Conoce por qué la fascinación de los mayas por los tiburones

Los tiburones aparecen en la mitología maya, arte, osamentas; sin embargo la mayoría de sus integrantes nunca conocieron el mar en tiempos prehispánicos.

Aunque los mayas se desarrollaron en gran parte influenciados por el mar Caribe, la mayoría de sus habitantes fueron más bien espectadores de un ecosistema selvático. Desde ahí, sus dioses estuvieron influenciados fuertemente por los espíritus de los animales de este ecosistema, como el jaguar.

Sin embargo, llama la atención que tanto en osamentas funerarias como en importantes ornamentos ceremoniales, jeroglíficos y alusiones arquitectónicas, la constante presencia del tiburón, sobre todo de sus dientes.

La antropóloga Sarah E. Newman de la Universidad James Madison ha publicado un interesante estudio al respecto que muestra cómo es que la cultura sobre los tiburones y su importancia fueron llevados a las profundidades de la cultura maya por algunos motivos: tanto la presencia de tiburones en ciertas zonas de agua dulce, como la práctica de la caza de tiburones en la cultura maya de la costa donde tuvo un papel importante respecto a su significado. También, quizá por la mitología retomada de los antiguos olmecas, en la que un hombre sostiene una batalla mítica con una bestia- tiburón.

 

La presencia de la simbología del tiburón

La alegoría gráfica al tiburón aparece prácticamente a lo largo de toda la extención geográfica maya, desde México hasta Guatemala y Belice; como apuntábamos, incluso en lugares de “tierra profunda” donde sus habitantes nunca vieron el océano.

Los mayas tenían un gráfico específico para el tiburón (zook), el cual aparece en sus jeroglíficos y otras inscripciones gráficas.

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En cerámica; este dibujo es una réplica del diseño de una pieza con este tiburón inscrito.

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Dientes de tiburón presentes en el ornamento del dios del maíz. Este gráfico grabado en una loza de piedra fue encontrado al este de la Gran Plaza de Copán.

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Al interior de la selva, en Lamanai, Belice, fue encontrada esta pieza de cerámica que personifica evidentemente a un tiburón, en un sitio donde los habitantes no tuvieron contacto con este animal.

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En la mitología maya. Se cree que los mayas retomaron de los olmecas parte de la mitología de la creación en la que un hombre pelea con una bestia-tiburón. La siguiente representación ha sido encontrada inscrita en diversas ciudades mayas.

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*Imágenes: arstechnica.com

Inspirado en las pirámides mayas este arquitecto diseñó “la ciudad del futuro”

Wayaland será flotante y está curiosamente inspirada en las construcciones de una de las más grandes civilizaciones de la historia.

Vivir en conjunto siempre implica cruzar los intereses propios con los de los demás. Esto es una fuente potencial de conflicto, que solo se resuelve negociando. La ventaja de estas negociaciones sociales, es que nos obligan a innovar en la forma en la que administramos el espacio y los recursos. Tal vez así comenzaron todos los proyectos urbanos: como una búsqueda por simplificar y operativizar las relaciones sociales. Por lo menos este es el caso de Wayaland, un proyecto de ciudad autosustentable pensada para flotar en el mar y que inspira su diseño en la arquitectura maya.

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La ciudad del futuro flota en el mar

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Las ciudades y su trazo en la tierra cuentan la historia de las interacciones entre las personas que las han habitado. Esas historias se están complejizando cada vez más. El futuro que imaginamos, en términos colectivos, suena cada vez más intrincado. Los problemas sociales con los que estamos lidiando parecen, a ratos, inabarcables; y la administración de recursos (especialmente los naturales), en vista de su escasez y encarecimiento, se puede tornar mucho más complicada de lo que sospechamos.

Así, no es extraño que en nuestro tiempo comiencen a brotar por doquier diseños urbanos que pretenden aislarse y funcionar como circuitos cerrados e independientes. Así se planteó Wayaland, la ciudad ideada por el arquitecto Pierpaolo Lazzarini. Inspirado en las construcciones de los antiguos mayas y en la forma de algunos templos japoneses, su propuesta es construir una comunidad flotante conformada por módulos piramidales móviles con materiales resistentes como acero, carbono y fibra de vidrio.

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En estos módulos se producen y siembran alimentos y todos están equipados con desalinizadoras (para obtener agua limpia del mar) y con celdas solares para abastecer a la ciudad con electricidad. Las pirámides que pretende ensamblar Lazzarini no son modestas construcciones; al contrario: son gigantescas edificaciones que resguardan las típicas amenidades de una ciudad occidental, incluyendo hogares, hoteles, tiendas de ropa, spas, gimnasios, bares, cines. Todo, por supuesto, con el máximo lujo que el diseño contemporáneo y un apropiado financiamiento pueden ofrecer.

