Juventino Rosas y “Sobre las Olas”, el exitoso vals y el anonimato de un legado

La historia de un hombre que se convirtió en melodía, en una de las más épicas en la historia de la música mexicana: “Sobre Las Olas".

Todos los mexicanos han escuchado Sobre las Olas. Los que creen que no, también. Sólo se necesita tararear las notas y el recuerdo es instantáneo. Lamentablemente, no existe melodía que pueda imitar la vida de un hombre. Este es el caso de Juventino Rosas, quien escribió este épico vals y durante mucho tiempo, permaneció en el anonimato.

Como si la precariedad de su legado no fuera suficiente, en vida también careció de lo indispensable. Juventino Rosas nació en el Estado de Guanajuato en 1868, en el entonces poblado de Santa Cruz Galeana. Allí, la podredumbre era una marca en las manos que todos tenían. Aunque eso no evitó que aprendiera a tocar el violín. Su padre, Don José de Jesús Rosas, era un músico militar y al ver el potencial de su hijo, no dudo en unirlo a su banda de músicos.  Las participaciones en bautizos y bailes comenzaron a adentrarse en la vida diaria de Rosas, aunque en su corazón, seguía necesitando algo. 

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Ese vacío dentro de él y la muerte de un miembro del grupo musical donde estaba, lo motivaron a abandonar la banda de su padre. Después de empleos esporádicos y de poca paga, la suerte pareció sonreírle. A los 15 años había encontrado un espacio como músico en la orquesta que acompañaba a la prestigiosa Angela Peralta. La alegría y la esperanza se volvieron una emoción que comenzó a llenar el espíritu de Juventino, hasta que la compañía donde trabajaba llegó a Mazatlán. Allí hubo un brote de cólera mortal, que ni siquiera perdonó a la cantante Ángela, por lo que la compañía tuvo que disolverse.

Al partir de Mazatlán, la sensación de desamparo lo siguió. Deseoso de que el mundo supiera su nombre, entró al Conservatorio en 1885,  pero, poco después, decidió abandonarlo. La muerte de su padre fue otra mala noticia. El carácter melancólico de Rosas se agravó. Entonces el aguardiente se volvió su compañera. Ante el vacío, sólo le quedaba su talento. Una joya que lo ayudó a salir casi  indemne y que la gente empezaba a apreciar. Tanto así, que su vida cambió cuando estuvo en un festival que conmemoraba la batalla de Puebla, con el presidente Porfirio Díaz como asistente.  La gente se quedó boca abierta por su destreza musical. Después de eso, comenzó a tocar para las clases altas y tuvo el patrocinio de gente adinerada. De esta época son las obras: “Cuauhtémoc”, “Te Volví a Ver”, “Seductora”, “Sueño de las Flores” y “Ensueño”.

Aún así, Juventino sentía que no era suficiente y los bolsillos del músico comenzaban a vaciarse.  Fue por esta razón que hizo un grupo musical y en una de sus funciones realizó la pieza “Junto al manantial”. El nacimiento de dicha obra fue crucial. Porque, poco después, se le cambió el nombre a Sobre las Olas. Aunque, debido a sus constantes deudas y su adicción al alcohol, no tardó en venderla a los Sres. A. Wanger y Levien, quienes la publicaron e hicieron famosa. El éxito del vals se volvió inmediato, pero debido a que la había vendido, Juventino no recibió remuneración. El chispazo de suerte se le había acabado. En otro intento de cambiar su destino, el compositor partió a Cuba, mas allí murió de mielitis espinal a los 24 años, sin que nadie llevara una rosa a su tumba. 

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El deceso y el anonimato de Juventino fue un precio que la historia tardó en saldar. En el año 1950, se realizó la película Sobre las Olas, donde Pedro Infante hacía el papel de Juventino. El que haya sido interpretado por un actor como Pedro Infante, comunicó al público la relevancia que debía hacer justicia a Juventino Rosas años después. A pesar de eso, que el título de la película sea Sobre las olas, nos sigue demostrando una verdad. Las creaciones de los artistas siempre los superaran en la línea del tiempo. Tal vez Juventino Rosas no es conocido por su nombre, pero eso no impide que sea apreciado a través de una de sus piezas musicales. Después de todo, el reconocimiento es una de las melodías más bellas.

 

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*Pintura: Ivan Aivazovsky, 1850 / Dominio Público

Miranda Guerrero
Autor: Miranda Guerrero
Estudió la carrera de Letras Hispánicas en la UAM Iztapalapa. Su carrera artística involucra tanto narrativa, poesía y elaboración de collages.

8 lugares alrededor de México para escuchar buena música en vivo

Acústica, ambiente y comunidad confluyen en estos espacios en donde escuchar buena música es lo fundamental.

En México hay foros que son realmente mágicos. Se trata de lugares que destacan por su oferta musical y, además, por hacer confluir cualidades, desde técnicas hasta atmosféricas, que casi garantizan una muy grata experiencia alrededor de la música: buena acústica, historia, cultura, facilidades y, sobre todo, una surtida cartelera que invite a disfrutar colectivamente de un buen concierto.

Si bien la oferta alrededor de la República es enorme, desde clásicos espacios que alojan los conciertos más masivos, hasta diminutos cafés o rincones donde por las noches suenan algunos acordes y vocales, no todos los foros tienen características tan revitalizadoras como los que elegimos a continuación.

Sala Nezahualcoyotl, Ciudad de México

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La buena acústica es difícil de obtener arquitectónicamente, y la Sala Nezahualcoyotl es en ese sentido una proeza de ingeniería acústica, y la calidad de ésta es comparable a salones mundialmente famosos como el Carnegie Hall de Nueva York. Por eso los mejores conciertos de música clásica pueden apreciarse en esta sala de manera apabullante, aunque también han reverberado los sonidos de míticas bandas como la Sonora Santanera o voces como la del escritor uruguayo Eduardo Galeano, quien convocó a cientos de jóvenes a esta sala en 2012 para escucharlo recitar pasajes de su obra.

Visítala en el Centro Cultural Universitario, Insurgentes Sur 3000, Ciudad Universitaria.

 

El Breve Espacio, Puebla

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En el corazón de la ciudad se encuentra este pequeño lugar que nació siendo una librería, pero que se convirtió en punto de encuentro de amantes de la trova, el jazz y el rock independiente.  Su foro está muy bien adaptado y cuenta con buen sonido. Además los viernes y sábados se toca rock de los 60 y 70, lo que hace a su cartelera una muy amplia.

No por nada El Breve Espacio se ha vuelto favorito de los poblanos, pues es una opción diferente a los antros y bares de la zona turística. Visítalo en Norte 8 colonia Centro Histórico.

Foro del Tejedor, Ciudad de México

Este acogedor foro es, según sus fundadores, “el resultado de un intento de dar techo digno a la canción”, esfuerzo que comenzó el año de 1993 en El Péndulo de la colonia Condesa. Es un lugar que atrajo y sigue atrayendo a muchas propuestas musicales mexicanas, desde trova hasta rock y jazz. Además se presentan obras de teatro y proyecciones, haciendo de su cartelera algo muy variado, llamativo y que invita a “volar alto”, como dicen sus fundadores.

Ahora se encuentra en Álvaro Obregón 86, colonia Roma.

Checa su cartelera aquí.

Café Iguana, Monterrey

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Este café tiene una larga trayectoria, pues abrió sus puertas el año de 1991, una década que vio nacer un nuevo auge por el rock nacional. Es grande y pintoresco, con una fachada adornada con máscaras de diversas culturas, y en sus habitaciones ha retumbado la música de cientos de artistas y bandas. Ha sido un punto de encuentro de los regiomontanos tan importante que actualmente se considera un lugar de culto.

Se encuentra en el Barrio Antiguo de la ciudad, en la calle Diego de Montemayor y Morelos 927.

En su cuenta de Facebook puedes conocer su cartelera.

Fonoteca Nacional, Ciudad de México

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También llamada “la casa de los sonidos”, este recinto guarda un venue al aire libre, un jardín sonoro y un auditorio llamado Murray Schafer, en honor al músico canadiense que introdujo el concepto de paisaje sonoro. En todos estos espacios se cultiva el amor por los sonidos, y es común encontrarse con propuestas musicales de todo el mundo, desde tambores japoneses hasta tango argentino, que resuenan en toda su potencia con la gran acústica del lugar.

Se encuentra en Francisco Sosa 383, en el barrio de Santa Catarina, Coyoacán. Aquí puedes checar la cartelera (en la cual hay algo increíble casi todos los días).

Rancho Zandunga, San Miguel Allende

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Los paisajes de esta zona montañosa de Guanajuato son hermosos, y se pueden disfrutar en el mágico Rancho Zandunga, un venue para comer lo mejor de la comida mexicana, beber buen mezcal y escuchar conciertos de jazz, blues y música instrumental tradicional. El Rancho Zandunga se ha convertido poco a poco en un lugar de culto y en el favorito de los habitantes y visitantes de San Miguel de Allende.

Se encuentra a tan sólo 20 minutos del centro de San Miguel Allende. Puedes reservar un lugar mandando un correo a esta dirección: kamelhar@me.com o llamando al 415 152 4608.

 

Zinco Jazz Club, Ciudad de México

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Ubicado en lo que fuera el Banco de México, en el Centro Histórico, este pequeño club se ha ganado muchos adeptos. Adentro te sentirás transportado a una época de elegancia y sobriedad, y las notas musicales del jazz que se toca ahí en vivo todas las noches te envolverán. La experiencia la puedes acompañar tomando un whisky, la bebida popular en el Nueva York de los años 30, época en la cual los bares y clubes como el Zinco eran la tendencia.

Motolinía 20, Centro. Checa aquí sus próximos eventos.

Woodstock Plaza, Santiago

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Su nombre lo dice todo. Este venue al aire libre se encuentra en el camino entre la ciudad de Monterrey y el pueblo mágico de Santiago; a la entrada te reciben los Beatles y dentro podrás disfrutar de diferentes atracciones y de la vista montañosa del territorio. El Woodstock fue uno de los primeros sitios que se crearon para dar espacio a bandas de música locales y nacionales, y actualmente es punto de reunión de cientos de amantes de la música. 

 

Aquí puedes consultar próximos eventos.

 

*Imágenes: 1) Foro el Tejedor; 2) Flickr David Barajas; 3) Café Iguana; 4) Flickr Jess Asenscio; 5) dumbblonde622; 6) Lisabette Brinkman: 7) Rudy J 

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18 propuestas mexicanas que triunfaron en el Mundial de Vinos

México deslumbra en el mundial de vinos Concours Mundial de Bruxelles con 18 medallas entre más de 9 mil opciones.

Quizá has escuchado la frase que dicta que “el vino mexicano vive su mejor momento”. Más que una etiqueta de marketing, verdaderamente este país está brillando en el mundo por los vinos que ha desarrollado en los último años.

La tradición vinícola a América llega incluso antes que la llegada de los españoles, con el arribo de Cristóbal Colón. Para 1521 Hernán Cortés ya había introducido la vinicultura para su exclusivo uso personal.

Pero, ¿por qué se adaptó tan bien esta producción a México? Entre las razones están “las condiciones climáticas hacen que el vino mexicano contenga un poco más de alcohol y facilitan la producción de buenos vinos, entre ellos cabernet sauvignon, cabernet franc, merlot, zindandel, nebbiolo, syrah, tempranillo, malbec, carignan, grenache, chardonnay, sauvignon blanc, sémillon y viognier.”

