Los 3 guerreros mexicas que jamás se rindieron ante los españoles

Aunque la ciudad de Tenochtitlán pareciera condenada, tres guerreros mexicas causaban pavor a los españoles y su valentía les valió fama: Tzoyectzin, Temoctzin y Tzilacatzin.

Quizá el factor que explica el que 400 españoles y quince caballos avanzaran sin ser avasallados en el trayecto a una ciudad como México-Tenochtitlán, sea la confusión y el resentimiento. Los presagios funestos que desde años antes habían estando dándose en Tenochtitlán, sumados a la antigua creencia de que el dios bueno Quetzalcóatl volvería, crearon la idea de que los recién llegados eran dioses. Lo anterior, más el fundamental apoyo de los tlaxcaltecas, que aliados a Cortés, vengaban su sometimiento a los mexicas, valieron la derrota de estos últimos.

Los españoles llegaron a Tenochtitlán y escondieron sus verdaderas intenciones hasta que, como se relata en el Códice Ramírez o el Códice Aubin, en la matanza del Templo Mayor se dio la traición durante la fiesta de Tóxcatl por órdenes de Pedro de Alvarado, mientras Hernán Cortés había salido de la ciudad.

En ese entonces los mexicas tenían en sus casas a los españoles, pero estos no habían mostrado intenciones directas de guerra. Tenemos pues, a una ciudad confundida. Nadie esperaba lo que estaba pasando adentro del Templo Mayor, nadie lo creía.

       Y cuando se supo fuera, empezó una gritería:

­Capitanes, mexicanos… venid acá. ¡Que todos armados vengan: sus escudos, insignias, dardos!… ¡Venid acá deprisa, corred: muertos son los capitanes, han muerto nuestros guerreros!… Han sido aniquilados, oh capitanes mexicanos.

Cuando se conoció la intención de guerra, Moctezuma se negaba a que su pueblo peleara. Muchos lo llamaban cobarde (de hecho se dice que pudo haber muerto por un apedreo de su propia gente). Según los relatos de Fernando de Alva Ixtlixóchitl:

A punto fijo no se supo cómo murió Motecuhzoma: Dicen que uno de ellos (de los indios) le tiró una pedrada de la cual murió; aunque dicen sus vasallos que los mismos españoles lo mataron y por las partes bajas le metieron la espada.

La conquista de Tenochtitlán en realidad se prolongó durante más de un año. Los españoles llegaron a la ciudad el 8 de noviembre de 1519. En intervalos y en estas cruentas luchas se sabe que los de Tlatelolco fueron de los más reacios en rendirse, y en particular hubieron 3 guerreros aztecas que sobresalieron por su valentía y astucia. Los españoles mucho les temían según nos narra Miguel León Portilla apoyado en las versiones de los informantes de Bernardino de Sahagún:

Solo hubo tres capitanes que nunca retrocedieron. Nada les importaban los enemigos; ningún aprecio tenían de sus propios cuerpos.

El nombre de uno es Tzoyectzin, el del segundo es Temoctzin y el del tercero es el del mentado Tzilacatzin.

Pero cuando los españoles se cansaron, cuando nada podían hacer a los mexicanos, ya no podían romper las filas de los mexicanos, luego se fueron, se metieron a sus cuarteles, fueron a tomar reposo.

De Tzilcatzin, Miguel León Portilla en su Visón de los Vencidos dedica un apartado completo. Tzilcatzin se disfrazaba y causaba con su actitud y bravura gran temor a los españoles. A continuación transcribimos esta memoria de este gran guerrero:

