Lucio Cabañas: el bosque como derecho humano

Pocos recuerdan este acto breve pero heroico, que el revolucionario Lucio Cabañas protagonizó a lo largo de su trayectoria en rebeldía: la protección de los bosques mexicanos y el derecho de las comunidades a vivir de sus recursos naturales.

Cuentan quienes estuvieron ahí, que la vida de Lucio Cabañas se escribió con la misma tinta que el de aquel revolucionario mexicano de apellido Zapata. Su abuelo de hecho, había formado parte de las tropas zapatistas y su tío Pablo encontró un lugar en la lucha armada de los hermanos Vidales, durante la década de 1920. Estos personajes reclamaban causas similares a las de Cabañas: el derecho del mexicano a poseer y vivir dignamente su territorio. Porque si bien se recuerda, la lucha del mexicano ha sido siempre la de reclamar la tierra –su naturaleza y sus espíritus– como un derecho humano del hombre en conexión con ésta.

El nombre de Lucio Cabañas hace ruido en todo aquel que ha seguido los pasos de las constantes rebeliones concretadas por la voluntad pura del mexicano. Fue estudiante y maestro rural de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa –la “cuna de la conciencia social”, guerrerenses de nacimiento y espíritu–, y posterior jefe del grupo armado Partido de los Pobres y de la Brigada Campesina de Ajusticiamiento.

Cabañas era oriundo de Guerrero, del municipio de Atoyac de Álvarez, donde vivió junto a su familia campesina. En la Rural de Ayotzinapa no tardó en pronunciarse como líder estudiantil, protector del derecho a la educación, vindicador de los pobres, y unos años más tarde, promotor de una lucha indomable en contra del gobierno de Guerrero y sus caciques. 

A sus 27 años, y poco después de egresar de la Normal Rural, le es encomendada una labor histórica que por décadas –y hasta nuestros días– ha germinado innumerables luchas prácticamente silenciosas: los derechos a la tierra forestal de las comunidades indígenas.

bosques lucio cabañas

Pareciera que el bosque es un espíritu que puede cuidarse solo pero no es así. Al bosque hay que conservarle, mejorarle. Frente al bosque, el ser humano, antes que mirarse como depredador, debe hacerlo como un protector. Porque a lo largo de la historia, hombres y mujeres nativos de las zonas forestales han cuidado de ellos. La mayoría de estas comunidades son indígenas.

Cabañas lo sabía: los bosques ejidales son de quien los cuida, los vive y los trabaja. A raíz de esto, en 1963 se ocupa por defender el derecho humano al bosque de la comunidad Mexcaltepec, en la sierra guerrerense. Aquí concentró su mayor preocupación en convertirse en guardián de los árboles junto a la comunidad, y sacar a los talamontes que entonces se habían hecho cargo de la extracción de madera ilegal y la explotación de otros recursos naturales que por derecho consuetudinario le pertenecían al pueblo.

Zapata había ganado ya buena parte de esta lucha, contribuyendo con la restitución de tierras ejidales forestales a las comunidades locales. Sin embargo, la batalla comenzó a desarrollar otras dificultades que paradójicamente estaban conectadas a una normatividad difusa. Incluso hoy en día la ley forestal mexicana no esclarece el papel fundamental de estos núcleos (en su mayoría campesinos), y el potencial que tienen para generar una economía forestal local y nacional sólida, de la mano de un plan de manejo sustentable. 

Lucio Cabanas

Pocos recuerdan este acto breve pero heroico de Cabañas como protector de bosques y comunidades vulnerables. Se dice que durante su lucha (entre 1963 y 1974) y hasta su asesinato, el guerrerense concentró la mayor fuerza armada rural del país, y fue protegido incontables veces por las mismas personas que ayudaba.

Finalmente, y después de una mala planeación del secuestro del cacique Rubén Figueroa, Lucio Cabañas es perseguido y sorprendido por el Ejercito Mexicano en la selva de El Otatal, un 2 de diciembre de de 1974, donde es condenado a muerte. 

Como todos los grandes líderes revolucionarios, Cabañas fue perseguido y su guerrilla, secuestrada, torturada, perseguida o desaparecida. Su espíritu rebelde fue sentenciado por una bala, al igual que Zapata. 

*Imágenes: Creative Commons / edición – Jaen Madrid.

Jaen Madrid
Autor: Jaen Madrid
Editora de tiempo completo, música y ser humano. Ha escrito numerosos artículos en este medio, dando vida principalmente a los rubros de Arte, Cultura, Misticismo y Surrealismo. Escribe y edita Ecoosfera. Su tiempo libre lo dedica a leer literatura griega, tarot y ocultismo, además de crear música con sintetizadores.

