7 joyas imperdibles que se presentarán este año en el Festival Internacional Cervantino

El Festival Internacional Cervantino (FIC) es el encuentro cultural y artístico más notable de América Latina, se lleva a cabo del 2 al 23 de octubre.

Durante más de cuatro décadas El Festival Internacional Cervantino ha sido foro de las expresiones más vitales del arte tradicional y contemporáneo. Este 2016, para su cuadragésima cuarta edición, el FIC llevará a cabo la celebración más importante a nivel mundial en homenaje a Cervantes, al dar cita a las más destacadas expresiones de teatro, música y danza en torno a este autor, al tiempo que abrirá múltiples espacios de reflexión y discusión sobre su obra y vigencia.

El Festival Internacional Cervantino este año tendrá como invitados de honor a España y Jalisco. Presentamos las 7  joyas imperdibles que se presentarán este año en el Festival Internacional Cervantino:

  1. Tessa Blomstedt no se rinde (teatro)/ Volksbühne am Rosa-Luxemburg-Platz/ Alemania.

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Christoph Marthaler es considerado uno de los grandes referentes del teatro alemán. Se describe como grotesco y anticuado, sus personajes cantan y bailan mal, algunos galerones vintages creados por la diseñadora Anna Viebrock. En esta obra, la protagonista está a merced de los mecanismos contemporáneos para conseguir pareja: correos, bares de solteros, foros de internet; reflejando la soledad y la esperanza de todos los que abrimos alguna app buscando compañía.

  1. Diane Schuur (jazz)/ Estados Unidos.

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La llamada “primera dama del jazz”, es una de las cantantes del género más importantes de Estados Unidos. Heredera de Dinah Washington, es su haber cuenta con  23 LPs y dos premios Grammy. Ha hecho grandes colaboraciones con leyendas como Maynard Ferguson, BB King, Barry Manilow o Stevie Wonder. Para su presentación en el Festival Cervantino la acompañarán Ernie Watts en el saxofón, Reggie Jackson en la batería y Roger Hines en el bajo.

  1. Velvet Petal (danza)/ Scottish Dance Theatre y el Centro de Producción de Música Contemporánea/ Escocia-México.

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Es un espectáculo donde se conjugan muchas artes. La Scottish Dance Theatre, que cuenta con un gran prestigio mundial por tener en sus filas a bailarines de disciplina y técnica privilegiadas, realiza una coreografía inspirada en el trabajo fotográfico de Robert Mapplethorpe y el ciclo de vida de la mariposa monarca. Los acompaña el mexicano Centro de Producción de Música Contemporánea, obteniendo como resultado una bomba escénica llena de riesgos, prodigios y musicales a escena.

  1. Artrageous (artes escénicas)/ Nuevo México, Estados Unidos.

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Este espectáculo emula los action painting de Jackson Pollock o los happenings de los sesenta, en el escenario se puede ver a pintores, bailarines, acróbatas y cantantes. Se escucha música pop y rock mientras en tiempo real se pintan lienzos: retratos de iconos pop, intervenidos desde el calor del espectáculo, desde brochazos toscos hasta pinturas fosforescentes, que atacan a cantantes y bailarines; la experiencia pictórica se une a la música, la danza, los títeres y el canto, estimulando los oídos y ojos de los espectadores.

  1. El venado azul (música huichol)/ Jalisco, México.

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El Venado Azul es un grupo Wirikuta,  del territorio sagrado que se ubica en medio de la Sierra Madre de Jalisco, este grupo en particular tuvo el deseo de que la gente conociera y bailara su cumbia norteña con toques de huapango, cantada en huichol. Con su ritmo y su vestimenta, esta banda tiene la encomienda de hacer arte y llevar un mensaje de diversidad e inclusión por parte de las culturas originarias de México.

  1. Proyecto Ruelas (teatro)/  Guanajuato, México.

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Con teatro comunitario, pobladores de los municipios de León, San José Iturbide y Salamanca tendrán eventos especiales de teatro durante la XLIV edición del FIC. Gracias a Juliana Faesler, Luis Martín Solis, Raquel Araujo y Sara Pinedo, los municipios serán testigos de montajes teatrales.

El desarrollo de estas actividades de municipios de Guanajuato, se ha convertido en un modelo cultural que desde 2014 pone en alto el nombre del Festival Internacional Cervantino, acercando el arte y la cultura a todo el estado.