El capitán mexica Tzilacatzin Tzilacatzin gran capitán, muy macho, llega luego. Trae consigo bien sostenidas tres piedras: tres grandes piedras, redondas, piedras con que se hacen muros o sea piedras de blanca roca. Una en la mano la lleva, las otras dos en sus escudos. Luego con ellas ataca, las lanza a los españoles: ellos iban en el agua, estaban dentro del agua y luego se repliegan. Y este Tzilacatzin era de grado otomí.65 Era de este grado y por eso se trasquilaba el pelo a manera de otomíes. Por eso no tenía en cuenta al enemigo, quien bien fuera, aunque fueran españoles: en nada los estimaba sino que a todos llenaba de pavor. Cuando veían a Tzilacatzin nuestros enemigos luego se amedrentaban y procuraban con esfuerzo ver en qué forma lo mataban, ya fuera con una espada, o ya fuera con tiro de arcabuz. Pero Tzilacatzin solamente se disfrazaba para que no lo reconocieran. Tomaba a veces sus insignias: su bezote que se ponía y sus orejeras de oro; también se ponía un collar de cuentas de caracol. Solamente estaba descubierta su cabeza, mostrando ser otomí. 65 Otomí: como se indica en el texto, con esta palabra se designaba un grado, dentro de la jerarquía militar de los mexicas. Pero otras veces solamente llevaba puesta su armadura de algodón; con un paño delgadito envolvía su cabeza. Otras veces se disfrazaba en esta forma: se ponía un casco de plumas, con un rapacejo abajo, con su colgajo del Águila que le colgaba al cogote. Era el atavío con que se aderezaba el que iba a echar víctimas al fuego. Salía, pues, como un echador de víctimas al fuego, como el que va a arrojar al fuego los hombres vivos: tenía sus ajorcas de oro en el brazo; de un lado y de otro las llevaba atadas en sus brazos, y estas ajorcas eran sumamente relucientes. También llevaba en las piernas sus bandas de oro ceñidas, que no dejaban de brillar. Y al día siguiente una vez más vinieron. Fueron llevando sus barcas al rumbo de Nonohualco, hasta junto a la Casa de la Niebla (Ayauhcalco). También vinieron los que andan a pie y todos los de Tlaxcala y los otomíes. Con grande ardor se arrojaron contra los mexicanos los españoles. Cuando llegaron a Nonohualco luego se trabó el combate. Fue la batalla y se endureció y persistió el ataque y la guerra. Había muertos de un bando y de otro. Los enemigos eran flechados todos. También todos los mexicanos. De un lado y de otro hubo gran pena. De este modo todo el día, toda la noche duró la batalla. Sólo hubo tres capitanes que nunca retrocedieron. Nada les importaban los enemigos; ningún aprecio tenían de sus propios cuerpos. El nombre de uno es Tzoyectzin, el del segundo es Temoctzin y el tercero es el mentado Tzilacatzin. Pero cuando los españoles se cansaron, cuando nada podían hacer a los mexicanos, ya no podían romper las filas de los mexicanos, luego se fueron, se metieron a sus cuarteles, fueron a tomar reposo. Siguiéndoles las espaldas fueron también sus aliados.

 

*Imagen: Guerreros aztecas /Códice Mendoza

 

 

Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto ciudadano yanostoca.com. Y pintora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )

7 lecciones de urbanismo de Tenochtitlán

Su sistema de tránsito, tratamiento de agua, cimentación de edificios, y agricultura urbana, etc., hacen del urbanismo de Tenochtitlán uno admirable.

«…Y de que vimos cosas tan admirables no sabíamos que decir, o si era verdad lo que por delante parecía, que por una parte en tierra había grandes ciudades, y en la laguna otras muchas, y veíamoslo todo lleno de canoas y en la calzada muchos puentes de trecho en trecho, y por delante estaba la gran Ciudad de México …»

Bernal Díaz del Castillo

Al imaginar la llegada de los españoles a la capital del imperio mexica, Tenochtitlán, resulta casi inevitable proyectar a los conquistadores contemplado la vastedad y grandeza de esta ciudad. Además de una fundación fuertemente ligada a los mitos (la señal divina del águila devorando la serpiente que buscaban las tribus provenientes de  Aztlán), México-Tenochtitlan fue un notable centro urbano que destacaba, entre otras cosas, por su magnífica organización y planeación urbana.  

