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9 formas muy mexicanas de entrar en trance

Experiencias físicas (como una enchilada mística) y motivos loopeados, que te sacarán de tu mente...

El trance es un estado místico de la subjetividad. No es un lugar, ni un momento en sí. Es una forma de estar, que, según diversas creencias espirituales, te conecta con “lo divino”; sin embargo, no parece ser una vivencia de revelaciones. Al contrario, quienes lo han experimentado, sugieren que es un momento de desapego de la conciencia propia. Como una suspensión de la subjetividad.

Hay prácticas para inducir el trance; cabe la posibilidad, sin embargo, de hallarse en este estado, víctima de un estímulo que hipnotiza y despega al sujeto del espacio y tiempo. Hay experiencias que llevan las sensaciones corporales a su propio límite o elementos que se repiten una y otra vez, hasta desdibujar las fronteras entre el instante presente y el pasado, haciendo que uno entre en trance.

Aquí te presentamos algunas formas muy mexicanas de entrar en trance. Cuando te los vuelvas a encontrar, permite que te desarticulen…

Respirar atmósferas humeantes

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El humo nubla la vista y tal vez, también la mente; pero ilumina una cara oculta de tu conciencia. Abundan en México las atmósferas humeantes de aromas profundos que estimulan y potencializan los sentidos. El copal, místico “incienso de la tierra”, por ejemplo, ha sido utilizado ancestralmente en rituales sagrados por su dulce y densa fragancia.

Escuchar un motivo musical que se repite

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La repetición tiene la cualidad de alterar la percepción del tiempo. Parece que este se alarga infinitamente y, al mismo tiempo se acorta, en tanto que la escena que se repite se vuelve familiar. En México, hay tradiciones musicales fundadas en la repetición de motivos (como las piezas de violín de los tarahumaras o el son jarocho). La piezas ancladas a estos géneros podrían continuar por algunas horas. El hipnotizante transitar por el mismo momento, una y otra vez, te llevará al trance seguro.

Darte una enchilada mística

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Los mexicanos adoramos sentir con el cuerpo. Nos fascina el tacto en nuestros “protocolos” cotidianos (como el frecuente saludo de beso y abrazo) y nos encanta estimular lo físico con olores, colores brillantes y sabores muy intensos. Habrá algunos que lo detesten, pero, en general nos encanta aderezar la comida con una dosis infame de picante. Pocas formas tan efectivas de inducir un trance, como el darse una enchilada mística; una que francamente no te deje pensar y sólo te haga sentir.,

Tomarse unos buenos pulques

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El pulque es una bebida muy especial. No sólo por su relación con lo divino o sus comprobados beneficios para la salud. Si has tomado pulque, conoces la extraña sensación que produce. Un sopor peculiar. Una densidad deliciosa que “tira, que mata, que te hace andar a gatas” y sin duda, te despega de la propia corporalidad.

Observar cuidadosamente cómo se hacen las tortillas

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Como un mantra, la repetición mecánica del proceso de hacer tortillas, puede estimular profundamente y alterar la conciencia. Si es en una máquina, el sonido que emite el generar idénticos discos de masa, puede hacerte olvidar la temporalidad. Hay también, una belleza hipnotizante en observar a una persona amasando, formando una pequeña pelotita de maíz, prensándola, tirando la tortilla al comal, dejar que ésta se infle, voltearla y sacarla. Y luego, otra vez. Mil veces. Sin parar.

Escuchar las campanas de las iglesias en los pueblos

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Las campanas de las iglesias tienen la función de dar la hora y avisos pertinentes como la muerte de un vecino o el incio de una fiesta patronal. Cuando suceden estos últimos, las campanas (especialmente en los pueblos) pueden continuar sonando por horas y horas. El primer efecto, para quien no acostumbra experimentarlo, podría ser un dolor de cabeza promedio; a continuación, podría acontecer una profunda desesperación y, por último la delicia del trance, de desanclarse de toda realidad fáctica.

