La excéntrica fiesta de los martillos explosivos en San Juan de la Vega, Guanajuato

Con petardos artesanales y martillos, los habitantes del pueblo de San Juan de la Vega festejan a "San Juanito", el rebelde que robaba a los ricos para amparar a los pobres.

Con más de tres siglos de antigüedad, la surreal fiesta de martillos explosivos representa una arriesgada tradición que navega el peligro y la efervescente religiosidad del pueblo de San Juan de la Vega, en Celaya, Guanajuato. La leyenda local cuenta que el venerado “San Juanito”, fue un rebelde quien en el siglo XVII robaba a los españoles hacendados para auxiliar a los pobres. Algo así como un Robin Hood mexicano, quien murió en una enredada con las tropas virreinales al ser descubierto. Otra versión no menos oportuna nos dice que aquél San Juanito fue en realidad San Juan Bautista, quien en aquellos años protegió al pueblo de un hueste de ladrones.

fiesta martillos explosivos celayaCualquiera que haya sido la versión oficial, en San Juan de la Vega se celebra con fervor a este Santo por la fiesta de martillos y explosivos en el que se intenta encarnar la lucha de San Juanito al momento de su muerte, al mismo tiempo que se da la bienvenida al Miércoles de Ceniza.

La fiesta comienza a eso de las 10 de la mañana con dos grupos de personas representando al ejercito y a los ladrones. Los guerreros estrellan sus martillos o marros en el suelo, mismos que les son adheridos petardos artesanales creados en casa con clorato de potasio y azufre. Al martillar del suelo, comienzan a retumbar las explosiones y muchos de los intrincados terminan heridos (tal cual como si estuviesen en una especie de batalla revolucionaria).

A pesar de la brutalidad con que se mira este espectáculo –y que ha sido considerada como una de las celebraciones más peligrosas del mundo–, las autoridades locales han hecho lo posible por controlar la enredada que no ha pasado a accidentes mayores.  

*Imágenes: 1) lat.wsj.com; 2) www.oem.com.mx

Tequiografías: preciosas monografías colaborativas sobre asuntos vitales

El artista Daniel Godínez trabajó junto a la Asamblea de Migrantes Indígenas para hacer estas geniales monografías sobre música, salud, educación y esquemas de gobierno alternativos.

Si los saberes sobre nuestro mundo se construyeran siempre de forma colectiva, probablemente, nuestra sensibilidad sería infinitamente más grande.

Sin embargo el conocimiento suele articularse en pequeñas esferas “oficiales” y distribuirse de formas limitadas. Así, lo que sabemos, suele estar enmarcado en un solo punto de vista que, muchas veces, es difícil cuestionar.

Las monografías (esos gráficos con extraños dibujos y descripciones sobre un tema concreto que solías comprar en la papelería) son la representación perfecta de lo que te describimos. No solo abordan los temas desde una sola postura; también acostumbran representar el mundo desde abstracciones que poco conectan con la vivencia que cada uno de nosotros tiene del mismo.

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Esto puede tornarse muy injusto, sobre todo si la monografía describe formas de vida. Cuando el artista Daniel Godínez Nivón mostró algunas monografías escolares a los miembros de la Asamblea de Migrantes Indígenas, estas fueron motivo de risa y críticas.

Era de esperarse: la historia, ciencia, medicina, derecho y educación “oficiales” de México están absolutamente desligadas de los saberes y realidades de las comunidades indígenas del país. Con esto en mente, el artista y los integrantes de la Asamblea, decidieron hacer una serie de “tequiografías”.

El proyecto (2010) consistió en construir un producto con saberes útiles y ligados a la vida de todos los participantes. Todo el proceso fue realizado en conjunto; discutido en asamblea; consensuado, y contando con el aporte de todos. El trabajo, por ser tequio, fue no remunerado, colaborativo y obligatorio para quienes se comprometieron con él.

