Crearán la Wikipedia Maya y tú puedes colaborar

La Wikipedia Maya publicará artículos sobre aspectos de esta cultura en maya y español. Los redactores serán especialistas, mayas y voluntarios capacitados.

¿Qué pasaría si los artículos de la enorme, práctica y querida Wikipedia fueran escritos por especialistas? Seguramente entre los efectos estaría el que esta base de información subiría de categoría como fuente de consulta. La anterior premisa ha sido parte de la inspiración para crear el proyecto de la Wikipedia Maya por parte de la La Asociación Wikimedia México A. C. (también la búsqueda por la preservación de la cultura).

La Wikipedia Maya será un portal con información sobre esta cultura tanto en lengua maya como en español. Como suele hacerse en Wikipedia, se desarrollará bajo un esquema de trabajo colaborativo. La parte novedosa de este proyecto es que han unido esfuerzos tanto la organización Baktún Pueblo Maya como el Centro de Cultura Digital (CCD) y la Asociación Wikimedia México A. C. para dar asesoría a hablantes de maya, investigadores o especialistas en esta cultura, aunque también a personas interesadas en aprender a editar Wikipedia.

Quedan 50 lugares disponibles y las inscripciones pueden hacerse en www.centroculturadigital.mx. Del 25 al 29 de este mes es cuando se impartirá este proceso formativo aunque la sede será en la Casa Palomeque, ubicada en la calle 59 No. 523, entre 64 y 66 del Centro Histórico de Mérida

Como parte de los colaboradores estarán especialistas y los artículos se crearán después de haber recibido asesoría sobre esta cultura. Resulta altamente interesante pues entre los participantes también habrán mayas, lo que será una fuente directa respecto de su cultura que el mundo podrá conocer, algo así como los legendarios informantes de Fray Bernardino de Sahagún, ahora, en una época donde este tipo de fenómenos interculturales parecieran perdidos para siempre.

Se compartirán fotografías con las licencias libres de Creative Commons (compatibles con Wikipedia), en la plataforma multimedia Wikimedia Commons, y se creará una comunidad en Mérida que dé seguimiento y continúe con estas labores editoriales (e históricas), luego del taller.

*Imagen: Códice Dresden

 

En este hospital de Chiapas los pacientes pueden pagar con café y maíz

Un proyecto verdaderamente resiliente, hecho para ayudar a una comunidad igual de aguantadora…

En México decir que las condiciones de vida son “adversas” es simplificar el asunto. Tendría más sentido decir que son inestables y que eso, sobre otras cualidades del “vivir aquí” problematiza la existencia de los habitantes. Por otro lado, además de la falta de estabilidad hay inmensos desequilibrios. Mientras que hay sitios donde la infraestructura desborda (y se cae por su propio peso), como la CDMX, hay lugares donde simplemente no hay escuelas, ni hospitales.

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Estas carencias se concentran principalmente en algunos estados del país, como Chiapas. Afortunadamente, hay sujetos que hacen todo lo que pueden para cubrir algunos de los huecos; utilizando los recursos que tienen a la mano y aprovechando la bondad y el cariño de los que se suman a sus causas. Así nació el Hospital San Carlos en Altamirano, Chiapas un proyecto fantástico que desde 1969 ha acallado los “no se puede” que lo rodeaban.

En San Carlos trabajan con lo que tienen (y funciona)

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70 camillas, un médico cirujano, un anestesista y múltiples voluntarios atienden alrededor de 100 personas al día. La mayoría de los pacientes son indígenas de los pueblos Tzeltal, Tzotzil y Ch’ol; algunos caminan más de 8 horas por la selva para ser atendidos en San Carlos. Y el hospital, consciente de las condiciones económicas de las comunidades, acepta “pagos” de café, maíz y naranja, cultivados por los pacientes. Esta ofrenda podría ser considerada un pago simbólico, pero francamente estos bienes son el capital de las comunidades rurales de la selva chiapaneca.

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Desafortunadamente, las medicinas que los enfermos necesitan no se valúan en café y maíz, lo que complica mucho la labor de San Carlos. Las enfermedades que más atienden son crónicas, como cáncer y diabetes. Por otro lado, la desnutrición a la que se enfrentan las comunidades provoca epidemias poco comunes, como la tuberculosis. En ese sentido, su hacer es limitado, pero los que trabajan en el hospital no se rinden.

