Conoce a qué suena Punta Allen en Quintana Roo (Paisaje Sonoro)

Que los sonidos de este hermoso pueblo pesquero, Punta Allen, también conocido como Javier Rojo Gómez, te lleven a conocerlo y disfrutarlo desde la imaginación.

Un paisaje, quizá sin que lo hagamos consciente, está dotado de sonidos específicos, que lo hacen único. Cada lugar ostenta sus propios sonidos, y de algún modo estos son una especie de patrimonio natural o cultural; así lo concibió el canadiense  R. Murray Schafer, creador del concepto de paisaje sonoro.

El mexicano y artista sonoro Emmanuel Galván Martínez, como parte de un proyecto de documentación sonora de distintos parajes, comparte para Más de Mx su grabación de Punta Allen, en Quintana Roo, un paisaje sonoro llamado El Hombre y el Mar. Sobre este, apunta:

 

Punta Allen es una comunidad pesquera eco-turistica cuya principal actividad económica es la pesca de langostas. El poblado, también conocido como Javier Rojo Gómez, está ubicado a 50km al sur de la ciudad de Tulum y está enclavado dentro de la reserva de la Biósfera de Sian Ka’an, lo que la convierte en un gran atractivo de gran riqueza natural.

En la grabación podemos escuchar a miembros de la comunidad pesquera dando explicaciones sobre diferentes puntos de la región, descripciones de las langostas, algunas grabaciones subacuáticas de crustáceos, así como turistas italianos buscando delfines, actividad popular en el área. Estos y algunos otros elementos ilustran la relación del ser humano con su entorno natural y exploran la relación entre los habitantes de Punta Allen y los cuerpos acuíferos que rodean su región.

 

Luego de la grabación, compartimos también fotografías de este paradisiaco pueblo pesquero para que complementes la experiencia.

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*Imágenes:1 y 2) playasmexico.com.mx; 3)en-yucatan.com.mx; 4)playasmexico.com.mx

Resonar: una narración sonora de la identidad mexicana

El arte contemporáneo en México está proponiendo nuevas formas de narrar y entender la identidad mexicana

La identidad es un asunto que nos elude. Describirla o narrarla es prácticamente imposible; estamos hablando de un fenómeno vivo, que siempre está siendo impactado por su entorno; prácticamente un fluido, que, como el agua, va cambiando de forma mientras se desplaza a lo largo del tiempo y el espacio. ¿Cómo narrar entonces la identidad mexicana? Habría que encontrar un elemento inherente a la misma, una forma fija que sea compartida por todos los que sienten una filiación hacia ella.

El arte hace intentos por articular esa narración. Pero el arte mexicano no siempre habla de la mexicanidad, y el que sí lo hace, habla de una identidad que se presume concreta, pero que no acaba de poder comprender al vaporoso concepto que envuelve a todos los que nacimos en este país.

Lo mexicano narrado desde el arte contemporáneo

Por otro lado, las narrativas lineales — que se valen de lugares comunes y prejuicios para convocar a los sujetos que representan — han sido abandonadas por artistas que experimentan con técnicas contemporáneas. A través de ellas, imaginan y describen, simultáneamente, identidades fragmentarias: procesos inacabados o en construcción permanente, que se rompen y reconstruyen en cada momento. Las particularidades que enmarcan a estas identidades en “lo mexicano”, son formas históricas y culturales de ser que ejecutamos con el anhelo de reconocernos como parte de una comunidad. Son las formas que aprendimos de nuestras familias, de nuestro cine, televisión y también de nuestro arte. Pero no podemos evitar que estas formas, casi tradicionales, se desgasten y modifiquen al ser ejecutadas cotidianamente y al someterse a una realidad caótica.

Vale la pena narrar las vidas mexicanas desde las intenciones y los modos estéticos adoptados por los artistas contemporáneos, porque relatan con mucha fidelidad la experiencia de vivir, en este tiempo, dentro del marco de lo mexicano. Además, a partir del uso de nuevas técnicas y tecnologías, formatos y métodos de conceptualización, se puede seguir ensamblando patrimonio y construyendo memoria cultural.  

Resonar: lo mexicano narrado desde su propio surrealismo

La pieza de arte sonoro Resonar (2016) forma parte de un proyecto del Centro de Cultura Digital, que pretende investigar y experimentar con formas de generar escritura, de forma colectiva y a través de formatos múltiples. La pieza, conformada como un audiovisual — en donde el sonido es el protagonista —, fue diseñada por un equipo de once personas, coordinado por el artista tapatío Israel Martínez, con la intención de trazar una narración sobre la Ciudad de México. El trayecto en la ciudad, la muerte, el habla popular y la gentrificación son los cuatro ejes que se despliegan en esta pieza interactiva. Los espectadores se convierten en usuarios mientras exploran el complejísimo plano múltiple, de imágenes y audios que conforman Resonar.

La pieza es una experiencia solitaria. El sujeto que se adentre en ella tiene la posibilidad de explorarla a su propio ritmo, desde su propia computadora. Además, se recomienda utilizar audífonos, para concentrar la atención sólo en los sonidos que los artistas eligieron y configuraron. El conjunto de audio e imágenes, conforman un todo sublime que maravilla y abruma. La complejidad de la pieza también reside en que las intenciones e inquietudes de once personas distintas, se conjuntan en un solo objeto artístico que es al mismo tiempo, unidad y diversidad. Mientras que uno la puede leer y experimentar como si fuera un solo discurso, no deja de presentarse como visión múltiple.

