Las enseñanzas rarámuri para sostener el cielo (sobre el poder de los 4 elementos)

Las enseñanzas meteorológicas de los antiguos rarámuri –los pilares del cielo y la tierra– para retomar nuestra responsabilidad ecológica y espiritual con los 4 elementos.

Desde tiempos antiguos, los gobernantes rarámuri, los isérigame, consideraban a los hombres de su tribu como Las columnas del cielo y de la tierra. Esta bella metáfora alude a la responsabilidad que los tarahumaras se forjan ante la naturaleza y ante lo sobrenatural de la misma; ante el mundo que los rodea y, por consiguiente, ante los elementos naturales, aceptando desde una concepción profundamente humanística, su misión como pilar del cielo y la tierra en el transcurso por la vida. De hecho, entre los rarámuri se ha creído que si como columna no se respetan las leyes de la naturaleza, el cielo se caerá sobre el mundo –una referencia muy bella a lo que concebimos actualmente como el cambio climático, y que a la par no es otra cosa sino producto del desequilibrio emocional y espiritual de los seres humanos.

Por la sagrada tradición oral que se transmitió de generación en generación, hoy podemos saber que los rarámuri se han valido de una serie de principios universales como este. Conceptos que deben normar categóricamente la vida de cada habitante de su pueblo y que en seguida se trata de un paradigma primitivo (relativo al origen) que como muchas otras ciencias del espíritu se apoya en la capacidad de observación de sus pilares ancianos, los más sabios.

La relación espiritual de los tarahumares con las entidades que imperan los fenómenos naturales –los que equivocadamente o por convicciones más benéficas, los españoles tradujeron como entes demoniacos–, es de las más comunes que pueden apreciarse entre las culturas milenarias, sin embargo han sido de los pocos pueblos que han logrado pervivirlas por medio de la palabra, a pesar del tiempo y las circunstancias.

tarahumaras1Así lograron lo impensable. Protegidos por las temibles sierras y montañas, aislados de la influencia católica, mantienen hasta hoy sus ritos y costumbres, pese a que han sido brutalmente atacados y obligados a migrar a las zonas más áridas y de difícil supervivencia, debido a la explotación de minas y de compañías madereras desde la colonia y hasta nuestros días.

Gracias al trabajo antropológico de autores como Luis González Rodríguez, hoy podemos deleitarnos con la cosmovisión rarámuri. El mito de “Las columnas del cielo y la tierra”, se encuentra apoyado por una serie de relatos místicos que González recopiló directamente de la palabra de viejos sabios de la cultura, en el año de 1987.

Estos relatos reúnen su concepción de los elementos naturales, transmutándola hacia espacios e ideas sobrenaturales que, a pesar de su corte fantástico, no restan en absoluto su valor como hechos reales. Atendiendo al trabajo de campo de González, los 4 elementos se describen como:

El mundo y la Tierra (o gawi y wichimoba)

Dicen que es circular como tambor y no se puede ver mas allá de sus orillas. En sus confines hay columnas que suben hasta el cielo, para que no se caiga el techo. Dicen que detrás de sus columnas se puede llegar a donde mora onorúame, “el que es el  padre”. 

Los gobernadores indígenas suelen decirle a su gente: Tengamos cuidado de nuestro mundo, cuyos pilares en verdad somos nosotros. El tarahumar, en su gentileza, cree que si se bautiza en la religión cristiana ellos como columnas se resquebrajarán y el firmamento caerá sobre ellos; representaría el desplome del sol y de la luna.

La tierra también les provee del hícuri (peyote) con el que se establece una comunicación ritual de salud, aprendizaje y sanación.

El etnógrafo noruego Carl Lumholtz, quizá la fuente más antigua de occidente en estos temas, menciona a propósito, una tradición tarahumar sobre el origen del hombre: “La gente brotaba del suelo cuando la tierra era plana como un campo listo para sembrarse, pero en aquellos días, los hombres solo vivian un año y morían como las flores”.

