Las 5 revoluciones que atraviesan México hoy y a las que deberías unirte (VIDEO)

Elige tu causa, pero hazlo pronto: México te necesita.

México celebra 109 años de la Revolución. Hablamos de un movimiento que generó una auténtica sacudida ideológica, social, política, cultural y campesina. Las consecuencias de este movimiento, en muchos sentidos, aún están vigentes; en igual medida las positivas y las negativas. 

Por otro lado, el espíritu revolucionario —encarnado en nuestra contemporaneidad por las figuras mitificadas de Emiliano Zapata y Pancho Villa— aún vibra entre muchos de nosotros. Y no solo nos sirve como memoria histórica, también como inspiración. 

México nunca terminará de (re)evolucionar

Nuestro territorio está en permanente estado de efervescencia y probablemente nunca deje de transformarse; sin embargo, hay algunas causas muy urgentes que atraviesan al México contemporáneo y que tú también deberías tener en tu radar; no solo para estar bien informado, sino para unirte a la lucha. 

Estas son 5 revoluciones que hoy están activas en México

Estas son 5 revoluciones que hoy están activas en México

1: Rescate del maíz nativo

El maíz mexicano ha sido desplazado por maíces extranjeros (en muchos casos transgénicos). Esta terrible paradoja —pues el maíz es endémico de esta tierra— nos está costando la desaparición y desvalorización del sistema de cultivo milpa y también el desplazamiento económico y político del sector campesino. Firma aquí la petición para que la protección y reconocimiento de nuestro maíz sea ley. 

2: Defensa del territorio y los ecosistemas de México 

Nuestros ecosistemas están siendo explotados de formas muy lejanas al principio de “sustentabilidad”. Las comunidades que habitan nuestros bosques y selvas se han hecho responsables de cultivarlos y protegerlos. Pero en México ser defensor ambiental se ha convertido en una actividad de riesgo. Nuestra tierra pide a gritos que cambiemos nuestras formas de consumir y que aprendamos a respetarla. 

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3: Comunidades contra el plagio

Este es solo uno de los cientos de problemas que las comunidades indígenas del país están enfrentando. El estado mexicano insiste en referirse a estos grupos como “nuestros indígenas”, generando una distancia terrible, que los hace parecer casi propiedad de los mexicanos y no sujetos por sí mismos. 

Pero los individuos que se identifican a sí mismos como indígenas tienen (o por lo menos deberían tener) acceso a los mismos derechos que cualquier otra persona. Esto involucra el respeto a su propiedad intelectual. 

Dado que los gobiernos no han logrado consolidar una figura que proteja la “propiedad intelectual colectiva”, manifiesta particularmente en los textiles tradicionales (que son propios de una comunidad, pero no de una persona), muchas compañías nacionales e internacionales aprovechan para robar diseños y técnicas, sin consecuencia alguna y sin pensar en remunerar a las comunidades. 

Si eres amante de las artesanías y los textiles tradicionales de estas comunidades, asegúrate de adquirirlos a través de prácticas de comercio justo y, de preferencia, sin intermediarios.

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4: Rescate de las lenguas indígenas

En México aún hay 68 lenguas vivas, pero están en peligro. Aunque ¿te has preguntado cómo muere una lengua indígena? No se extinguen sin más: se trata de procesos sociales y políticos que suelen implicar violencia y prácticas muy injustas. Cuidar a las lenguas indígenas es parte del cuidado de estas comunidades. Y “cuidado” simplemente significa: asegurar que, como todos los demás, tengan derecho a la vida. 

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5: Lucha de las mujeres por igualdad de derechos

Ser mujer en México es complejo: es peligroso, es desigual, es violento. Las mujeres están sometidas por una cultura anclada al machismo que ha permeado sus vidas por miles de años. Por otro lado, a estas alturas de nuestra historia, este machismo es una actitud que resta posibilidades a las relaciones que tejemos entre sujetos. Es urgente que las mujeres se sientan seguras en su propio cuerpo y en el territorio que este cuerpo habita.

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*Imagen destacada: Zatriel Madrid.

La década en imágenes: icónicos momentos para los mexicanos (GALERÍA)

La década del 2010 nos dejó momentos que cambiaron la historia para siempre. Aquí un recuento visual de algunos de los más importantes.

No hay época en la historia humana que no esté marcada por sus particulares sacudidas, cambios, desastres y triunfos colectivos. Por otro lado, la década de los años 10 se sentirá particularmente intensa, no solo para quienes la vivimos, también para los que la descubran desde en el futuro. 

Grandes cambios en la forma de comunicarnos, entender el planeta en el que vivimos y relacionarnos a nivel micro y macro hicieron de estos diez años un periodo de efervescencia y que nos dejó con muchas más preguntas que respuestas. 

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Imagen: Vice

En México la forma de pensar la identidad nacional se atomizó intensamente: descubrimos que, aunque pertenecemos al mismo país, cada uno de nosotros tiene formas particulares de interpretar la sexualidad, el género, la religión, la etnia, la lengua materna, las costumbres, el color de piel, la economía, la política. La década de los 10 abrió paso a miles de formas de ser mexicano. 

Mientras que eso nos polarizó mucho (sobre todo durante las elecciones de 2018), también nos permitió visibilizar a quienes pedían a gritos ser parte de “lo mexicano” en sus propios térmimos: mujeres, personas LGBT, indígenas, afromexicanos y otros grupos agarraron suficiente fuerza como para mostrarnos que la diversidad en este país nunca se agota. 

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Foto: Ian Benet

En esta década fuimos particularmente duros con el planeta y este con nosotros. La tierra mexicana se manifestó con un par de sismos que, sin duda, dejaron su marca en la historia y la memoria de cada uno de nosotros. 

Ahí nos vimos como realmente somos: frágiles, aún lejos de entender mucho sobre nuestra Tierra, irresponsables (en muchos sentidos); pero también plenamente solidarios, cariñosos y bondadosos. Por suerte nuestra conciencia preventiva y ambiental parecen estar al alza. Aprendimos buenas lecciones.

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En esta década no solo nos redefinimos hacia el interior: el mundo entero se re-enamoró de México, sobre todo a través de nuestro cine, nuestro diseño, arquitectura y gastronomía. Miles de mexicanos fueron premiados por sus grandes hazañas artísticas, deportivas, culinarias. Hicimos presencia con muchas ganas. 

A pesar de que nos distrajimos bastante con las “benditas” redes sociales —especialmente con los memes y una versión muy particular del “ingenio mexicano” (la del capitalismo tardío)— encontramos la manera de convocarnos unos a otros para lograr muchísimas cosas. En la trinchera digital, gestamos luchas por un esquema de gobierno más democrático, por leyes que protegieran a nuestro territorio y nuestra biodiversidad, por hacer visible las injusticias cometidas contra algunos.

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Por supuesto, a lo largo de estos años despedimos a muchos. Artistas, activistas, científicos, deportistas, investigadores, amigos, vecinos, familia. Tuvimos muchas (muchísimas) malas noticias. Nos peleamos. Nos separamos. Pero con toda la energía y, a pesar de todo, la mayoría de nosotros encontró la fuerza para seguir haciendo posible la surreal y caótica y bellísima y conmovedora cotidianidad mexicana. 

¿Qué nos depara? No lo sabemos. Lo que tenemos ante nosotros es la oportunidad de, por lo menos, enmendar lo que se descompuso en el pasado con vistas a, como dicen que dijo el buen Pancho Villa, “hacer de México un lugar feliz”.

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Puebla entre los 20 mejores destinos para 2020 (según National Geographic)

Descubre por qué Puebla es la ciudad a la que hay que viajar en el nuevo año.

Ojalá 2020 sea un año para expandir fronteras. Para iniciar la nueva década, podríamos proponernos conocer mejor el espacio que habitamos. Y, si no sabes por dónde empezar, tenemos la recomendación perfecta, pues National Geographic acaba de incluir a la hermosa ciudad de Puebla en su lista de los 25 mejores viajes por el mundo para realizar durante 2020. 

El barroco de Puebla está de vuelta

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Imagen: Erik Gómez

Así lo dice National Geographic. La hermosa Puebla es bien conocida por su deliciosa gastronomía que incluye, por supuesto, el platillo nacional: el chile en nogada; además el mole, los molotes, las cemitas, las tortitas de Santa Clara, los dulces de camote y muchas más. Pero no solo eso, la querida ciudad de los ángeles, también es un sitio emocionante por su inmensa producción artesanal liderada por la hermosa y típica talavera.

Al mismo tiempo, Puebla es una ciudad diversa, activa, creativa e innovadora. En ella se celebran eventos como “Ciudad de las Ideas”, una serie de conferencias en donde se presentan problemas contemporáneos de la mano de grandes pensadores de nuestro tiempo.

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Imagen: Noticieros Televisa

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Pero la razón por la que los curadores de la lista de NatGeo quedaron prendados de Puebla es otra: la hermosa arquitectura barroca de los siglos 17 y 18, atravesada por ricos y dramáticos garigoles. Adornada con oro, talavera y hermosas formas talladas en piedra, pocos sitios con una arquitectura tan opulenta y grandilocuente. La cereza del pastel: la Capilla del Rosario en la Iglesia de Santo Domingo, bañada en hoja de oro de 23 kilates. 

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Imagen: City Express

Pero entre tanto, como dijo a National Geographic Antonio Prado —director del Instituto Español de Puebla—, esta ciudad se mantiene tan auténtica que puedes experimentar un franco territorio habitado por la cultura mexicana.

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*Imagen destacada: Ted Mcgrath.

Gerardo Romero, geógrafo nahua, nos explicó la lucha vital de la Sierra Norte de Puebla (y cómo apoyarla)

Territorio es la palabra clave en la historia de México. Y, cuando se trata de este territorio, todos somos responsables. Este joven geógrafo nos explica por qué.

Territorio es la palabra clave en la historia de México. Al fin y al cabo, los choques y alianzas entre las distintas culturas, identidades y corrientes de pensamiento que transitan este espacio, se dan en torno al territorio. 

Mientras que algunos buscan poseerlo, otros simplemente quieren habitarlo y entienden que “habitar” es un ejercicio de reciprocidad, pues a su parecer, el territorio solo nos permitirá una vida plena si —a cambio— lo cultivamos, lo atendemos y hacemos el esfuerzo de resonar con él.

Estas formas de comprender y experimentar el espacio, al encontrarse, generan toda clase de conflictos, delineando no solo la historia del país, también las vivencias de cada uno de nosotros —aunque no siempre estamos conscientes de esto. 

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En ese sentido, se vuelven esenciales investigaciones como la de Gerardo Romero Bartolo. El licenciado en geografía por la UNAM recibió recientemente el Premio Arturo Warman, que se entrega a las mejores investigaciones en el área de ciencias sociales, por su tesis “Megaproyectos, despojo y resistencia: el caso de la Sierra Norte de Puebla como territorio estratégico en disputa” (que puedes leer aquí).

A lo largo de la tesis, Gerardo explica desde diversos ángulos la lucha que ejercen las comunidades locales de la Sierra Norte de Puebla por mantener —no solo la tenencia— la salud y la diversidad del territorio que habitan. Esta lucha es vital y en más de un sentido, nos concierne a todos. 

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Un poco sobre Gerardo Romero

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Originario de San Salvador El Seco (antes Cuayehualulco que significa “lugar rodeado de arboledas”) Gerardo Romero es parte de la comunidad macehual (nahua) de la zona. Su familia es campesina y artesana. Además de trabajar en la milpa y en la siembra de amaranto y haba se dedican al trabajo de artesanías de piedra (como los molcajetes).

En muchos sentidos su conexión con el territorio —con la tierra— es directa y constante. La geografía es para él una herramienta, una extensión que le sugiere la posibilidad de analizar simultáneamente naturaleza y sociedad. 

Y esta herramienta se volvió urgente, pues necesitaba investigar a fondo las “posibles afectaciones que generan los proyectos extractivos”, especialmente, el desarrollo interno de los conflictos socioculturales que provocan.

Entre relatos de amigos, familiares y vivencias propias, mientras crecía, Gerardo comenzó a entender que su relación personal con la tierra no era solamente una particularidad cultural, también era un acto de resistencia frente a una lógica de territorialización que —paradójicamente— se desenvuelve para alimentar un espacio abstracto muy lejano a la materialidad del espacio (de la tierra): el capital económico.

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¿Qué pasa en la Sierra Norte de Puebla y por qué es un territorio estratégico?

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Fotografía: Ana Karen de la Torre.