Hacia 1521, cuando llegaron los conquistadores, cotidianamente confluían hasta 60 mil canoas por toda la ciudad; 50 grandes edificios destacaban de las casas que eran de un solo piso, los barrios calpullis tenían sus propias tierras comunales, mercado, escuela. Se calcula que vivían en la ciudad unos 200 mil habitantes, lo cual hacía de Tenochtitlán una urbe más grande que cualquiera europea.

La vida de la ciudad estaba perfectamente organizada y presumía una ingeniería que hasta hoy continua sorprendiendo a los estudiosos (sobretodo si consideramos que buena parte de la ciudad había sido erigida sobre agua. 

Presentamos algunas de las maravillas urbanas de Tenochtitlán, lecciones que habríamos de retomar y que, por cierto, algunas de ellas están asociadas a la vanguardia urbanística de la actualidad (como la práctica de la agricultura urbana).

Había un urbanista general

Un funcionario denominado calmimilócatl supervisaba las construcciones y evitaba que estas invadieran las calles y canales. Había, así, una constante revisión para evitar que la ciudad perdiese su simetría.

Tránsito

Las calles (tlaxilacalli) fueron muy útiles, efectivísimas para recorrer la ciudad. Se hicieron con tierra apisonada; eran usadas mayormente para el tránsito humano y en algunas calles adyacentes se hacía un canal donde transitaban las canoas.

Tres amplias calzadas (elevaciones artificiales hechas con piedra, arcilla, argamasa y plantas al fondo del lago con pilotes de madera) cruzaban todo Tenochtitlán, todas se extendían a tierra firme, por lo que estas (tipo avenidas) permitían inteligentemente recorrer en tierra firme toda la ciudad.

Los canales eran muy eficientes sitios de circulación para las barcas. Estos a su vez eran cruzados por puentes de madera, que por las noches, eran retirados para regular las corrientes naturales del lago, y también como estrategia militar.

Limpieza

Habían hasta mil personas encargadas de la limpieza de las calles que se barrían y limpiaban diariamente. Existían también macehuales dedicados a recoger excrementos para luego venderlos como fertilizante natural o bien se depositaban en las letrinas privadas o públicas.

La basura, por su parte, se incineraba en enormes hogueras que servían para iluminar de noche las calles.

Agua

Aunque pocos los saben, Texcoco era de agua salada, por ello los mexicas debían hacerse de agua pura. Para ello construyeron diques que concentraban el agua de los ríos que alimentaban el gran lago.

Los mexicas construyeron dos grandes acueductos (cada uno tenía dos canales). Mientras uno de los canales estaba en operación el otro recibía mantenimiento; el agua de estos acueductos era sobre todo empleada para el meticuloso aseo de los mexicas, que era diario.

Los barrios

La ciudad se dividía primero en altépetl y luego en los famosos calpullis (barrios). Hubieron 4 principales calpullis: Cuepopan (al noroeste), Aztacalco (al noreste), Moyotla (al suroeste) y Zoquiapan (al sureste) y al norte el gran Tlatelolco (ciertos vestigios arqueológicos apuntan a que fue incluso más viejo que Tenochtitlán).

Cada calpulli tenía su zona de tierra cultivable (tierras comunales) donde todos compartían las cosechas y el trabajo, era, además, una manera de generar cohesión social entre los vecinos. Cada calpulli, además, tenía se escuela y mercado (tianguis) aunque el más grande y concurrido era el de Tlatelolco con hasta 40 mil asistente los días de fiesta y en día usual 20 mil, según reportes de Bernardino de Sahagún.

tenochtitlan ciudad

Agricultura urbana

Se cultivaba, tanto en tierra firme, como en las famosas chinampas (los cultivos flotantes). Las chinampas estaban sostenidas con pilotes; eran gruesas capas de tierra regadas con canales que llegaban a donde estaban colocadas.

