La legendaria Exposición de 1940 que introdujo a México al surrealismo

En 1940 surge la Exposición Internacional de Surrealismo como una puerta hacia el inconsciente colectivo del mexicano que reflejaba los valores culturales del movimiento artístico.

Espiritualidad, inconsciente y vanguardia, son sólo algunas de las características que dieron dieron vida a la Exposición Internacional de Surrealismo en el México de 1940. Fue una expansión o invasión del inconsciente colectivo de los surrealistas europeos que trascendía la realidad mexicana, y lo colocaba en el único país surrealista por antonomasia.

En la búsqueda de internacionalizar esta ola sublime que jugaba entre el inconsciente y el consciente para crear una armonía de los elementos, los artistas André Breton, Wolfgang Paalen, Leonora Carrington, Remedios Varo, Edward James, entre otros, pretendían recrear una revolución artística que se fundiera en las tierras y raíces americanas.

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A diferencia de otros países del continente Americano, México pareció ser el espejo indicado que reflejaba el agobio y la nostalgia de un periodo postguerra que se plasmaba en la literatura, la música, la escultura y la pintura. Ambos territorios pasaban por procesos psicológicos colectivos similares tras un periodo de caos social, por lo que pusieron a su disposición los paisajes oníricos que la región ofrecía en su biodiversidad.

Así, México se convirtió en un sitio de paz y protección el surrealismo europeo; una prolongación de su máxima expresión en el Viejo Continente. Si bien se trazaron redes desde París hasta Japón, pasando por Egipto y Ámsterdam, los artistas surrealistas encontrar un refugio y hogar caluroso que les permitía escapar de la realidad bélica europea.

Fue así que en 1940 surge la Exposición Internacional de Surrealismo, como una puerta hacia el inconsciente colectivo del mexicano que reflejaba los valores culturales del movimiento artístico. Ahí, los artistas, principalmente el austriaco Wolfgang Paalen, Frida Kahlo y Diego Rivera, decidieron convertir el arquetipo mexicano en belleza convulsiva y maravilla.

En la galería de Inés Amor, en la ciudad de México, se inauguró la Exposición Internacional del Surrealismo organizada por André Breton (en ausencia). Dicha muestra contó con un catálogo en forma elíptica, con una contraportada en espejo que reflejaba la aparición de “una gran esfinge nocturna, relojes videntes, marcos radioactivos, invitaciones quemadas”. Se pretendía confundir al espectador en un cuarto oscuro con maniquís y pinturas.

Al fusionar el pasado indígena y de modernidad postrevolucionaria, se creó un momentum que no sólo intervenía en la realidad espacio-temporal, la trascendía hacia un continuum de la socialización del arte. Sin distinción aparente entre el movimiento extranjero y la mexicanidad connatural, la exposición resaltan una ideología reactiva y retórica entre distintas épocas y latitudes.

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Se buscó la trascendencia de la hegemonía, la invasión en el mercado del arte y la cultura, el nexo que unía el anima mundi en una adimensionalidad, la revolución de la narrativa del arte moderno y la panacea de una sociedad enferma de caos, neurosis y guerra.

Twitter de la autora: @deixismj

  1. Museo Reina Sofía, 2) Museo de Arte Moderno, 3) MUNAL
Maria Jose Castañeda
Autor: Maria Jose Castañeda
Psicóloga, educadora sexual, bailarina, lectora, persona. Ha colaborado en Algarabía, Pijama Surf, Petite Mort, entre otros.

Extraños descubrimientos arqueológicos que cambiaron nuestra visión sobre el pasado

Hemos dado con auténticas rarezas que la historia mexicana se tenía bien guardaditas…

En un país como este, donde la diversidad es inmensa, la historia cobra un sentido muy particular. Sin quererlo, tal vez, la hemos transformado en una especie de “pasado común”, un origen que todos compartimos y que por su aparente majestuosidad y profunda relación con lo divino, a cualquiera provoca orgullo.