Hacerte uno con la masa

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Hay algo francamente mágico en estar rodeado de miles de personas. Cuando uno se permite hacerse uno con la masa, seguir sus pasos en lugar de los propios, resignarse al sudor y al contacto sin límites, renunciar al “espacio vital” y descubrir que efectivamente “todo cabe en un jarrito”. Quien conoce el metro de la Ciudad de México en hora pico. O un viernes por la noche en el carnaval de Tepoztlán.

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Escuchar el rezo en un velorio

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Los rezos en el velorio se hacen solemnemente. El tono de voz es, entonces, plano; como si quisiera ocultar la tristeza o demostrar una respetuosa carencia de emotividad. Se repiten muchas veces los mismos versos, invocando fervientemente lo mejor para los presentes, especialmente el muerto. Rezando o escuchando, el trance es inevitable y el rezo puede seguir por muchas horas…

Transitar las carreteras sinuosas de la sierra oaxaqueña

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Algunas carreteras mexicanas son bellísimas, porque los paisajes son alucinantes. Pero también pueden ser complicadas y peligrosas. A algunas no les quedó más que seguir el camino trazado por las sierras y montañas que estaban mucho antes que ellas. En Oaxaca, las carreteras son especialmente sinuosas. Afortunado serás si te encuentras a penas un tramo recto, excepcionalmente corto. No hay manera de evitar el trance y perderse en un malestar que se convierte en conciencia profunda del propio cuerpo.

*Imágenes: 1 y 11)San José del Pacífico; 2)Creative Commons; 3)Especial; 4) Jozef Ibarr; 5)Creative Commons; 6) diak-Shutterstock; 7)Flickr-Catedrales e Iglesias; 8)Cuartoscuro; 9)Diario de Morelos; 10) Autor desconocido

Los extraterrestres y la magia, una creencia muy a la mexicana

Soñadores o visionarios, los mexicanos parecen creer en la vida más allá de la muerte y los extraterrestres. Un nuevo estudio lo afirma.

El misticismo y los extraterrestres, una creencia mexicana. Al menos eso es lo que apunta un estudio realizado por Martijn Lamper, quien con su trabajo Majority of humanity say we are not alone in the universe, ha arrojado nuevos datos sobre qué más creen en la vida extraterrestre y la magia. Los mexicanos ocupamos el segundo lugar.

La asociación entre el misticismo y la vida extraterrestre no es arbitraria. Tampoco es una señal del bajo grado de educación o ignorancia del pueblo o nación que cree en ellas. Al contrario, refleja una apertura a las nuevas posibilidades, el atrevimiento de romper nuevos paradigmas y, sobre todo, la humildad de reconocer que en un universo tan grande, la raza humana no podría estar sola.

Los datos del estudio son claros en cuanto a esto. Según sus resultados, las personas más propensas a creer en la vida extraterrestre están altamente interesadas en la ciencia, son de mente abierta, son tolerantes, son pensadores holísticos y son fervientes creyentes de que la imaginación y los sueños pueden de alguna manera afectar la realidad. Entre otras de las características que salieron a relucir resaltó que, de las 47% personas que creían en la existencia de los extraterrestres, muchas estaban a favor de buscar una manera de contactarlos, mientras una porción pequeña de gente aseguraba que lo mejor era no intentar algún tipo de comunicación.

La renuencia, como la atracción hacia lo desconocido, es una característica muy humana. La seducción que ha sentido el ser humano por estos temas se ha remontado desde sus inicios, como, por ejemplo, la manera en que se descubrió el fuego. Sin este tipo de necesidad que tiene el hombre y la mujer, de buscar lo extraño, los avances de la raza humana se hubieran entorpecido. De ahí que, pensar que la existencia extraterrestre es algo ignorante no es correcto. Simplemente es un raciocinio que se fundamenta en la fuerte premisa de que, en un cosmos tan inmenso, el planeta tierra no podría ser el único con vida inteligente.

Lo mismo sucede en cuanto a ver en los sueños y la magia un cierto poder. Esto no necesariamente significa que hay una falta de inteligencia. Muestra el grado de espiritualidad de la gente, su búsqueda de respuestas más allá de verdades absolutas. Algo que, lamentablemente, la ciencia aún no ha podido descifrar. Además, resulta muy pertinente recordar que el valor de los sueños es innegable. Tanto así que, en Europa, Freud decidió analizarlos para comprender de una manera más óptima la psique del ser humano.

