Poliangular, el cortometraje que se pregunta por la existencia de ser humano

Este cortometraje de geometría fantástica, producido por el estudio Casiopea, ha obtenido diversos reconocimientos y en 2018 saldrá a recorrer el mundo.

Una obra que se adentra al autoconocimiento, a través de las figuras geométricas. Así es Poliangular, cortometraje animado de la directora mexicana Alexandra Castellanos, y producido por el estudio Casiopea. La narrativa del filme es sencilla, casi minimalista. La mayoría de las acciones transcurren a partir de las imágenes o el desplazamiento de los personajes, cuyas expresión ante el público es el silencio.

El abordar en una película animada la exploración del ser humano podría parecer muy complicado, hasta un intento que prometería ser fallido. El cortometraje Poliangular demuestra lo contrario, no sólo tuvo buena recepción de público, sino de la crítica. Ha recibido numerosos reconocimientos ,como La Palmita, que otorga el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine). Gracias a esto la directora mexicana llevará su película al Festival Internacional de Cortometrajes de Clermont-Ferrand, el cual se celebrará en el 2018.

La mudez de los personajes en esta pieza fílmica no es casual. Castellanoss, oriunda de la Ciudad de México, pensó en la realización de este cortometraje durante una serie de reflexiones en las que se cuestionó su manera de actuar en la vida. Fue sólo cuando, gracias a estas meditaciones, que la artista se dio cuenta que su vocación eran los cortometrajes de animación.  De ahí que cada uno de los individuos que salen en esta pieza parezcan tan meditabundos o ensimismados en sí mismos. La reflexión y el silencio es algo que la autora quiso dejar muy claro en estos seres.

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Otra de las características de los animales antropomorfos de Alexandra Castellanos son la búsqueda que realizan en el cortometraje. Desde el principio de la historia, cada uno de los seres se aboca a la búsqueda de algo que ni ellos mismos saben, pero sienten la necesidad de encontrar. Más allá de si logran o no conseguir lo que anhelan, la similitud que hay entre estos seres y su directora es inevitable.

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La manifestación de un cambio o deseo de mutar se nota hasta en su fisionomía: compuestos de figuras geométricas, abrazan el lenguaje abstracto como un método  contaste transformación. Este mismo tema del mudar de estado anímico y físico puede verse en el mismo título, Poliangular. La palabra hace alusión a muchos ángulos y, de alguna manera, las diferentes posibilidades del ser.

Poliangular no es un cortometraje de animación cualquiera. Su desarrollo, tanto visual como argumental, es el ejemplo de que puede hacerse películas mexicanas con reflexiones que involucren el devenir del ser humano y hacia donde se dirige.

 

Festival Hola México: una probadita del nuevo cine mexicano (al otro lado de la frontera)

Estas 4 películas se proyectarán en la edición 11 del Hola Mexico Film Festival en Los Ángeles y no podemos esperar para verlas.

El cine mexicano está viviendo una segunda época dorada. “Roma”, “Museo”, “Cómprame un revólver”, son solo algunas de las nuevas composiciones audiovisuales cuyos nombres retumban en el circuito local, pero también internacional.

La lista continuará ampliándose y no es extraño: en México tenemos mucho que decir y la boyante creatividad nacional nos ha permitido traducir estas historias al formato del séptimo arte con elegancia e ingenio. Por eso algunas de las nuevas propuestas que están presentándose en festivales por todo el mundo nos emocionan muchísimo. Uno de esos festivales es “Hola Mexico Film Festival”, una propuesta endémica de Los Ángeles, dedicada a mostrar el estado del cine contemporáneo de nuestro país, al otro lado de la frontera.

En su edición número 11 serán proyectados nuevos clásicos (como la ya mencionada y muy celebrada ROMA); una buena muestra de cine comercial, y una selección de historias que relatan micro-realidades de México que frecuentemente son ignoradas. Entre ellas hay 4 historias que consideramos imperdibles. Aquí te las presentamos.

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Huachicolero

Tocando una serie de temas que urgen discutir, “Huachicolero” es una propuesta que simplemente no podemos ignorar. En esta película Lalo, el personaje principal, es un joven que buscando dinero decide involucrarse con un grupo de huachicoleros; por supuesto la situación se complica, exhibiendo que, por donde la veas, la estructura social de nuestro país tiene fracturas enormes que tenemos que empezar a reparar.

Rita: el documental

Este precioso documental, lleno de música —de La Santa Sabina, por supuesto— celebra la vida de Rita Guerrero, activista, zapatista y vocalista de la épica banda de rock mexicana.

