, especificando datos de ubicación, para facilitar la identificación de los apoyos.
Sociedad civil
Nuestra ayuda consiste en referir, vincular y entrelazar expertos con propietarios de construcciones.
Condiciones
Esta acción es tan relevante que tiene que ser inequívoca para no incurrir en riesgos
8. Prevención de posibles eventos posteriores al desastre natural.
Cuando termina el momento del desastre, no necesariamente ha concluido el riesgo. Por lo tanto, es indispensable ofrecer información certera (en la medida de lo posible), pertinente, fidedigna y seria, sobre posibles riesgos posteriores y la manera de enfrentarlos.
Como sociedad civil,
Nos toca difundir dicha información en la familia, en el trabajo, en la escuela y en cualquier espacio de convivencia social.
Practicar simulacros y ejercicios preventivos.
9. Restauración y reconstrucción.
Es el momento de rectificar el daño. Recoger las piezas (en sentido físico, emocional, patrimonial) y de inventar un nuevo “rompecabezas”.
Después de una crisis, no podemos ser los mismos, tenemos que reinventarnos. Es el momento de construir nuevos paradigmas, como personas, sociedad y nación.
Esta etapa es a corto, mediano y largo plazo. Se requiere de persistencia, constancia y una motivación muy fuerte. Ya pasó el momento del “heroísmo”; muchos de los generosos voluntarios durante la crisis, vuelven a sus quehaceres y disminuye el estímulo colectivo. Quienes colaboran en esta etapa se encuentran más solos.
Sin embargo, las víctimas del desastre natural viven carencias mayores, su calidad de vida está deteriorada y sus pérdidas los pueden llevar a la desesperanza.
Sociedad civil:
Toca recuperar fuerzas, ser conscientes de que las consecuencias del desastre están presentes y pueden ser permanentes para muchas familias y comunidades.
Es el momento de sistematizar las acciones, sabiendo que las respuestas no serán inmediatas como lo fueron en el momento del rescate.
Ahora se necesitan más recursos económicos, más organizaciones civiles, más empresas que dediquen sus saberes y su ámbito de competencia a restaurar el bienestar personal y social.
Profesionistas de la construcción, de la ecología, de la medicina, del desarrollo humano, del trabajo comunitario, de la productividad, de las finanzas, de la educación, tenemos un arduo trabajo, para reconstruir el espacio para vivir, la manera de convivir, la calidad de vida y la red social de nuestro país.
A los Funcionarios Públicos les deseo sabiduría y quehacer político – entendiendo la política como la búsqueda del bien común-. Que esta tragedia despierte en TODOS el sentido de compromiso hacia quienes ustedes deben de servir, más allá de sus propios intereses y agendas.
La sociedad civil haremos nuestra parte, con la esperanza de encontrarnos en una misión común y con la plena convicción de que unidos y organizados, los ciudadanos responderemos una vez más.
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