Emiliano Zapata: la rebeldía a favor de la dignidad

Este héroe mexicano promovía la sublevación con tal fuerza que  aún hoy contagia a multitudes.

Bajo el lema “La Tierra es de quien la Trabaja”, Emiliano Zapata personificó el sentir de un pueblo entero: el mexicano de principios del siglo pasado, cuando la mayoría eran desposeídos. Zapata creció viendo como los hacendados despojaban a los campesinos de sus mejores tierras, amparados por las autoridades. Tras 400 años de conquista española, y la sangre derramada en la lucha de independencia, aún quedaba una deuda pendiente: un clamor inmenso de justicia.

Para Emiliano, como le decían sus conocidos, era necesario romper de cuajo con el sistema social, económico y político de Porfirio Díaz –dictador con más de treinta años en el poder–, pues el pueblo seguía “jodido”. Para terminar con la hegemonía de los hacendados, terratenientes y caciques, hacía falta la “segunda independencia”, esta vez librándose de los privilegiados, que habían arrebatando al hombre los más sagrados derechos que le dio la naturaleza debido a su “refinado y desastroso egoísmo”, la tierra.

El juez, única esperanza del débil se hallaba también al servicio del canalla. Emiliano Zapata creía que si los campesinos poseían sus tierras, con ellas ejercerían su libertad y su propio destino. Los pueblos prehispánicos en México, habían tenido una cosmogonía estrechamente relacionada con la tierra, y esto volvía aún más legítima su lucha.

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Zapata era de Anenecuilco, Morelos, al centro de México, donde tenía enterrados en un lugar secreto, los títulos, mapas, pedimentos, y cuadernos enteros de litigios y dictámenes de las tierras que les pertenecían, y que habían sido robadas. Él era su guardián.

A diferencia de los demás luchadores revolucionarios de México, Zapata luchaba por los desheredados, sin ambiciones políticas o de poder. Fue valiente y guerrero. Y se negó en todo momento a una negociación política, porque sus peticiones eran las del pueblo: demandas básicas para ejercer un nivel existencial de dignidad –cualquier margen de negociación atentaba contra eso.

Se mantuvo congruente y comprometido, casi siempre manifestando una inteligente firmeza. Era previsible que solo una traición podría acabar con su vida, más no con lo que representaba. Aún hoy continúa escuchándose en el eco de casi cualquier manifestación social en México, y en otros países: ¡Zapata vive!, sus demandas permanecen. Y en este sentido su lucha confirma que la genuina rebeldía es impulsada por un coraje legítimo, aquel que solo florece en el corazón.

“Es que Zapata no forma parte del pasado, sino del futuro. Porque se mira hacia atrás, pero se sueña hacia adelante. Los pies de los desposeídos por los que líder zapatista luchó siguen estando en el barro de la historia pero su mente intuye un luminoso futuro”. Fragmento

México aguerrido: 15 guerreros y guerreras de México

Hombres y mujeres que vivieron por una causa más allá de su bienestar individual; de convicciones éticas y morales ejemplares.

De vez en cuando, la historia gesta, y es testigo, de humanos con convicciones ideológicas, sentido de justicia, y demás atributos de la consciencia; y que además son valientes. Cuando esto sucede, grandes capítulos se desdoblan también. Y estos hombres y mujeres, aunque son resultado de un momento histórico, son también tesoros que aceleran procesos, generalmente humanistas, para un bien general, y para la posteridad…

En México tenemos guerreros y guerreras reconocidos por la historia oficial, algunos verdaderos, otros creados con fines nacionalistas, pero también existe una historia que queda registrada por la admiración que causaron algunos líderes, y son las mismas personas  las que se encargaron de mantenerlos vivos y con ello legar esta memoria hasta nuestros días.

Hoy te presentamos guerreros de México, hombres y mujeres que vivieron por una causa más allá de su bienestar individual; de convicciones éticas y morales, ejemplares:

Voluntarios y rescatistas del sismo del 19 de septiembre

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Decenas de miles de mexicanos, y de extranjeros que hoy son definitivamente mexicanos, se volcaron a  las calles tras el sismo de 7.1 que azotó al centro del país. Como relata Juan Villoro, la tierra se abrió y la gente se juntó, y un ejército de guerreras y guerreros, no dudaron en dejar todo para abrazar una sola causa: ayudar al prójimo, al “otro yo”, que se vio más afectado que uno y que merece toda nuestra solidaridad. Ese 19 de septiembre de 2017, los días posteriores, México se demostró a sí mismo, no solo tener la capacidad de fundirse en una sola voluntad, sino de hacerlo de la manera en que lo hacen los verdaderos guerreros… con el corazón. 