Pero la verdad es que no tenemos idea de lo que significaba habitar los lugares que nuestra historia imagina; y menos las formas de pensar (y ser) de las personas que ahí estuvieron. Incluso las culturas “herederas” de algunas de estas antiguas tradiciones, los “pueblos indígenas”, tienen solo sospechas sobre ese pasado; lo que sí resguardan y es digno de explorarse y conocerse son leyendas, mitos y otras narraciones orales que los conectan con las de sus más antiguos abuelos.   

En ese sentido, los descubrimientos arqueológicos, las evidencias que constantemente brotan de la tierra y que nos dejan algunas pistas sobre el pasado, no dejan de sorprendernos y siempre ponen a prueba lo que ya teníamos por seguro. Además, muchas veces, en lugar de conectarnos con las vidas de antes, nos distancian, porque muchos vestigios son resultado de prácticas que están lejísimos de nuestra comprensión y hasta nos asustan (como los sacrificios).

Estas rupturas, estos “desengaños”, pero también las curiosidades que nos fascinan y los momentos de auténtica identificación, dicen mucho más de nosotros, del presente, que del pasado. Y tal vez por eso son tan emocionantes, porque nos están haciendo preguntas con las que no nos hubiéramos encontrado si, de manera incidental, nuestros ancestros no hubieran dejado por ahí, en lo profundo, piezas de un rompecabezas que nunca terminaremos de construir.

Te presentamos 10 extravagantes descubrimientos arqueológicos que cambiaron para siempre nuestra visión sobre el pasado.

Túnel al inframundo en Teotihuacán

En 2003 el investigador Sergio Gómez Chávez se encontró casi por accidente con un inmenso túnel debajo de la pirámide de Quetzalcóatl en Teotihuacán. Lo que hallaron ahí Gómez y su equipo es absolutamente fantástico y la investigación sobre el contenido hasta 2018 ha podido ser presentada en la forma del fantástico video de 360° que está arriba. El túnel estaba compuesto por tres cámaras mortuorias llenas de maravillas: ojos de cristal, esculturas de jade, figurillas de diorita y una especie de maqueta del inframundo, representando a escala montañas y lagos (que antaño estaban rellenos de mercurio, en representación de las aguas oscuras) y en las paredes de las cavernas, manchas de pirita, simulando estrellas.

También en Más de México: Entre reflejo y reflejo: la elusiva historia de Teotihuacán como un espejo

Ofrenda de finas joyas para Huitzilopochtli

En 2016 se encontró una ofrenda más (entre 205) a Hutzilopochtli en el Templo Mayor, en la CDMX. Pero esta tenía algo muy especial: los restos de un lobo de 8 meses ataviado con finísimas joyas de oro y conchas; según los investigadores que las descubrieron las piezas más magníficas hasta el momento. De acuerdo a los arqueólogos, se pensaba entre los mexicas al lobo como un guía para los muertos y, evidentemente, los antiguos indígenas estaban seguros del valor de las joyas y el oro, fetiche que extrañamente ligamos solo con “los españoles”.

Inmenso tzompantli, altar de cráneos

En 2015, en un predio en pleno centro de la Ciudad de México, se descubrieron múltiples maravillas insospechadas; entre ellas el Huey Tzompantli, una estructura mexica formada con cabezas de sujetos sacrificados o enemigos matados. Además, fue encontrada una ofrenda ritual cerca de un juego de pelota con los huesos cervicales de 32 personas. Por supuesto esta visión podría resultar escandalosa; pero antes de defenderla y argumentar que los mexicas y otras culturas antiguas “veían la muerte y vida distinto”, hay que recordad que los sacrificios tenían que ver con un asunto de orden cósmico, universal; del ritual dependía la mismísima existencia. Tendría algo de honorable, además, prestar la vida a esa causa. Aún ahora es preferible a otras salidas.

Peculiar entierro de perros prehispánicos

En múltiples entierros prehispánicos se han encontrado restos caninos y no es extraño pues se piensa que los perros eran guías para los muertos. Pero este es muy peculiar pues contenía 12 esqueletos de techichi y xoloitzcuintli.