Los fertilizantes los obtenían del excremento humano.

Otros sistemas de riego que idearon fueron presas (de madera, piedra o lodo) diques, y depósitos pluviales.

Era una ciudad que practicaba una fabulosa agricultura urbana; la misma urbe abastecía a sus habitantes, a diferencia de hoy, que los alimentos son producidos a gran escala en enormes campos devastados.

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Edificios

Como todo se hundía, desarrollaron un inteligente sistema de cimentación de los edificios. Estacas de 5 a 10 metros se colocaban debajo del área del edificio y se encajaban en la tierra más firme posible. Luego, un parte descubierta de la estaca, era cubierta con una mezcla de tezontle y cimentante. El tezontle proveía de una base al edificio bajo el principio de flotación; estos principios pueden observarse en la zona arqueológica del Templo Mayor.

 *Fuentes:

La civilización de Tenochtitlan.Historia de México, Rico Galindo, Rosario

*Imágenes: Principal) Tenochtitlán, mural de Diego Rivera; 2) Tenochtitlán, óleo de Luis Covarrubias.

Así nació el mundo según el mito mixteco de la creación

Los mixtecos poseen un historial de orgullo étnico cuya identidad comunitaria ha fortalecido sus orígenes mitológicos.

Los mixtecos, una de las minorías indígenas más fuertes del país, se ha desarrollado a lo largo de los milenios entre los estados de Guerrero, Oaxaca y Puebla. En su momento se llegó a creer que han estado presentes desde una época anterior a la del cultivo del maíz –alrededor de 5000 a.C.–. Desde entonces, se inició el proceso de sedentarización, principalmente en zonas como Monte Negro, Yucuita y Cerro de las Minas, aunque su gran florecimiento tuvo lugar en el Posclásico durante un importante refinamiento artístico y cultural.  

Con la Conquista española, los mixtecos tuvieron que vivir una serie de alteraciones en su dinámica de vida. Se dice que a cambio del sometimiento a la autoridad de la Corona, los señores mixtecos podían conservar algunos privilegios; sin embargo, la realidad es que los mixes, junto con los mexicas y zapotecos, fueron las únicas tribus que sobrevivieron a los ataques españoles. Inclusive aún hasta la fecha, se autonombran como Los Jamás Conquistados, junto con los mixes y zapotecos. De alguna manera, esto ha sido logro de una resiliencia latente que ha nacido desde sus orígenes –e inclusive desde el mito creador. 

Los mixtecos poseen un historial de orgullo étnico cuya identidad comunitaria ha fortalecido sus orígenes mitológicos. Si bien la cosmovisión mixteca comparte elementos de las tradiciones mesoamericanas, como creer que el mundo había pasado ya por una serie de creaciones y destrucciones, para este pueblo guerrero el principio era un caos cuyos espíritus, llamados calendáricos, Ometecuhtli y Omecíhuatl, representan el principio dual de todo el universo. Estas dos divinidades separaban la luz de la oscuridad, la tierra del agua, el arriba del abajo, creando así los cuatro dioses creadores que habrían de dar nacimiento a los otros y a la humanidad –con base en el maíz–. 

En su libro Mitos y leyendas de los aztecas, incas, mayas y muiscas, Walter Krickeberg, etnólogo y americanista alemán, reunió una serie de mitos, leyendas y crónicas; entre ellos se encuentra el mito mixteco de la creación. Te lo compartimos: 