 

 

Tzoyectzin, Temoctzin yTzilcatzin

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Cuando comenzó la cruenta lucha entre los españoles y los mexicas, los de Tlatelolco fueron de los más reacios en rendirse, mucho les temían los europeos. Y según nos narra Miguel León Portilla apoyado en las versiones de los informantes de Bernardino de Sahagún:

Solo hubo tres capitanes que nunca retrocedieron. Nada les importaban los enemigos; ningún aprecio tenían de sus propios cuerpos.

El nombre de uno es Tzoyectzin, el del segundo es Temoctzin y el del tercero es el del mentado Tzilacatzin.

Se hicieron legendarios aún cuando estaban vivos, más aún, ya que Moctezuma mantenía una actitud, según los historiadores, más inclinada hacia la paz, pero interpretada por muchos en su pueblo como una pasividad cobarde.

 

Gonzalo Guerrero

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Antes de la llegada de Hernán Cortés, ya había naufragado un barco español en Quintana Roo; los sobrevivientes fueron aprehendidos por los mayas, pero uno de ellos, Gonzalo Guerrero, fue ganándose su apreciación y fue convertido en uno de ellos, casándose, incluso, con, Zazil Há, la hija del jefe militar Nachan can. Sus hijos, presumiblemente, son considerados como los primeros mestizos del hoy México. Cuando llegaron la tropas del capitán Lorenzo de Godoy, Guerrero se quedó del lado de su nueva comunidad, luchó para defenderlos, y finalmente murió en una de estas batallas.

 

Canek

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Popularmente conocido como CanekJacito U C de los Santos fue un indígena maya que luego de doscientos años de conquista española originó una rebelión sin precedentes en Yucatán. Por muchos es considerado un héroe, uno que tuvo la valentía de retar a la corona española y que consiguió cientos de seguidores en muy poco tiempo. 

 

Leona Vicario

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La independentista más conocida es Josefa Ortíz de Domínguez (cuya labor fue imprescindible) pero la historia de Leona Vicario es interesantísima. Fue intelectual, periodista, independentista, humanista y progresista. Ella se convirtió en un enlace importantísimo para los insurgentes, ya que en su casa confluía la correspondencia de los revolucionarios. En 1813 interceptaron sus correos y consiguió huir a Michacán y recluirse en un Colegio de monjas; ese mismo año la rescataron los insurgentes escondidos en burros cargados con pulque, entonces se vistió de pordiosera. Participó como periodista, volvió a ser perseguida en 1817 y por ello debió dar a luz a su primera hija en una  cueva en Achipixtla. Su historia tuvo un final feliz. Luego de la Independencia, sus bienes le fueron regresados y la Villa de Saltillo fue nombrada en su honor; su valentía e inteligencia fueron fascinantes.

Emiliano Zapata

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Quizá el revolucionario más respetado de todos. Emblema de numerosos movimientos sociales en todo el mundo hasta ahora. Cuando tenía 9 años fue testigo de un despojo de tierras a campesinos para entregarlas a hacendados, y le dijo a su padre, “¿No se puede? Pues cuando yo sea grande, haré que las devuelvan”. Se convirtió en un ideólogo, y su frase “La tierra es de quien la trabaja” sigue despertando conciencias y llamados sociales.

Carmen Serdán Alatriste

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Participó, junto a su hermano, en el primer enfrentamiento armado de la Revolución. Su principal motor, encarar la dictadura de Porfirio Díaz; ella y sus hermanos apoyaron enormemente la causa antireeleccionista de Francisco I. Madero. Por su valentía, hoy su casa se nombró como el Museo de la Revolución de Puebla.

Amelia Robles Ávila

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Una de las primeras transexuales que lo reconocieron públicamente, además de su homosexualidad. Amelia peleó en la Revolución, y no solo eso, se convirtió en Coronel y cambió su nombre a Amelio; su actitud y valentía fue crucial en la lucha por los derechos sexuales y de la diversidad en México, e incluso, ya como hombre, se casó en varias ocasiones.

