La excéntrica fiesta de los martillos explosivos en San Juan de la Vega, Guanajuato

Con petardos artesanales y martillos, los habitantes del pueblo de San Juan de la Vega festejan a "San Juanito", el rebelde que robaba a los ricos para amparar a los pobres.

Con más de tres siglos de antigüedad, la surreal fiesta de martillos explosivos representa una arriesgada tradición que navega el peligro y la efervescente religiosidad del pueblo de San Juan de la Vega, en Celaya, Guanajuato. La leyenda local cuenta que el venerado “San Juanito”, fue un rebelde quien en el siglo XVII robaba a los españoles hacendados para auxiliar a los pobres. Algo así como un Robin Hood mexicano, quien murió en una enredada con las tropas virreinales al ser descubierto. Otra versión no menos oportuna nos dice que aquél San Juanito fue en realidad San Juan Bautista, quien en aquellos años protegió al pueblo de un hueste de ladrones.

fiesta martillos explosivos celayaCualquiera que haya sido la versión oficial, en San Juan de la Vega se celebra con fervor a este Santo por la fiesta de martillos y explosivos en el que se intenta encarnar la lucha de San Juanito al momento de su muerte, al mismo tiempo que se da la bienvenida al Miércoles de Ceniza.

La fiesta comienza a eso de las 10 de la mañana con dos grupos de personas representando al ejercito y a los ladrones. Los guerreros estrellan sus martillos o marros en el suelo, mismos que les son adheridos petardos artesanales creados en casa con clorato de potasio y azufre. Al martillar del suelo, comienzan a retumbar las explosiones y muchos de los intrincados terminan heridos (tal cual como si estuviesen en una especie de batalla revolucionaria).

A pesar de la brutalidad con que se mira este espectáculo –y que ha sido considerada como una de las celebraciones más peligrosas del mundo–, las autoridades locales han hecho lo posible por controlar la enredada que no ha pasado a accidentes mayores.  

*Imágenes: 1) lat.wsj.com; 2) www.oem.com.mx

Diccionario ultra mexicano: estas son las 50 palabras más mexas de todas

Ándale, güey, móchate con unas palabras mexas bien chipocludas, que si no las oigo me achicopalo…

El español mexicano es delicioso y complejo. Igual que la identidad que presumimos, el idioma que hablamos es una mezcla rica. Por un lado, trae a presencia algunas de las otras lenguas que hay en el territorio (como el náhuatl y el maya). Por otro lado, se fue forjando de manera relativamente espontánea, en la calle, con ingenio y con la energía fogosa que nos caracteriza. Así, nuestras palabras son ricas de pronunciar y escuchar.

Además, cuando decimos que es complejo, va en serio, pues “español mexicano” no es solo uno, sino, un conjunto de dialectos y sociolectos regionales que tienen palabras y frases propias, que, incluso, entre mexas no conocemos. Nuestro español es, ese sentido, infinito y, además, constantemente se está actualizando, abriendo caminos nuevos en el laberinto conceptual que es nuestra identidad.

Entre nuestras palabras hay rarezas geniales, que solo podrían haber ocurrido aquí. Algunas refieren a acontecimientos o personajes locales (como el verbo “cantinflear”), otras se usan para describir objetos que no hay en ningún otro lugar del mundo (“itacate”, por ejemplo) y unas más, las heredamos en la conquista y pertenecen a un español tan antiguo que simplemente ya dejaron de usarse en otros países hispanohablantes (como “dizque”, “fierro” y “recibirse”).

Así, nos mochamos con este diccionario ultra mexicano, con unas palabras mexas bien chipocludas, para que no te achicopales, perdido en el seductor e inmenso español de esta tierra.

Diccionario ultra mexa:

Achicopalarse: Según el diccionario del COLMEX: Entristecerse, deprimirse o perder el ánimo a causa de alguna aflicción, una pena o un dolor.