mixteco
Danza mixteca

En el año y en el día de la oscuridad y tinieblas, antes que hubiese días, ni años, estando el mundo en grande oscuridad, que todo era caos y confusión, estaba la tierra cubierta de agua, sólo había limo y lama sobre la haz de la tierra. En aquel tiempo, dicen los indios que aparecieron visiblemente un dios que tuvo por nombre ‘un ciervo’, y por sobrenombre ‘culebra de león’; y una diosa muy linda y hermosa, cuyo nombre era ‘un ciervo’ y por sobrenombre ‘culebra de tigre’. Estos dos dioses dicen haber sido principio de los demás dioses que los indios tuvieron. Luego que aparecieron estos dos dioses en el mundo y, con figura humana, cuentan las historias de esta gente, que con su omnipotencia y sabiduría hicieron y fundaron una grande Peña [sacándola fuera del agua] sobre la cual edificaron unos muy suntuosos palacios, hechos con grandísimo artificio, adonde fue su asiento y morada en la tierra. Encima de lo más alto de la casa y habitación de estos dioses estaba una hacha de cobre, el corte hacia arriba, sobre la cual estaba el cielo. Esta peña y palacios de los dioses estaba en un cerro muy alto, junto al pueblo de Apoala que está en la provincia que llaman Mixteca Alta. Esta peña en lengua de la gente tenía por nombre: “lugar donde estaba el cielo”. [Quisieron significar en esto, que era lugar de paraíso y gloria, donde había suma felicidad y abundancia de todo bien, sin haber falta de cosa alguna. Éste fue el primer lugar que los dioses tuvieron para su morada en la tierra, adonde estuvieron muchos siglos en lugar ameno y deleitable, estando en este tiempo el mundo en oscuridad y tinieblas… Estando pues, estos dioses, padre y madre de todos los dioses, en sus palacios y corte], tuvieron dos hijos varones muy hermosos, discretos y sabios en todas las artes. El primero se llamó “viento de nueve culebras”, que era nombre tomado del día en que nació. El segundo se llamó “viento de nueve cavernas”, que también fue nombre del día de su nacimiento. Estos dos niños fueron criados en mucho regalo. El mayor cuando quería recrearse se volvía en águila, la cual andaba volando por los altos. El segundo también se transformaba en un animal pequeños, figura de serpiente, que tenía alas con que volaba por los aires con tanta agilidad y sutileza que entraba por las peñas y paredes y se hacía invisible; de suerte que los que estaban abajo, sentían el ruido y estruendo que hacían ambos dos. Tomaban estas figuras para dar a entender el poder que tenían para transformarse y volverse a la que antes tenían. Estando pues estos hermanos en la casa de sus padres, gozando de mucha tranquilidad, acordaron de hacer ofrenda y sacrificio a los dioses sus padres, para lo cual tomaron unos como incensarios de barro con unas brasas, sobre las cuales echaron cierta cantidad de beleño molido, el lugar de incienso. Esta dicen los indios que fue la primera ofrenda que se hizo en el mundo. Ofrecido este sacrificio, hicieron estos dos hermanos un jardín para su recreación, en el que cual pusieron muchos géneros de árboles que llevaban flores y rosas, y otros que llevaban frutas, muchas hierbas de olor y otras especies. En este jardín y huerto se estaban de ordinario recreando y deleitando: junto al cual hicieron otro prado muy hermoso en el cual había todas las cosas necesarias para las ofrendas y sacrificios que habían de hacer a los dioses sus padres… Hacían asimismo oraciones, votos y promesas a sus padres y pedíanles que por virtud de aquel beleño que les ofrecían y los demás sacrificios que les hacían que tuviesen por bien hacer el cielo y que hubiese claridad en el mundo: que se fundase la tierra o por mejor decir, apareciese, y las aguas se congregasen, pues no había otra cosa para su descanso, sino aquel pequeño vergel. Para más obligarles a que hiciesen esto que pedían, se punzaban las orejas con unas lancetas de pedernal, para que saliesen gotas de sangre. Lo mismo hacían en las lenguas, y esta sangre la esparcían y echaban sobre los ramos de los árboles y plantas con un hisopo de una rama de un sauce, como cosa santa y bendita…

Después de haber referido los hijos e hijas que [además] tuvieron aquellos dioses marido y mujer… dicen los indios que hubo un diluvio general, donde muchos dioses se ahogaron. Después de pasado el diluvio se comenzó la creación del cielo y la tierra por el dios que en su lengua llamaron “Creador de todas las cosas”. Restauróse el género humano y de aquesta manera se pobló aquel reino mixteco. 

