La historia del brujo prehispánico que descifró en la piel del jaguar el más sagrado código

Mantener un diálogo sacro con la naturaleza facilita que lleguemos a entender la escritura de dios; las cosmogonías mesoamericanas asi lo advirtieron.

Tal vez lo sagrado, lo más divino, esté aquí y ahí escrito. Si bien omnipresente y de infinita explicitud, este texto sería paradójicamente el más hermético de todos y se condensaría en rincones ilegibles para la mayoría de nosotros: los ritmos de una milpa, los quiebres de una montaña –por ejemplo las de Tepoztlán– o las manchas que rigen la piel del jaguar.    

Encerrado en una cárcel profunda, de piedra y partida en dos por un muro, yacía Tzinacán, el brujo a quien el voraz Pedro de Alvarado apresó y, tras torturarlo sin éxito para que revelara los tesoros escondidos, mandó a encarcelar. Se acompañaba solo de sus memorias, que con el tiempo palidecen, de la oscuridad absoluta que reinaba el espacio –y que solo se rompía cuando el carcelero abría una trampa para suministrar agua y carne– y de un jaguar, su vecino en la celda conjunta.

Durante el inacabable cautiverio y advirtiendo una existencia, la suya, en franca dilución, el mago recordó una de las tradiciones de su dios, Qaholom. Previendo los tiempos oscuros que azotarían a su pueblo, este cifró en una conjunción de palabras una sentencia mágica “apta para conjurar esos males”, y que bastaría pronunciar para ser todopoderoso.  

La escribió de manera que llegara a las más apartadas generaciones y que no la tocara el azar. Nadie sabe en qué punto la escribió, ni con qué caracteres; pero nos consta que perdura, secreta, y que la leerá un elegido.

Tras repasar los probables lienzos elegidos por el dios para plasmar tal conjuro, Tzinacán recuerda, y el recuerdo lo emociona, que el jaguar era uno de los atributos del dios.

Entonces mi alma se llenó de piedad. Imaginé la primera mañana del tiempo, imaginé a mi dios confiando el mensaje a la piel viva de los jaguares, que se amarían y se engendrarían sin fin, en cavernas, en cañaverales, en islas, para que los últimos hombres lo recibieran. Imaginé esa red de tigres, ese caliente laberinto de tigres, dando horror a los prados y a los rebaños para conservar un dibujo. En la otra celda había un jaguar; en su vecindad percibí una confirmación de mi conjetura y un secreto favor.  

Esta sincronía, aunada a su situación y a que esa noche oscura que llegó en barcos y descendió montada a caballo indicaba el “fin de los tiempos”, le sugirió que quizá era él, guardián de la pirámide de Qaholom y hoy preso para siempre, el indicado para consumar la inédita lectura. 

escritura-dios-jaguar-borges

Se abocó entonces a impregnarse de la piel de jaguar –¿acaso no es la piel, como decía Valéry, lo más profundo?–: “Dediqué largos años a aprender el orden y la configuración de las manchas.”, y luego a imaginar potenciales semánticas. El arduo ejercicio, casi desquiciante, incluyó su auto-sepultura fractal entre granos de arena soñados, en secuencia casi infinita, por él mismo. Tiempo después, no sabemos cuánto ya que el propio Tzinacán lo ignora, llegó por fin la revelación.

Entonces ocurrió lo que no puedo olvidar ni comunicar. Ocurrió la unión con la divinidad, con el universo (no sé si estas palabras difieren). […] Yo vi una Rueda altísima, que no estaba delante de mis ojos, ni detrás, ni a los lados, sino en todas partes, a un tiempo. Esa Rueda estaba hecha de agua, pero también de fuego, y era (aunque se veía el borde) infinita. Entretejidas, la formaban todas las cosas que serán, que son y que fueron, y yo era una de las hebras de esa trama total, y Pedro de Alvarado, que me dio tormento, era otra. […] Vi infinitos procesos que formaban una sola felicidad, y, entendiéndolo todo, alcancé también a entender la escritura del tigre.    

Así pues, llegó nuestro mago a esas 14 palabras, compuestas por 40 sílabas, que “bastaría decirlas para abolir esta cárcel de piedra, para que el día entrara en mi noche, para ser joven, para ser inmortal, para que el tigre destrozara a Alvarado, para sumir el santo cuchillo en pechos españoles, para reconstruir la pirámide, para reconstruir el imperio”. Sin embargo Tzinacán ya no las pronunciaría. Una vez penetrado el código divino, la semántica sacra, ya todo era, comenzando por él, insignificante.