Un proyecto resiliente y resonante

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Tal vez eso sea lo más increíble del proyecto: como buena entidad resiliente, se adaptan en todos los sentidos a sus contexto. No sólo aceptan estos trueques, también admiten a los pacientes aunque estos no cuenten con documentos oficiales: el nombre y el lugar de residencia bastan. Por otro lado, han procurado integrar a sus métodos medicina alternativa, como la tradicional, fundamentada en la cosmovisión indígena de la salud. Además, casi todo el personal es de origen indígena, vive en la localidad y habla las lenguas de las comunidades; en ese sentido la comunicación se mantiene abierta y no es unilateral. Por otro lado, constantemente buscan la ayuda de los curanderos y parteras rurales. Ningún saber útil se queda fuera del proyecto.  

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El edificio mismo es prueba de esto: Kees Grootenboer, el arquitecto que lo diseñó explicó a la revista Forbes que la estructura utiliza formas curvas para “repartir la presión de choques sísmicos”, ampliando sus posibilidades de resistir temblores. Chiapas es una de las zonas más sísmicas del país y este tipo de detalles son vitales.

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Sin duda lo más emocionante es que, aunque el hospital tenga deficiencias y necesidades, es un proyecto que se levanta de forma comunitaria, que se hace con la labor constante de los locales y que se integra en serio como un componente social abierto, flexible y fundado en gran medida por la buena voluntad. Ese tipo de servicio no se paga con dinero.

Otro proyecto comunitario que te va a dejar sorprendido: Estas monjas quieren salvar al achoque, curioso primo del ajolote

*Imágenes: Destacada: Tamas Coyo; Hospital San Carlos, excepto no. 4 atribuida a Jessica Martínez. 

Alguien está transformando los desperdicios en comida en México (y todos tendríamos que sumarnos)

Esta iniciativa recolecta la comida desperdiciada en eventos masivos y los vincula a personas en vulnerabilidad alimentaria.

Mucho se ha dicho sobre el hecho de que el hambre en el mundo no es un problema de producción, es uno de distribución. Cada día se desperdicia 1/3 de lo que se produce, y solo un 25% del total bastaría para alimentar a las más de mil millones de personas que pasan hambre en el mundo, según cifras de la FAO.

Ahora, México no es la excepción, en este país se desperdicia el 30% de los alimentos, según la misma Institución, y más de 23 millones de personas padecen hambre. Y no se trata de un asunto menor, es un indicador de que el sistema necesita ajustes, como siempre, de redistribución.

Hace tiempo, mientras se encontraba en una boda, Fátima Purón del Río, originaria de la Ciudad de México, observó cómo la mayoría de los platillos eran apenas tocados por los comensales.

Entonces decidió hacer algo para aprovechar la comida que se desperdicia diariamente y fundó el proyecto Robin Food, desde el cual un grupo de personas recaba alimentos desperdiciados y los vincula con instituciones para dárselos a personas que puedan aprovecharlos, o bien, a albergues de animales.

Sobre el proyecto, comentó para el sitio Somos Gama:

Nuestro objetivo más importante es contribuir a disminuir el hambre en México; sin embargo, también queremos concientizar a la sociedad acerca de nuestra responsabilidad en el desperdicio de comida y el impacto que esto tiene en el medio ambiente. Sentimos un gran compromiso por dejar de ignorar la situación actual de nuestro país, en la que miles de personas sufren de hambre todos los días mientras que nosotros nos damos el lujo de tirar comida a la basura.

¿Cómo funciona?

La comida se separa por platillos dependiendo su estado, y una vez elegidos, se deparan para consumo humano o animal. Una vez que la comida está separada en los recipientes se llena un formato con información como los ingredientes, fecha de elaboración, caducidad; los métodos de conservación que deberán aplicarse (si es que pueden congelarse, refrigerarse, etc).

¿Quieres ayudar?

Por ahora el proyecto solo trabaja en la Ciudad de México, y la mejor forma de ayudarlos es contactarlos con información eventos donde puedan recoger los sobrantes. También puedes apuntarte como voluntario enviándoles un correo a robinfoodmx@gmail.com.

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Conoce más de Robin Food en su cuenta de Facebook o en su página.

*Imagen: blog.kiwilimon.com

¿Por qué esta escuela indígena de México ha llamado la atención del mundo?

En la Sierra de Puebla, el Instituto de San Miguel Tzinacapan tiene un sistema pedagógico distinto, y todas las clases se enseñan en náhuatl.