Niebla de culpa

La protagonista de esta película en blanco y negro es Marina de Tavira (nominada a un Oscar por “Roma”); pero esas cosas no son las únicas que este filme comparte con la aclamada de Cuarón, pues también decide abordar temas de desigualdad, ruralidad y trabajo doméstico. Aunque el tráiler promete una narración menos “localizada”, menos enfocada en memorias personales y mucho más poética.

Feral

El buen cine de terror no abunda y no solo en el cine mexicano. Parece que ese género prefiere concentrarse en “asustar” a través de una serie de artimañas técnicas y narrativas predefinidas, que en contar una historia. Pero “Feral” podría ser un antídoto a esta crisis.

15 películas mexicanas que se estrenan durante 2019 y que prometen ser imperdibles

2018 fue un año increíble para el cine y los cineastas mexicanos, pero 2019 pinta igual o mejor.

2018 fue sin duda un año increíble para el cine mexicano. La producción local nos dejó un delicioso sabor de boca. Desde las enormes propuestas que han puesto la compleja diversidad de México en el mapa (como “Roma”, claro), las protagonizadas por los actores favoritos (como “Museo”) y hasta los increíbles proyectos alternativos, el cine mexicano anda con todo.

Afortunadamente ese ritmo no parece estar disminuyendo con el año nuevo, al contrario, 2019 pinta igual o mejor. A continuación te presentamos 15 películas mexicanas que se estrenan este año y prometen ser increíbles. Algunas no han confirmado su fecha de estreno, pero estaremos actualizando esta lista, para mantenerte actualizado.

Los años azules

Ópera prima de Sofía Gómez Córdova, que ya ha generado bastante ruido en festivales de cine como el de Guanajuato y Guadalajara. Además fue nominada a Mejor ópera prima en los premios Ariel 2018. La película explora la complejidad de las relaciones cuando se comparte casa. La película ya está disponible en cines.

Las niñas bien

La película de Alejandra Márquez Abella estrenará el 22 de marzo y está basada en la exitosa novela de 1987 de Guadalupe Loaeza. Es una mirada a la “alta sociedad” mexicana, tratando de mantener su identidad y forma de vida mientras atraviesa la crisis de la década de los 80.

Cómprame un revólver

Probablemente una de las más esperadas del año, cortesía del genial Julio Hernández Cordón (quien también dirigió la imperdible “Te prometo anarquía”). El 12 de abril llega a los cines una película que extrapola a un futuro no lejano, pero definitivamente apocalítico, la violencia social que ya azota México.

Asfixia

De Kenya Márquez, la película que estrenará en abril explora el complejo contexto racial y racista de nuestro país.

Día de muertos

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Hecha 100% por mexicanos, la animación que fue desafortunadamente opacada por “Coco” por fin será estrenada en noviembre de este año. Dirigida por Carlos Gutiérrez Medrano la historia no tiene nada que ver con la animación de Pixar y promete ser una preciosa celebración de nuestra tradición favorita.

Un abrazo de tres minutos

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Del director Everardo González (La libertad del diablo) un nuevo documental, ahora producido por Netflix y con ayuda de Gael García Bernal, sobre el instante en que, anualmente, las familias separadas por la frontera México-Estados Unidos se reúnen por unos minutos. La fecha de estreno aún no está confirmada por la plataforma.

La camarista

“Roma” sentó precedente para tener conversaciones serias sobre la desigualdad social en México. Esta película, en ese sentido, le sigue los pasos, explorando la vida de una camarista interpretada por Gabriela Cartol. La ópera prima de Lila Áviles aún no confirma su fecha de estreno.

Chicuarotes

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Dirigida por el brillante actor Gael García Bernal, la película explora las vidas de los “chicuarotes”. Así le llaman a los pobladores de San Gregorio Atlapulco en Xochimilco, una de las regiones, por cierto, más afectadas por el sismo de 2017. Aún no se confirma la fecha de estreno.

Clases de historia

De Marcelino Islas, el trailer de esta película nos genera mucha intriga. La breve sinopsis describe que una mujer con cáncer terminal, entraña amistad con una adolescente muy intensa que hará valer cada segundo que le queda de vida. La fecha de estreno no ha sido confirmada.

El sueño del Mara’akame

La ópera prima de Federico Cecchetti aún no anuncia su fecha de estreno, pero nosotros ya estamos en la orilla de nuestro asiento, pues la ficción premiada por el Festival Internacional de Cine de Morelia y ganadora de dos premios Ariel, se describe a sí misma como un “retrato sincero de la comunidad huichol de Jalisco”.