Sobre verdades, historias, aniversarios y ausencias que arden

Narrar a México y volverlo a hacer. Eso es lo que nos toca. ¿Cómo? ¿Con qué palabras? Aquí algunas pistas…

[…] Mas he aquí que toco una llaga: es mi memoria.
Duele, luego es verdad. Sangre con sangre
y si la llamo mía traiciono a todos.

Recuerdo, recordamos.
Ésta es nuestra manera de ayudar a que amanezca […]

Memorial de Tlatelolco, Rosario Castellanos

En el presente decirnos mexicanos se complejiza. En el presente, asumirnos parte de este proyecto es exigirnos muchísimo, especialmente, porque la gran responsabilidad al decirse parte de esta comunidad, es lidiar con sus problemas. ¡Y qué tremendos son estos! Algunos, definitivamente, son demasiado nefastos como narrarlos.

Al mismo tiempo, es precisamente el acto de narrar lo que nos queda hacer, para resolver a este México. Si queremos cambiar este espacio, tenemos que volver a contarlo, tenemos que plantearlo distinto, re-definirlo, cuestionar todo lo que hemos naturalizado cuando lo describimos. Y el primer elemento que necesita una buena sacudida es la inmensa violencia.

Sí, esa violencia de la que cuesta hablar, pero que consumimos todo el rato en las noticias; esa que no nos da tregua, especialmente en las noches, cuando las calles se oscurecen; la que simplemente es tan grande, que parece estar por encima de toda acción subjetiva (y tal vez, también, comunitaria); violencia aquella que queremos olvidar; la misma que nos desaparece.

Esa violencia es la que tenemos que narrar, a la que tenemos que dejar de tenerle miedo en las sobremesas, a la que ya no podemos ser indiferentes. Pero ¿cómo? ¿Con qué palabras? Las preguntas no lograran cerrarse en respuestas, pero aquí van algunas conclusiones a las que nosotros hemos llegado.

También en Más de México: Identidad sí, nacionalismo no

Verdades

¿Qué otra cosa es el hombre sino memoria de sí mismo?

Juan José Arreola

Podemos suponer que la verdad es relativa, especialmente en un territorio como este, en el que la diversidad es imparable, vibrante y permea cada rincón. En ese sentido, ninguna verdad, ni las históricas, ni las científicas, tienen la capacidad de narrar lo que existe con la precisión que se adjudican. Por otro lado, podemos narrar desde la honestidad, podemos contar lo que acontece con franqueza. No somos mucho más que lo que sabemos sobre nosotros mismos y si no encontramos la manera de decirnos así como nos sentimos, así en crudo, ¿qué somos con los otros?

Historias

Despertar a la historia significa adquirir conciencia de nuestra singularidad, momento de reposo reflexivo antes de entregarnos al hacer.

Octavio Paz

La historia es presentada como la narración de narraciones, el punto al que se puede volver, para entender por qué estamos donde estamos. Pero aquí, con tantos de nosotros, todos indígenas de algún lado, todos producto de la mezcla, todos distintos ¿cuál es la historia? Y en el violento presente, entre tanta corrupción y opacidad, ¿qué sabemos sobre el pasado más reciente?

La narración de un México distinto tendría que comprender que su historia no tiene límites, que su identidad no tiene que cuadrarse con ninguna tradición fija; sin embargo, hacerse consciente de esto también es lanzarse a un abismo, donde las respuestas no serán más claras, pero la lucha por un sitio en donde todos seamos posibles es el “anclaje máximo”.

Aniversarios

El deber más santo de los que sobreviven es honrar la memoria de los desaparecidos.

Alfonso Reyes

Asumir la tradición que nos respalda como una sustancia heterogénea no significa negar lo que nos conforma. No podemos olvidarnos de la violencia y de sus marcas, porque el acto que silencia o esfuma a uno, le roba posibilidades de ser, de comunicar, de estar y sentir y pensar y llorar y reír (y mucho más que eso) a todos. A todos.

Ausencias que arden

No perdonan, no aman,
no son ríos serenos, sino fuego,
ardiente maldición, dolorosa quietud.

Vienen así, calladas, caminando caminos
de helado polvo. Son las voces
que ya nunca se dicen.