Sobre todo en los viñedos de Baja California ha proliferado una ruta gastronómica y vinícola diga de prestigio, a través de la Ruta del Vino en Valle de Guadalupe. La influencia vinícola de México en el mundo se está haciendo cada vez más evidente; como muestra, este 2017 en el mundial de vinos Concours Mondial de Bruxelles (realizado en Valladolid, España del 5 al 7 de mayo), el país se llevó 18 medallas, 6 de oro y 12 de plata en un concurso que incluyó ¡mas de 9 mil vinos!.

Estos fueron los reconocimientos:

Medallas de Oro

Casa Grande Chardonnay 2016, Coahuila.

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Casa Madero Chardonnay 2016. Coahuila

Casta de vinos casta tinta Syrah 2014. Baja California

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Hilo Negro Zigzag 2014. Baja California

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Santo Tomás Duetto 2011. Baja California

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Santo Tomás Solera Blanco. Baja California

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Medallas de Plata

Casa Grande Shiraz 2013. Coahuila

Casta de vinos Cardón 2014. Baja California

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Casta de vinos Casta Blanca 2016. Baja California

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Casta de vinos Casta Negra 2013. Baja California

Cuna de Tierra 2014. Guanajuato

Cuna de Tierra Nebbiolo 2014. Guanajuato

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L.A. Cetto Cabernet Sauvignon Reserva Privada 2013. Baja California

L.A. Cetto Nebbiolo Reserva Privada 2013. Baja California

L.A Cetto Petite Sirah 2015. Baja California

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L.A Cetto Sauvignon Blanc Viña Kristel 201. Baja California

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Tierra Adentro Syrah, Merlot y Tempranillo 2013. Zacatecas

Te dejamos las Casas productoras que ganaron los premios para que sepas más de ellas:

Casa Madero 

Tierra Adentro

L.A Cetto

Cuna de Tierra

Casta de Vinos

Hilo Negro

Santo Tomás

*Imágenes: 1)elportaldemendoza.com; 2,3,4,5,6,7,8,9,10 y 11) mexico.mx/

¿Por qué amar a México a través de experiencias y no lugares?

Tomando en cuenta estas nobles razones quizá tu próximo viaje a través de México te regale otra perspectiva. Una perspectiva, sin duda, dotada de valores de cultura.

Alerta una peculiar teoría naturalista que el hombre es el reflejo del ambiente en el que vive. Sea por la estrecha relación de las condiciones meteorológicas con la salud y fisiología, o en tanto que su geografía define ciertos modos culturales de extenderse en el espacio; el hombre puede ser el clima y el territorio que habita en la medida en que se funde con ellos.

Resulta interesante conectar esta concepción con México y sus mexicanos: un México donde los climas son distintos y dispersos, y donde la cantidad de escenarios discrepantes contrastan la belleza de una diversidad biológica y cultural que en esencia es innata. Desde la más límpida geografía de sus desiertos y la espesura de un valioso bosque mesófilo, hasta los fortísimos vientos que cruzan ambas superficies; las incontables veces que la lluvia se apropia del territorio y le vuelven tropical por excelencia; un territorio que se sabe abrazado por una extensa cordillera de montañas, muchas de ellas de esencia sulfurea. Así se describiría a grandes rasgos también el mexicano. 

Reconocer, por consecuente, que en México las experiencias las protagonizan no solo los espacios, sino la leyenda, la ofrenda, los lenguajes y las muchas máscaras del mestizaje –tan rico en formas étnicas como en mezclas cuasi-occidentales–. Que los mexicanos somos nuestro lugar, en la medida en que rendimos culto a los bellísimos procesos de la naturaleza (y damos gracias en miles de formas y tradiciones populares), a veces de manera inconsciente, y descubrir que las bases de toda filosofía antigua mexicana –la del México profundo–, se sujetan de fenómenos psico-climáticos de corte mágico, porque “las causas iniciales [de todo aprendizaje] están en el ambiente y permanecen allí” (Skinner).