Restos de viento

De Jimena Montenayor, aún sin confirmar su fecha de estreno, la película ganadora de tres premios del FICG (2018) es una ficción que explora el duelo a través de dos personajes infantiles; definitivamente una mirada que acostumbramos dejar en segundo plano.

Esto no es Berlín

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Aunque aún no se anuncia la fecha de estreno, hay que tener en mente esta película que fue seleccionada para participar en el Festival de Sundance 2019. El filme de Hari Sama, recupera memorias del propio director para narrar los movimientos artísticos y contraculturales que nacieron en la Ciudad Satélite de los años 80. La nominada al Oscar Marina de Tavira es parte del elenco.

M

La documentalista Eva Villaseñor ha trabajado con la memoria como concepto, explorando incluso sus propias memorias. Con este documental, lo que busca es desentrañar la vida de su hermano. El resultado fue premiado en el FICM 2018 con el galardón “Ambulante”, así que, bien podría ser uno de los mejores del año.

Noches de julio

El trailer de la ópera prima de Axel Muñoz pinta muy interesante. Se describe como una ficción que explora las relaciones humanas en un mundo que apuesta, tal vez, por disminuir ese contacto.

Rencor tatuado

De Julián Hernández, esta película que aún no anuncia fecha de estreno, explora la crisis de la violencia de género a través de una ficción situada en la Ciudad de México de los años 90.

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MUSEO es una película preciosa e incidentalmente verdadera (RESEÑA)

Esta reseña no pretende decir la verdad, aunque por accidente se encuentre con ella.

La historia esperada, la que todos quieren ver, es la siguiente: en la madrugada del 25 de diciembre de 1985 (sí, en la Navidad del año del sismo), fueron robadas más de 100 piezas del Museo Nacional de Antropología. Los ladrones: dos jóvenes de no más de 25 años, veterinarios ambos.

¿Cómo lo hicieron? Fácil: Carlos Perches y Ramón Sardina, mexicanos y compañeros de crimen, planearon el atraco durante seis meses, según reportaron las autoridades y para no fallar ni una, visitaron el museo más de 50 veces. Así, se dieron cuenta de que la seguridad era mínima y que lo más importante era evitar las miradas indiscretas de los guardias de, que evidentemente estaban distraídos gracias a las fiestas.

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Sabían perfectamente qué estaban haciendo y cómo se hacía. A la mañana siguiente de lo que los medios de la época calificaron como “El robo del siglo”, la nación entera tuvo noticia del asunto y, así, se inauguró el misterio. A pesar de las múltiples detenciones y teorías policiales que involucraron crimen organizado, narcotráfico y tráfico de arte y otros objetos culturales, las piezas estuvieron desaparecidas por 4 años.

En 1989, por el “pitazo” de un narco, las autoridades dieron con ellas en el clóset donde fueron escondidas por los ladrones, después de ser sustraídas de su sitio de origen (del museo, claro). Llevaba apenas unos meses en el poder Carlos Salinas de Gortari, cuando celebró este triunfo con una conferencia de prensa en el museo y posteriormente, una comida, en un restaurante de lujo.

Narra este final feliz Xochiketzalli Rosas para El Universal con tanta maestría que no hace falta volver a escribirlo:

“Así, mientras el jefe del ejecutivo, los miembros de su gabinete y los diversos invitados abandonaron el museo y celebraban, allá, entre el mármol y el tezontle quedaron los visitantes de todos los días y en la pequeña sala en nichos rigurosamente vigilados, un tesoro y su misterio reposaron de nuevo en las sombras del museo.”

La verdad es narrativa

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Extrañamente, esa historia no es la que se dedica a narrar Museo, la película de Alonso Ruizpalacios, protagonizada por Gael García y Leonardo Ortizgris; en todo caso esa es la historia que poetiza, pero eso ya lo discutiremos más adelante.

No, la historia que nos cuenta Museo es una réplica de la original. La historia original es, claro, el complejo ensamblaje que se armaron los medios, desde el momento en que se enteraron del robo, hasta este preciso instante. Y Museo es una réplica, una pieza que aparenta (por su fachada, por su presencia mediática y la historia que evoca) ser algo que no es. Sin embargo, no por eso es menos verdadera, en todo caso, es su delicioso desdén, cuando se trata de narrar el mundo, lo que la hace tan fantástica.

La evidencia de que estamos frente a un collage, frente a una poesía, antes que frente a un documental (o por lo menos una de esas piezas que pretenden serlo) se nos presenta en las primeras escenas de Museo; pero una realmente icónica es aquella donde se narra cómo llegó a Chapultepec la enorme figura de Tláloc, extraída desde el lago de Texcoco. Las imágenes fueron sacadas directamente de un clip del Museo Nacional de Antropología y el guión, prácticamente es el mismo.