Agüitarse: sentirse melancólico, desanimado, molesto, deprimido, afligido, decaído, enfermo. Un objeto, animal o planta también pueden apreciarse “agüitados”.

Apantallar: sorprender, deslumbrar, como cuando se prende una pantalla (de televisión, por ejemplo) y la luz nos deja cegados, pero en un sentido conceptual, el “deslumbramiento” más que físico es mental.

Apapachar: dar cariño, consentir, de forma física o emocional. Se dice que viene del náhuatl “papatzoa” que significa “ablandar algo con los dedos”, como si se ablandara el enojo con cariños.

Apixcahuarse: cuando la ropa huele mal porque se guarda húmeda. Es más común en el sureste del país.

Arrecholar: De español de Coahuila. Arrumbar, arrinconar, quedarse en casa, no salir a la calle es arrecholarse.  

Bacalear: Del español yucateco. Acariciar a la pareja, cachondear, fajar.

Bomberazo: Cuando hay que resolver con urgencia un asunto imprevisto. Se usa mucho en medios y periodismo: un artículo que tiene que salir rápidamente.

Bonche: un montón grande de cosas, un conjunto grande.

Cantinflear: en honor al personaje de Mario Moreno, Cantinflas, según la RAE: “Hablar o actuar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada con sustancia.”

Cháchara: es una baratija, objeto de poco valor o que no tiene mayor utilidad. Chacharear es ver, buscar o comerciar chácharas.

Chale: Expresión que denota decepción, similar a “caray”, “caramba”, pero suele expresarse con hueva o zozobra.

Chambelán: un arcaísmo, sin duda, originalmente se define como, según el diccionario del COLMEX como “Miembro del personal de la corte de un rey, que se ocupa de ayudarlo y ejecutar tareas menores ”, en México se usa popularmente para nombrar a un “joven que, en fiestas que se celebran para festejar a una quinceañera, hace con ella pareja para bailar el primer vals, y cada uno de los que forman las parejas de sus damas de honor.”

Chicano: la definición del COLMEX es preciosa: “Ciudadano de Estados Unidos de América, de origen mexicano, que milita en la defensa de sus derechos sociales, laborales, culturales y lingüísticos como minoría en ese país; que forma parte de esa comunidad o se relaciona con ella.”

Chicle: dulce o pastilla que se mastica para entretener el hambre o mejorar el aliento. Está hecho a base de una sustancia pegajosa que se extrae del árbol de chicozapote.

Chido: Dice el diccionario del COLMEX que lo chido es “bueno, bonito o apreciable.” Estamos de acuerdo.

Chincual: Del español de Veracruz. Es una fiesta o parranda.

Chingar: Dice el diccionario del COLMEX que significa “molestar o causar grave daño a una persona”, además, “chingarse” puede ser fracasar o sacrificarse. Esta palabra nos encanta porque encarna perfectamente la definición de polisemia. Y de sus variaciones, ni se diga.

Chingón: Mientras que chingar es una palabra negativa (especialmente sustantivada en “chingada”), chingón puede ser o el que chinga o un sujeto u objeto bueno, agradable, bien hecho, simpático, increíble, trabajador, inteligente o extremadamente capaz.

Chipocludo: Un sujeto que es el mejor en lo que hace, el más destacado o chingón. también puede ser un objeto que cumpla con estas cualidades, como estas palabras chipocludas.

Chocolate: aunque ya se use en todo el mundo, con sus respectivas traducciones, para nombrar al delicioso dulce de cacao, es una palabra náhuatl. Viene de xococ (agrio) y atl (agua).

Chuchuluco: la palabra es de origen náhuatl y según el Diccionario del náhuatl en el español de México, se puede definir como “golosinas o dulces para niños”, “cosas sin valor que se acumulan”, “tamales mal amasados”.

Chueco: torcido, ladeado, deforme, mal hecho o ilegal.

Chulear: es alabar o decir cosas positivas con respecto a la belleza de una persona, un objeto o los actos de alguien.