Este cuento, “La escritura de dios”, fue escrito por un argentino, por cierto uno de los más refinados “imaginadores” y autores de la lengua española que hayan existido, Jorge Luis Borges. Y es evidente que la narración es rica en  lecciones universales, por ejemplo el que después de la auto-trascendencia ya no hay nada, pues ese acto lo es todo, o que el agradecimiento es una llave certera para abrir la divinidad. También, representa un exquisito atisbo al misticismo mexica y, en general, mexicano.

Si bien el brujo Tzinacán, el dios Qaholom, la pirámide, la prisión y este jaguar son ingredientes de una brillante ficción –¿acaso no es todo ficticio excepto esa gran rueda de agua?-, también existen en la tradición mística de México historias por lo menos tan asombrosas como esta. Historias que al igual que esas 14 palabras están ahí, esperando a aquel que las busque y que, quizá tras agradecer su existencia y su linaje, dé con ellas.   

 

* ”La escritura de dios” forma parte de El Aleph (1949), una inolvidable compilación de cuentos de Jorge Luis Borges.

*Imagen: Tepeolothe (Tepeyóllotl) el Dios Jaguar, Códice Telleriano-Remensis

 

Javier Barros Del Villar
Autor: Javier Barros Del Villar
Editor digital con aspiraciones carpinteras. Mexicano.
Sin categoría

El niño Fidencio: una figura de magia y misterio

Se asegura que el Niño Fidencio curó a miles de personas. Practicó cirugía con pedazos de vidrio como bisturíes y sus seguidores afirman que poseía el don de la clarividencia.

México es un país donde la magia y el misterio se cultivan a flor de piel. Durante la historia de este país han existido incontables chamanes o brujos, aunque el caso del Niño Fidencio pareciera ser excepcional. En palabras de sus creyentes, este hombre tenía la capacidad de curar a miles. 

Desde el uso de vidrios como bisturíes, hasta la clarividencia, se dice que el Niño Fidencio tenía poderes paranormales y no dudaba en usarlos para el bien común. Ya fuera para gente pobre o rica, el curandero socorría a todos con sus misteriosos dones.

Historia

Fidencio nació en Irámuco, Guanajuato, en 1898. Rodeado de carencias, tanto familiares como económicas, trabajó en Yucatán como cocinero en diferentes barcos. Pero el nivel de pobreza de Fidencio eran una constancia en su día a día, por lo que el joven decidió cambiar su vida

En 1921 llegó a Espinazo, Nuevo León, en busca de su padre adoptivo Enrique López de la Fuente. Fue en este momento cuando empezó a escuchar voces, sonidos sin rostros que le decían que él tenía la magia de curar a otros y debía usarla. Fidencio no lo pensó mucho y acató el mandato.

mexico-nino-fidencio-magia-misticismo-curandero-2

La fama y el mito

Pronto, los métodos de Fidencio se volvieron una noticia gracias a Teodoro Von Wernich, dueño de la hacienda donde era administrador su padre adoptivo. El hacendado había puesto un anuncio en un periódico regiomontano donde hablaba de las curaciones milagrosas que había recibido de Fidencio. Lo que pasó después de esto, fue historia.

El Niño Fidencio se volvió inmensamente famoso al igual que sus métodos de curación. Entre sus procedimientos estaba el uso de herbolaria, extraer muelas con pinzas de mecánico y una curación que consistía en aventar frutas y verduras a los enfermos para que se curaran.

mexico-nino-fidencio-magia-misticismo-curandero-4

Al parecer, estos métodos daban resultado, porque mucha gente iba a buscarlo. La cantidad de sus pacientes era tan grande que, si había alguien que quería ser atendido por el curandero, debía esperar semanas o meses.  Incluso el propio Plutarco Elias Calles buscó su ayuda por un supuesto caso de lepra. Los rumores dicen que el presidente estuvo con Fidencio varias horas y, que fue en esos momentos de confidencia y misterio, que el brujo le aconsejó formar el Partido de la Revolución Mexicana.

En fin, más allá de cuánto mito y cuánta realidad se hayan cultivado alrededor de la figura del Niño Fidencio, no es casualidad que haya nacido en México. Tal vez este país emana una atmósfera en la que las personas como Fidencio perciben una realidad más sensible, o al menos, llena de misterio.