  1. Proyecto Beethoven (música)/ Emerson String Quartet y American String Quartet/ Estados Unidos.

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Hace dos ediciones que el Festival Internacional Cervantino está desarrollando este proyecto que busca interpretar la totalidad del repertorio de Ludwig van Beethoven. En la primera emisión se tocaron 32 sonatas para piano; en la segunda se presentaron sus nueve sinfonías,  ahora toca reproducir los 16 cuartetos de cuerdas. Los interpretan dos grupos: Emerson String Quartet, con 30 grabaciones, 9 Grammys y 3 Gramophones y American String Quartet, que ha grabado los cuartetos de todos los grandes del catálogo de música clásica.

Para más información sobre El Festival Internacional Cervantino puedes checar aquí los precios, sedes y  el programa o el Facebook oficial.

*Imagen:1) mexicoescultura.com

Campesinos mexicanos: los guardianes de nuestro vínculo con la tierra

Hemos desplazado a la tierra de nuestro imaginario, pero ¿sabías que con lo que producen los campesinos mexicanos podríamos alimentar a la mitad del país?

La diversidad natural en México es enorme. Y también la cultural. ¿Has pensado en la posibilidad de que exista una relación entre ellas?

No podemos evitar cargar de significado lo que nos rodea y, en ese sentido, si tanta vida nos envuelve, estamos deliciosamente rodeados de simbolismo. Así, está claro: a la tierra mexicana no le debemos solo nuestra seguridad alimentaria, también nuestro abanico infinito de tradiciones y manifestaciones culturales.

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¿Y quién resguarda este vínculo increíble entre los mexicanos y la tierra que habitan? Son los campesinos, los sujetos que se encargan de cultivar nuestra biodiversidad (y tal vez sin sospecharlo, también nuestra diversidad cultural).

Tenemos un vínculo indeleble con la tierra

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Nuestro vínculo indeleble con la tierra es innegable sobre todo si pensamos, por ejemplo, que nuestra gastronomía es fundamental para la identidad. Y en México, evidentemente lo es. Si hay algo que compartimos (sin importar particularidades como la clase social, sexualidad, etnia, lengua y más) es el maíz. Y si le rascamos tantito, la otra cosa que compartimos es el chile y si le insistimos, tenemos al frijol.

Claro que en gustos se rompen géneros. Pero es claro que todos los mexicanos tenemos una conexión estrecha con los alimentos de nuestro campo. Y esa conexión, que para algunos es sagrada, para otros pasa desapercibida; pero está ahí, reuniéndonos discretamente.

Así, aunque hemos desplazado al campo del gran imaginario cotidiano y colectivo (especialmente desde los medios), los campesinos se resisten a desaparecer, porque, aunque no lo sepamos, seguimos invocando a estos guardianes.

También en Más de México: ¿Qué es el maíz nativo y por qué todos deberíamos estarlo consumiendo?

No solo protegen la conexión, también la diversidad biocultural

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La milpa, el sistema ancestral de cultivo (y sin duda ecosistema ideal) también es una estrategia de resistencia que defiende la diversidad de lo que se siembra, frente a los esquemas de agricultura extensiva, de monocultivo y que utilizan semillas transgénicas.

En ese sentido, los campesinos mexicanos mantienen la diversidad genética de las plantas, especialmente del maíz. Además de sembrar comida, están secretamente encargados de evitar la desaparición de nuestras especies endémicas; un servicio por el que no les estamos agradeciendo suficiente.

¿Sabías que en México hay casi 60 variedades de maíz y que todas se la debemos a una tradición campesina milenaria que se ha encargado de cultivar, proteger y asegurar la variabilidad de la planta? Los campesinos conocen los procesos de la tierra, de las plantas, de los animales y los insectos y los traducen en ciclos de vida ligados a su propia existencia; desde la forma en la que organizan su día a día, hasta sus fiestas religiosas, comúnmente definidas por el calendario de siembra.

Olvidarse de la tierra es olvidarse del cuerpo

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Por otro lado, nos estamos olvidando de la tierra. Se puede decir así, porque, en general, ya no aspiramos a ella; es decir, ya no añoramos trabajarla y son pocos los estímulos que nos invitan a volver a ella. Pero ¿has pensado que cuando te olvidas del campo, también te estás olvidando de tu cuerpo?