Gerardo Romero explica que llama a la Sierra Norte de Puebla un “territorio estratégico” por distintas razones. Por un lado, porque en esta región abundan una serie de recursos clave para el desarrollo industrial y, así, se comprende como capital de distintos intereses empresariales. 

La Sierra Norte de Puebla está marcada por el yacimiento de hidrocarburos no convencionales (son los que se extraen por medio de un proceso conocido como “fracking”); además, es una zona esencial para la industria minera (financiada por capitales extranjeros, especialmente canadienses) y donde se tienen contemplados múltiples proyectos de hidroeléctricas.

Por otro lado, es estratégico en un sentido muy particular: la Sierra Norte de Puebla es un sitio con una amplia tradición de lucha social. De hecho, relata Gerardo Romero, fue en el poblado de Zacapoaxtla donde se libró la batalla del 5 de mayo, suceso que las comunidades poblanas aún tienen muy presente, de ahí la frase contemporánea citada por Gerardo: “Si pudimos con los franceses cómo no vamos a poder con los canadienses.”

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Imagen: Red de Afectados por la Minería

La sensibilidad aguerrida que guía a las comunidades de la zona no es gratuita. Hay una justa mezcla étnica en la región, entre nahuas, totonacas, tepehuas y otomíes que tienen como herencia cultural una historia de luchas no solo por el territorio, sino por la supervivencia de su estilo de vida. 

Pero el panorama que tienen frente a ellos es ultra complejo. Como explica Gerardo Romero, los proyectos extractivos (también conocidos como “megaproyectos” y “proyectos de muerte”) han establecido “relaciones metabólicas” entre sí. 

Su aparición en el territorio responde a un esquema mucho más amplio. Las hidroeléctricas y los gasoductos que atraviesan la Sierra Norte de Puebla sirven para abastecer industrias de maquila en otras zonas, por ejemplo. El trazo de esas relaciones es un eje central en la investigación de Gerardo. 

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Fotografía: Ana Karen de la Torre.

Por eso sugerimos —un poco antes— que los principios a los que responde la idea de “habitar” más capitalista, poco tiene que ver con la tierra. Así, explota aquí para usar los recursos allá, sin hacerse responsable de los lugares que atraviesa. En su caso, es el “estatus económico” y la abstracción llamada mercado quienes dictan cómo se construye y cómo se destruye. 

En un espectro completamente distinto, las comunidades regionales explotan el espacio que habitan, para aprovechar los recursos que necesitan y después se hacen cargo de mantener el equilibro y, encima, de defender al territorio de eso que llaman “megaproyectos de muerte”. 

Por eso, Gerardo Romero llama a la visión de las comunidades “megaproyectos de vida”, para denotar el enorme contraste entre una dimensión del habitar y la otra. Particularmente porque la “de muerte” no está atendiendo su huella y representa en muchos sentidos una catástrofe ambiental que produce contaminación en mantos acuíferos, subsuelo, aire y está lastimando a la vegetación, a los animales y causando distintas enfermedades en los seres humanos.

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Estamos viviendo una fuerte desconexión entre nosotros y el concepto de territorio

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Está claro que la lucha de las comunidades en la Sierra Norte de Puebla es vital, pero ¿cómo va a apoyarla o simplemente entenderla alguien externo? Es importante considerar que muchos de nosotros no solo no poseemos “tierra”, tampoco la reconocemos nuestra y mucho menos la hemos trabajado.

Que Gerardo Romero tenga una conexión tan evidente con el territorio que habita y que sea profundamente sensible a las vivencias que sus amigos y la comunidad que lo rodea no es un afortunado accidente: es su mejor recurso como investigador. Y por eso le preguntamos: 

Aunque territorio es la palabra clave en la historia de México, pocos podemos ligar nuestras experiencias cotidianas al territorio en sí. ¿Cómo volvernos a conectar?

“El territorio es vida”, respondió Gerardo Romero, haciendo referencia a otra frase común entre las comunidades de la Sierra, “dependemos absolutamente del territorio,” continúa: “Los pueblos indígenas sólo siguen vivos por su tierra.” La tierra les da alimento y también les da propósito, sentido, identidad. Si los pueblos indígenas sobreviven es porque comulgan con el territorio, saben cuidarlo, lo escuchan y han aprendido por siglos su lenguaje.