Imagen principal: Esténcil del artista callejero “Niño Fidencio”

Sin categoría

11 indelebles lecciones del brujo Don Juan Matus

Compartimos once enseñanzas del brujo Don Juan Matus, que condensan su perspectiva de la vida y de su cuerpo de conocimiento.

Sería casi imposible tratar de entender México sin considerar un aspecto crucial de su cultura, el misticismo. Ya sea que éste se manifieste en una radiante devoción, en rituales insólitos o en exuberante sincretismo, lo místico y lo religioso están impresos en la genética cultural del mexicano. Y precisamente este rasgo es uno que ha cautivado a miles de personas alrededor del mundo que atraídos por esta faceta se han sumergido en la cultura del país. En este sentido podríamos afirmar que el misticismo ha actuado, con frecuencia, como embajador mexicano ante el mundo. 

A propósito de lo anterior no podríamos dejar de mencionar a la chamana mazateca Maria Sabina, quien en las décadas de los 60’s y 70’s atrajo hasta Huautla de Jiménez, su pequeño pueblo en la sierra de Oaxaca, a incontables personalidades (aquí una lista). Otro personaje que indudablemente llevó el misticismo mexicano a múltiples rincones del mundo fue Don Juan Matus, “el nahual“, enigmático chamán que protagoniza buena parte de la saga escrita por el antropólogo sudamericano de la Universidad de California en Los Ángeles, Carlos Castaneda.

cuervo

Si bien no sabemos si ese fue su verdadero nombre, y muchos cuestionan incluso que haya en realidad existido, lo que parece incuestionable es que la elusiva figura del indio yaqui Don Juan Matus se consagró como un referente transgeneracional sobre la tradición chamánica de México, misma que dio a conocer entre millones de personas alrededor del mundo. 

Y para conmemorar la existencia de este personaje, ya sea en la realidad histórica o por lo menos en el imaginario colectivo, a continuación te compartimos once enseñanzas del brujo Don Juan Matus, que condensan su perspectiva de la vida y de su cuerpo de conocimiento. Aclaramos que no estamos acompañando las lecciones con una explicación o interpretación, por que muchas son bastante explícitas y, en todo caso, consideramos que cada quien habrá de interpretarlas de acuerdo a su respectiva realidad. De cualquier forma son, muchas de ellas, palabras que llegan…

1.

La impecabilidad comienza con un acto único que tiene que ser deliberado, preciso y sostenido. Si ese acto se repite por un tiempo lo suficientemente largo, uno empieza a sentir un intento inquebrantable que puede ser aplicado a cualquier otra cosa.

2. 

 El inconveniente de las palabras es que siempre nos hacen sentir iluminados, pero cuando nos damos la vuelta para enfrentarnos al mundo,  siempre nos fallan y acabamos  mirando el mundo como siempre , sin iluminación. Por esta razón, un guerrero procura actuar en lugar de hablar…

3. 

La importancia personal es el peor enemigo del hombre.  Lo que  le debilita es sentirse ofendido por los hechos y las fechorías de sus semejantes. La importancia personal obliga que uno pase la mayor parte de su vida ofendido por algo o alguien.

4. 

Un hombre va hacia el conocimiento como va a la guerra: bien despierto, con respeto, con miedo y con una seguridad absoluta. Ir para el conocimiento o para la guerra de cualquier otra manera es un error, y quien lo cometa se arrepentirá.

5. 

Sentirse importante le hace a uno pesado, torpe y vanidoso. Para ser un guerrero uno necesita ser ligero y fluido. 

6. 

No hay integridad sin tristeza y añoranza, porque sin ellas no hay sobriedad, ni amabilidad. La sabiduría sin amabilidad y el conocimiento sin sobriedad son inútiles.

7. 

El miedo es el primer enemigo que el hombre tiene que vencer en su camino al conocimiento. Es un enemigo terrible, traicionero y difícil de vencer. Permanece oculto en todas las curvas del camino, rondando… al acecho. Y si un hombre huye aterrorizado con su presencia, su enemigo le habrá puesto fin a su búsqueda.

8.

Ningún camino lleva a ninguna parte, pero uno tiene corazón y el otro no. Uno hace gozoso el viaje; mientras lo sigas, eres uno con él. El otro te hará maldecir la vida. Uno te hace fuerte, el otro te debilita.