El ver en el misticismo y la magia una nueva manera de autodescubrimiento y curación, como en el chamanismo y los rituales, también es una manera de abordar la complejidad del ser humano, así como buscar nuevas alternativas a la medicina tradicional, altamente cuestionable a lo largo de la historia. Es por esto que, muchos de los habitantes de México, buscan alternativas en la herencia de sus antepasados. Después de todo, como en muchos otros países de América, en México se transpira la nigromancia hasta en sus poros.

Estas creencias ancestrales han sobrevino la llegada de los europeos, la conquista y todavía ahora se les puede encontrar. Tanto así que, para muchas personas, son consideradas ya parte de la realidad. Debido a esto, no resulta sorpresivo que varios habitantes de México aún crean en la magia. Otro de los factores que ha favorecido la visión de lo místico como algo verdadero o parte de la realidad, reside en la riqueza de culturas mágicas que hay en el país. Algunos ejemplos pueden verse en los médicos curanderos, conocidos como los jíteberes en las comunidades indigenas, o la existencia de mujeres como Luz Irene Bacasegua, curandera de la etnia de los mayos en Sinaloa.

Este misticismo, alimentado por la medicina herbolaria y las figuras míticas de brujas o hechiceras, ha convertido al mexicano en una persona abierta a nuevas posibilidades y, tal vez, a encuentros cercanos con el tercer tipo. Aunque algo es claro: en un universo en el que la realidad parece volverse cada vez más frágil, el mexicano aprende a ver tras sus grietas con la valentía de descubrir la magia o vida planetaria en el caos.

*Referencias de imágenes: 4) Gustavo M

“Tierra de Brujas” fotografías que capturan el misticismo mexicano por Maya Goded (FOTOS)

Las brujas y su misterio son la magia que las ha mantenido vivas durante años, un fuego que se admira, pero al que uno no puede acercarse, sin el riesgo de una quemadura.

“El fin de la historia se adivina: las brujas, que hasta entonces no habían visto a Juanito, lo bajan del árbol y se lo comen”

-Alfonso Reyes 

Todavía existen las brujas, mujeres que no viajan en escobas, pero sí le susurran al viento y aprenden el nombre de las hierbas. El trabajo de Maya Goded las retrata en su proyecto: Tierra de brujas, donde no sólo logra captar el misticismo y surrealismo que aún hay en el norte de México, sino enfocarlo en las mujeres que hacen temer al hombre, hechiceras que para algunos, aún surcan los cielos y chupan la sangre de los niños.

Y, a pesar del temor y desprecio que hay hacia ellas, también logran milagros: la creación de un mundo, donde la nigromancia y  el misterio sobrevive.

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A partir de un sincretismo de las creencias prehispánicas y cristianas, las brujas enarbolan sus conjuros, en una región localizada en el norte del país, en el pueblo de San Luis. Aquí, entre los espectros de los  árboles, sombras cuyas hojas son consumidas por el calor de las tierras áridas, la búsqueda de la magia es indispensable para la sobrevivencia. Tal vez, es por eso el nombre con el que se les denomina a las hechiceras de esta región: “Bolitas de fuego”, atributo de la esperanza que encienden en la oscuridad, en la desesperación del ser humano. Sin su atisbo de magia en este paraje,  el hombre y la mujer se marchitan, como una flor en el desierto, cuyo aroma es sepultado en la arena.  

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El secreto que rodea a estas hechiceras, se mantiene oculto frente al ojo público, por el temor y escarnio que, todavía ahora, muchas de ellas sufren. Goded lo afirma, cuando cuenta su experiencia al llegar al pueblo de San Luis, donde habían los rumores de la existencia de estas nigromantes y una escuela donde ensañaban sus hechizos. Según cuenta la fotógrafa a Animal Político: 

Llegué a un pueblo muy solitario en San Luis Potosí. Ahí cada vez que preguntaba por la escuela de brujas, los habitantes me miraban con desconfianza, negando la existencia de brujas en el lugar.