Sacrificio infantil para el dios de la guerra

En 2017, arqueólogos del INAH encontraron un entierro infantil dedicado Huitzilopochtli y no es el primero: en 2005 se había descubierto uno muy similar. Los niños estaban ataviados con adornos corporales y motivos del dios de la guerra. El niño de esta segunda ofrenda tenía aproximadamente 5 años. Sin duda este es el tipo de descubrimientos que nos “alejan”; pero tendríamos que ponernos en unos zapatos muy distintos a los nuestros para poder entender en qué medida las necesidades (interpretadas por sujetos mundanos) de las divinidades eran implacables.

Reina Roja

Fue en Palenque donde se encontró una mujer de la realeza digna de ser enterrada con uno de los más lujosos ajuares jamás encontrados. Hoy sabemos que Hun K’Anleum fue una mujer destacada en la política de la ahora zona arqueológica, cambiando el prejuicio de que no había mujeres en ese tipo de cargos. La llamamos Reina Roja porque fue enterrada pintada de rojo con un mineral (cinabrio).

El Taller de Gráfica Popular: 80 años de arte revolucionario y popular en México

Eran artistas. Eran militantes. Y eran herederos de la revolución que vivían los convulsos tiempos de la primera mitad del siglo XX.

“El arte no es un espejo para reflejar la realidad, sino un martillo para darle forma”.
Bertolt Brecht

Durante las décadas que verían sucederse dos guerras mundiales, así como profundos procesos de cambio social en México, surgió uno de los proyectos artísticos más interesantes: el Taller de Gráfica Popular (TGP)*, un movimiento de artistas muy politizados que revolucionaron la gráfica mexicana para siempre.

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Arturo García Bustos, uno de los más jóvenes integrantes del TGP, recuerda  a éste como una “proeza colectiva”, que tuvo sus antecedentes en la Liga de Artistas y Escritores Revolucionarios (LEAR). Dentro de estos grupos, entre otros, era donde la intelectualidad de izquierda hacía de la cultura un arma efectiva de lucha contra las oligarquías e instituciones que mantenían una guerra declarada contra los trabajadores (como los cristeros, quienes estaban detrás de una matanza de 200 maestros rurales), y servía también como medio de denuncia frente al fascismo que asolaba a Europa.

Fue el grupo de grabadores de la disuelta LEAR quienes, en 1937, fundaron el TGP. Leopoldo Méndez, junto con Pablo O’Higgins y Luis Arenal, alentados por David Alfaro Siqueiros, fueron quienes echaron a andar el Taller. Estaba ubicado en la plaza Belisario Domínguez, y actualmente sigue dedicado a la imprenta –por cierto que aún acuden organizaciones y activistas para imprimir volantes y carteles. Ahí es donde cobró vida el TGP, uno de los proyectos artísticos más importantes de toda Latinoamérica, al que pronto se incorporarían decenas de artistas y con el que colaborarían también escritores y poetas.

La gráfica ¡a las calles!

México seguía siendo un país iletrado (53.1 de analfabetas) y con poco acceso a la cultura; no había forma posible de seguir haciendo arte si no era haciendo un arte popular que saliera de los fríos museos y que trascendiera los reducidos márgenes del arte de élite. Se necesitaba de un arte que se retroalimentara de la realidad circundante y que, al mismo tiempo, se irradiara de todas las maneras posibles por las calles de todo México.

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Así, los artistas del Taller de Gráfica Popular, incluidos sus muralistas, bajaron de sus andamios y recorrieron las calles pegando los carteles que imprimían con la técnica de impresión litográfica que le habían aprendido al maestro Jesús Arteaga. Y para elaborar tirajes más grandes es que el local de Belisario Domínguez tenía destinado uno de sus cuartos para la vieja imprenta mecánica que habían comprado, fabricada en París en 1871 (razón por la cual la llamaron orgullosamente “La Comuna”), y de la cual saldrían, además de carteles, cientos de telones, volantes y revistas, como la publicación de propaganda Frente a Frente. A otras técnicas como la pintura mural también las harían “móviles”, (como precisamente los llamados “murales transportables”), todo con la intención de hacer llegar el arte hasta los últimos confines del territorio.