El agua (ba´wi)

El tarahumar ha sido dueño de su tierra, aunque después de la conquista y en pleno siglo XXI haya sido despojado de la mayor parte. En casi toda la sierra hay agua en tiempo de lluvias, el agua solo la puede dar “onoruame” por eso recurren a el con sacrificios de animales y danzas. El agua tiene relación con la tierra y todo lo viviente sobre ella.

En un texto de Joseph Neumann que data de 1686, se lee que los tarahumaras atribuyeron las granizadas que destruyeron sus siembras “a que no veneraron al sol y la luna con sus danzas y cantos”, ya que el agua también tiene relación con el viento, las nubes y el cielo.

Precisamente durante la temporada de sequias se valen de los pocos manantiales que encuentran, los cuales son concebidos como umbrales al inframundo subterráneo. 

El mito sobre el nacimiento del pueblo raramuri más contemporáneo menciona que cuando el mundo se llenó de agua, una muchachita y un muchachito subieron a una montaña llamada lavachi, situada al sur de panalachit, de la que descendieron cuando el agua hubo bajado, llevando consigo tres granos de maíz y tres de frijol, después del diluvio las rocas estaban blandas y quedaron las huellas de los niños. Plantaron el maíz, se acostaron y tuvieron un sueño, después cosecharon, y de ellos descienden los tarahumaras.

Fuego (na’i)

El fuego es el elemento sagrado y representativo de las tribus nómadas del norte. Para el tarahumar, se da en la tierra como en el cielo, y es un factor de sobrevivencia y protección. Hay fuego controlado por el hombre y fuego celestial (ambos dan luz y calor).

También se le ha llamado rayénari o el sol, al que también nombraban como Onorúame, “el que es el padre”, venerado como dios supremo. Junto a la idea del fuego predominan la claridad y la brillantez. 

El aire (Eka)

El viento sopla, limpia la basura de los granos. Es vital el aire que respiramos para tener alma (Arewa), el alma es aliento, respiración es espíritu. Sin alma el hombre no puede vivir. El aire posibilita la respiración humana, la de los animales y las plantas, el alma como el aire son invisibles pero indispensables para la vida humana y sus creaciones.

Antonin Artaud la cultura eterna del pais de los Tarahumaras

Como puede observarse, el pensamiento rarámuri sobre los elementos naturales revela el compromiso del hombre, no solo ante el mundo que habita, sino también ante el creador del mismo. El tarahumar tiene una gran responsabilidad de cuidar del mundo y sostenerlo. Los que antes vivieron así lo comunicaron.

Mucho falta por descubrir del insondable y misterioso pensamiento tarahumar, que en estos tiempos en que el hombre occidental –urbanizado y creyente absoluto de la ciencia y la tecnología–, está terminando con esa relación innata del ser humano. Por otro lado, con estos relatos los tarahumaras nos revelan una enseñanza universal que aconseja, evitar la catástrofe que el hombre ya comenzó con el cambio climático, mediante del respeto a los sagrados elementos.

Pero, como menciona Leví-Strauss en su libro Mito y significado, “los mitos al procesarse por medio de la escritura se transforman en historia”, se presentan recompuestos y sometidos, ya no es, en esencia, el mensaje de la reproducción oral de origen. Y en este sentido, solo nos queda seguir practicando este gran don que como cultura hemos generado: el conocimiento límpido a través de la oralidad.

 

/ Autor: Josue Madrid

*Estos relatos han sido sintetizados desde textos más amplios y grabaciones en rarámuri proporcionadas por el maestro tarahumara Erasmo de Tuchéachi, y finalmente traducidas por el etnólogo mexicano Luis Gonzalez Rodriguez.

*Imágenes 1) loqueveomientrascorro.com; 2) Wikimedia Commons; 3) Archivo Más de MX

La fantástica historia de la familia migrante que encontró a Jesús en una tortilla

El “mito urbano” del Cristo que se apareció en una tortilla es el acontecimiento real —divino o no— que marcó para siempre la historia de una familia mexicana al otro lado de la frontera.

Las tortillas tienen una dimensión sagrada. Aunque casi nunca las tratamos desde ese lugar, porque nos parecen perfectamente cotidianas. Pero, pensemos que, tal vez, este sencillo alimento es la única cosa que tenemos en común todos los mexicanos. Eso debe ser una cualidad mística.

Aunque una tortilla, entre todas las del mundo, ha sido, desde que salió del comal, motivo de adoración, polémica, misterio y otras pasiones. Se trata de la tortilla en la que se apareció el rostro de Jesús. Y no, no estamos hablando de un “mito urbano”, sino de un acontecimiento —divino o no— que marcó para siempre la historia de una familia mexicana al otro lado de la frontera.

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Angélica, su mamá y la tortilla.

La historia es muy peculiar y siempre es contada con asombro o entre risas; pero, recientemente, la revista Eater publicó la versión de Angélica Rubio, hija de la mujer que puso al comal la tortilla más famosa del mundo.

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Cristo en el Comal

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La tortilla…

“Mi madre fue la primera persona en descubrir la cara de Jesús en una tortilla  —haya sido o no una señal de Dios, esto cambió nuestras vidas.” Fue en octubre de 1977 cuando María Morales Rubio —mujer que había migrado junto a su esposo desde Ojinaga, Chihuahua hasta Lake Arthur, New Mexico en 1950— estaba haciendo el desayuno (burritos de tortilla de harina, frijoles, huevos y chile verde) cuando descubrió en una de sus tortillas una mancha muy particular.

Era “pequeña, pero inconfundible”, describe Angélica, y la devoción católica de María lo confirmó inmediatamente: la quemada en la tortilla tenía la forma exacta del rostro de Cristo. “Hasta este día, mi mamá no puede describir exactamente lo que sintió —escalofríos y una combinación de ‘extraña, alegre y con miedo’— pero, más que nada ella experimentó un llamado profundo a quedarse con la tortilla.”

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La tortilla sagrada.

Y así lo hizo. Rápidamente el chisme se corrió por todo el pueblo y el siguiente día ya había cientos de personas formadas, esperando para ver el milagro, “buscando creer en algo”. La familia terminó por construirle a la tortilla una pequeña capilla, donde reside junto a imágenes de la virgen y otros iconos sagrados que los cientos de visitantes van a depositar junto a ella.

El asunto se transformó en un fenómeno del que probablemente ya habías escuchado. En Estados Unidos, Oprah Winfrey habló de él en un programa suyo, fue referenciado en un capítulo de Los Simpson, y en 2005 se estrenó una película extrañísima que se llama “Tortilla Heaven”, que retrata hiperbólicamente esta historia. Cientos de personas han encontrado a Jesús en sus comidas. ¿Pero habrá un significado superior a la aparición?

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La tortilla es sagrada porque es un punto de anclaje para la identidad

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La pequeña capilla donde está la tortilla.

“La historia, por ridícula que sea, es realmente significativa para mi familia.” En muchos sentidos el proceso de migración había tenido efectos adversos sobre los Rubio, pero la tortilla refrescó mucho las cosas y ayudó a que encontraran su lugar en este terreno indescriptible que es la frontera permanente que habitan los migrantes.

Para Angélica Rubio (hija menor de la familia), la tortilla era, por otro lado, un extraño motivo de vergüenza y enojo. Le molestaba profundamente cómo se explicaba la historia en la cultura popular y que se entendiera a su familia a través de estereotipos nefastos (como los que se aprecian en “Tortilla Heaven”. Pero al final, la tortilla se transformó en un punto de anclaje para su identidad y un recordatorio sobre lo que ella es y quiere construir con esa posibilidad.

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Angélica, su mamá y la tortilla.

Angélica termina su genial texto diciendo: “Hoy me desempeño en la legislatura estatal de New Mexico, que representa a la ciudad fronteriza de Las Cruces en la trinchera de los desafíos que enfrentan nuestras comunidades a lo largo de la frontera entre México y Estados Unidos. Cada vez que tengo la tentación de perder la esperanza, la vuelvo a encontrar pensando en cómo mi madre recuperó la suya a través de una milagrosa quemada en una tortilla a mano recién hecha.”

Lee más textos de Angélica Rubio, la Niña de la Tortilla, aquí.

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Rituales mexicanos para poner el clima a tu favor

La poética conexión que guardan algunos pueblos mexicanos con la naturaleza les regala una mística ventaja: la posibilidad de predecir y controlar el clima.

La poética conexión que guardan algunos pueblos mexicanos con la naturaleza les regala una mística ventaja: la posibilidad de predecir y —si los dioses escuchan— controlar el clima.

Y es que entre algunas comunidades, aún vibra una noción muy orgánica que dicta que las fuerzas abstractas del medio ambiente tienen voluntades propias —igual que las voluntades humanas— y podemos apelar a ellas, pidiendo que beneficien los ciclos que más convienen a nuestra existencia.

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Para llamar y complacer a estas voluntades, se realizan profundos rituales y sacrificios. Y, aunque su efectividad pareciera estar perdiendo potencia —mientras experimentamos el fenómeno que conocemos como cambio climático— tal vez sea más importante que nunca realizarlos, por lo menos como un recordatorio de lo conectados que estamos a la vida de la Tierra, en todas sus dimensiones.

Te presentamos, entonces, algunos rituales mexicanos que podrían ayudarte a poner el clima a tu favor.

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1: Barbacoa ritual para asegurar el buen tiempo

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En el poblado de Petlacala, en Guerrero, la petición de lluvias se realiza el 1 de junio. Consiste en el sacrificio ritual de dos chivos que se ofrendan al Sol, en la ladera del cerro Tonalixcatzingo. En este sitio hay una oquedad circular en la montaña llamada caltonaltépetl o “casa del Sol”. Ahí se vierten la sangre de los animales y mezcal.

Además, se depositan dentro los corazones de los chivos para ofrendar a una “culebra” que habita el sitio sagrado y que también tiene injerencia sobre las lluvias. La carne de los animales se prepara en barbacoa y es consumida de forma colectiva por la gente del pueblo.

2 Sacrificio para pedirle a los “angelitos de la lluvia”

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También en Petlacala se realiza otro sacrificio que se repite en distintas partes de Guerrero. En el caso de este pueblo se acude a un sitio llamado Yeyecacíhuatl (que significa mujer del viento) y ahí se sacrifican gallinas y guajolotes y se montan ofrendas.

Después de desplumar a las aves, se les extraen las vejigas, se inflan como globos y se cuelgan en árboles cerca de las ofrendas, en dirección al sur. La mitología popular dicta que estos “globos” sirven de tambores a los “angelitos de la lluvia” y ellos los tocan para hacer tronar las nubes.

A la par, las mujeres danzan junto al altar, donde hay una cruz (el ritual está ligado a la celebración de la Santa Cruz) y el tlahmaquetl (hombre que media entre lo sagrado y lo terrenal) canta, mientras derrama con la boca mezcal sobre la tierra, imitando la lluvia.

3: Haciendo nubes

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En la comunidad mixteca de Santiago Nuyoo, en Tlaxiaco, Oaxaca los rezanderos realizan un precioso y sencillo acto ritual. Se trata de fumar tabaco para “hacer nubes”. El acto es cotidiano, claro, pero en el momento de petición de lluvias adquiere una conciencia muy particular.

4: Sangre para invocar a las aguas

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En distintas regiones de Guerrero, cada año se ejecuta un ritual muy particular. Jóvenes disfrazados de tigres se agrupan en “equipos” por barrios y armados con una cuerda anudada, pelean tan duramente como son capaces y hasta donde el otro aguante.

El fin último es que gotee la sangre, para fertilizar la tierra e intercambiar gotas de su propio líquido vital, por gotas de lluvia. Mientras combaten, gritan, imitando a los jaguares y en una hermosa analogía, a los truenos.

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El acto ritual es practicado siempre por hombres; pero en algunas regiones de Guerrero la tradición ha cambiado y no discrimina por género y edad y los golpes subliman deliciosamente las emociones de quienes tiran sangre y ganan lluvia.

5: Para protegerse de los rayos

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En las comunidades de Tlaxiaco, Oaxaca, muchos le temen a los rayos. Dicen que son malévolos y persiguen a las mujeres, invocan a las alimañas. También se sabe de sujetos que son capaces de transformarse en rayo y asesinan o lastiman a sus enemigos.

Así, para protegerse de los rayos durante una tormenta, se realizan pequeños rituales como plantar un machete en el suelo; arrojar sal al fuego o llenar la casa con las plantas y flores que fueron usadas para adornar la Santa Cruz.

6: Rituales para despedir a las lluvias

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El Día de San Miguel, 29 de septiembre, muchas comunidades mexicanas comienzan a despedir a las lluvias. En algunos pueblos se le pide a los “angelitos”, que son comandados por el arcángel Miguel, que se retiren a tiempo, pues si se quedan de más, la milpa podría arruinarse. Se acostumbra también poner altares con maíz o productos derivados.

Otra fecha importante es el 1 de noviembre, el día de Todos los Santos o Día de Muertos, cuando se comparten las cosechas con los ancestros, cerrando otro ciclo de fertilidad con la muerte.

*Fuente: “Aires y lluvias. Antropología del clima en México”, compilado por Annamária Lammel, Marina Goloubinoff y Esther Katz.

*Imágenes: 1) Crédito no especificado; 2) México Desconocido; 3) Alex Espejo; 4) Open Edition Journals; 5) Javier Barros; 6 y 7) Cristian Leyva; 8) theworldnews.com; 9) Fiveprime.

 

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Seres de la frontera: 40 tipos de brujos o magos del México antiguo

La tradición bruja es tan exquisita como antigua; este catálogo es sólo una probada de ese orgiástico linaje de magia y metafísica mexicanas.

La magia es algo latente en la realidad humana. Esto pareciera acentuarse cuando hablamos de la realidad mexicana. ¿Por qué? Tal vez se deba a las coyunturas históricas, multiculturales, de ecos que siguen imprimiéndose en la vida cotidiana; algo tendrá que ver con las particularidades meteorológicas o geográficas, o probablemente sea, sencillamente, un aspecto esencial de nuestra genética cultural –algo ubicuo, algo que “no podría ser de otra manera”–.

La riqueza ritual y metafísica de los “antiguos mexicanos” es bien sabida. Su vigencia, o literal trascendencia, se prueba al inspirar múltiples manifestaciones neo-místicas pero, también, al mantenerse en sus formas originales ahí, en rincones improbables, la mayoría discretos, y que por fortuna no son necesariamente accesibles para el resto de nosotros.

Los magos, brujos, hechiceros y otros, son figuras que navegan las fronteras entre esta y otras realidades –seres que se autocultivan al filo–. Y esa arena fantástica, pero plausible y con injerencia en esta, ofrece numerosas herramientas que pueden llegar a dominarse. Al menos, entre los antiguos mexicanos existía una compleja diversidad de funciones o habilidades sobrenaturales, las cuales eran practicadas por sus respectivos “especialistas”. 

Quizá la magia no sea territorio estéril ni uniforme; ese plano, al igual que este y probablemente otros, también exhibe una topografía intrincada, con ríos ramificados y caos geológico, con metáforas, tribus y jerarquías.   

Un catálogo de brujos nahuas

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El historiador Alfredo López Austin inventarió una buena cantidad de magos y brujos prehispánicos, específicamente del mundo nahua. “Cuarenta clases de magos del mundo nahua” (1967) no enlista, como advierte su autor, la totalidad de los linajes, pero sí los tipos “más importantes” entre los que ejercían estas artes. 

La distinción primaria en el ejercicio de la magia reside, como es de popular dominio, en el propósito original de su práctica: blanca o negra, para beneficio o perjuicio. Pero tras este plano vienen facultades particulares y ramificaciones minuciosas; por ejemplo, están los que hacen perecer algo con solo mirarlo, o quienes, por el contrario, devuelven la fuerza vital a una persona por medio del aliento. 

Tlatlacatecolos

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Amplia variedad de brujos, los hombres-tecolote, que “practicaban la magia en perjuicio de los hombres”; López Austin incluye trece variaciones en este grupo.

1. Tepan mizani “El que se sangra sobre la gente”.

Causaba la muerte por medio de su sangre (de verterla sobre la víctima).

2. Tlatztini “El que ve fijamente las cosas”

Mataba, literalmente, con la mirada. 

3. Flamatocani “El que toca las cosas”

Colocaba su mano sobre un bien para extraviarlo. 

4. Caltechtlatlacuiloani “El que pinta las paredes de las casas”

Por esta vía provocaba la muerte del dueño de la casa. 

5. Tetlepanqltetzqui “El que prepara el fuego para la gente”

Eliminaba a sus víctimas ya fuese codificando mediante un ritual alimento que posteriormente les convidaba, y morían; o recolectando su cabello y luego administrándoles, mediante este objeto, un hechizo de muerte.

6. Teyollocuani, tecotzcuani “El que come los corazones de la gente” o “el que come las pantorrillas de la gente”.

Inducía una perturbación de las facultades mentales de la víctima o un mal posiblemente muscular.

7. Momelzcopinqui “A la que se arrancaron las piernas” o “que se da golpes en las piernas”

Al parecer los practicantes eran mujeres “perjudiciales”; no se sabe más. 

8. Tlahuifruchtli  “El sahumador luminoso”

“Brujo que andaba de noche por las montañas echando fuego por la boca, o convertidos en fuego mismo, para asustar a sus enemigos y así infundirles locura o muerte.  

9. Nonotzale, pixe, teyolpachoani “El poseedor de conjuros”, “el dueño del depósito” o “el opresor del corazón de la gente”,

Según Sahagún, se trataba de asesinos a sueldo, que se ataviaban con la piel del ocelote.

10. Temacpalitotí, momacpalitoti, tcpopotza cuahuiquc “el que hace danzar a la gente en la palma de la mano”

Empleaban como instrumento una imagen de quetzalcóatl y el brazo de una mujer muerta de parto; iban a casa de sus víctimas, las dormían, robaban, violaban a las mujeres y luego cenaban tranquilamente.

11. Moyohualitoani “El que se acomide en la noche”

Atacaban sexualmente a sus víctimas, tanto mujeres como hombres.

12. Cihuanotzqui, xochihua, cihuatlatole “el que llama a la mujer”, “el que posee embrujos para seducir” o “el dueño de palabras para la mujer”.

Es, posiblemente, una variedad del moyohualitoani.

13. “El que trueca sentimientos” (No se encuentra su nombre en náhuatl)

Preparaban una bebida de maíz que, unida a los conjuros, cambiaba los sentimientos en una persona, de odio a amor y de amor a odio.

Los hombres con poder sobrenatural

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Aquí se incluye a los nahualli, que tiene el poder para transformarse en otro ser, y otra especie de magos que tienen la habilidad de hacerse de los poderes de alguna divinidad.