Las voces prohibidas, Efraín Huerta

Lo que la violencia nos ha robado, los huecos que nos ha dejado, las ausencias que arden, no se restauran con ninguna narración. Hay que aceptar eso. Pero hay que luchar también por los derechos que nos corresponden. Si la estamos jugando en este proyecto, si le dimos lugar a esta llamada “democracia”, si trabajamos todos los días, si estamos viviendo en esta tierra, para empezar, tenemos derecho a la vida.

Queremos que se note la corresponsabilidad. Queremos eficiencia. Queremos respuestas. Queremos que todas las partes involucradas en esta comunidad recuerden que habitamos, al fin y al cabo, los mismos espacios, aunque las esferas simbólicas simulen enormes distancias. Narramos juntos.

Nos(otros)

Hay algo tan necesario como el pan de cada día, y es la paz de cada día; la paz sin la cual el mismo pan es amargo.

Amado Nervo

Esto último es vital: narramos juntos. ¿Y quiénes somos?, extrañamente habrá que dejar esa pregunta abierta. Cuando definimos a una comunidad, excluimos a tantas otras. Cuando decimos lo que se es, nos desligamos de lo que no “se es”. Y esa narración, la narración sobre la identidad es subjetiva; por otro lado el acto de habitar juntos este territorio, tendrá que estarse negociando. Tal vez ahí es donde hemos fallado.

¿Será que México se está ahogando en la violencia porque estamos casados con nuestras verdades históricas subjetivas? ¿Será que no hemos aprendido a negociar? Nos urge estar en paz. Hoy es un buen día para pensar en eso y, al mismo tiempo, con tanta tristeza entre las manos hay que preguntarse: ¿qué compromiso vamos a asumir? ¿Cómo vamos a contarnos lo que somos y lo que son los otros? ¿Cómo vamos a narrarlos, para proteger siempre su posibilidad de narrar México y, simultáneamente, proteger nuestras posibilidades? 

Podríamos empezar por ser un poco más gentiles ¿no? Sobre todo un día como hoy. 

María Fernanda Garduño Mendoza
Autor: María Fernanda Garduño Mendoza
Estudios y gestión de la cultura, UCSJ. Ensayando discursos, constantemente. Articulando rupturas.

México aguerrido: 15 guerreros y guerreras de México

Hombres y mujeres que vivieron por una causa más allá de su bienestar individual; de convicciones éticas y morales ejemplares.

De vez en cuando, la historia gesta, y es testigo, de humanos con convicciones ideológicas, sentido de justicia, y demás atributos de la consciencia; y que además son valientes. Cuando esto sucede, grandes capítulos se desdoblan también. Y estos hombres y mujeres, aunque son resultado de un momento histórico, son también tesoros que aceleran procesos, generalmente humanistas, para un bien general, y para la posteridad…

En México tenemos guerreros y guerreras reconocidos por la historia oficial, algunos verdaderos, otros creados con fines nacionalistas, pero también existe una historia que queda registrada por la admiración que causaron algunos líderes, y son las mismas personas  las que se encargaron de mantenerlos vivos y con ello legar esta memoria hasta nuestros días.

Hoy te presentamos guerreros de México, hombres y mujeres que vivieron por una causa más allá de su bienestar individual; de convicciones éticas y morales, ejemplares:

Voluntarios y rescatistas del sismo del 19 de septiembre

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Decenas de miles de mexicanos, y de extranjeros que hoy son definitivamente mexicanos, se volcaron a  las calles tras el sismo de 7.1 que azotó al centro del país. Como relata Juan Villoro, la tierra se abrió y la gente se juntó, y un ejército de guerreras y guerreros, no dudaron en dejar todo para abrazar una sola causa: ayudar al prójimo, al “otro yo”, que se vio más afectado que uno y que merece toda nuestra solidaridad. Ese 19 de septiembre de 2017, los días posteriores, México se demostró a sí mismo, no solo tener la capacidad de fundirse en una sola voluntad, sino de hacerlo de la manera en que lo hacen los verdaderos guerreros… con el corazón. 

 

 

Tzoyectzin, Temoctzin yTzilcatzin

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Cuando comenzó la cruenta lucha entre los españoles y los mexicas, los de Tlatelolco fueron de los más reacios en rendirse, mucho les temían los europeos. Y según nos narra Miguel León Portilla apoyado en las versiones de los informantes de Bernardino de Sahagún:

Solo hubo tres capitanes que nunca retrocedieron. Nada les importaban los enemigos; ningún aprecio tenían de sus propios cuerpos.

El nombre de uno es Tzoyectzin, el del segundo es Temoctzin y el del tercero es el del mentado Tzilacatzin.