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Pero además, el estilo gráfico de estos mexicanos traspasó las fronteras y llegó incluso a Estados Unidos y Europa; incluso –y como tanto anhelaban los miembros del TGP–, se llegó a exponer en Moscú en 1940. No obstante, al ya instaurado stalinismo no le parecieron suficientemente ortodoxa la estética en las obras del TGP, lo que conllevó a un cierto alejamiento por parte del TGP de la corriente de la URSS, por lo menos de la corriente artística denominada “realismo socialista”; un alejamiento que se volvería también político con el paso de los años, pues posteriormente el TGP comenzaría un trabajo más cercano al gobierno, amparado en la política de unidad nacional, lo que abriría una nueva etapa en su trabajo.

Grabando memoria

De este nuevo giro el TGP marcó como principal objetivo el rescate a la memoria de la revolución mexicana, lo que incluía develar las omisiones  que el gobierno pudiese llegar a haber hecho de un movimiento que tenía apenas 30 años de ocurrido y que era menester reivindicar. También era una apuesta contra los detractores de la revolución, algo que en 1946 el recién nombrado presidente Miguel Alemán vio con buenos ojos, apoyando por ello los esfuerzos del TGP. Y aquí surgió uno de los trabajos más importantes: el de Estampas de la Revolución Mexicana, una colección que constaba de 85 grabados y que fueron publicadas, una cada día, en el periódico El Nacional.

En este proyecto participaron todos los miembros del TGP, y tuvo como uno de sus principales logros el rescatar del olvido la famosa Convención de Aguascalientes, en la que en 1914 se reunieran los bandos revolucionarios del sur y del norte cuya primera etapa fue en la Ciudad de México, además de rescatar otras figuras y héroes populares, como a los hermanos Serdán, a Zapata, a Villa y a Carranza, además de otros personajes multitudinarios como a los obreros, a los campesinos e incluso a las populares “adelitas”.

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Sin embargo, tras esta mancuerna con el gobierno, Leopoldo Méndez dijo a los miembros que debían intentar alejarse de “representar a los hombres (y las cosas) fuera de su realidad, pues esto le da a nuestra producción cierto tinte de arte puramente oficial”. Hacía falta pintar a las personas en su aspecto real, y no “con coturnos a los pies y una aureola alrededor de la cabeza”.

El Taller de Gráfica popular sobreviviría todavía 20 años después de este periodo, en los cuales seguirían teniendo una fecunda producción artística y cultural, sobre todo hasta 1967, año en que la mayoría de los miembros originales se habían marchado. Durante ese tiempo –sea desde una perspectiva comunista o más nacionalista–, el TGP no sólo irradió el arte y la cultura popular de una forma innovadora, sino que fue un efectivo agitador político. Motivos y símbolos como el maguey, el águila o las famosas calaveras, como las de Leopoldo Méndez (inspiradas en el trabajo de José Guadalupe Posada), se mezclaron en un discurso revolucionario en un momento donde aún cabía pensar en la posibilidad de terminar con años de colonialismo en México, de la mano de los ideales revolucionarios que aún pervivían en las conciencias y que el TGP ayudó a volver indelebles.

Arte, cultura y revolución después del TGP

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-El Movimiento Gráfico del 68

En ese 2 de octubre que Jacobo Zabludobsky denominó como “muy soleado” ocurrió la masacre de Tlatelolco, a partir de la cual se conformaría un fuerte y potente movimiento juvenil, del que se desprenderían diversas exigencias hacia el Estado, así como un reclamo generalizado por justicia y contra la violencia policial y militar.

A esta lucha la acompañaría el denominado Movimiento Gráfico del 68, conformado por jóvenes estudiantes de la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado (ENPEG), como también de la Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP). La inspiración de este movimiento artístico fue el TGP, y muchos de sus carteles recuerdan al estilo de éste, aunque después tuvieron su propia estampa.