Rubén Jaramillo

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Ingresó a sus solo 14 años a las líneas revolucionarias zapatistas; luego de la muerte de zapata lo encarcelaron, y desde ahí luchó en contra de los caciques del sur a favor de las reformas agrarias del Plan de Ayala y se convirtió en un oficial apreciado y querido por los habitantes de Morelos y sur de Puebla. Pero luego de esta lucha, continuó luchando por los derechos de los campesinos, nuevos ejidararios, y de hecho, surgió un movimiento por su influencia llamado Jaramillista. Al comenzar la década de los años treinta, era el más conocido y respetado de los dirigentes campesinos del poniente de Morelos.

Lucio Cabañas

Lucio Cabanas

Maestro rural, egresado de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, líder estudiantil y jefe del grupo armado Partido de los Pobres en la sierra de Guerrero durante la década de 1970. Luego de las promesas incumplidas de la Revolución, el movimiento de Lucio clamó por volver a entender la pobreza como un problema de justicia, su lucha fue una reivindicación que fue cimiento de movimientos posteriores como el levantamiento del EZLN. Cabe mencionar que los campesinos de la zona simpatizaban enormemente con él, le daban su apoyo.

Genaro Vázquez

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Guerrillero, maestro como Lucio de la de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa. Fue primero líder sindical, pero luego se volcó más en una lucha a favor de los pobres y formó uno de los varios grupos armados que se desarrollaron en la Sierra Madre del Sur durante las décadas de 1960 y 1970. Simpatizó con el Partido de los Pobres. Junto con el movimiento de Lucio, en la décadas de los 60´s, fue un personaje imprescindible que después inspiró también en las movilizaciones estudiantiles del 68.

Sub comandante Galeano, antes Marcos

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Aunque nunca se ha confirmado oficialmente su identidad, según la versión del gobierno desde 1994, se trata de Rafael Sebastián Guillén Vicente. Egresado de la facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, Guillén fue un indignado de la matanza de Tlateloloco; se sabe que tuvo influencia maoista, pero luego se volcó a visiones revolucionarias más posmodernistas, influidas enormemente por Antonio Gramsci. Sin embargo, lo que más le influyó fue la forma de organización de las comunidades indígenas chiapanecas, por lo que se les unió, haciendo uso de su habilidad literaria y conocimiento de estrategias de comunicación, con lo que gritó al mundo en un contexto en el que se adulaba el Neoliberalismo, que había una realidad ignorada por los que se envolvían en aspiraciones que convienen, finalmente, a una minoría.

Los periodistas caídos

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Desde hace 10 años más de 800 periodistas han sido asesinados. En un contexto de combate al narcotráfico y de impunidad, cada uno de estos comunicadores que murieron por informar a los ciudadanos son los héroes de tiempos difíciles a la par de los activistas ambientales y sociales.

 

*Imágenes: 2)Guerreros aztecas /Códice Mendoza; 3)alolami.blogspot.com12)Reuters

Lucio Cabañas: el bosque como derecho humano

Pocos recuerdan este acto breve pero heroico, que el revolucionario Lucio Cabañas protagonizó a lo largo de su trayectoria en rebeldía: la protección de los bosques mexicanos y el derecho de las comunidades a vivir de sus recursos naturales.

Cuentan quienes estuvieron ahí, que la vida de Lucio Cabañas se escribió con la misma tinta que el de aquel revolucionario mexicano de apellido Zapata. Su abuelo de hecho, había formado parte de las tropas zapatistas y su tío Pablo encontró un lugar en la lucha armada de los hermanos Vidales, durante la década de 1920. Estos personajes reclamaban causas similares a las de Cabañas: el derecho del mexicano a poseer y vivir dignamente su territorio. Porque si bien se recuerda, la lucha del mexicano ha sido siempre la de reclamar la tierra –su naturaleza y sus espíritus– como un derecho humano del hombre en conexión con ésta.

El nombre de Lucio Cabañas hace ruido en todo aquel que ha seguido los pasos de las constantes rebeliones concretadas por la voluntad pura del mexicano. Fue estudiante y maestro rural de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa –la “cuna de la conciencia social”, guerrerenses de nacimiento y espíritu–, y posterior jefe del grupo armado Partido de los Pobres y de la Brigada Campesina de Ajusticiamiento.

Cabañas era oriundo de Guerrero, del municipio de Atoyac de Álvarez, donde vivió junto a su familia campesina. En la Rural de Ayotzinapa no tardó en pronunciarse como líder estudiantil, protector del derecho a la educación, vindicador de los pobres, y unos años más tarde, promotor de una lucha indomable en contra del gobierno de Guerrero y sus caciques. 