14. Nahualli (su significado es ampliamente debatido, elusivo en esencia)

Los nahuales, seres esencialmente misteriosos y elusivos, tienen el poder para transformarse en otros seres, comúnmente animales; su papel en la comunidad puede ser tanto benéfica como maléfica.

15. Teutlipan moquetzani “El que re­presenta a un dios”

Ataviado con las ropas del dios que representaba, se trataba de una figura particularmente querida y respetada. Infundía salud y confianza en sus seguidores a cambio de alimentos y vestido.

Los dominadores de los meteoros

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Su misión era dialogar con o encausar favorablemente las fuerzas meteorológicas, papel fundamental en una cultura francamente agrícola y cuya vida cotidiana resonaba plenamente con la naturaleza.  

16. Teciuhtlazqui o teciuhpetthqui “El que arroja el granizo o el que vence al granizo”

Fuertes soplos y violentos movimientos de cabeza formaban parte de los conjuros habituales de este linaje de magos del clima, cuya función era ahuyentar el granizo para proteger la siembra.  

17. Ocolizehecatlazqui y cocolizmixtlazqui “El que arroja los vientos y las nubes”

Se dedicaban a espantar los vientos y las nubes que se impregnaban negativamente en el cuerpo de los niños.

Los tlaciuhque

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 Se trata de “estrelleros” o “los que miran las cosas”, una suerte de adivinos que ven lo distante y lo oculto; sortilegios, dotes intuitivos, lecturas sagradas y trances visionarios eran algunas de sus herramientas. 

18. Tlachixqui y tlaciuhqui “El que busca o mira las cosas”

Su labor era prever la llegada de fuerzas contrarias y sus manifestaciones (enfermedades, sequías, tormentas o escasez), para alertar a la comunidad y determinar “qué potencias divinas estaban disgustadas y era necesario propiciar.”

19. Paini “El mensajero”

A través de la ingesta de plantas de poder emprendían aventuras visionarias en busca de respuestas que yacían en otros mundos. 

20. Matlaptnlhqui “El que cuenta (a través de] los ante­ brazos”

Invocando fuerzas celestes y mundanas, además de frotar alguna planta sagrada entre sus manos, se preparaba para examinar a un paciente su cuerpo utilizando para medirlo el antebrazo y analizando la correspondencia de medidas entre este y el cuerpo del paciente.

21. Tlaolxiniani “El que desbarata los granos de maíz”

“Huitzilopochtli y Quetzalcóatl dieron a la primera mujer, Cipactónal, los granos que debía arrojar para conocer la suerte de las personas.” A raíz de eso surge este linaje de magos que veían el futuro o la suerte en la disposición de los granos previamente arrojados. 

22. Atlan teittaqui, atlan tlacbixqui (que usa granos de maíz) “El que ve en el agua a la gente”

Según el comportamiento de los granos de maíz en un recipiente de agua podía diagnosticar al paciente. 

23. Atlan teittaqui, atlan tlacbixqui (que no usa granos de maíz) 

Utilizaban el agua como medio para determinar si un niño había perdido su tonalli o la gravedad y procedencia de una enfermedad en el paciente. 

24. Tlapachtlapouhqui “La que adivina con conchas”

Empleaba conchas para leer los designios y futuros. 

25. Mecatla ponhqui “El que cuenta [el significado de] los corde­les”

“Ataba sus cuerdas en presencia del enfermo y luego tiraba fuertemente de ellas”; si estas se desataban, sanaría, si en cambio se hacían nudos, quizá moriría.

26. Polocatlapouhqtti o zacatlaponhqui “El que mide con pajas”

El adivino me­día con una paja al enfermo y así descifraba su verdadero estado.

27. Cóatlquiyolítiani  “El que hace vivir a la serpiente”

Se encargaba de, por medio de su serpiente, descubrir a aquel que hubiese cometido un delito, por ejemplo el rapto de una persona. 