Se hicieron legendarios aún cuando estaban vivos, más aún, ya que Moctezuma mantenía una actitud, según los historiadores, más inclinada hacia la paz, pero interpretada por muchos en su pueblo como una pasividad cobarde.

 

Gonzalo Guerrero

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Antes de la llegada de Hernán Cortés, ya había naufragado un barco español en Quintana Roo; los sobrevivientes fueron aprehendidos por los mayas, pero uno de ellos, Gonzalo Guerrero, fue ganándose su apreciación y fue convertido en uno de ellos, casándose, incluso, con, Zazil Há, la hija del jefe militar Nachan can. Sus hijos, presumiblemente, son considerados como los primeros mestizos del hoy México. Cuando llegaron la tropas del capitán Lorenzo de Godoy, Guerrero se quedó del lado de su nueva comunidad, luchó para defenderlos, y finalmente murió en una de estas batallas.

 

Canek

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Popularmente conocido como CanekJacito U C de los Santos fue un indígena maya que luego de doscientos años de conquista española originó una rebelión sin precedentes en Yucatán. Por muchos es considerado un héroe, uno que tuvo la valentía de retar a la corona española y que consiguió cientos de seguidores en muy poco tiempo. 

 

Leona Vicario

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La independentista más conocida es Josefa Ortíz de Domínguez (cuya labor fue imprescindible) pero la historia de Leona Vicario es interesantísima. Fue intelectual, periodista, independentista, humanista y progresista. Ella se convirtió en un enlace importantísimo para los insurgentes, ya que en su casa confluía la correspondencia de los revolucionarios. En 1813 interceptaron sus correos y consiguió huir a Michacán y recluirse en un Colegio de monjas; ese mismo año la rescataron los insurgentes escondidos en burros cargados con pulque, entonces se vistió de pordiosera. Participó como periodista, volvió a ser perseguida en 1817 y por ello debió dar a luz a su primera hija en una  cueva en Achipixtla. Su historia tuvo un final feliz. Luego de la Independencia, sus bienes le fueron regresados y la Villa de Saltillo fue nombrada en su honor; su valentía e inteligencia fueron fascinantes.

Emiliano Zapata

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Quizá el revolucionario más respetado de todos. Emblema de numerosos movimientos sociales en todo el mundo hasta ahora. Cuando tenía 9 años fue testigo de un despojo de tierras a campesinos para entregarlas a hacendados, y le dijo a su padre, “¿No se puede? Pues cuando yo sea grande, haré que las devuelvan”. Se convirtió en un ideólogo, y su frase “La tierra es de quien la trabaja” sigue despertando conciencias y llamados sociales.

Carmen Serdán Alatriste

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Participó, junto a su hermano, en el primer enfrentamiento armado de la Revolución. Su principal motor, encarar la dictadura de Porfirio Díaz; ella y sus hermanos apoyaron enormemente la causa antireeleccionista de Francisco I. Madero. Por su valentía, hoy su casa se nombró como el Museo de la Revolución de Puebla.

Amelia Robles Ávila

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Una de las primeras transexuales que lo reconocieron públicamente, además de su homosexualidad. Amelia peleó en la Revolución, y no solo eso, se convirtió en Coronel y cambió su nombre a Amelio; su actitud y valentía fue crucial en la lucha por los derechos sexuales y de la diversidad en México, e incluso, ya como hombre, se casó en varias ocasiones.

Rubén Jaramillo

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Ingresó a sus solo 14 años a las líneas revolucionarias zapatistas; luego de la muerte de zapata lo encarcelaron, y desde ahí luchó en contra de los caciques del sur a favor de las reformas agrarias del Plan de Ayala y se convirtió en un oficial apreciado y querido por los habitantes de Morelos y sur de Puebla. Pero luego de esta lucha, continuó luchando por los derechos de los campesinos, nuevos ejidararios, y de hecho, surgió un movimiento por su influencia llamado Jaramillista. Al comenzar la década de los años treinta, era el más conocido y respetado de los dirigentes campesinos del poniente de Morelos.

Lucio Cabañas

Lucio Cabanas

Maestro rural, egresado de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, líder estudiantil y jefe del grupo armado Partido de los Pobres en la sierra de Guerrero durante la década de 1970. Luego de las promesas incumplidas de la Revolución, el movimiento de Lucio clamó por volver a entender la pobreza como un problema de justicia, su lucha fue una reivindicación que fue cimiento de movimientos posteriores como el levantamiento del EZLN. Cabe mencionar que los campesinos de la zona simpatizaban enormemente con él, le daban su apoyo.