El origen de los mixtecos se atribuye a dos árboles altivos, soberbios y ufanos, hasta que los deshojó el viento. Estaban a las márgenes de un río en la [entonces todavía] reiterada soledad de Apoala, entre las montañas de lo que después fue población. Este río nace del encañado de dos montes, que forman en medio una calle, como si fueran cortados a tajo abierto. Al pie de uno hace boca una oquedad o cueva… De las venas de este río crecieron los árboles, que produjeron los primeros caciques, varón y hembra. De aquí por generación se aumentaron y extendieron, poblando un dilatado reino.

*Imagen: 1) Árbol de Apoala, grabado anónimo; 2) Danza y Culturas

 

Así fue el primer encuentro entre los mexicas y Hernán Cortés

Antes de que los españoles pisaran tierras mexicas, enviados de Moctezuma subieron a sus naves con mensajes del emperador y esto sucedió.

En la cultura popular sabemos que los españoles llegaron a Tenochtitlán, y que los mexicas quedaron atónitos y fueron atacados. Sin embargo, poco se conoce de que el emperador Moctezuma supo cuando los barcos arribaron a las costas del Golfo en 1519 y que envió a funcionarios para que entregaran regalos preciosos, todos asociados a lo divino, con el fin de que los entregaran al que se creía había llegado finalmente: el dios bueno Quetzalcóatl.

La leyenda contaba que este habría de regresar y al menos 10 años antes de la llegada de los españoles a tierras mexicanas, sucedieron una serie de presagios que alertaron a Moctezuma y fortalecieron la profecía.

En el libro La Visión de los Vencidos de Miguel León Portilla se narra un episodio importante y poco conocido: los primeros encuentros en las embarcaciones españolas. El grupo de funcionarios de Moctezuma llega hasta estos barcos, anclados en las aguas del Golfo de México, para entregar los preciados regalos a “Quetzalcóatl”. Cortés, para infundirles temor, hace uso de los cañones, disparando al aire, y luego acepta, seguramente maravillado por la opulencia del tributo, los regalos.

La siguiente narración es extraída de La Visión de los Vencidos que a su vez está fundamentada mayormente en los informantes de Sahagún:

Llegan los mensajeros ante los españoles

Pues cuando hubieron llegado al borde del mar, los transportaron, en barcas se los llevaron a Xicalanco. (…) Y metidos ya en sus canoas por el río fueron, llegaron a las barcas de aquellos [de los españoles], se repegaron a sus barcas. (…) Subieron a la nave. Iban llevando en los barcos los objetos. Uno a uno hicieron la ceremonia de tocar la tierra con la boca delante del capitán. (…) Atavían al capitán, le pusieron con esmero la mascara de turquesas.

 

Cortés trata de poner temor en los mexicas

cortés enseña cañones indígenas

Entonces dio órdenes el capitán; en consecuencia, fueron atados [los mexicas]; les pusieron hierros en los pies y en el cuello. Hecho eso, dispararon el canon grande.

Y en ese momento los enviados perdieron el juicio, quedaron desmayados. Cayeron, se doblaron cada uno por su lado: ya no estuvieron en sí.

Los españoles, por su parte, los levantaron, los alzaron, les dieron a beber vino y enseguida les dieron de comer, los hicieron comer. Con esto recobraron su sliento, se reconfortaron.

Luego de esto es narrado cómo Cortés intentó que los visitantes hicieran un duelo con algunos españoles al siguiente día con el fin de conocer sus habilidades guerreras, sin embargo estos se apresuraron al llegar a tierra para darle noticias sobre estos extraños hombres al señor Moctezuma, quien luego de estos reportes, quedó muy atemorizado.

 

*Imágenes: 2) proyectosalonhogar.com

 

Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto ciudadano yanostoca.com. Y pintora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )