Virtuosas “pinturas” de hilo: los Tenangos intervenidos de Carlos Arias

La estética, como de pinturas rupestres, de los tenangos ha encantado al mundo y este es un reconocimiento a ellos.

De las más elegantes muestras “pictóricas” de México están los bordados en las mantas conocidas como tenangos, oriundas de Hidalgo, sobre todo del municipio de Tenango de Doria. Y estas tienen mucho de alusión a las pinturas rupestres; de hecho, se dice que vienen de  una tradición de origen  mítico plasmada en la cueva del Cerro del Brujo, en la sierra otomí, tepehua.

Ahí sobre todo las mujeres han continuado con un legado de bordado en el que el acomodo de animales y demás elementos de la naturaleza se  combinan con grecas y algunos otros símbolos prehispánicos.

Quizá lo más increíble sea justo este acomodo, como una inscripción psicodélica donde los elementos cuasi encimados llevan un ritmo lúdico; los colores son de los más alegres de la artesanía mexicana, y siempre subsiste un dejo de pintura primitiva

El artista plástico chileno Carlos Arias lleva ya más de 20 años viviendo en México y ha quedado maravillado por los bordados mexicanos, en especial por los tenagos. Se considera que Arias se ha ganado un lugar ya en la historia de la artes plásticas con sus bordados que hacen una alusión minuciosamente artesanal a la pintura.

El bordado es una escritura y me permite asociarlo con la pintura, porque yo soy pintor y no bordador. Y a pesar que es un medio que no sé cómo clasificarlo, sé que el bordado es la pintura, es la imagen” nos dice en una entrevista para La Jornada.

Hoy hacemos un compendio de los bordados con la estética de los tenangos que Arias ha intervenido, no como una reapropiación, más como un tributo a estas creaciones milenarias y hermosas.

 

Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto ciudadano yanostoca.com. Y pintora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )

Mapa interactivo de arte popular mexicano: una manera de vivir el espíritu

Descubre con este mapa interactivo, el arte popular mexicano y la creatividad de sus artesanos.

El arte popular mexicano es una manifestación del ánima de su gente. Es por esta razón que conocer el arte popular de México es vital. Sin este tipo de conocimiento, no sólo se harían invisibles las manifestaciones artísticas, también se borraría, tal vez, el espíritu de nuestro país. Afortunadamente, existe un mapa interactivo que muestra el arte popular de cada estado:

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La diversidad, tanto cultural como de los ecosistemas, que existen en México son evidentes al ver este mapa. Las diferentes costumbres y la diversidad de paisajes permiten a los artesanos inspirarse de manera única. Y, sobre todo, realizar artesanías con materiales oriundos de su región. Un ejemplo es Puebla. En dicho estado, y específicamente en la zona de Chigmecatitlán, se trabaja con palma tejida y pintada.

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Otro ejemplo de la importancia de las costumbres y cómo estas afectan el arte popular, puede verse en este plato petitorio de Michoacán, el cual era sumamente común en el ajuar de las iglesias y servía para recoger la limosna:

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Las figuras de barro realizadas en el pueblo de Metepec, Estado de México, no sólo demuestran el ingenio mexicano, también la creatividad y la deuda que tiene el arte del siglo XX con estas expresiones artísticas. Sobre todo porque la producción artesanal del pueblo de Metepec constituyó un referente indispensable para artistas como Diego Rivera y el Dr. Atl.

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Esta deuda artística, aunque probablemente sea más una muestra de cómo todo el arte en México se relaciona, expone la diversidad de percepciones e imaginación con las que cada artesano trabaja. Por lo cual, creer que no existe una vigencia del arte popular, como su relación con expresiones artísticas del siglo XX, resulta errado.

Sobre todo, porque en México, el arte no sólo es la realización de una obra o pieza, sino la representación del potencial del país. Debido a esto, te invitamos a consultar este mapa interactivo, para que aprendas del arte popular mexicano y te inundes de la creatividad e ingenio de su espíritu. 

Presiona aquí para ir al mapa

Bestiario de monstruos: esta es la colección de máscaras más grande del mundo (y está en México)

El sincretismo y la magia mexicana están unidos en rostros de barro, papel maché y misterio.

La máscara es una metáfora, un símbolo de nuestros monstruos internos pesadillas. Al ver una, no observamos al otro, sino lo que elegimos ser tememos. Representan la parte más expresiva del cuerpo: la cara de los obeliscos o nuestros terrores y en esta tierra hay un santuario creado especialmente para ellos: el Museo Coronel en Zacatecas.

Este lugar, localizado en el Ex Convento de San Francisco,  y sus objetos ancestrales, poseen más de 11 mil artesanías. Se trata de la colección de máscaras más grande del mundo. Cada una con su pasado y tal vez embrujo.

La colección inició gracias al pintor Rafael Coronel, artista conocido por sus paisajes surrealistas. La única regla a la hora de atesorarlas fue que cada una de las máscaras hubiera tenido un pasado activo, en el que fue usada al menos una vez en alguna danza o celebración mexicana. 

No sorprende por ello que varias de ellas representarán las danzas regionales, como los viejitos,  los catrinesla judea. Si bien el inmueble cuenta con más de 11 mil piezas, debido a cuestiones de espacio, sólo tiene en presentación dos mil trescientas, pero eso no disminuye su encanto.