Podría parecer una asociación forzada, pero si dejas de pensar en cómo se está administrando y cuidando la tierra, dejas de enterarte sobre qué es realmente lo que estás comiendo, qué tipo de procesos (sociales, políticos, económicos y también agrícolas) dan lugar a tus alimentos. Al mismo tiempo, delegas el cuidado de tu vínculo con la tierra a otros que no reconoces. ¿Te imaginas, por ejemplo, un México sin tortillas? Por otro lado, ¿qué estás haciendo tú para cuidar el maíz?

Los campesinos son figuras que asociamos a clases sociales o a momentos de la historia determinados, que aislamos de la realidad colectiva, pero, la verdad es que, aunque pasen desapercibidos, ellos están haciendo por nosotros mucho más de lo que imaginas.

La realidad: los campesinos podrían alimentar a la mitad del país

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Un estudio reciente de la CONABIO se dedicó a probar la importancia real del trabajo de los campesinos como productores de alimentos y también como guardianes de la biodiversidad, especialmente del maíz. Demostrando que la agricultura campesina podría alimentar a más o menos 54.7 millones de personas en México, el estudio define el trabajo de los campesinos como un componente vital para obtener seguridad alimentaria en el país.

Este reconocimiento simbólico, pero también económico y político, es urgente. Los consumidores tenemos que empezar a cuidar a nuestros campesinos, así como ellos nos cuidan a nosotros y a nuestra diversidad biológica y cultural.

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Para ayudarles, podemos empezar apoyando a los pequeños productores, comprando productos hechos con plantas nativas (como buenas tortillas hechas con maíces no transgénicos); podemos pensar nuestras dietas con base a lo que se produce de forma local, y, sobre todo, apoyar el comercio justo. Tenemos que remunerar a estos guardianes.

Por otro lado, el estudio de la CONABIO señala que otro riesgo es que “la población campesina está envejeciendo”, esto quiere decir que los campesinos son sujetos de generaciones anteriores y ya no hay jóvenes en el campo. Pero ¿sabías que tienes derecho a ser campesino? ¿Que podrías sembrar tus alimentos? ¿Que puedes hacerlo en pequeña escala, incluso en el más pequeño departamento? ¿Sabías que puedes tomar esa responsabilidad y convertirte también en guardian de lo diverso?

La tierra nos está llamando y ya no tan discretamente nos susurra: haz milpa.

También en Más de México: ¿Y tú comes la tortilla que crees que te mereces?

*Imágenes: 1) Tzitziki Talue; 2) Karla Zepeda; 3) No especificado; 4, 6 y 7) Redd+ México; 5) Juan Carlos Ibarra.

El terrible y bello ritual de la muerte, la mirada fotográfica de Enrique Metinides (FOTOS)

Enrique Metinides, uno de los mejores fotógrafos de México y su visión única al retratar la muerte: un rito del que todos somos parte.

Vivimos la muerte como respiramos la vida. Las fotografías de Enrique Metinides son la prueba. Metinides es conocido por ser el primer fotógrafo mexicano de la nota roja, pero su legado va más allá. A través de su lente precoz se encuentra la mortandad en los momentos más cotidianos e inocentes. El capturar la vida y el deceso es un ritual que realiza con precisión quirúrgica y religiosa. A la vez que retrata cabezas cercenadas o  cadáveres de suicidas, produce un hallazgo inesperado: el valor sagrado de la vida aún cuando está ausente.

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La veneración de la vitalidad, gracias a la muerte, es un rasgo mexicano que Metinides supo manejar y mostró que, la idiosincracia de nuestros antepasados, está muy presente. Sus personajes son una reinterpretación de los huesos de pan y las calaveras de azúcar. Sólo que en sus fotografías,  los cráneos y  huesos sí son humanos. Representan la fragilidad a la que el mexicano se enfrenta cada día.

Desde fotografías sobre accidentes automovilísticos, la mutilación infantil, hasta la caída de una mujer de un rascacielos. Ninguna tragedia escapa a este fotógrafo de ojos curiosos, quien considera como una de sus principales influencias el cine estadounidense. Sobre todo, las películas de gángsters, la precisión en la que colocan un muerto en escena y su violencia. Su afición por las secuencias de brutalidad y muerte  lo acompañaron desde infante, pero con su cámara fue más allá. Aún así, el agradecimiento al séptimo arte de Hollywood siempre fue explícito. 

“La calle donde yo vivía, San Juan de Letrán, tenía muchos cines y me gustaba ir yo solo, y ver las películas de Edward G. Robinson y Humphrey Bogart. Pienso que el cine y la luz de esas películas fueron lo que más me impactó”.