Sin embargo, hay algo que, en la repetición se suma; como cuando miras un fractal, pero en las separaciones entre patrón y patrón, línea y línea, se manifiesta otra forma que también se repite. Así funciona más o menos toda la trama, a la que se le unen la cinematografía y otros detalles como las actuaciones y los sonidos. Sobre cosas que existen, se construyen calcas, pero hechas casi con descuido, casi gritando que son copias.

Así, mientras que el ensamblaje que es esta película, se “chinga” detalles de todos lados, también lo hace como le viene en gana, haciendo que el conjunto valga más que la suma de las partes. Y sí, esta película es un robo, en tantos sentidos; pero tal vez, es necesaria su forma, para poder describir articuladamente unos cuantos robos más.

El robo de Tláloc es uno que destaca: cuando se llevaron la figura de piedra de su lugar de origen (un sitio muy lejano al museo), los habitantes se quedaron tristes; pero el dios no se quedó de brazos cruzados. La cápsula documental del mismo MNA narra: “Es curioso observar que aún cuando el reporte del tiempo no pronosticaba lluvia para ese día, al entrar Tláloc a la Ciudad de México cayó un aguacero torrencial que duró una hora y media, un hecho por demás inusitado para esa época del año.”  

Si llovió o no llovió ese día, es lo que menos importa. El recurso es puramente narrativo, lo mismo que la tristeza de la gente a la que despojaron de su deidad. Aquí la cosa es quién está contando las historias, quién se adjudica este poder divino, de narrar. Alonso Ruizpalacios y el equipo que hizo posible este cuento audiovisual, se empoderaron en serio. Cada detalle de la película genera una tensión enorme entre lo que es verdadero y lo que es falso, aunque, simultáneamente la tensión se disuelve, casi con la misma fuerza, como asumiendo que el producto final está abierto, es poroso y está puesto para toda clase de interpretaciones.  

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Muy distinta era la historia que se agenciaron y distribuyeron los presidentes de la época y con la que crecieron los ladrones, en la película llamados Juan (Gael García) y Benjamín (Leonardo Ortizgris). Pero Juan y Benjamín no eran tan ingenuos, por lo menos no se pensaban pendejos y esa historia nacionalista alimentada por tipos como Luis Echeverría y José López Portillo no los convencía. Incluso se sugiere que a los personajes les importa un bledo la verdad, lo que los mueve son las vivencias. El contacto directo con eso que se promete, a ver si es cierto. ¿Pero y si no? Pues no importa.

Aunque vivir así, tiene consecuencias, cuestionar la historia, profanar las vitrinas que la envuelven podría ser terrible. Algunos, lo consideran incluso un acto de lesa cultura y nacionalidad, por lo menos así llamó Jacobo Zabludovsky en las noticias de la mañana del 25 de diciembre al robo de Juan y Benjamín (o Carlos y Ramón, dependiendo de quién esté narrando).  

Y Jacobo no estaba solo, funcionarios, y probablemente también ciudadanos, refunfuñaron frente al noticiero, sospechando que solo gente miserable, sin pasado, sin futuro, podría haber cometido crimen tal. Ojalá, tal vez se susurraban, se pudran en su maldición de pendejez. ¿Pero no es acaso la pendejez la maldición de ser humano? La imbecilidad pura, pues, la incapacidad de saber qué pasó en el pasado y que será del futuro, la condición de estar sujetos al espacio-tiempo de cada caso.  

Como los personajes, no puede hacer uno más que imaginar y a través de uno mismo dar con un par de respuestas, mientras dura la contemplación deliciosa de las piezas que están enfrente, tal vez dioses de oro en miniatura hechos por hombres o películas de 35 mm, proyectadas en gran formato hechas por otros hombres.

Un sujeto asediado por su destino decide dejarlo atrás

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Cuando se trata de buscar la verdad, la pregunta adecuada es el por qué. Y a quien esta película marchita en lugar de hacer vibrar, es a quien se muere por saber la respuesta correcta a la pregunta de los 50 millones de pesos: ¿por qué lo hicieron?

Dicen que la policía nunca pudo averiguarlo, pero el asunto era, por mucho, lo que intrigaba deliciosamente a la audiencia de los noticiarios. El 17 de junio del 89, por ejemplo se publicó este artículo en Proceso, donde se cita al director del Instituto Nacional de Antropología e Historia, Roberto García Moll:  “dice que —en forma personal— cree que los ladrones ‘están enfermos, porque para puntada es una puntada muy dolorosa y lastimosa’”.