9. 

Un guerrero asume la responsabilidad de sus actos, hasta de los actos más triviales. Un hombre promedio nunca asume la responsabilidad de lo que hace.

10. 

El mundo es incomprensible. No vamos a entenderlo nunca, no vamos a desentrañar sus secretos nunca. Por lo tanto, debemos tratar al mundo tal como es: un gran misterio.

11. 

O nos hacemos miserables, o nos hacemos fuertes. La cantidad de esfuerzo es la misma.

Javier Barros Del Villar
Autor: Javier Barros Del Villar
Editor digital con aspiraciones carpinteras. Mexicano.
Sin categoría

Catálogo de brujos prehispánicos: un recorrido por las estirpes que nos dieron vida

El destino de nuestros antepasados recayó en las manos de los brujos y curanderos que protegieron sus caminos.

Para nuestros antepasados el mundo oscilaba entre lo sagrado y lo profano. Gracias a su cosmovisión aquello que consideraban concerniente a los dioses –seres llenos de virtudes y defectos– debía ser tomado como suceso importante y delicado. Por medio de la relación que tejían con ellos y los sacrificios que les dedicaran a sus deidades podían salvaguardar su futuro o condenarse, por ese motivo fueron muy recelosos de los ritos y las formas para comunicarse con ellos y rendirles tributo.

De esta manera Fray Bernardino de Sahagún recuerda un rito peculiar celebrado en la fiesta de etzalcualliztli donde los sacerdotes que habían cometido errores de secuencia u omisión ritual, eran castigados severamente:

Los llevaban hasta la orilla del agua donde los habrían de zambullir, la cual llamaban Totecco. Allegados a la orilla del agua, el sátrapa y los ministros quemaban papel en sacrificio…copal… y las imágenes de ulli…y echaban incienso en el fuego. Juntamente con esto, los que llevaban los culpados los arrojábanlos en el agua…los que salían arriba, tórnabanlos a zambullir…de tal manera los fatigaban que los dejaban por muertos en la orilla del agua. Allí los tomaban sus parientes y los colgaban de los pies para que echasen afuera el agua que habían bebido, por las narices y la boca.

El término general que se usó para nombrar a los magos nahuas, a quienes se les permitiría ejercer ritos orientados a la adivinación y hechicería, fue nahualli. De ella se desprendería la palabra nahualmictia compuesta por la palabra “nahual” y “mictia” que quiere decir, “matar ocultamente”; por eso el discurso o hechizo que realizaban los nigromantes fue nombrado nahuallatoli o “lenguaje oculto” que era propio de los especialistas de la magia.

Así, fue bien conocida la categoría a la que pertenecieron los llamados nahuales quienes eran capaces de exteriorizar una de sus entidades anímicas para penetrar personas animales o cosas y solo esta categoría podía alcanzar tan virtuoso arte, de ahí que el termino pasara a tomarse como un sinónimo de mago o encantador.

Las formas de ser Brujo

Cabe destacar que las facultades para llegar a adiestrarse en los secretos de la magia náhuatl eran otorgadas a los individuos por medio de tres formas:

La primera se debía a la fecha de su nacimiento, así que los nacidos los días ce ehécatl y ce quiáhuitl estaban predispuestos a estos sortilegios, sin embargo esta determinación podía cambiar de acuerdo a la fecha de su bautismo y también la correcta observancia de la ley; la segunda fue por medio del aprendizaje riguroso y estricto; y finalmente la tercera vía que marcaba al iniciado se debía a un defecto físico congénito –que fue determinante para la elección de los curanderos– que los relacionaba con Xólotl “señor de los monstruos y los brujos” o haber estado en peligro de muerte y haber sobrevivido ya fuera a un rayo, al ahogamiento o a una enfermedad, etc.

De esta manera nos encontramos con las tipologías de brujos que debidos a su especialidad o formas de procedimiento encarnaban las fuerzas del bien y el mal:

1.- Tlacatecólotl: “el hombre búho”. Este espíritu era malévolo gracias a que se le relacionaba directamente con los búhos los cuales traían malos agüeros. Literalmente significa “persona que daña a la gente” o “dañador de gente”.

2.- Tonapouhqui: eran los lectores de los destinos, predictores de los días fastos y los nefastos. Fungían como una variación de astrónomos y hacían horóscopos de acuerdo al día del nacimiento de las personas.