 

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El “niño”, como solían decirle, empezó su incursión en la fotografía mortuoria desde muy pequeño. Su padre, un humilde vendedor, se encargaba de comerciar con rollos fotográficos. El día en que le obsequió a Enrique su primera cámara, ya fuera por embrujo o fortuna, había sellado su destino. Su primera fotografía capturó un accidente de coche. Después de ello, las calles de la Ciudad de México comenzaron a ser retratadas con su mirada infantil. Empezaron a publicar sus fotografías a los once años y fue el reportero gráfico de nota roja más joven de la historia. Ningún detalle pasaba desapercibido a este pequeño artista, sobre todo la muerte. Aquel tema que muy pocas veces los mexicanos se atreven a encarar, a no ser que sea en el Día de Muertos. 

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La técnica con la que Enrique retrata la muerte recuerda el ritual con el que los mexicanos la honran. A diferencia de los europeos o estadounidenses, quienes la tratan con el desagrado hacia lo desconocido, el mexicano se abraza a ella, la celebra y hasta se mofa de su tragedia. La familiaridad con la muerte parece llevarse en la sangre. Aunque, como en toda relación, hay una paradoja. Inclusive en la cercanía más profunda, hay un atisbo de desapego. El burlarse de la muerte, y la desgracia que acarrea, también es una manera de distanciarse del dolor que provoca. El mexicano, al incordiar la muerte, no sólo la ridiculiza. La observa de una manera desencarnada, y el miedo a su presencia, hace imposible apartar la vista de sus eventos violentos. Las aglomeraciones de gente alrededor de accidentes lo demuestras y Metinides lo sabe:

“He visto tiroteos, ahogamientos y apuñalamientos. Una persona moría y su familia se quedaba sin ingreso, o un hombre terminaba en prisión y su familia sufría por eso.  He visto fuegos y explosiones y todo tipo de desastres, pero lo que siempre me fascinaba era la gente que venía a ver. Los Metiches, mirones, curiosos, chismosos” 

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El marcar una distancia entre la muerte y el que la festeja, también fue indispensable en el estilo de Enrique. Su visión como espectador siempre estuvo clara. Es una mirada, como muchos dicen, a la tragedia de los eventos. Pero, más que nada, es una alabanza y apología a la fugacidad de la vida y el instante eterno de la muerte.

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El capturar la muerte  y volverla parte de su estética, es un tema del que Metinides está muy consciente. Para retratarla y apreciar su esencia, es igual de necesario valorar la vida. Cuando se observan sus fotografías, más allá de sentir el alivio de no experimentar en carne propia la desgracia, es una contemplación de lo que podría suceder. Una mirada al futuro, el paso de la vida a la muerte para volverse uno con la eternidad. Es sólo en este instante, cuando al mirar las fotografías de Metinides, se lleva a cabo un ritual. Lo desee uno o no, la muerte es parte de la vida, pero gracias a las fotografías de Enrique Metinides, se tiene la oportunidad de crear una reacción hacia la muerte. Más que padecerla, la estamos viviendo

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Miranda Guerrero
Autor: Miranda Guerrero
Estudió la carrera de Letras Hispánicas en la UAM Iztapalapa. Su carrera artística involucra tanto narrativa, poesía y elaboración de collages.

¿Por qué amar a México a través de experiencias y no lugares?

Tomando en cuenta estas nobles razones quizá tu próximo viaje a través de México te regale otra perspectiva. Una perspectiva, sin duda, dotada de valores de cultura.

Alerta una peculiar teoría naturalista que el hombre es el reflejo del ambiente en el que vive. Sea por la estrecha relación de las condiciones meteorológicas con la salud y fisiología, o en tanto que su geografía define ciertos modos culturales de extenderse en el espacio; el hombre puede ser el clima y el territorio que habita en la medida en que se funde con ellos.

Resulta interesante conectar esta concepción con México y sus mexicanos: un México donde los climas son distintos y dispersos, y donde la cantidad de escenarios discrepantes contrastan la belleza de una diversidad biológica y cultural que en esencia es innata. Desde la más límpida geografía de sus desiertos y la espesura de un valioso bosque mesófilo, hasta los fortísimos vientos que cruzan ambas superficies; las incontables veces que la lluvia se apropia del territorio y le vuelven tropical por excelencia; un territorio que se sabe abrazado por una extensa cordillera de montañas, muchas de ellas de esencia sulfurea. Así se describiría a grandes rasgos también el mexicano. 