El resultado es precioso y demuestra que es posible coincidir no solo en el sentido de encontrarnos; sino de incidir cada uno, simultáneamente, de forma equilibrada en el mundo que estamos habitando juntos y en las formas que tenemos de comprenderlo.

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Fe y testosterona: la fiesta de la Santa Cruz (VIDEO Y FOTOS)

Cada año una monumental cruz es descendida del cerro de Xochitepec en Santa Cruz Xochitepec. Con la fe como aliciente decenas de hombres hacen este improbable trabajo.

Don Braulio cayó por la pendiente obteniendo como resultado una cortadura en la pantorrilla que le sangró abundantemente. Y sin embargo, tuvo mejor suerte que Joaquín, quien resbaló cuesta abajo entre las rocas y terminó con dos costillas rotas…  Estas escenas; raspones, golpes y eventualmente uno que otro hueso fracturado son el típico resultado de las celebraciones de la Santa Cruz que se realizan en la comunidad de Santa Cruz Xochitepec, en la delegación Xochimilco, al sur de la Ciudad de México.

¿Qué sucede en esta celebración que da como resultado escenas dignas de una sala de urgencias?  En el extremo poniente de esta comunidad se encuentra el cerro de Xochitepec (Cerro de las flores) y en él, año con año, se lleva a cabo la celebración de la Santa Cruz durante la cual, una cruz monumental, realizada en madera de encino, con ocho metros de altura y una tonelada de peso, es transportada sobre las hombros de cerca de cincuenta hombres a través del agreste terreno del bosque. 

Es en estas condiciones; a veces bajo lluvia torrencial o en la semi oscuridad de la noche, que estos hombres se desplazan por una larga pendiente que en ciertos puntos llega a alcanzar cuarenta y cinco grados de inclinación.

Este auténtico vía crucis es físico y espiritual. Cuando el músculo se agota por el esfuerzo realizado, entra la fe a dar lo necesario para completar el trabajo: “es nuestro deber” señala Agustín; uno de los hombres que carga a la cruz, “la Santa Cruz nos protege. Así es como le pagamos”.

Contemplar este auténtico torrente humano que se desliza por las laderas de la montaña con su pesada carga a cuestas, inevitablemente trae a la mente las notables construcciones de la antigüedad, en donde grandes volúmenes de materiales tales como rocas y troncos eran transportados por cientos de hombres para la edificación de monumentos y edificios, utilizando tan solo rudimentarias cuerdas y poco sofisticados sistemas de palancas y poleas… Así, en Xochitepec, la pesada faena se realiza de la siguiente manera: los hombres más robustos soportarán el peso de la cruz directamente y a fuerza de brazos y piernas. Lo que les motiva es la fe… Pero lo que les da energía son las rodajas de naranjas frescas que son repartidas entre ellos en cada descanso, junto con el agua y los tragos de refresco con tequila. Todo esto en medio de cantos religiosos, vítores, porras y canciones de mariachis.

Por otra parte, los hombres más delgados, los adolescentes e incluso algunos niños, participan en la tarea tirando de la cruz con cuerdas, ya sea para ayudar a soportar el peso o para guiar !cual timoneles¡ a la cruz que “flota” sobre el torrente de espaldas hasta llegar a su destino: la iglesia de la comunidad.

Así, las celebraciones de la Santa Cruz continuarán en el poblado durante varios días con la participación de todos los habitantes; sin embargo, en lo que se refiere al acarreo de Cruz, esta es una tarea que por tradición (y quizá derivada del propio esfuerzo físico que requiere) es realizada exclusivamente por hombres.   

En otros pueblos de Xochimilco se realizan celebraciones semejantes y en algunas de esas comunidades se transportan cruces de dimensiones mucho más modestas que son  acarreadas por mujeres a través de terrenos más accesibles y en distancias mucho mas cortas… Pero en Xochitepec, por lo menos en lo que al transporte de la Cruz se refiere, esta celebración es exclusivamente “cosa de hombres”.