Cooperacha: La “coopera” es una apotación voluntaria de amigos, familiares y vecinos para comprar licores, “chelas” o comida en una fiesta.

École: Es una expresión que se dice cuando alguien acierta, le atina a algo o le queremos dar la razón.

Encabronarse: “cabrón” es otra de nuestras joyitas, aunque encabronarse podría ser considerada su máxima expresión: significa enojarse mucho, tanto que uno se transforma en un cabrón, es decir un sujeto en tal nivel de empoderamiento que podría dañar a otros, importándole poco las consecuencias. Que no te hagan encabronar.

Escuincle: niño, joven o sujeto mayor de edad que se comporta de forma pueril.

Gacho: feo, malo o malvado.

Guácala: es una expresión usada para denotar asco o desprecio, especialmente repugnancia hacia un olor o alimento. En México hay otras expresiones similares como “fuchi” o una yucateca preciosa, corta y contundente: “fo”.  

Güero/guëra: Los españoles nos regalaron el “prieto”, nosotros nos inventamos el güero que significa rubio, persona blanca y de ojos claros. Hay que usarla con cuidado, pues es un apelativo que pone distancia entre los que son güeros y los que no lo son.

Güey: La RAE lo define como “persona tonta” (estás bien güey), pero en México es un apelativo para casi cualquier sujeto. Un güey puede ser un desconocido. Mi güey, quiere decir: “mi novio o pareja”, güey también es “amigo, compañero”. Una palabra difícil de definir, no es raro que la RAE se quedara corta.

Huachicol: (o guachicol) es una bebida adulterada. También se utiliza la palabra para nombrar al combustible adulterado o robado.

Huesear: agarrar cualquier empleo, poco relacionado con la propia carrera, para ganar dinero. Entre artistas y académicos suele ser un empleo mal pagado, como dar tutorías o tomar fotografías de eventos. Entre políticos y administradores públicos es “agarrar hueso”, es decir, tener cualquier trabajo que ofrezcan los amigos o “palancas”, para seguir en la nómina.

Hueva: un concepto seriamente complejo, o por lo menos así lo trabajó un gran filósofo mexicano. Algunos le llaman flojera (extrema), el acto de holgazanear. Nosotros la entendemos como zozobra, una congoja tan agobiante que no te deja hacer nada.

Itacate: Después de una comida familiar o de amigos, lo que sobra, se puede compartir con los asistentes para que se lo lleven a casa con ellos. A esta provisión se le llama “itacate”. En el estado de Morelos, el itacate es una gordita triangular, echa con masa mezclada con queso y rellena de guisados diversos.

Jaino: Del español de Chihuahua es novio o pretendiente.

Mamar: emborracharse, chupar con la boca los órganos genitales de otra persona o decir cosas imprudentes. De ahí la expresión tan querida: “no mames”.

Merequetengue: Es una fiesta, parranda en grande o un alboroto, una serie de obstáculos que no permitían realizar lo que uno se había propuesto. (Sacar la visa gringa es un merequetengue; ir al super el 24 de diciembre es un merequetengue).

Morro: O morra. Joven, adolescente, chamaco.

Neta: es la verdad. La verdad absoluta.

Ñáñaras: sensación de ansiedad o nervios, que provoca una situación, visión o condición física desconocida, inquietante o extraña. También puede ser un temor irracional. A muchos les provoca “ñáñaras”, por ejemplo, el ruido que hace un unicel cuando es cortado.

Ñero: en positivo: amigo, compañero. En negativo: persona u objeto vulgar.

Papalote: juguete precioso que se hace planear en el viento, hecho de un armazón liviano (muchas veces de carrizo) sobre el que se tensa una tela o papel y que tiene amarrado un hilo que sirve para volarlo. En Oaxaca, durante el día de muertos, se vuelan papalotes para permitir que las almas bajen a tierra a través de los hilos.

Pinche: despreciable, deleznable, mezquino o de baja calidad.

