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Árboles notables e históricos de México

En México existen ejemplares de edades milenarias y de gran importancia natural.

La lista de beneficios que aportan los árboles al planeta es larga, ya que van desde la purificación del aire, hasta los nutrientes que ofrecen sus frutos, sin embargo, algunos árboles guardan entre sus raíces y ramas años de historia y cultura de las regiones donde habitan.

En México existen ejemplares de edades milenarias y de gran importancia natural, por ejemplo, el Árbol del Tule en Oaxaca el cual cuenta con una circunferencia de 45 metros y un peso aproximado de 630 toneladas.

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En Nuevo León, se ubica el ahuehuete popularmente conocido como “Sabino Gordo” y es el ser vivo más viejo del Estado con una edad aproximada de 1,000 años. Otro árbol de gran edad es el Mezquite que habita en Durango y se le estima una edad de 468 años. De acuerdo con relatos históricos, se dice que ante las ramas de este espécimen los franciscanos ofrecieron su primera misa en la región.

En el Estado de México, específicamente en Salvador Atenco, se encuentra un ahuehuete con más de 500 años de existencia que fue plantado en la época del rey Netzahualcóyotl. En Yucatán se halla un chicozapote que fue plantado el 15 de septiembre de 1910 para conmemorar el Centenario de la Independencia.

Algunos árboles emblemáticos se relacionan con el mundo cinematográfico, ejemplo de ello es el Álamo, un árbol con más de 58 años de edad que se ubica en Puebla, este espécimen formó parte de la escenografía de la película Tizoc protagonizada por Pedro Infante y María Félix.

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Estos árboles son una representación majestuosa de la naturaleza, sin embargo, muchos de ellos, en conjunto con otros más, se encuentra en condiciones poco favorables para vivir, por lo que implementar estrategias para su conservación resulta urgente.

Conocer y divulgar la riqueza histórica de estos árboles ayudará a que su protección sea una realidad, ya que su cuidado no solo representa el equilibrio con el medio ambiente, también con la identidad de una cultural.

 

COLABORACIÓN DE EARTHGONOMIC MÉXICO, A.C. Nuestra misión es fomentar el desarrollo de la sociedad en armonía con el entorno natural y el respeto a los seres vivos. Para más información visita: www.earthgonomic.org @Earthgonomic y /Earthgonomic

*Imágenes: 1) Earthgonomic; 2) Recreo Viral; 3) Noticias Forestales

Escucha la hermosa leyenda oaxaqueña del Árbol del Tule (VIDEO)

En Santa María del Tule, Oaxaca, se yergue un árbol espectacular que tiene, por cierto, el tronco más ancho del mundo. Así explica su mítica presencia la comunidad mixe.

En Santa María del Tule, Oaxaca, se yergue un árbol espectacular que tiene, por cierto, el tronco más ancho el mundo. Se trata de un precioso ahuehuete que, según estimaciones, tiene más de 2,000 años de edad. Su tronco tiene 14 metros de diámetro y se necesitarían a unas 30 personas agarradas de las manos para envolverlo en un precioso abrazo.

El hermoso árbol es icónico y se le quiere tanto que el segundo lunes de octubre de cada año, le toca fiesta con castillos de cohetes, toritos, comida y bebida. Sin duda está bien presente en el imaginario colectivo de los oaxaqueños.

El “Tule” como le llaman cariñosamente los pobladores de la zona, protagoniza un par de mitos y múltiples leyendas y creencias. Se piensa que el sitio donde ha echado raíces es sagrado. Hoy adorna con su inmensa sombra el atrio de la iglesia del pueblo. Entre las intrincadas formas de su enorme tronco, a los pobladores se las han revelado figuras preciosas: la cabeza de un venado, un león, un cocodrilo.

Pero tal vez una de las leyendas más lindas está basada en un cuento popular de los mixes. En ella se relata la historia del Rey Kong Oy, que nació de un huevo y era un niño muy fuerte que, al crecer, se convirtió en protector del pueblo mixe. 

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Un día pasó por Tule y decidió descansar ahí, clavó su bastón en la tierra y de él surgió el enorme árbol, y él se quedó descansando en el cerro de los 20 picos. Dicen que mientras el Tule esté vivo, el rey seguirá protegiendo a su pueblo

El relato conmueve: el árbol enorme es símbolo de protección, cariño y pertenencia; y aunque es una explicación de su origen y apela al pasado mixe, también es un llamado hacia el futuro, nos recuerda lo importante que es mantener vivo al Árbol del Tule (que en más de una ocasión ha peligrado por la contaminación y la escasez de agua). Así como Kong Oy protegió a los mixes, hoy nosotros debemos cuidar este legado vital que es la tierra.