Partiendo desde este umbral es fácil conectar con la idea de que México es, más allá de un destino turístico para contemplar, una suerte de anima difusa que no se ve, pero se vive y experimenta distinto en cada paisaje mexicano y en cada psique según su nacionalidad.

Encaminándonos a la franca premisa que defendemos en el título de este texto –¿Por qué amar a México a través de experiencias y no lugares?– las razones por las que se reconoce a México no son del todo geográficas o folclóricas (entendiendo esta palabra como lo comunitario, cultural e incluso teológico). Éstas comparten lugar también con el espectro axiológico; con el anímico, el metafórico, el cosmogónico, el onírico, el ritualista, el caótico y el sensible también, pero sobre todo con el axiológico. Aquello es fundamentalmente su riqueza.

Como bien evidenció alguna vez Carl Lumholtz, etnógrafo y explorador noruego, en su libro México desconocido, nuestro territorio ofrece irrevocables tesoros esencialmente en su comunidad y sus valores. En esas gentes que, permeadas de una gentileza asombrosa, nos comparten sus secretos de cultura cada vez que visitamos un rincón de México: “Encuentro a los mexicanos más corteses que ninguna otra nación de aquellas con que he estado en contacto”, decía, y añade:

Todo el que viaje a dicho país bien recomendado, y se porte como un caballero, puede estar bien seguro de quedar agradablemente sorprendido de la hospitalidad y solicitud de todos, altos y bajos, y de que no es una vana frase de cortesía la empleada por el mexicano que “pone su casa à la disposición de Ud.”

      Guanajuato es una ciudad con tantos detalles como historias.

Así como el prestigiado Lumholtz destacó esta notable virtud de la tierra mexicana, autores como Antonin Artaud, Jack Kerouac o el admirable Fernando Benitez, evidenciaron en sus diarios de viaje esas otras riquezas que subsisten en México, y que solo el sensible será capaz de aprender de ellas, una vez montado en su travesía por México:

“Centro del opio del Nuevo Mundo, comí tortillas con carne en la selva, en cabañas de palos a la africana, con cerdos frotándose contra mis piernas; bebí pulque puro de un cubo, recién traído del campo, de la planta, sin fermentar, la leche pura de pulque te hace reír, es la mejor bebida del mundo. Comí frutas desconocidas, erenos, mangos, de todas clases. En la parte trasera del autobús, mientras bebíamos mezcal, canté bop para los cantantes mexicanos que sentían curiosidad por saber cómo sonaba; canté Scrapple from the Apple e Israel de Miles Davis”, escribió en una carta Jack Kerouac a William Burroughs, cuando pasó por Culiacán.

En otro momento, escribía Antonin Artaud, a propósito de su viaje a la Sierra Tarahumara, que:

“La cultura racionalista de Europa ha fracasado y he venido a la tierra de México para buscar las bases de una cultura mágica que aún puede manar de las fuerzas del suelo indio… La mitología de México es una mitología abierta. Y México, el de ayer y el de hoy, posee también fuerzas abiertas. No es necesario indagar demasiado sobre un paisaje de México para sentir todo lo que sale de él. Es el único lugar del mundo que nos propone una vida oculta, y la propone en la superficie de la vida.”

Tomando en cuenta estas nobles razones quizá tu próximo viaje a través de México te regale otra perspectiva. Una perspectiva, sin duda, dotada de valores de cultura.

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*Imágenes: 1) Rosa Merman – flickr / Creative Commons; 2) Israel Gutiérrez; 3) flickr – Creative Commons; 4) Archivo Más de Mx; 5) Collage de Jaen Madrid

Jaen Madrid
Autor: Jaen Madrid
Licenciada en Derecho por la UNAM. Editora por profesión. Música por convicción.