3.-Tepanmizoni: “el que se sangra sobre la gente”. Este  era descrito como un asesino y destructor, aquél que derramaba su sangre sobre las personas y las cosas provocando la muerte.

4.- Tlatztini: “el que ve fijamente las cosas”. Éste aprovechaba al encontrarse con las personas o las cosas que deseara para verlas fijamente y apoderarse de ellas. Para ello tenía que urdir alguna manera para encontrarse con el objeto de su deseo en algún camino y así poseerlo

5.- Tlamatocani: “el que toca las cosas”. Al poner las manos sobre algún bien este inevitablemente se perdía.

6.- Caltechtlacuiloani: “el que pinta las paredes de las casas”. El efecto de su acción era la muerte del dueño de la casa. Se cree que la pintura era sangre y que las figuras se correspondían con rayas.

7.-Tetlapanquetzqui: “el que prepara fuego para la gente”. Se describió como ése que para cometer sus maldades adornaba un palo con papel mortuorio al que ofrecía alimento durante cuatro noches seguidas. Preparaba una efigie de su víctima y al siguiente día invitaba a quien habría de hacer daño a comer con él.

8.- Teyollocuani, Tecotzcuani: “el que come el corazón de la gente” o “el que come las pantorrillas de la gente”. En el primer caso se refiere al embrujo mental que ejerce sobre su víctima y el segundo a el efecto muscular que ejerce su embrujo. Los Teyollocuani eran una especie de azote a los que se les pagaba por que no fungieran como enemigos. Se cree que Maxtla, señor de Azcapotzalco, tenía algunos de estos brujos a su servicio.

9.- Tetlachihuiani: hechicero, mago, brujo, encantador. Este deriva del verbo náhuatl tlachuihua que significa hechizar o aojar al otro y bien puede ser usado para denominar a quien fascina, encanta o embruja a alguien.

10.- Mometzcopinqui: “la que se arranca las piernas” o “la que se da golpe en las piernas” y se le atribuye un poder nocivo con sus semejantes, siempre nacidas bajo el signo de ce ehécatl y ce quiáhuitl.

11.- Tlahuipuchtli: “el sahumador”. Definido por Fray Juan Bautista como aquel brujo que andaba en las montañas echando fuego por la boca a sus enemigos los cuales enloquecían o morían gracias al susto que les causaba su aparición.

12.- Monotzale, Pixe, Teyolpachoani: “el poseedor de conjuros”, o “el que oprime el corazón de la gente”. Sahagún asegura que eran los asesinos a sueldo ataviados con la piel del ocelote.

13.- Temaepalitoti, Teamacpalitotique, Momaepalitoti, Tepopotza Cuahuique: “el que danza con la palma de la mano”, es decir, el que usa la mano de una mujer muerta en el parto para embrujar. Que son los brujos o los grupos de brujos que se reunían por las noches para profanar las tumbas de las cihuateteo, mujeres muertas durante su primer parto a las que amputaban el brazo izquierdo con el que señalaban la puerta de las casas de sus víctimas y por medio de este rito podían inmovilizar a sus habitantes para hacerles daño o violarlas y luego tomar la cena donde cometían su crimen.

14.- Moyohualitoani: es “el que acomete en la noche” o “el que ataca sexualmente a sus víctimas” que pueden ser tanto hombres como mujeres.

Y finalmente 15, la Cihuanotzqui, Xoxhihua, Cihuatlatole: “la que poseía embrujos para seducir”. El ritual para llevar acabo esta hechicería  necesitaba de ciertos granos de maíz que se encuentran en las raíces de las mazorcas y que tenían como característica “las puntillas contrarias al día del nacimiento” de quien deseaban embrujar, con ellas se preparaba una bebida que junto a un conjuro, producía un cambio en los sentimientos del atacado: del amor al odio y del odio al amor.

*Imagen: La Hechicera. Manuscrito de la Biblioteca Nacional de Florencia. Códice Magliabecchi.

Bibliografía: 

Disidentes y disidencias en la historia de México de Felipe Castro y Marcela Terrazas.

Cuarenta Clases de Magos del Mundo Náhuatl de Alfredo López Austin.

 

Rober Diaz
Autor: Rober Diaz
Escritor. Hiperrealista. Trabaja en LCD / Departamento de teorías conspiratorias.