Aquí puedes mirar y escuchar la leyenda en mixe con subtítulos en español y preciosamente ilustrada. Este audiovisual dirigido por Gabriela Badillo e ilustrado por Estelí Meza es parte de la serie 68 voces, 68 corazones.

También en Más de México: Si la Luna fuera de pulque: un precioso mito ilustrado

El espléndido Sabino Gordo que habita en Nuevo León (FOTOS)

En el municipio de General Terán, un espléndido ahuehuete alcanza hasta los 18 metros de altura, su edad ronda los 500 años.

Los árboles siempre han sido representaciones del ciclo de la vida. Quizá por que tocan los dos planos más arquetípicos de las civilizaciones: el inframundo y el cielo (recordemos que para los mexicas habían 13 cielos y 9 inframundos).

“Dentro de la mitología y la religión mesoamericanas, los árboles terrestres eran imagen y semejanza de sus contrapartes cósmicas, unos y otros fueron venerados y respetados. Árbol tierra, árbol sagrado, árbol comunicador, árbol puente… son realmente “árboles de la vida”, como los apreciamos en los famosos elaborados en Metepec, Edo Mex.“, nos explica Mónica del Villar en su artículo Los árboles sagrados del México Antiguo.

Hoy en Mexico tenemos árboles vivos milenarios como el Árbol del Tule o “árbol de iluminación” en Santa María del Tule, en Oaxaca, de una antigüedad de unos 2000 años y considerado un santuario, por ello a su lado se construyó una iglesia. También en Salvador Atenco en el Estado de México tenemos un ahuehuete de más de 500 años, sembrado en la época del reinado de Nezahualcóyotl.

Otro de estos hermosos ejemplares se erige espléndido en General Terán, en Nuevo León. Su nombre es Sabino Gordo, y según los pobladores su edad se calcula en unos 1000 años, aunque el consenso científico apunta a que tiene unos 500 años. Este sabino se encuentra en una zona donde surge un hermoso manantial que jamás se agota, por ello ahí también se ha construido el Centro Recreativo Sabino Gordo con albercas y áreas de esparcimiento.

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Sobre este hermoso ejemplar, que se ha convertido en uno de los orgullosos símbolos de Nuevo León, te compartimos los siguientes datos:

 

Alcanza hasta los 18 metros de altura.

Su diámetro mide 5.28 metros (el del Tule en Oaxaca, el más grueso del mundo, abarca 11.6 m)

Fue nombrado en 1921 como el Árbol Nacional de México.

Se trata del ser vivo más antiguo de Nuevo León.

Está ubicado a 5 kilómetros de la cabecera municipal de General Terán.

Según un estudio conjunto entre la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos y la Facultad de Ciencias Forestales de la UANL realizado en 1992, el Sabino Gordo tiene entre 477 y 527 años de edad.

En la región donde se encuentra, también se hallan zonas arqueológicas como La Loma del Muerto y Monte Huma, donde es posible contemplar pinturas rupestres.

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¿Cómo llegar?

General Terán está a solo 16 kilómetros de Montemorelos y puedes llegar en carretera desde esta ciudad.

Ver Mapa

 

*Imágenes: 1 y 6) Glafiro Alanís; 2) Doranisse/panoramio.com/user/1689288; 3 y 4) Abiel Tellez/panoramio.com/user/294651

 

Los árboles sagrados del México antiguo (La ceiba o yaxché entre los mayas)

Los árboles como representaciones y vínculos del misticismo prehispánico.

¡Oh señor! Entre vuestro pueblo y vuestra gente debaxo de vuestra sombra, porque sois un árbol que se llama púchotl o ahuéhuetl, que tiene gran sombra y gran rueda, donde muchos están puestos a su sombra y a su amparo, que para eso os ha puesto en este cargo.

           Códice Florentino 

 

Los árboles son pieza esencial del equilibrio natural; ellos nos brindan de muchas y diferentes maneras las posibilidades de vivir. En el México antiguo, el árbol no era solamente un ser verde, una pieza clave en la armonía de la naturaleza con abundancia en sus dones; también formaba parte muy importante en el desarrollo de las culturas. Ambos elementos, el natural y el cultural, interactuaban y se complementaban, se determinaban. Dentro de la mitología y la religión mesoamericanas, los árboles terrestres eran imagen y semejanza de sus contrapartes cósmicas, unos y otros fueron venerados y respetados. Árbol tierra, árbol sagrado, árbol comunicador, árbol puente… son realmente “árboles de la vida”, como los apreciamos en los famosos elaborados en Metepec, Edo Mex. 