A sus 27 años, y poco después de egresar de la Normal Rural, le es encomendada una labor histórica que por décadas –y hasta nuestros días– ha germinado innumerables luchas prácticamente silenciosas: los derechos a la tierra forestal de las comunidades indígenas.

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Pareciera que el bosque es un espíritu que puede cuidarse solo pero no es así. Al bosque hay que conservarle, mejorarle. Frente al bosque, el ser humano, antes que mirarse como depredador, debe hacerlo como un protector. Porque a lo largo de la historia, hombres y mujeres nativos de las zonas forestales han cuidado de ellos. La mayoría de estas comunidades son indígenas.

Cabañas lo sabía: los bosques ejidales son de quien los cuida, los vive y los trabaja. A raíz de esto, en 1963 se ocupa por defender el derecho humano al bosque de la comunidad Mexcaltepec, en la sierra guerrerense. Aquí concentró su mayor preocupación en convertirse en guardián de los árboles junto a la comunidad, y sacar a los talamontes que entonces se habían hecho cargo de la extracción de madera ilegal y la explotación de otros recursos naturales que por derecho consuetudinario le pertenecían al pueblo.

Zapata había ganado ya buena parte de esta lucha, contribuyendo con la restitución de tierras ejidales forestales a las comunidades locales. Sin embargo, la batalla comenzó a desarrollar otras dificultades que paradójicamente estaban conectadas a una normatividad difusa. Incluso hoy en día la ley forestal mexicana no esclarece el papel fundamental de estos núcleos (en su mayoría campesinos), y el potencial que tienen para generar una economía forestal local y nacional sólida, de la mano de un plan de manejo sustentable. 

Lucio Cabanas

Pocos recuerdan este acto breve pero heroico de Cabañas como protector de bosques y comunidades vulnerables. Se dice que durante su lucha (entre 1963 y 1974) y hasta su asesinato, el guerrerense concentró la mayor fuerza armada rural del país, y fue protegido incontables veces por las mismas personas que ayudaba.

Finalmente, y después de una mala planeación del secuestro del cacique Rubén Figueroa, Lucio Cabañas es perseguido y sorprendido por el Ejercito Mexicano en la selva de El Otatal, un 2 de diciembre de de 1974, donde es condenado a muerte. 

Como todos los grandes líderes revolucionarios, Cabañas fue perseguido y su guerrilla, secuestrada, torturada, perseguida o desaparecida. Su espíritu rebelde fue sentenciado por una bala, al igual que Zapata. 

*Imágenes: Creative Commons / edición – Jaen Madrid.

Jaen Madrid
Autor: Jaen Madrid
Editora de tiempo completo, música y ser humano. Ha escrito numerosos artículos en este medio, dando vida principalmente a los rubros de Arte, Cultura, Misticismo y Surrealismo. Escribe y edita Ecoosfera. Su tiempo libre lo dedica a leer literatura griega, tarot y ocultismo, además de crear música con sintetizadores.

Los chinacos, esos valientes guerrilleros

De extracción humilde, gran habilidad en el caballo y guerrera, estos héroes nacionales surgidos del pueblo defendieron a México de varias intervenciones extranjeras.

Yo soy libre como el viento, / pero tengo dignidad, / adoro la libertad, / con todo mi corazón.

Fragmento de una canción chinaca. Siglo XIX.

El origen de los chinacos y la etimología del nombre

Los famosos chinacos, los guerrilleros que pelearon contra las tropas americanas en la Guerra de Intervención de 1847, y contra los franceses en la guerra invasiva de 1864, fueron hombres del pueblo que no debemos confundir con los llamados “charros”. Su extracción era humilde, y solían emplearse en las haciendas de los ricos colonos españoles que empezaron a proliferar desde los inicios de la Nueva España.

Así pues, los chinacos tienen su origen en el virreinato. Durante el período colonial de México, una de las tantas castas que existieron, los mestizos –con tres cuartas partes de sangre india y una africana-, trabajaban como sirvientes, cargando cosas pesadas y llevando a cabo tareas que requerían un fuerte esfuerzo físico. Estos hombres fueron conocidos con el nombre de “chinos”, a causa de su pelo que frecuentemente era rizado y no porque provinieran de China. Con el paso del tiempo, el apodo de “chino” se convirtió en “chinaco”, como les llamaban los criollos (descendientes de padres españoles asentados en México) y los españoles colonizadores. Ya no importaba entonces con cuanto porcentaje de sangre india contaran.