El financiamiento es, además, otro detalle curioso: solo para construir la primer suite de hotel en Wayaland se necesitan 306,908 euros. Para conseguir el dinero, Lazzarini ha comenzado un “crowdfounding” (en el que puedes colaborar), haciendo del suyo un proyecto completamente independiente, es decir, que no responde a los intereses de ningún país, ni organizaciones internacionales. Los inversionistas recibirán su pasaporte para Waya y tendrán derecho a votar para elegir la región del mar donde es más conveniente posicionar su nuevo hogar. Lazzarini, por su parte, piensa que el sitio ideal “obviamente” son los Emiratos Árabes Unidos.

Wayaland, inspirada en los mayas

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Mientras que la identificación con los mayas aparece principalmente en la fachada, los planteamientos que mantienen a flote al proyecto de Lazzarini, sí podrían ligarse a algunos principios de urbanidad la antigua cultura.

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A diferencia de otras grandes civilizaciones, los mayas no tenían un centro fijo, ni respondían a una gran ciudad capital. En realidad, la cultura estaba formada por múltiples agrupaciones a lo largo de una porción del sur de México y en Guatemala. Cada una de estas agrupaciones era autocontenida y se sostenía por sí sola, como Wayaland.

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Por otro lado, los mayas eran poseedores de una gran abundancia de recursos naturales. En ese sentido estaban cubiertos y tuvieron la oportunidad de cultivarse profundamente en asuntos como el diseño, la arquitectura, las matemáticas y la astronomía. Wayaland, preocupada por ofrecer una experiencia de lujo y tranquilidad a sus habitantes, se plantea también como esta suerte de utopía de una antigüedad menos conflictiva.

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Otra similitud, aunque tal vez se lee forzada, está en que los mayas habían consolidado a sus deidades en torno a elementos de la naturaleza, como el agua y el maíz; así, todas sus prácticas resonaban con los ciclos de siembra y con las pulsaciones de los elementos en la tierra. Sin duda Wayaland tendrá que acostumbrarse, dentro de su artificiosa estructura, a lidiar con las corrientes de su suelo fluctuante.    

Donde la interpretación de la antigua civilización falla…

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Sin embargo, tal vez inspirarse en los mayas sí fue simplemente la fachada. Los mayas construían y diseñaban resonando con su territorio. Los lugares son sagrados y su orientación tiene una justificación divina y astronómica. Cuando Lazzarini se decide a irse a los Emiratos Árabes Unidos, está confirmando una hipótesis que dice que las culturas occidentales están abandonado los territorios que ya destruyeron, para reiniciar su proyecto en oriente. Wayaland, el proyecto autónomo y autosustentable que admitirá sólo a quien pueda pagar por él, plantea una utopía, extrañamente perversa, que dejará muy atrás a la tierra que, supuestamente, la inspira.

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El territorio maya hoy sigue siendo habitado por los herederos de la magnífica civilización antigua. Sin embargo, muchos de ellos (como pasa con muchos otros pueblos indígenas en latinoamérica) no trabajan más en sus propias tierras: siembran para otros; son discriminados por sus orígenes, y no tienen ni tiempo para dedicarse a cultivar los “grandes saberes”. Ese placer está reservado para quien habita otros modelos de ciudad, modelos futuristas, que buscan abrir una nueva forma de experimentar el mundo, lejos del modelo (ya fracasado) que aún lucha por resolverse, en tierra.

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La Rotonda del Mar: monstruos de cobre en el inadvertido paisaje

Figuras surrealistas y mágicas dan un nuevo sentido al turismo en Puerto Vallarta y nos invitan a ejercer el acto de contemplar.

Maravilladas por el movimiento de las olas, las esculturas con cabeza de pulpo o caballo de mar apenas y pueden permanecer así, impávidas y sin que el viento las devore. Ocho piezas componen una colección de esculturas surrealistas en Puerto Vallarta, realizadas en 1996 por Alejandro Colunga. Cada una de ellas conforma la Rotonda del Mar, y están colocadas en de manera que observan el mar, postradas ahí, como si esperaran algo o a alguien.

El malecón de Puerto Vallarta es una de las zonas más turísticas de la región. Aquí no sólo se admira el mar y la luz solar, también se observan estos seres que salvaguardan el camino y al viajero que va de paso.

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La esencia antropomórfica que aún conservan de su realizador puede constatarse en su apariencia fantástica y soñadora. La contorsión de sus bocas es un largo grito al viento y, la pequeñez de sus manos, su incapacidad de zambullirse y desaparecer del malecón. Sin darnos cuenta, estamos parados frente a un montón de seres oníricos que nos invitan a cambiar el significado de nuestro viaje, por uno más contemplativo. 

Algunas de las nostálgicas criaturas, si se les puede llamar así, poseen un esqueleto que emula el respaldo y patas de una silla. Un deleite para los turistas transeúntes que gustan de parar justo ahí, a mirar el paisaje. La similitud de dichas esculturas con un mueble no es fortuita. El autor lo hizo con la intención de que los viajeros les hicieran compañía en un largo viaje hacia la eternidad. 

Vivir no es fácil y menos si es para siempre. Por eso, cada figura tiene los pies en la tierra y, conscientes de su destino, deciden jamás irse. Y, aunque pudieran, sería en vano. Cuando el tiempo es interminable, el escapar se vuelve una ruta circular, en la que cada pieza encuentra su sitio y sólo queda como consolación, ver el mar, el espejo de nosotros mismos. 