Los árboles son parte del universo de las creencias prehispánicas; sus representaciones y sus historias (escritas u orales) son producto y muestra de las diferentes regiones y culturas de Mesoamérica. Numerosos testimonios y su interpretación refieren la existencia de un plano de la superficie terrestre dividida en cuatro partes con un centro, representado por una piedra verde preciosa, tal como lo explica el historiador Alfredo López Austin (1980). En cada uno de los extremos de ese plano horizontal, había un soporte o columna del cielo, que por lo común se representaba como un árbol cósmico. Estos cuatro árboles-columna correspondían y se orientaban a los rumbos del universo (variaciones equivalentes al norte, sur, este y oeste), no sólo conformaban los soportes del cielo sino que también fueron vínculos con los dioses, los seres sobrenaturales, los antepasados y los seres humanos. 

En su papel de eje central del cosmos, llamado axis mundi, los árboles sirvieron de caminos por los que transitaban los dioses y sus influencias hacia la superficie de la tierra. Funcionaban como umbrales mediante los cuales viajaban los “mensajes divinos” al mundo de los mortales. También formaban dobles vías de comunicación porque permitían los ascensos de las deidades y fuerzas de niveles inferiores, así como los descensos de las fuerzas celestes a través de los 22 pisos o niveles del cosmos, es decir, los 13 cielos y los nueve inframundos. En el centro, de color verde y representado por la tierra, se reunían los principios duales de la cosmovisión antigua: oscuridad-luz, femenino-masculino, muerte-vida, humedad-sequedad, abajo-arriba, entre otros. Los hoy llamados “voladores de Papantla” nos remontan al pasado como se ve en diferentes piezas cerámicas del Occidente de México, la representación de la ceremonia de los voladores, cuyo poste (muy probablemente fuera el tronco de ceiba) puede ser la figura metafórica del axis mundi que surge del centro del universo. 

2.1CodiceVaticanoA_F_1vEn las dos páginas del Códice Vaticano A se ven primero los nueve inframundos y luego los 13 cielos en la imagen siguiente.  

Entre los antiguos mayas, la ceiba o yaxché en maya yucateco, era el árbol sagrado. El árbol primero, el de color originario y central, el verde, fue el árbol mítico que levantó al cielo durante la creación. También fue concebido como el eje del mundo que conectaba los tres planos del cosmos: sus raíces se hundían en los niveles del frío y oscuro inframundo, su tronco correspondía a la tierra, donde los hombres desarrollaban su vida, y sus ramas alcanzaban a los diferentes niveles de los cielos. De igual manera y en su función comunicadora, los árboles representaban umbrales que conectaban a dioses con seres terrestres o podían ser los conductores de almas de los antepasados que buscaban ascender a niveles más altos del cosmos. Es interesante conocer, gracias a estudios recientes de Mary Miller (2008) sobre las fantásticas imágenes esculpidas en la lápida de Pakal en Palenque, Chis. que muestran a sus ancestros convertidos en ciertos árboles con frutos como símbolo de la posibilidad de vivir después de la muerte. 

No podían faltar pasajes con importantes menciones y sucesos relacionados a los árboles míticos en el gran libro sagrado de los mayas, el Popol Vuh (Libro del Consejo). En otros documentos mayas del siglo XVI, como el Chilam Balam de Chumayel, se registran ritos curativos-mágicos conocidos como el ritual de los bacabes, dioses de los cuatro rumbos en la cosmovisión maya, en cuyas esquinas del cerco sagrado se encontraban, además de la deidad o bacab, cuatro ceibas con sus colores correspondientes (amarillo, blanco, rojo y negro). Para el rito de curación, en el centro del cerco sagrado había un quinto punto, con el color verde que representa a la primera ceiba sagrada en los mitos mayas sobre el origen del mundo.  

En la actualidad, con ciertos cambios en los usos y costumbres, la ceiba conserva un fuerte significado y simbolismo mítico entre grupos mayas. Diferentes poblaciones de la península de Yucatán, Tabasco y Chiapas, en el sur de México, así como en Guatemala, El Salvador y Nicaragua, este árbol ha ocupado un lugar central en las plazas y se convertía en el techo y cobijo de los mercados y ferias; en algunos lugares fue incluso el recinto donde se celebraba el cambio de poderes o “cambio de varas” en la población.  

También se encontraban en pueblos de Chiapas, los cuatro árboles situados como referencia y símbolo en los caminos de entrada o salida, vista ahora modificada por las nuevas trazas y necesidades de los tiempos modernos. 

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En la imagen se aprecia en el centro la gran ceiba cósmica, un símbolo maya del centro del mundo, y a sus lados está representada la gran pareja divina. Páginas 76-75 del Códice Madrid.

UNA LECTURA: Los cuatro árboles cósmicos y la página 1 del Códice Fejérváry-Mayer

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Página 1 del Códice Fejérváry Mayer o Tonalámatl de los pochtecas con los cuatro árboles cósmicos y su explicación en el texto. 