Eduardo Bonilla
Autor: Eduardo Bonilla
Diseñador gráfico de profesión. Apasionado de la historia del arte y la arqueología. Se desempeñó en la publicidad por casi 10 años y actualmente es productor independiente de video. Se considera a sí mismo como un “viajero poco tradicional”. Ha sido conductor de series del canal History y colaborador en Discovery Channel.

La Danza Yaqui del Venado: su simbolismo y ritual

La danza del Venado es una celebración donde la caza de este místico animal nos recuerda la sabiduría de nuestros ancestros

Los yaquis son un pueblo indígena milenario que se asentó en los territorios de Sonora y Sinaloa. Desde la conquista hubieron varios intentos por conquistarlos espiritualmente, sin embargo el pueblo yorem (en lengua yaqui) acopló la cosmovisión católica a su propia interpretación del mundo.

Porfirio Díaz fue luego el que inició una cruenta persecución de esta etnia que llevaría a miles de yaquis a ser desplazados hacia lugares tan inhóspitos y distantes como valle nacional en Oaxaca y los plantíos henequeneros en Yucatán.

De gran renombre ha sido la herbolaria tradicional del pueblo Yaqui y célebres también han sido varios de sus curanderos. También muy famoso es uno de los más bellos bailes dentro de las tradiciones de México, el Baile del Venado.

Danza-del-Venado

Esta ceremonia viene desde el pasado indígena y ha logrado conservarse casi de forma intacta hasta nuestros días gracias al recelo y pulcritud con las que los Yaquis guardan sus usos y costumbres.

El ritual y significación

La danza es realizada por un joven yaqui que desde pequeño es alimentado con comida diferente al del resto de la comunidad con el fin de representar los movimientos que escenifican la caza del venado; es una danza en veneración al Dios venado para que entregue su vida y el yorem pueda vivir de su carne y a través de este sacrificio el espíritu del venado pueda evolucionar. 

La danza consiste en la aparición del danzante con una cabeza de venado disecada, ataviada con un pañuelo o papeles de colores, que en el cuello lleva escapularios o collares de chaquira blanca, con el torso desnudo, liado con un reboso azul de donde pende un griijatium (cinturón de uñas de venado) y en las manos lleva dos Senasos (sonajas de bule); rodeado de cazadores (pazkolas) y el  Baa-wehai (tambor de agua) que es el encargado de emular los sonidos del corazón acompañado del hiriukam que son frotadores de varas de Brasil con algunas ranuras, que emulan el sonido de la respiración del venado.

La aparición del venado en el escenario recuerda la belleza inocente pero magnifica de este ser místico cuya presencia encara a la realidad desde un estado de pureza en mansedumbre que se mantiene alerta gracias a su curiosidad. Los paskolas rodean a esta aparición y forcejean con sus movimientos los que hace el venado, a veces imitando su trayectoria y sus lances. El venado cae herido y se repone para volver a caer bella y tristemente.

Los yaquis son un pueblo cuya cosmovisión guardada recelosamente y por pertenecer a culturas orales primitivas difieren radicalmente de las concepciones occidentales. Un ejemplo es la manera en la que un danzante puede llegar a interpretar al venado que se da por tres formas. Una, por medio de un discipulado, es decir, ir escuchando las tradiciones de generación en generación; el segundo es por manda, si el futuro danzante solía ser muy enfermizo su alma es encomendada a una de las deidades que los rigen –entre otros el Sol y la Luna– y la tercera es por encanto: el miembro de la tribu se aleja de la comunidad, hacia las montañas o los cerros, hacia el mar o el desierto donde era encantado por el Juya Aniya (Mundo de Arboles/Mundo Selva) y al regresar podía dedicarse a la actividad que prefiriese.

*Imágenes: 1)Lauro Rosas, 2)mexicocity.gob.mx