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Pero el negar la subsistencia de las brujas es en vano. No importa con cuantas palabras se les quiera sepultar, ellas hacen crecer alas de sus hombros para despegar los pies de la tierra. La presencia de las nigromantes es innegable y Maya Goded lo vivió mientras iba en su búsqueda. No encontraba ningún rastro de ellas, pero su presencia se respiraba en la zozobra del pueblo al que había ido, en el temor que cada aldeano transpiraba. Hasta que, sólo una persona, que le pidió anonimato, la llevó con una de las mujeres: 

Un señor que conocía a una bruja me enseñó el camino para llegar a su casa pero me pidió que no le contara a ella que él me lo había dicho.

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Cuando la bruja la recibió, Maya Goded percibió el olor a flores secas e inciensos. La mujer frente a ella ya era una anciana, de ropa blanca y pequeña estatura, pero su mirada era la de un pozo y Maya temió ahogarse en sus profundidades, en esa oscuridad, en la que la bruja le dijo: “Estoy contenta porque llegaste a curarme”.

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La hechicera no tardó en revelarle a Goded que ya sabía el porqué venía y, que de hecho, la esperaba. La fotógrafa no tuvo palabras con las cuales responder, sólo con el silencio miraba a su alrededor, maravillada de encontrarse en un mundo diferente. La bruja tenía el don de escuchar a los muertos y entre sus utensilios de adivinación, estaba un balde de agua, en donde tenía visiones. Aunque, debido a su avanzada edad, su don comenzaba a languidecer. 

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Aún así, la fuerza de la vida de esta mujer no escapaba. Al igual que muchas de las brujas de la región, la mujer que Maya conoció se caracterizaba por haber vívido su vida como había querido: siendo independiente, sin hijos y el gozo de su plena sexualidad. Lamentablemente, la libertad que ejercen no es muy bien vista en donde habitan, por lo que viven a la periferia del pueblo de San Luis y, la mayoría de los hombres con los que han entablado una relación amorosa, las han dejado. Algo, sin duda alguna paradójico, porque la especialidad de estas brujas son los hechizos de amor. Maya lo afirma:

“Las brujas tienen historias de amor súper tristes. Son mujeres rechazadas porque se salen de las estructuras y reglas sociales. Su especialidad era el amor”.

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El temor hacia las brujas y sus corazones rotos es ancestral. Los pobladores de las regiones donde ellas habitan lo saben y al encontrarse con una, el miedo crece en sus venas como el mito de su magia rejuvenece. Las anécdotas en torno a estos encuentros no se hacen de esperar, fábulas que Maya Goded interpreta en sus imágenes, pero cuya seducción, sólo revive en los que se atreven a mirarlas. 

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En cada una de las fotografías de Goded, puede apreciarse al hombre, la mujer o el niño que decide entregarse a la bruja y sus hechizos. Lo que prueba que, a pesar del temor y desprecio que las brujas de San Luis provocan, sus habitantes las necesitan, como la llamarada de un fuego, en la oscuridad. 

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*Imágenes de Maya Goded

Miranda Guerrero
Autor: Miranda Guerrero
Estudió la carrera de Letras Hispánicas en la UAM Iztapalapa. Su carrera artística involucra tanto narrativa, poesía y elaboración de collages.

4 experiencias místicas que un viajero puede vivir en México (y jamás olvidará)

El territorio mexicano es fértil para encontrar todo tipo de acercamientos con lo místico: su secreto de cultura.

Tal parece que, al viajar —lejos del contexto que cotidianamente nos envuelve—, tenemos la oportunidad de encontrarnos con un reflejo más puro de lo que somos. Los viajes pueden ser una práctica de conocimiento profundo y en México, es fácil acceder a esta experiencia.

Ciertamente, el contacto con lo místico es algo que trasciende palabras, pues siendo pronunciado perdería la esencia que le mantiene en un misterio (y que solo es posible alcanzar experimentándolo). México se vale de experiencias místicas. Diría Antonin Artaud, gran surrealista de los años 30, de un “secreto de cultura”, que utiliza a su favor para pervivir las cientos de formas en que se fragmenta sobre el suelo mexicano: sus culturas ancestrales.