Rascuache: apariencia de mal gusto, de baja calidad, categoría o en mal estado. El diminutivo “rascuachitos” es seriamente peyorativo.

Sacatón: Cobarde, que “le saca”.

Teporocho: Borracho, alcohólico, sujeto que bebe incansablemente cualquier cosa, en cualquier lugar.

Varo: dinero, peso, moneda.

Zochear: Del español yucateco. Fisgonear, acechar, curiosear.

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Fe y testosterona: la fiesta de la Santa Cruz (VIDEO Y FOTOS)

Cada año una monumental cruz es descendida del cerro de Xochitepec en Santa Cruz Xochitepec. Con la fe como aliciente decenas de hombres hacen este improbable trabajo.

Don Braulio cayó por la pendiente obteniendo como resultado una cortadura en la pantorrilla que le sangró abundantemente. Y sin embargo, tuvo mejor suerte que Joaquín, quien resbaló cuesta abajo entre las rocas y terminó con dos costillas rotas…  Estas escenas; raspones, golpes y eventualmente uno que otro hueso fracturado son el típico resultado de las celebraciones de la Santa Cruz que se realizan en la comunidad de Santa Cruz Xochitepec, en la delegación Xochimilco, al sur de la Ciudad de México.

¿Qué sucede en esta celebración que da como resultado escenas dignas de una sala de urgencias?  En el extremo poniente de esta comunidad se encuentra el cerro de Xochitepec (Cerro de las flores) y en él, año con año, se lleva a cabo la celebración de la Santa Cruz durante la cual, una cruz monumental, realizada en madera de encino, con ocho metros de altura y una tonelada de peso, es transportada sobre las hombros de cerca de cincuenta hombres a través del agreste terreno del bosque. 

Es en estas condiciones; a veces bajo lluvia torrencial o en la semi oscuridad de la noche, que estos hombres se desplazan por una larga pendiente que en ciertos puntos llega a alcanzar cuarenta y cinco grados de inclinación.

Este auténtico vía crucis es físico y espiritual. Cuando el músculo se agota por el esfuerzo realizado, entra la fe a dar lo necesario para completar el trabajo: “es nuestro deber” señala Agustín; uno de los hombres que carga a la cruz, “la Santa Cruz nos protege. Así es como le pagamos”.

Contemplar este auténtico torrente humano que se desliza por las laderas de la montaña con su pesada carga a cuestas, inevitablemente trae a la mente las notables construcciones de la antigüedad, en donde grandes volúmenes de materiales tales como rocas y troncos eran transportados por cientos de hombres para la edificación de monumentos y edificios, utilizando tan solo rudimentarias cuerdas y poco sofisticados sistemas de palancas y poleas… Así, en Xochitepec, la pesada faena se realiza de la siguiente manera: los hombres más robustos soportarán el peso de la cruz directamente y a fuerza de brazos y piernas. Lo que les motiva es la fe… Pero lo que les da energía son las rodajas de naranjas frescas que son repartidas entre ellos en cada descanso, junto con el agua y los tragos de refresco con tequila. Todo esto en medio de cantos religiosos, vítores, porras y canciones de mariachis.

Por otra parte, los hombres más delgados, los adolescentes e incluso algunos niños, participan en la tarea tirando de la cruz con cuerdas, ya sea para ayudar a soportar el peso o para guiar !cual timoneles¡ a la cruz que “flota” sobre el torrente de espaldas hasta llegar a su destino: la iglesia de la comunidad.

Así, las celebraciones de la Santa Cruz continuarán en el poblado durante varios días con la participación de todos los habitantes; sin embargo, en lo que se refiere al acarreo de Cruz, esta es una tarea que por tradición (y quizá derivada del propio esfuerzo físico que requiere) es realizada exclusivamente por hombres.   

En otros pueblos de Xochimilco se realizan celebraciones semejantes y en algunas de esas comunidades se transportan cruces de dimensiones mucho más modestas que son  acarreadas por mujeres a través de terrenos más accesibles y en distancias mucho mas cortas… Pero en Xochitepec, por lo menos en lo que al transporte de la Cruz se refiere, esta celebración es exclusivamente “cosa de hombres”.