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/ ¿Cómo llegar?

 

*Imágenes: 1) On The Road In Mexico2, 3) Ernest McGray Jnr. – flickr / Creative Commons; 4) Wikimedia Commons; 5) J. David Villalpando – flickr / Creative Commons

Lecciones desde los Altos de Chiapas: los indígenas y el buen vivir (Lekil Kuxlejal) 

Las lenguas tsotsil y tseltal develan un mundo de solidaridad y sabiduría que hoy más que nunca debemos conocer.

Las etnias tseltal y tsotsil de Chiapas son las dos más grandes culturas indígenas que habitan dicho territorio. Son herederos de una cultura prehispánica latente, y actualmente ocupan los mismos parajes montañosos y las mismas frondosas selvas que sus ancestros.  

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Las comunidades que se distribuyen por los Altos de Chiapas tienen cada una sus propias fiestas, atuendos y formas de gobierno, pero en todas se reproduce por igual la más bella y sabia palabra: Lekil Kuxlejal, misma que sólo puede traducirse llevándola a la práctica, pero que a grandes rasgos se entiende como el buen vivir. La fecunda cosmovisión que encierran así, estas palabras, es compartida no sólo por los habitantes de la montaña chiapaneca, sino por muchísimos pueblos originarios de toda América.

En el Lekil Kuxlejal recae la idea de una buena vida, pero no sólo en lo material, sino entendida ésta como una relación sagrada con la tierra y de respeto hacia todo aquello que guarde energía, es decir, vida. Así, el Lekil Kuxlejal es una visión cosmogónica de la existencia, que comprende la vida en sus múltiples contradicciones y se asume como una práctica congruente ante ellas. En palabras del profesor Antonio Paoli, de la Universidad Autónoma Metropolitana: 

El Lekil Kuxlejal es una realidad trascendente, es la vida en este mundo y después de él. Es mucho más que una utopía. Es la vida real, hoy degradada, que debiera restaurarse. Y sólo puede restaurarse desde el kochelin jbahtik, que significa, si buscamos una traducción literal, “interioridad e intersubjetividad comunitaria”, que equivaldría a autogestión. 

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Así, el Lekil Kuxlejal se entreteje, junto con otras palabras de la lengua tsotsil y tseltal, en una práctica infinita en sus posibilidades. Y aunque pertenezca a un mundo tan diferente al nuestro, es posible traducir este buen vivir e introducirlo a nuestra gramática cotidiana, es decir: a nuestra praxis.

Aquí recopilamos cuatro reflexiones del Lekil Kuxlejal que invitamos a poner en práctica.

Trabajar la milpa es educarse 

Para las comunidades de los Altos de Chiapas la milpa es sagrada, pues es su primigenia fuente de alimento, de esa energía que hace posible el Lekil Kuxlejal. El maestro tseltal Silvestre Hernández Clara cuenta que “a los niños se les lleva a la milpa para educarlos”, para que “entren en contacto con sus Madres-Padres naturales”. Por ello, en el trabajo de la milpa hay cariño, juego y respeto de por medio, para que los niños crezcan y se conviertan en lekil winik (hombres de bien). 

Todos somos un solo corazón (jun naz ko’tantik) 

En las comunidades de la montaña, el día a día no podría comprenderse sin el trabajo colectivo. Para los tsotsiles y tseltales la cotidianidad discurre entre asambleas y reuniones donde deciden el futuro de sus pueblos, y consideran que es de vital importancia llegar a acuerdos que beneficien a todos, a consensos que los hagan ser un solo corazón. 

La vida es caminar hacia el horizonte 

Para los tseltales y tsoltsiles la vida es como un transitar hacia el horizonte. Todos caminamos hacia un cielo que se dibuja a lo lejos y al que jamás llegaremos, pero finalmente es ese cielo el que nos hace caminar. Los ancianos de la comunidad, además, son portadores de sabiduría por ser quienes más camino han transitado, razón por la cual acuden a ellos los más jóvenes en busca de consejo. 

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Guardar la memoria es preservar nuestras raíces 

Si algo ha mantenido vivo el Lekil Kuxlejal es la memoria. Para las comunidades de los Altos de Chiapas, no hay nada más importante que preservar la historia de su devenir como pueblo, pues ello equivale a mantener sus raíces. De ahí proviene la dignidad que los caracteriza, y que hoy los hace defender con entereza sus usos y costumbres ante influencias extranjeras. 

*Bibliografía: Lekil Kuxlejal como horizonte de lucha
Autonomía, socialización y comunidad tseltal

*Imágenes:  1)  La Jornada UNAM; 2) Flickr Daniel Mennerich; 3) Plumerio Pipichas – flickr; 4) ilustración de Beatriz Aurora Castedo 

Sandra Vanina Celis
Autor: Sandra Vanina Celis
Hija de tiempos posmodernos, pero aún así terca en la necesidad de construir el socialismo. Colaboradora del proyecto político Colectivo Ratio.