Como si se tratara de una película de David Lynch, la pieza presenta una visión surreal de la vida cotidiana en la capital mexicana, en donde sucesos que parecen sueños o alucinaciones se mezclan con eventos que se dicen reales, pero tienen una cualidad artificiosa o absurda, que les resta consistencia. De la misma manera, los sonidos conocidos de la calle, las personas, los automóviles y algunos fragmentos de música popular, son interrumpidos, a veces por sonidos sutiles e irreconocibles y otras por ruidos ensordecedores y casi indescriptibles.

 

El glitch o distorsiones en la imagen y audio, recuerdan también a un elemento de la mexicanidad contemporánea: momentos de absurdo y desorden que se mezclan con la normalidad del día a día. Los loops o repeticiones, parecen representar los componentes de la vida en México que se repiten una y otra vez, algunos que guardamos por nostalgia y cariño y otros que seguimos forzado, por costumbre, aunque ya no nos sirvan. Los huecos, los silencios, la alusión a lo oscuro, lo inhabitado e inhóspito, lo abandonado y peligroso y lo fantasmal, nos habla de las fugas, de los múltiples lugares de caos que parchamos y luego dejamos de lado. Por último, los exabruptos, las manifestaciones inesperadas de violencia, en representación de la muerte súbita.

La pieza mantiene un tono sórdido, pero es maravillosa en tanto que dialoga directamente con su entorno, involucrando a los sujetos que lo habitan, haciéndonos reflexionar sobre las cosas que significamos y las que decidimos olvidar, cuando narramos y nos narramos nuestra propia identidad, como parte de la Ciudad de México, o como miembros del país que esta capital representa.

¿Por qué narrar la identidad mexicana?

La forma en que narramos la identidad mexicana es también la representación que decidimos encarnar de lo que es y no es lo mexicano. Atreverse a reflexionar sobre lo sórdido, lo surreal y lo molesto de nuestras formas de vida a través del ejercicio del arte, es una manera de dialogar con ello y empezar a modificarlo. Hacerlo en conjunto, pero sin llegar al consenso, asegura que la pregunta por la identidad mexicana no deje de ser un asunto comunitario, pero siempre diverso, siempre cambiante, en choque y en construcción.

Experimenta resonar aquí.

*Imágenes: capturas de la pieza audiovisual “Resonar” – centroculturadigital.mx

Artistas crean música con el magnetismo del meteorito de Chihuahua

Traduciendo el campo electromagnético de este meteorito, en la capilla del Museo Ex Teresa Arte Actual, se produce música encandilante.

De entre los meteoritos famosos de México, están el de Bacubirito, de Sinaloa, y otro descubierto en el siglo XVII cerca de Jiménez en Chihuahua. Este último fue llevado a la Ciudad de México a finales del siglo XIX.

Por sus minerales, un meteoro tiene una dinámica especial con el campo magnético de la Tierra, lo anterior hace que generen ellos mismos un campo magnético fuerte. Este último suele medirse, aunque en esta ocasión de manera distinta: el proyecto Sideral, con motivo del año dual México-Alemania, ha desarrollado una manera de medir el campo electromagnético pero además convertirlo en notas musicales.

Meteorito guanajuato musica

Para ello fue construido un instrumento que interpreta la variaciones del campo magnético del meteoro y envía a un programa los datos a los que les es asignados sonidos.

Este meteorito pesa 3.3 toneladas. Según la artista mexicana Marcela Armas:

El objetivo era hacer una lectura del campo magnético de un meteorito, entendido desde nuestra perspectiva como la lectura de una memoria, de la historia de una roca que viajó por el universo y que llegó a nuestro planeta.

La música que llena la capilla del Museo Ex Teresa Arte Actual lleva sonidos inspirados en la música rarámuri, por el lugar donde fue hallado, tierra que pertenece a este grupo indígena.

Curiosamente este proyecto artístico podría ser un aliciente para la ciencia ya que la interpretación del campo electromagnético pordría ser una nueva manera de estudio de los cuerpos celestes, según declaraciones de Daniel Flores, científico del Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM):

Hay técnicas en las que se cortan y se estudian sus propiedades magnéticas; ahora se vislumbra un modo de estudio de la totalidad del meteorito a través de la medición de la interacción del campo magnético de la tierra con la de sus minerales.

 

*Imágenes: 1)EFE/ Mario Guzmán; 2)enlacedigitalbajio.com

El improbable y asombroso Lago Rosa de Yucatán (FOTOS)

El Lago Rosa en el pueblo Las Coloradas se formó gracias a los depósitos de sal del lugar; sus colores despliegan una paleta de pasteles como muy pocas en el mundo.

En ocasiones la intervención del hombre en los lugares naturales puede resultar en algo muy bello. Uno de estos casos, no tan conocidos, existe en la Península de Yucatán. Sobre todo en los últimos años, gracias a redes sociales como Instagram, ha ido dándose a conocer un precioso lago rosa en el pueblo conocido como Las Coloradas.

En este pueblo pesquero la industria salina es muy importante. Los depósitos de sal que han sido creados han formado un lago cuyo color rosa se debe a las altísimas concentraciones de sal, y también al plancton rojo y a la proliferación de halobacterias cuyo color púrpura resulta en el rosado del agua.

Aunque Las Coloradas es prácticamente desconocido, a su lado se encuentra la Reserva de la Biósfera Ría Lagartos, hogar de cientos de flamencos y una de las zonas protegidas naturales más hermosas de México.

Los colores de el Lago Rosa o Laguna Rosa (como le llaman los locales), contrastan con los montículos de sal, blancos refulgentes; los cielos de distintos tonos según la hora y los turquesas del Caribe de la zona. Este lago, creado de algún modo por el hombre, ha devenido en un precioso paisaje pastelizado, regalando una de las gamas cromáticas más improbables  en el mundo. Existen pocos lagos rosadoso (en Australia y Senegal, por ejemplo), y México tiene uno de ellos en una de sus zonas naturales más arrobadoras.