Sin embargo, para otros investigadores del tema la palabra “chinaco” proviene del náhuatl tzinacan, que significa murciélago, porque era frecuente que salieran a luchar contra el enemigo por la noche, y que por el día se escondiesen en cuevas o grutas secretas, a la manera de los murciélagos.

 

Los chinacos montan caballos

Los mestizos libres del inicio del virreinato y principios del siglo XVII, tenía el derecho de montar en caballos, mismo que se les había negado hasta entonces, pero como se hacía necesaria la mano de obra de los mestizos en las haciendas ganaderas, el virrey Luis de Velasco y Ruiz de Alarcón en el lapso de 1550-1564,y segundo virrey de la Nueva España, dio permiso para que los mestizos trabajadores de la Hacienda de San Javier, en Hidalgo, pudiesen montar caballo con silla, freno y espuelas. Poco a poco el uso del caballo se fue extendiendo entre los mestizos que trabajaban en otras haciendas.

Así pues, para finales del virreinato los chicanos podían poseer caballos con todos sus avíos, y se habían convertido en hábiles jinetes, que podían pasear a sus “chinas” en sus cabalgaduras, las mujeres por excelencia de los chinacos.

 

La vestimenta y avíos de los chinacos

Los chicanos llevaban un sombrero de alas anchas, calzón de manta que cubría un pantalón de gamuza, abierto por los lados externos que se abrochaba con botones y mostraban tablones de tela ligera; portaban una ancha faja a la cintura, chaquetilla de corta con hombreras externas, y un paliacate que se colocaban en la cabeza, a la manera que nos muestran los retratos de José María Morelos y Pavón. Para protegerse del frío usaban un sarape, muy similar al campero de Andalucía. Nunca un chinaco podía pasársela sin llevar una reata de ixtle que le permitía controlar al ganado y, cuando peleaba, siempre utilizaba una lanza.

La montura que empleaban los chinacos estaba elaborada con cuero, era un bello producto de la talabartería; llevaba cincho (faja de cuero), arciones (correa que pende del estribo) bastante amplias y un fuste (armazón de la silla de montar). La silla de los chinacos se caracterizaba por llevar por detrás de la “teja”, los llamados “vaquerillos” consistentes en dos piezas de piel, preferentemente de cabra, que servían para que el chinaco se tapara la espalda cuando lo sorprendía la lluvia; o bien, los vaquerillos servían de adorno para engalanar la montura, derivada de la española y de la árabe.

 

Los chinacos: guerrilleros de las luchas armadas de México

En la Guerra de Independencia de 1810, en la que combatieron los insurgentes y los trigarantes leales a México, contra las tropas realista españolas, comandados por Miguel Hidalgo y Francisco Xavier Venegas de Saavedra (sustituido posteriormente por Félix maría Calleja), respectivamente, la figura de los chinacos estuvo presente en muchas de las batallas que se llevaron a cabo, como guerrilleros populares, tan importantes en esta lucha independentista. Es conocido que el dirigente insurgente José María Morelos y Pavón gustaba de usar el traje de chinaco por encontrarlo cómodo y bonito, además de patriótico.

Por otra parte, en la guerra que conocemos como la intervención Norteamericana en México que duró de 1846 a 1848, provocada por la anexión de Texas a los Estados Unidos, y que culminó con el vergonzoso Tratado de Guadalupe Hidalgo, que costó a México la mitad de su territorio, los chinacos estuvieron al pie del cañón al mando de comandantes de la talla de Mariano Paredes, Mariano Arista, y Nicolás Bravo, entre otros más, siempre defendiendo las causas justas con sus tácticas netamente guerrilleras.

Asimismo, los chinacos estuvieron presentes en la Guerra de Reforma, llamada la Guerra de los Tres Años, que abarcó del 17 de diciembre de 1857, hasta el 1° de enero de 1861, conflicto en que se enfrentaron el bando liberal juarista contra el bando conservador. Esta guerra culminó con la victoria de los liberales y la entrada de Benito Juárez a la Ciudad de México. La participación de los chinacos fue destacada, aunque muchos cambiaban con frecuencia de bando: unas veces luchaban con los liberales y otras con los conservadores.

Durante la guerra contra las tropas francesas de Napoleón III, empeñado en sostener en el imperio a Maximiliano de Habsburgo, los chinacos pelearon en el ejército mexicano, hasta la derrota del emperador, y demostraron su tremenda valentía.

