Carmen Esquivel: la pintora naíf que fue apadrinada por grandes artistas como Rufino Tamayo
La honestidad de sus obras y sus escenarios de gran creatividad (como mitologías) sorprendieron a personajes como José Luis Cuevas y Rufino Tamayo.
La honestidad de sus obras y sus escenarios de gran creatividad (como mitologías) sorprendieron a personajes como José Luis Cuevas y Rufino Tamayo.
Esta palabra ha generado una fascinación por su trasfondo sobre el tiempo, que puede ser percibido de distintas maneras.
El encanto de estas simpáticas muñecas expresado en sus enormes ojos, su cuerpo “rellenito” y su ropa colorida, viene también de la historia sobre su surgimiento.
La mayor diversidad del maíz es mexicana, con 64 razas en el país, de las 220 existentes en América Latina.
Concebidos en forma de “angelitos” como los ayudantes de Tláloc, el tamal de “Tzoalli” es un peculiar platillo de la gastronomía prehispánica mexicana dedicado, sobre todo, a los ritos petitorios para las cosechas.
En 1953 este fotógrafo documentó la reacción de las personas en la calle cuando una mujer hermosísima y elegante las recorría altiva y sencilla a la vez.
Complejas y bellas construcciones a las que la cultura náhuatl puso especial atención e importancia y por ello les dio nombre.
Este libro fue, y sigue siendo, un homenaje a siglos de sincretismo entre la comida prehispánica y española.
Este personaje es hoy un ícono de la rebeldía contra la opresión. Su personalidad fue compleja y fascinante.
Su formato de libros hace de las texturas una experiencia que da significado a cada acomodo.
Su acervo se cuenta por miles; su documentación de la vida rarámuri se ha convertido en un vestigio histórico.
Se estima que para 1913 había unas 200 mujeres soldadas sumando la totalidad de las fracciones revolucionarias.
Cuando niña, Laville creció en el mar, y quizá con sus grandes ojos azules absorbió su esencia y nos la trajo en sus pinturas.
La psicodelia y la búsqueda de un mundo más pacífico y trascendental fue legitimándose, de algún modo, gracias a María Sabina.
Gonzalo Guerrero fue ganándose la confianza y amistad de un jefe maya local en el caribe mexicano.