Cuando hablamos de educación la mayoría de nosotros pensamos en un instrumento indispensable para una sociedad. Pero más allá de las herramientas que nos aporta, una de las repercusiones más significativas de un modelo educativo son los paradigmas que este nos inculca, por ejemplo, el del “progreso”. En la visión occidental, el progreso se volcó hacia la ciencia, la tecnología, la creación de alimentos en masa, todo ello a costa del patrimonio cultural y los recursos naturales ¿pero, esto es progreso?.

Sobre esta tendencia, en México, por ejemplo, la educación postrevolucionaria tendió hacia la homogeneización de la cultura, sin dar valor a los usos y costumbres de cada etnia. Por ello, la “educación” inculcó el abandonar el campo, ir a las ciudades a buscar el “progreso”, hablar español, y de ser posible, inglés. El valor de lo local, lo milenario, fue simplemente ignorado. 

En San Miguel Tzinacapan, el poblado que se hizo famoso por echar a Televisa luego de filmar una tradición religiosa, existe una escuela que ha ganado reconocimiento mundial. Esta escuela no solo presume de una estrategia pedagógica, sino que transforma el paradigma sobre el valor de la propia cultura local para sus habitantes, como apunta un interesante artículo al respecto de El País.

escuela indigena San Miguel Tzinacapan premios mexico

¿Qué la hace tan distinta?

Aquí, en San Miguel Tzinacapan, la mayoría de sus habitantes se denominan maseual, y hablan náhuatl (aunque ellos tienen una variante que elimina fonéticamente la l). Está ubicado en la Sierra de Puebla. Su escuela que ha llamado la atención del mundo y se llama Instituto de San Miguel Tzinacapan (Puebla) tiene la singularidad, además de impartir clases en náhuatl, que los talleres que ofrece están fuertemente arraigados a la cultura de la zona, lo que, naturalmente, genera la valoración por la cultura del sitio, y lo que, a su vez, construye un arraigo muy importante y fortalece los lazos de comunidad. Es decir, los elementos educativos tienen qué ver, estrechamente, con su identidad.

Ejemplos

  • Su modelo educativo es innovador y  el aprendizaje se imparte en la lengua indígena de la zona.
  • El taller de náhuatl tiene una importancia medular. Es impartido por personas de la comunidad. Con él se devuelve el valor a la lengua, y con ello el de generaciones milenarias, la herencia del ADN de la comunidad. Es, así, una manera de resurgir un  autoestima colectivo que fue perdido silenciosamente.
  • La propia comunidad ha formado un importante compromiso con el centro.
  • Su asignatura de Tecnología se ha convertido en gran propulsora del campo, y de la revaloración del entorno de manera sustentable: como cultivar café, criar hongos, colmenas, criar mariposas, etc.,  
  • María del Coral Morales, directora del Instituto, gracias a su trabajo en este centro, consiguió en 1999 el premio Estatal de Investigación educativa, en 2005 el primer lugar en el concurso de Estrategias Didácticas para una Educación de Buena Calidad, también, por su trabajo en este centro, en el 2012 ganó con su tesis doctoral el premio a la mejor en educación del año.

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Testimonios

Anastasio (Tacho Aguilar) es un antiguo alumno del Instituto, hoy tiene 31 años y su testimonio ayuda a entender cómo el paradigma que se inculca en la educación determina, no solo herramientas prácticas, también una forma de entender la vida. En la siguiente declaración fue capaz de encontrar la diferencia de la educación impartida en otros lugares:

Y cuando salí de aquí volví a la realidad del sistema educativo mexicano, que es desindializarte, como dijo un secretario de Educación, dejar de ser de calzón para ser un hombre de razón.

Para María del Coral Morales, directora del Instituto:

Antes era imposible que viniesen chicos desde Cuetzalan, ya que nuestra idea de educación es completamente antagónica a lo que se hace allí, donde está enfocada en que los niños se olvidasen de sus orígenes. (…) Éramos como los apestados y ahora nos mandan alumnos.

Esta escuela está mostrando que la verdadera educación debe proveernos de herramientas para la vida, pero también poner en duda el concepto de progreso que se inculca “por debajo” de las materias más habituales. El contexto de comunidad, cada uno, merece la valoración de sus propias cualidades, solo así se propicia el desarrollo del sitio, sin que el paradigma imperante llame tajantemente a seguir el proceso del mundo como Occidente los ha concebido por tantos siglos, inmerso en todos sus vacíos que apenas comienzan a reconocerse.

 

Imágenes: Carlos Carabaña/ El País