Se han encontrado diversas representaciones de árboles cósmicos o sagrados tanto en vestigios arqueológicos como en los códices prehispánicos. Pinturas murales que datan del periodo Preclásico en Guatemala (país donde la ceiba es reconocida como el árbol nacional); las antiguas estelas de Izapa números 5 y 25;  los tableros de los templos de la Cruz y de la Cruz Foliada, así como la lápida del gobernante Pakal, en Palenque, Chis; las delicadas vasijas y platos de barro con diseños excéntricos de diversas imágenes y glifos relacionados con los árboles del área maya, forman parte del grupo de testimonios materiales de esta flora sagrada en la región. En los libros de los antiguos mexicanos, los códices, también encontramos ejemplos de árboles cósmicos, relevantes muestras de ellos las tenemos en cuatro códices prehispánicos de contenido calendárico ritual, ellos son dos códices mayas: el Dresden y el Madrid, y otros dos del llamado Grupo Borgia: el Fejérváry-Mayer y el Borgia. Estos árboles cósmicos representados, imbuidos de múltiples simbolismos echaron tan hondas raíces en el pensamiento indígena que los volvemos a encontrar en la páginas de otro códice ya de manufactura colonial, el Tudela, preservado en Madrid. 

Entre todos estos testimonios destaca la estética y la riqueza de elementos de la página 1 del Códice Fejérváry-Mayer, también llamado en justicia a su contenido Tonalámatl de los pochtecas (la cuenta de los destinos para los comerciantes), que se conserva en el Museo de Liverpool, Inglaterra, y que alude a la concepción simbólica del universo con los cuatro árboles míticos. Gracias a la autorización del doctor Miguel León-Portilla (2005), sabio investigador de los códices, reproducimos algunas partes de su interpretación del estudio del manuscrito prehispánico.

Dentro de la compleja iconografía de toda la pintura, nos centraremos en las figuras de los cuatro árboles cósmicos dispuestos en el diseño cruciforme de la lámina, así como en algunos de los elementos asociados: dioses, aves, colores, y los cuatro rumbos del universo a los que apuntan estos árboles

La imagen central de la página, símbolo del ombligo del universo, corresponde a Xiuhtecuhtli, dios del fuego y del tiempo, en un espacio cuadrangular.  

En la parte superior del cuadrante tenemos el rumbo oriente o Este, y en esa dirección se levanta un árbol florido con tronco y ramas azules que podría designarse como quetzalquáhuitl, “árbol quetzal”; sobre él se posa un ave quetzal. El árbol está sobre una representación del Sol, la que a su vez se halla encima de la plataforma de un templo. El color asociado es el rojo y la pareja de dioses relacionada son Itztli, “Cuchillo de pedernal”, y Tonatiuh-Piltzintecuhtli, “Sol joven”. 

Seguimos hacia el rumbo Norte, visto de frente a mano izquierda, nos encontramos otro árbol azul con espinas y dos ramas horizontales que rematan en brotes de flores. Al parecer es un mezquite, y el ave que descansa sobre él, un águila. El árbol se yergue sobre un recipiente con ofrendas de sacrificio: una bola de hule, un hueso y una púa de maguey. El color asociado es el negro y la pareja de dioses relacionada son Tláloc, dios de la lluvia (izquierda), y Tepeyolotli, “Corazón del monte” (derecha). 

En la parte inferior que representa al poniente u Oeste, se ve un árbol de tronco blanco, posiblemente un quetzalpóchotl o ceiba preciosa, con brotes y dos largas ramas horizontales que terminan en bolas de plumas.  Sobre él se posa un colibrí o huitzitzilin. El árbol cósmico se encuentra sobre lo que al parecer es una olla con rasgos de una deidad nocturna. El color asociado es el blanco y la pareja de dioses son Tlazoltéotl, “diosa de las inmundicias”, y Chalchiuhtlicue, “la de la falda de jade”. 

Por último, tenemos el rumbo del Sur con un árbol cósmico de cacao, que brota de las fauces del Monstruo de la Tierra. Sobre el árbol se posa un loro, posiblemente un cocho. El color asociado es el azul y la pareja de dioses son Centéotl, “dios del maíz”, y Mictlantecuhtli, “dios de la muerte”. Cabe señalar que puede haber variaciones en los colores asociados a los rumbos cósmicos encontrados en otros códices, y aun dentro de un mismo códice. 

* Imagen principal: Póchotl o ceiba representada en el Códice Florentino, Libro XI, capítulo VI.

Mónica del Villar K.
Autor: Mónica del Villar K.
Amante del México Antiguo, cuidadora del Bosque de Chapultepec y entregada a los oficios editoriales desde hace muchos años.