“Por otro lado,” nos advierte Gerardo “si cuando pensamos en territorio sólo pensamos en el bosque, en el campo, el desierto, estamos equivocados. El territorio es todo, es la base del movimiento subjetivo. El territorio es incluso tu cuerpo [que también está en disputa, cortesía de toda clase de intereses, especialmente el capitalismo].” 

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Así, para re-concectar con la idea de territorio hay que conectar con el territorio en sí: los sitios que habitamos, los espacios que, para nosotros, guardan significado, “el espacio en el que sobrevivimos: la calle, el barrio, la colonia, el espacio público”. Todo esto es territorio y, como nos dice Gerardo, también tiene recursos que están en disputa, que son capitalizados: agua, aire, espacio. Si dependemos de él, simplemente para estar, es territorio y de él somos responsables.

Es así que, “entendemos la lucha de estas comunidades como una lucha de todos,” pues la diferencia [fundamental] entre un megaproyecto de vida y uno de muerte es que el “megaproyecto” pretende absorbernos a todos en la proyección de un futuro concreto en donde posiblemente nos articulemos solo como recurso explotable [como trabajadores]. El proyecto de vida nos considera como energía activa, como subjetividad, como parte de la infraestructura orgánica.

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Así, además de empatizar con la lucha vital en la Sierra Norte de Puebla, hay que relfexionar sobre la forma en que cada uno de nosotros existe. El habitar siempre es territorial, de esta forma hay que preguntarnos ¿cómo nos apropiamos del territorio en el que vivimos? ¿Cómo lo tratamos? ¿Cómo lo cuidamos? ¿Cómo lo explotamos? ¿Cómo le retribuimos?

“Cuando vamos resistiendo desde lo local, nos damos cuenta de que nuestra lucha tiene en común con la del otro y podemos ir transitando a procesos de resistencia que no son solo locales. Nos damos cuenta de que dependemos mutuamente unos de otros.”

¿Cómo ayudar?

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Imagen: Gerardo Romero Bartolo

Empecemos por nosotros mismos. Hay que informarnos y generar conciencia social en un sentido amplio. Hablemos de tu calle: ¿Sabes qué pasa ahí? ¿Qué procesos de resistencia existen? ¿Quién administra los recursos? ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Quién se beneficia y quién no? Cuando tú tengas la respuesta, difunde la información.

Para Gerardo, los investigadores son vitales en este sentido pues “pueden generar conexiones y entender consecuencias. Analizar es dar cuenta de las relaciones.” Después, podemos “ubicar rasgos en común entre nuestra lucha y la de otros” y, también “aprendemos a preocuparnos por otros”, a ser solidarios. En su momento, podremos “articularnos, tejer estrategias de resistencia y procesos de lucha.”

Un precioso relato de lucha

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“La resistencia en la Sierra Norte de Puebla es una resistencia barroca” nos dijo Gerardo Romero, porque resiste desde muchos lugares: “es lucha política, espiritual, cósmica, territorial, ecológica”, se trata de mantener el equilibrio desde muchos frentes. Así, nos contó para finalizar la entrevista, una entrañable anécdota que figura en su tesis:

“En el mes de diciembre de 2016 la organización Atlepe Tajpianij instaló un campamento en el lugar donde CFE pretende construir la subestación eléctrica de la línea de alta tensión. Más de mil personas realizaron una acción de fuerza simbólica que existe para el pueblo maseual: sembrar maíz. Desde ese momento protegerían la tierra […] hace más de 200 años el pueblo masehual hizo lo mismo para defender las tierras que un latifundista les quería arrebatar.”

(extraído de “Megaproyectos, despojo y resistencia: el caso de la Sierra Norte de Puebla como territorio estratégico en disputa”, p. 242-243)

Sembrar maíz, un acto muy particular, especialmente porque con esta planta guardamos una relación tan estrecha que se podría decir que nuestros destinos están permanentemente entrelazados. Sembrar maíz, como anuciándole a la tierra: aquí estamos, vamos a cultivarte, significarte, quererte, habitarte.

Mira aquí un documental hecho por Gerardo Romero con más información sobre lo que está pasando en la Sierra Norte de Puebla:

María Fernanda Garduño Mendoza
Autor: María Fernanda Garduño Mendoza
Estudios y gestión de la cultura, UCSJ. Ensayando discursos, constantemente. Articulando rupturas.