Genaro Vázquez

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Guerrillero, maestro como Lucio de la de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa. Fue primero líder sindical, pero luego se volcó más en una lucha a favor de los pobres y formó uno de los varios grupos armados que se desarrollaron en la Sierra Madre del Sur durante las décadas de 1960 y 1970. Simpatizó con el Partido de los Pobres. Junto con el movimiento de Lucio, en la décadas de los 60´s, fue un personaje imprescindible que después inspiró también en las movilizaciones estudiantiles del 68.

Sub comandante Galeano, antes Marcos

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Aunque nunca se ha confirmado oficialmente su identidad, según la versión del gobierno desde 1994, se trata de Rafael Sebastián Guillén Vicente. Egresado de la facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, Guillén fue un indignado de la matanza de Tlateloloco; se sabe que tuvo influencia maoista, pero luego se volcó a visiones revolucionarias más posmodernistas, influidas enormemente por Antonio Gramsci. Sin embargo, lo que más le influyó fue la forma de organización de las comunidades indígenas chiapanecas, por lo que se les unió, haciendo uso de su habilidad literaria y conocimiento de estrategias de comunicación, con lo que gritó al mundo en un contexto en el que se adulaba el Neoliberalismo, que había una realidad ignorada por los que se envolvían en aspiraciones que convienen, finalmente, a una minoría.

Los periodistas caídos

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Desde hace 10 años más de 800 periodistas han sido asesinados. En un contexto de combate al narcotráfico y de impunidad, cada uno de estos comunicadores que murieron por informar a los ciudadanos son los héroes de tiempos difíciles a la par de los activistas ambientales y sociales.

 

*Imágenes: 2)Guerreros aztecas /Códice Mendoza; 3)alolami.blogspot.com12)Reuters

El héroe desconocido: el mexicano que salvó a miles de los nazis y el franquismo en la II Guerra Mundial

Gilberto Bosques Saldívar estando en Francia ejerció una labor humanitaria tan ejemplar como ingeniosa.

En ocasiones la historia no hace honor a sus mejores protagonistas sino hasta mucho tiempo después. Estos héroes anónimos hicieron grandes cosas, ejemplos que conmueven e inspiran desde la sombra de la elegante discreción. Algunos, sin embargo, consiguieron tan grandes proezas, que, inevitablemente, su legado termina descubriéndose.

Es el caso del mexicano Gilberto Bosques Saldívar, un diplomático poblano, uno de los enviados especiales de Lázaro Cárdenas a Europa para difundir su labor como un México progresista e incluyente para los perseguidos políticos.

Entre 1939 y 1942 Bosques fue enviado como cónsul general de México en Francia, una época tan efervescente que hizo que encontrara la terrible realidad tanto del franquismo español como del nazismo alemán.

En su estancia su labor fue valentísima, y por medio de más de 40 mil visas consiguió ayudar a igual número de personas a huir de la muerte y refugiarse en México.

Según una versión de El País:

El diplomático empezó protegiendo a los mexicanos que vivían en Francia, pero fue ayudando también a otros grupos. Cuando los nazis tomaron París, Bosques huyó y estableció un nuevo Consulado en Marsella.

Todo esto lo hizo cuando vivió en París, pero cuando los nazis tomaron la ciudad, tuvo que refugiarse en Marsella en un nuevo consulado. Ahí su labor fue mucho más peligrosa y elaborada, ya que junto con otros diplomáticos alquiló 2 castillos a los alrededores de la ciudad para albergar a 1350 personas, hombres y mujeres (la mayoría españoles que huían del franquismo), para evitar que los nazis los capturaran. En estos edificios históricos consiguió crear un servicio médico, una oficina jurídica, una escuela e incluso montó obras teatrales y hasta realizó competiciones deportivas.

gilberto bosques salvo personas contra los nazis mexicano

Su labor, incluso, le costó la cárcel a él a su familia durante un año, ya que cuando el gobierno mexicano rompió relaciones con la República de Vichy, el consulado dirigido por Bosques fue tomado por la Gestapo en 1942. Fue liberado hasta 1944 y hasta esta fecha consiguió volver a México.

Continuó congruente a sus convicciones ideológicas y morales, fue diplomático en Suecia y Cuba, pero cuando llegó Gustavo Díaz Ordaz a la presidencia de México se retiró de la vida pública:  “no quería verme en el caso de colaborar con ese señor”, dijo.

Recientemente Google le dedicó su Doodle como una manera de honrarlo, como explica el video al inicio de la nota.

 
*Imágenes: 2) Archivo Familia Bosques/ El País