Reconocer, por consecuente, que en México las experiencias las protagonizan no solo los espacios, sino la leyenda, la ofrenda, los lenguajes y las muchas máscaras del mestizaje –tan rico en formas étnicas como en mezclas cuasi-occidentales–. Que los mexicanos somos nuestro lugar, en la medida en que rendimos culto a los bellísimos procesos de la naturaleza (y damos gracias en miles de formas y tradiciones populares), a veces de manera inconsciente, y descubrir que las bases de toda filosofía antigua mexicana –la del México profundo–, se sujetan de fenómenos psico-climáticos de corte mágico, porque “las causas iniciales [de todo aprendizaje] están en el ambiente y permanecen allí” (Skinner).

Partiendo desde este umbral es fácil conectar con la idea de que México es, más allá de un destino turístico para contemplar, una suerte de anima difusa que no se ve, pero se vive y experimenta distinto en cada paisaje mexicano y en cada psique según su nacionalidad.

Encaminándonos a la franca premisa que defendemos en el título de este texto –¿Por qué amar a México a través de experiencias y no lugares?– las razones por las que se reconoce a México no son del todo geográficas o folclóricas (entendiendo esta palabra como lo comunitario, cultural e incluso teológico). Éstas comparten lugar también con el espectro axiológico; con el anímico, el metafórico, el cosmogónico, el onírico, el ritualista, el caótico y el sensible también, pero sobre todo con el axiológico. Aquello es fundamentalmente su riqueza.

Como bien evidenció alguna vez Carl Lumholtz, etnógrafo y explorador noruego, en su libro México desconocido, nuestro territorio ofrece irrevocables tesoros esencialmente en su comunidad y sus valores. En esas gentes que, permeadas de una gentileza asombrosa, nos comparten sus secretos de cultura cada vez que visitamos un rincón de México: “Encuentro a los mexicanos más corteses que ninguna otra nación de aquellas con que he estado en contacto”, decía, y añade:

Todo el que viaje a dicho país bien recomendado, y se porte como un caballero, puede estar bien seguro de quedar agradablemente sorprendido de la hospitalidad y solicitud de todos, altos y bajos, y de que no es una vana frase de cortesía la empleada por el mexicano que “pone su casa à la disposición de Ud.”

      Guanajuato es una ciudad con tantos detalles como historias.

Así como el prestigiado Lumholtz destacó esta notable virtud de la tierra mexicana, autores como Antonin Artaud, Jack Kerouac o el admirable Fernando Benitez, evidenciaron en sus diarios de viaje esas otras riquezas que subsisten en México, y que solo el sensible será capaz de aprender de ellas, una vez montado en su travesía por México:

“Centro del opio del Nuevo Mundo, comí tortillas con carne en la selva, en cabañas de palos a la africana, con cerdos frotándose contra mis piernas; bebí pulque puro de un cubo, recién traído del campo, de la planta, sin fermentar, la leche pura de pulque te hace reír, es la mejor bebida del mundo. Comí frutas desconocidas, erenos, mangos, de todas clases. En la parte trasera del autobús, mientras bebíamos mezcal, canté bop para los cantantes mexicanos que sentían curiosidad por saber cómo sonaba; canté Scrapple from the Apple e Israel de Miles Davis”, escribió en una carta Jack Kerouac a William Burroughs, cuando pasó por Culiacán.

En otro momento, escribía Antonin Artaud, a propósito de su viaje a la Sierra Tarahumara, que:

“La cultura racionalista de Europa ha fracasado y he venido a la tierra de México para buscar las bases de una cultura mágica que aún puede manar de las fuerzas del suelo indio… La mitología de México es una mitología abierta. Y México, el de ayer y el de hoy, posee también fuerzas abiertas. No es necesario indagar demasiado sobre un paisaje de México para sentir todo lo que sale de él. Es el único lugar del mundo que nos propone una vida oculta, y la propone en la superficie de la vida.”

Tomando en cuenta estas nobles razones quizá tu próximo viaje a través de México te regale otra perspectiva. Una perspectiva, sin duda, dotada de valores de cultura.

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*Imágenes: 1) Rosa Merman – flickr / Creative Commons; 2) Israel Gutiérrez; 3) flickr – Creative Commons; 4) Archivo Más de Mx; 5) Collage de Jaen Madrid

Jaen Madrid
Autor: Jaen Madrid
Licenciada en Derecho por la UNAM. Editora por profesión. Música por convicción.