28. Tlaponhqui, tonalpouhqui “El que cuenta las co­sas o el que cuenta el destino”.

Una figura compleja y muy rica, “sin duda alguna, el adivino de mayor importancia, puesto que su labor está relacionada con todos los actos im­ portantes de la vida del hombre”. Este linaje de sacerdotes poseían e interpretaban los libros sagrados del destino, los tonalámatl.

29. Temiquiximati, temicmzmictiani “El cono­ cedor de los sueños o el intérprete de los sueños”

Con frecuencia se les cita interpretando los sueños de los señores y, a diferencia de los anteriores, ellos se basaban no en los tonalámatl, sino en los libros de los sueños, los temicámatl.

Los titici

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Una suerte de médicos que combatían las enfermedades vía recursos mágicos, sin que las enfermedades enfermedades apelaran necesariamente a un carácter sobrenatural. 

30. Tetonalmacani, tetonaltiqui, tetonallaiqui “El que da el tonalli a la gente o el que asienta el tonalli en la gente”

Regresaban el tonalli (algo así como el aliento vital) al cuerpo del enfermo, por medio de conjuros y, en ocasiones, luego de atraerlo a un recipiente con agua, lo esparcía sobre el paciente con la boca. 

31. Tcapahtiani “El que anula la curación a la gente o el que contrarresta a la gente un veneno que se le ha dado”.

Extraía el tonalli nocivo inducido por error en un niño y, tal vez, también se encargaba de ahuyentar algún hechizo perjudicial. 

32. Desconocido “El que pinta figuras en el cuerpo”

Producía sangrías en el cuerpo del paciente o, en otros casos, simplemente hacía trazos sobre su cuerpo o su cabeza (a veces en forma de serpiente enroscada).

33. Tetlacuicuiliqui “El que saca algo a la gente”

Rociaba y frotaba al enfermo con estafiate y luego “extraía” objetos del cuerpo del enfermo, que presuntamente eran la materialización de sus enfermedades.  

34. Techichinani “El que chupa a la gente”

También empleando el estafiate o iztáuhyatl, succionaba la parte adolorida y extraía los males materializados en objetos. 

35. Tepoztecpahtiani “El que reduce fracturas de huesos”

Usaban simultáneamente procedimientos médicos y mági­co. Entablillaban el miembro fracturado y luego complementaban esto con el pronunciamiento de fórmulas mágicas 

36. Desconocido “El que cura piquetes de alacrán”

Con un torniquete o liga frenaban la propagación del veneno, aplicaban tabaco sobre el piquete, y luego hacían representaciones actuadas de la diosa Xochiquétzal (aludiendo a un mito pertinente). 

37. Teiczaliztli “El que cura por teiczaliztli (acción de pisar a la gente)”

Calentaba las plantas de sus pies hasta experimentar dolor y luego caminaba sobre la espalda del enfermo, mientras pronunciaba las fórmulas mágicas.

38. Pacholiztli “El que cura por pllcholiztli (acción de presio­nar)”

Apretaba con sus manos el pecho del enfermo, generalmente niños. 

39. Desconocido “El que cura con su aliento”

Transmitía, mediante su aliento, energía vital al paciente; para lograrlo invocaba al señor del viento, Ehecatéotl.   

Los magos no profesionales

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40. Desconocido “El que usa ocasionalmente de la magia”

Personajes que no realizan actos mágicos como oficio, pero que usan su conocimiento de fórmulas y procedimientos para su propio beneficio. “Como ejemplos pueden citarse el de los caminantes, que invocan a las fuerzas sobrenaturales propicias y deprecan a las nocivas antes de iniciar el viaje; el de los cazadores, el de los recolectores de miel, el de los leñadores, el de los pescadores, que usan fórmulas mágicas para realizar en forma más productiva sus labores coti­dianas”

 

 

Javier Barros Del Villar
Autor: Javier Barros Del Villar
Editor digital con aspiraciones carpinteras. Mexicano.