Eduardo Bonilla
Autor: Eduardo Bonilla
Diseñador gráfico de profesión. Apasionado de la historia del arte y la arqueología. Se desempeñó en la publicidad por casi 10 años y actualmente es productor independiente de video. Se considera a sí mismo como un “viajero poco tradicional”. Ha sido conductor de series del canal History y colaborador en Discovery Channel.

La Danza Yaqui del Venado: su simbolismo y ritual

La danza del Venado es una celebración donde la caza de este místico animal nos recuerda la sabiduría de nuestros ancestros

Los yaquis son un pueblo indígena milenario que se asentó en los territorios de Sonora y Sinaloa. Desde la conquista hubieron varios intentos por conquistarlos espiritualmente, sin embargo el pueblo yorem (en lengua yaqui) acopló la cosmovisión católica a su propia interpretación del mundo.

Porfirio Díaz fue luego el que inició una cruenta persecución de esta etnia que llevaría a miles de yaquis a ser desplazados hacia lugares tan inhóspitos y distantes como valle nacional en Oaxaca y los plantíos henequeneros en Yucatán.

De gran renombre ha sido la herbolaria tradicional del pueblo Yaqui y célebres también han sido varios de sus curanderos. También muy famoso es uno de los más bellos bailes dentro de las tradiciones de México, el Baile del Venado.

Danza-del-Venado

Esta ceremonia viene desde el pasado indígena y ha logrado conservarse casi de forma intacta hasta nuestros días gracias al recelo y pulcritud con las que los Yaquis guardan sus usos y costumbres.

El ritual y significación

La danza es realizada por un joven yaqui que desde pequeño es alimentado con comida diferente al del resto de la comunidad con el fin de representar los movimientos que escenifican la caza del venado; es una danza en veneración al Dios venado para que entregue su vida y el yorem pueda vivir de su carne y a través de este sacrificio el espíritu del venado pueda evolucionar. 

La danza consiste en la aparición del danzante con una cabeza de venado disecada, ataviada con un pañuelo o papeles de colores, que en el cuello lleva escapularios o collares de chaquira blanca, con el torso desnudo, liado con un reboso azul de donde pende un griijatium (cinturón de uñas de venado) y en las manos lleva dos Senasos (sonajas de bule); rodeado de cazadores (pazkolas) y el  Baa-wehai (tambor de agua) que es el encargado de emular los sonidos del corazón acompañado del hiriukam que son frotadores de varas de Brasil con algunas ranuras, que emulan el sonido de la respiración del venado.

La aparición del venado en el escenario recuerda la belleza inocente pero magnifica de este ser místico cuya presencia encara a la realidad desde un estado de pureza en mansedumbre que se mantiene alerta gracias a su curiosidad. Los paskolas rodean a esta aparición y forcejean con sus movimientos los que hace el venado, a veces imitando su trayectoria y sus lances. El venado cae herido y se repone para volver a caer bella y tristemente.

Los yaquis son un pueblo cuya cosmovisión guardada recelosamente y por pertenecer a culturas orales primitivas difieren radicalmente de las concepciones occidentales. Un ejemplo es la manera en la que un danzante puede llegar a interpretar al venado que se da por tres formas. Una, por medio de un discipulado, es decir, ir escuchando las tradiciones de generación en generación; el segundo es por manda, si el futuro danzante solía ser muy enfermizo su alma es encomendada a una de las deidades que los rigen –entre otros el Sol y la Luna– y la tercera es por encanto: el miembro de la tribu se aleja de la comunidad, hacia las montañas o los cerros, hacia el mar o el desierto donde era encantado por el Juya Aniya (Mundo de Arboles/Mundo Selva) y al regresar podía dedicarse a la actividad que prefiriese.

*Imágenes: 1)Lauro Rosas, 2)mexicocity.gob.mx