Un artículo aparecido en el Monitor Republicano del 24 de diciembre de 1862, relata la manera en que los chinacos ejercían su oficio de guerrilleros:

Nuestros guerrilleros pueden formar lazada con las dos extremidades o puntas de cada reata, y colocar la lazada a la cabeza de la silla. Cada par de guerrilleros tiene lo suficiente con una reata. Dos, tres o más pares de ellos pueden ir sobre los grupos franceses, que serán desbaratados rápidamente. La manteada debe ser soberana, y no dejará parado, sino muy maltratado, al grupo o grupos. Aconsejamos a nuestros intrépidos guerrilleros que pongan en práctica estas manteadas. Ellas los libran de la punta de las bayonetas francesas, y en el galope o carrera de nuestros caballos, no es fácil que las balas causen mal. Les aconsejamos que hagan lazada a cabeza de silla, y que no amarren a muerte, para que en un caso necesitado puedan desprender la lazada de la cabeza de la silla. Aún en el caso de que los caballos queden sin jinete, por si pueden tener lugar las manteadas, si los caballos siguen corriendo sobre el enemigo, lo cual puede conseguirse con caballos que busquen la querencia, como dicen algunos campiranos. 

En el periódico La Chinaca. Periódico escrito única y exclusivamente para el pueblo, que empezó a publicarse en 1862, apareció la letra de la “Marcha de la Chinaca” que empezaba:

A la armas chinacos, / nadie os meta los tacos. / Traca raca traca / Avance la Chinaca / ¡Ea, Chinaca! / Traca raca traca / A vengar con la vida / a la Patria querida / Hundiendo en sucia KK / a Pamuceno Traidor, / Traca,traca, traca / Nos espera valiente / Nuestra tropa en Oriente, / su ira sólo se aplaca / Matando al invasor / Traca, raca, traca / tendámonos las manos / Los buenos mexicanos, / Que no haya toma y daca / Lo que pasó pasó. / Traca raca, traca…

 

Los chinacos desaparecen

A partir de 1870, los chinacos comenzaron a desaparecer, pues las defensas nacionales adquirieron otro carácter con el cual se tratada de imitar a los ejércitos europeos del siglo XIX, y, sobre todo, al ejército de los Estados Unidos de Norteamérica. Con el gobierno de Porfirio Díaz las tropas de a caballo dejaron a un lado el machete, la lanza y la reata, para sustituirlas por armas de repetición y por ametralladoras. Fue la desgracia de los chinacos y de otros muchos guerrilleros de a caballo, como Albino García el Manco de Celaya, Nicolás Romero, Félix Bernal, y los hermanos Villagrán, por mencionar solamente a algunos.

 

Los “cuerudos” de Apatzingan

Renuentes a desaparecer del todo ha quedado un vestigio de los antiguos chinacos en las Defensas Rurales de la región de Apatzingan, en Michoacán, que con el tiempo llegaron a ser lo que conocemos ahora con el nombre de los “Cuerudos de Apatzingan”, que destacaron en los años cincuentas y setentas, pero que aún son conocidos en el mundo entero.

Los jinetes “cuerudos” surgieron para combatir la delincuencia, y para mantener el orden en la zona de Tierra Caliente en la época anterior a la Independencia de México. Deben su nombre al traje que usan, elaborado de cuera de venado que les permitía aguantar el frío de las sierra cuando se encontraban en combate. Más tarde, los “cuerudos” participaron en la Revolución Mexicana, y después se anexaron al Ejército Mexicano como Cuerpo de Caballería de Defensa Rural.

El traje de los cuerudos es igual, o al menos muy parecido, al de los antiguos chinacos, pero sin los laterales de los pantalones abiertos y con tela plisada. Aún se les puede ver en los desfiles conmemorativos del 16 de septiembre en Apatzingan y en la Ciudad de Morelia. Nos preguntamos si el mítico Juan Colorado no sería uno de los “cuerudos de Apétzingan”, cuando afirma en su corrido que: Ya se va Juan Colorado, / Ya los vino aquí a saludar / Y el que me busque me encuentra / Por el rumbo de Apatzingan.

 Blog de la autora: Komoni

*Imagen: pintura al óleo del siglo XIX de batalla de chinacos a caballo

Sonia Iglesias
Autor: Sonia Iglesias
La antropóloga y periodista Sonia Iglesias y Cabrera nació en la Ciudad de México. Por más de treinta años se dedicó a la investigación de las tradiciones y el folklore de México en la Dirección General de Culturas Populares. Actualmente sigue investigando y publica artículos en diferentes sitios web.