Cuando no hay respuesta suficiente, la locura es la única verdad posible. ¿Pero será la locura síntoma de que un sujeto (uno como Juan o Benjamín), harto de las circunstancias, harto de saber el fin último de su vida, decide dejar de luchar por la verdad que le ha sido narrada? La vida está llena de mitologías que nos son genuinamente ajenas y otras que simplemente asumimos.

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En Museo se yerguen orgullosas, haciendo reír y llorar a la audiencia. El retrato de la familia clasemediera y sus clichés, por ejemplo, son pequeñas joyas históricas, pero que, contrario a las que se encuentran en el museo, estas sí se sienten nuestras. Por otro lado las mitologías que ensamblamos sobre la familia, la política, los desastres naturales (recordemos que el robo fue en 1985), sirven para hacer valer acontecimientos específicos y ¿después? ¿Tenemos que conformarnos con la verdad ya narrada?

Ruizpalacios en Museo sugiere que no. El truco más obvio y fantástico está inscrito en la cinematografía, en hacerla evidente, en denotarla. Hay un par de escenas, de hecho que exageran la cualidad de cine a tal grado, que no hay manera de “olvidar que estás viendo una película”. Algo así como la escena icónica de Persona de Ingmar Bergman (1966), donde, en el momento de máxima tensión de la película, el film parece atorarse y quemarse.


Y no solo es la actuación y las decisiones visuales las que nos dicen “te estamos engañando”, el audio cumple un papel fundamental y hay que ponerle atención. De hecho, el soundtrack de Tomás Barreiro (que es una auténtica joya), también hace su parte, entre el plagio y los efectos exagerados o reforzando los detalles conceptuales de la trama.

Por si fuera poco, constantemente se nos recuerda que hasta el más terrible drama al que las narraciones del mundo nos hayan atado, hasta el destino más asediante es fútil, junto al auténtico aparecer, junto a la verdad verdadera de que la vida, como la película, como los dramas de ambas y como las mitologías, van a terminar por terminarse. En pocas palabras, la muerte es otro de los personajes que tienen presencia en cada uno de los niveles de Museo.

Un día, alguien se cansó de toda narración y empezó a hacer poesía

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Al hacerse la pregunta por la verdad, Museo, se pregunta por el origen, no solo el de las cosas, pero también de las ideas, de las historias, de toda clase de narraciones. Pero, al no contestar ninguna pregunta, al dejar el mundo de sus personajes y lo que suponemos que el mundo nuestro incompleto, lo que construyen es auténtica poesía.

Al sugerir huecos en los personajes, me sugieren a mí que probablemente no sé bien qué estoy haciendo, pero que, definitivamente, hay una fuerza interior que me impulsa. Esa fuerza bien podría ser nuestra tradición, pero no la “tradición” como la hemos comprendido o la pintan los museos; tampoco como un conjunto de políticas de vida de las que no somos dueños, sino como la manifestación de la propia subjetividad en cada una de las cosas que toca nuestra mirada.

Si hay una especie de verdad o moraleja en Museo, tal vez sea que “chingarnos algo” apropiarnos de la narración de una cosa, desarticularla, (tal vez, usar las reliquias nacionales para hacer cocaína o llevarnos a Tláloc a hacer lluvia donde no pertenece) es hacer poesía.

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Ahí va Tláloc…

Para cerrar, un dato curioso sobre la película. Al parecer replicaron en Estudios Churubusco las salas del MNA, para tener control de las escenas y como espectador puedo decir que lo hicieron con una precisión tal, que si no lo sabes, no tienes motivos ni para sospecharlo. En su defensa (y en la de cualquier artista y casi cualquier cinematógrafo) se puede argumentar que no te están engañando, en su lugar te están diciendo: esto es una verdad ensamblada en un andamiaje de artificios, pero, francamente, ¿eso te importa? ¿Cuál de tus verdades no se yergue así?

La más hermosa de tus verdades es comparable con aquel Tláloc afuera del MNA: con su pinta tan radiante que cualquiera podría jurar que siempre ha estado ahí, pero tú sabes, secretamente, que ese elemento corresponde a otro lado, lo robaste y, solo por eso, es tuyo.

Dicen distintas fuentes que, después del robo, todos los mexicanos querían ver las vitrinas vacías. Tal vez lo que les provocaba tanta intriga era la historia en blanco o, desde otro lugar, la posibilidad de una historia.

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María Fernanda Garduño Mendoza
Autor: María Fernanda Garduño Mendoza
Estudios y gestión de la cultura, UCSJ. Ensayando discursos, constantemente. Articulando rupturas.