En este contexto, el territorio mexicano es fértil para encontrar todo tipo de acercamientos con lo místico; experiencias (francamente irrepetibles) que detonan desde ese secreto de cultura y se asoman en todo rincón de la República.  

Ceremonia de cacao

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El evento consiste en preparar y compartir cacao, de manera conjunta, en un ritual. Es una experiencia para compartir, conversar y tejer lazos. La ceremonia empieza con la preparación. Después, Se sirve el cacao en jícaras y cada quien lo endulza a su gusto con miel, canela y se le pone una pizca de chile. El cacao estimula al cuerpo y regala claridad. Se invita a cada persona a explorar sus sensaciones, con mucha atención, pero desde un lugar amable y reconfortante. La ceremonia tiene origen maya y se sigue practicando en Yucatán, pero también hay comunidades que la ejercen en otros lado, como en el pueblo de Tepoztlán, Morelos.

La iglesia de San Juan Chamula en Chiapas

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San Juan Chamula es un pueblo que se rige por sus usos y costumbres exclusivamente. Es tal la autonomía cultural, que la policía municipal no tiene derecho a entrar y los foráneos tiene que abandonar el poblado a las 6 de la tarde. Las creencias están bien arraigadas y mezclan la tradición indígena con una visión muy peculiar del catolicismo. Lo que llama más la atención de los turistas, en una mezcla entre miedo y curiosidad, es la iglesia del pueblo. En ella se pueden presenciar y experimentar rituales religiosos, que no se parecen a ningún otro. El recinto sagrado, que se encuentra oscuras, excepto por la iluminación de las velas, no tiene bancas, como en una iglesia tradicional. Ahí no se pueden tomar fotografías, sólo observar. Los asistentes se hincan y rezan, murmurando, mientras se abalanzan ligeramente de un lado a otro. Además, toman refresco y eructan entre rezos, porque piensan que de esta manera, expulsan de su cuerpo malos espíritus. Además, se puede presenciar el sacrificio de gallos negros, o recibir la consulta de una curandera. Muchos viajeros se resisten a esta experiencia mística, pero otros se disponen a ella y la reciben a pesar de la extrañeza. Lo más importante es siempre gozar de la invitación que nos hace una tradición, respetando sus condiciones y sin olvidar que, por distinta que nos parezca, lo que verdaderamente se está manifestando, es una forma de ser humano, y con eso nos podemos identificar todos. 

Los temazcales

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Este baño sagrado se practica en muchos pueblos mexicanos, especialmente de los estados de México y Morelos. Es un baño de vapor, que combina el uso de hierbas medicinales, con cantos rituales, para desintoxicar cuerpo y mente. El cuarto de baño, hecho de piedra, se calienta y los participantes entran desnudos y se tienden en el piso. Se lanza agua contra las paredes del temazcal y esto produce vapor. Los participantes sudan y se lavan. La experiencia puede ser muy demandante porque las condiciones, especialmente el calor, podrían resultar extremas; pero es un ejercicio que obliga a abandonar la necesidad de controlar el entorno, lo que puede resultar muy liberador.

Limpia en Catemaco

Este pueblo en Veracruz es conocido por sus tradiciones mágicas y brujería. Combinando símbolos católicos, con antiguas tradiciones indígenas, abundan en Catemaco los brujos que realizan ominosos rituales para beneficiar a los curiosos turistas y, por supuesto, a los veracruzanos que son fieles a sus creencias. Los brujos ofrecen sus servicios, a través de una serie —ya muy esquemática— de paquetes que pueden incluir limpias contra las malas vibras, amuletos y predicciones de lo que le depara “al cliente” el futuro. El ritual de la limpia puede consistir de diversas partes, pero normalmente se unta alcohol infusionado con plantas medicinales, se pasa por el cuerpo un huevo y se dan unos golpecitos con ramas. El huevo se abre y el contenido se vierte dentro de un vaso con agua. El brujo “lee” el huevo y comparte con el cliente lo que encuentra. Entre la parafernalia, la experiencia ritual y las verdades personales que comparte el brujo, la limpia puede ser una experiencia muy extraña para los foráneos, aunque altamente reveladora.

 

*Imágenes: 1) Axel Lloret; 2) observamx.com; 4) diveandsnorkeltulum.com