Las caretas están realizadas por los materiales más extraños: piel de animal, madera y cola de caballo. Su localización en este antiguo Ex Convento permite mostrar al público un mestizaje profundo de dos culturas provenientes de universos distintos, la indígena y la española. Adicional, en otra de las salas del museo se muestran títeres de más de un siglo de antigüedad, algunas obras de Coronel y otras más de su esposa Ruth Rivera.

El Museo Coronel en Zacatecas es ese sitio improbable que nos muestra, literalmente, las muchas máscaras de México; un universo de emociones y estados que hoy descansan en lo profundo de una artesanía. 

Foto: Gonzalo Hernández Araujo
Foto: Murphy Larronde

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mascaras mexicanas Museo Coronel en Zacatecas
Foto: EsAcademic.com
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Foto: Panoramio
Foto: El Universal
Museo Coronel en Zacatecas mascaras mexicanas
Foto: araizcorre.com

/ Datos prácticos

*Dirección: S. Francisco S/N, Zacatecas Centro, 98000 Zacatecas, Zac.

*Tel. 01 492 922 8116

*Precio al público $30 / estudiantes con credencial obtienen 50 % de descuento.

*¿Cómo llegar?

 

Day of the Dead, el documental estadounidense que “ofrenda” el culto a los muertos en México (VIDEO)

La famosa pareja de diseñadores estadounidenses, Charles y Ray Eames, crearon en 1957 este sofisticado documental sobre una de las fiestas mexicanas más fascinantes.

“Lloramos a los vivos. En este día (de muertos) no se llora. Llorar hace los caminos resbalosos, para los muertos que vuelven.”

Día de Muertos (Eames, 1957)

 

Sumergido en metáforas, México atesora cientos de mitos, ritos y tradiciones de mucha profundidad, una de ellas, el culto a la muerte.

La muerte se presenta elusiva. Inevitable, pero fuera de nuestro alcance. Misteriosa, incomprensible y, al mismo tiempo, se reconoce como absoluta certeza. A la muerte hay que trabajarla con las manos; permitirle la entrada a la casa; colocarla como decoración y símbolo de respeto. Si no podemos evitarla, hay que recibirla, sin culpa, ni tristeza, —no necesariamente con devoción— pero definitivamente con paciencia. Y a los que se fueron, hay que darles ofrenda, cada año, para no olvidarnos de ellos, para que sepan que no lo hacemos.

Así se desenvuelve el culto a la muerte en México. Más allá del dolor y la fiesta, en una aceptación muy íntima de su presencia constante. La relación entre los mexicanos y la muerte es tan personal que, anualmente, la volvemos a invocar a través de la producción de artesanías, ofrendas y la decoración de nuestros panteones, todo con acentuado colorido y sabor.

A más de uno le sorprende, ese posicionamiento tan extraño, paradójico y al mismo tiempo razonable, de esta cosmovisión mexicana. Los días para celebrar a los muertos son un suceso asombroso, que ha dado cabida a numerosas “ofrendas” artísticas en todo el mundo, como es el caso de este documental de corta duración ideado por la pareja de diseñadores Charles y Ray Eames, en 1957.

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Su decisión fue ilustrar, a través de un corto documental —que no carece de belleza e ingenio— la producción artesanal y algunos de los rituales propios del día de muertos. Con sorpresa —pero abandonando el tono exotizante de otros análisis a nuestras costumbres— relatan la forma en que a finales de octubre, nuestros mercados, casas y espacios públicos se llenan del rostro de la muerte: la calavera.

En su versión de dulce, papel picado o retratada en los rostros de niños y jóvenes, la muerte se combina con la vida diaria, de una forma explícita; como si nos visitara, de nuevo, un miembro de la familia, muy querido, al que recibimos con su debido reconocimiento. Y, precisamente, eso es la muerte en este país: la suma de todos aquellos que nos han dejado. Nuestro deber es abrirles la puerta, cuidarlos y alimentarlos.

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Como relata el documental, la naturaleza se suma a las fiestas, decorando las calles con flores amarillas, especialmente el aromático cempasúchil. Por su lado, las manos artesanas del país vierten la pasta de azúcar en moldes con forma de calavera; decoran figuritas de cerámica que serán puestas en las ofrendas, y pican el papel de china cuidadosamente, creando intrincados patrones. Volvemos a ensamblar a la muerte. Como cada año, la materializamos en objetos, curiosidades y alimentos. Los panaderos no temen amasarla y hornearla, decorarla con lágrimas y huesitos, que luego los niños se disputarán en la mesa, porque son la parte más rica del pan de muerto. Las familias toman los panteones, desgajan las flores y con maestría acomodan pétalo tras pétalo, hasta crear una serie de cruces y otras figuras simbólicas.

La convicción a las labores manuales del día de muertos es absoluta. Y para descansar, uno se pone admirar las tumbas y ofrendas ajenas, que son igualmente preciosas. El amor a los muertos es silencioso. Así fue en 1957, cuando este documental fue hecho y así es cada año, pues aunque la vida cambie —y la muerte es prueba irrefutable de ello— el amor a nuestros difuntos es eterno.

El documental solo está disponible con la opción de Youtube para subtítulos, en inglés.

*Imágenes: Charles y Ray Eames