-El neomuralismo

Un movimiento contemporáneo de arte callejero que ha rescatado la tradición muralista, con todo lo social y popular que rodea a la misma, y que ha dado nueva vida al arte popular y colectivo valiéndose del graffiti para hacer lo que en su tiempo hiciera el TGP con los grabados y la pintura tradicional: difundir el arte, esparcirlo por las calles y hacerlo de todas y todos.

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Gracias a este movimiento se han recuperado espacios públicos y se ha bajado considerablemente el grado de violencia y delincuencia en decenas de barrios del país, llevando no sólo murales bonitos y coloridos a las comunidades, sino toda una nueva forma de ver la vida y las relaciones humanas en general.

Todas estas corrientes no son sino prueba de que el arte no sólo es arte en sí, sino que es, ante todo, un tiempo y espacio por donde el hombre y la mujer pasan, fijando su visión estética del mundo e imprimiendo lo que ven en la realidad. El TGP, el Movimiento Gráfico del 68, el neomuralismo y muchas otras corrientes continúan demostrándonos que, como dijera el poeta alemán Bertolt Brecht, el arte es un martillo.  

 *Para conocer más a fondo el arte del TGP te recomendamos darte una vuelta por la exposición inaugurada hace poco en las rejas del Bosque de Chapultepec, sobre Paseo de la Reforma.

 

*Imágenes: 1) Piso 9; 2) Pinterest; 2) Graphic Witness; 3)Colmich; 4) Cmegenis; 6) LaGuerrerodf

*Fuentes de consulta:

Al rescate de la memoria. Estudio iconográfico del grabado La Convención de Aguascalientes, 10 de octubre de 1914

Sandra Vanina Celis
Autor: Sandra Vanina Celis
Hija de tiempos posmodernos, pero aún así terca en la necesidad de construir el socialismo. Colaboradora del proyecto político Colectivo Ratio.

El surrealista de los fantasmas que se casó con México: Wolfgang Paalen

Wolfgang Paalen se convirtió en el amante de un México abstracto, y no como uno que absorbe sus raíces ni que las transforma: contempló el tiempo y el espacio, cambiando la imagen del cosmos físico de la cultura mexicana.

Suelen decir que Wolfgang Paalen, un hombre sin hogar que tenía la obsesión de trascender y el gusto por el insight, logró fundamentar su propia cosmogonía como un drama mental de existencia y difuminación. A través de sus viajes en Europa y América, principalmente México, Paalen transformó las definiciones del pensamiento, materia, arte y Surrealismo, en un espacio cósmico abierto por y para el individuo.

Antes de que Paalen fuera uno de los grandes amantes de México, este excéntrico artista pasó de ser el hijo de la nobleza vienesa a convertirse en la mano derecha de André Breton. Envuelto en un historial familiar de depresión y suicidios –como el de su padre y hermano–, Paalen solía expresar sus experiencias fantasmagóricas con sus familiares pintando, al principio, espacios políglotas de apariciones y resonancias aptas a cuantiosas formas según la percepción. Sin embargo, la culpa de superviviente, encausada por una culpa arquetípica de su cultura, lo persiguió hasta el fin de sus traumas, experiencias, alegrías, miedos y visiones.

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Para él, su arte –y vida– tenía el objetivo de encontrar de nuevo a su hermano para que, de alguna manera, pudiese recuperar su habilidad de ver, creer y existir. Si bien comenzó a gozar de un alto reconocimiento en el mundo artístico en Europa, principalmente al ser mano derecha del padre del Surrealismo, André Breton, para Paalen la fama no era más que un espejo distorsionado que llevaba a un estado alterado de consciencia. Por lo que él estaba hambriento del movimiento, nuevos inicios.

Paalen quería que su experiencia artística se tradujera en la evolución de un proceso casi terapéutico. Por ello viajó al Nuevo, acompañado de su esposa Alice y su amiga Eva Sulzer. Nunca se imaginaron, él ni su esposa, que este viaje sería la premonición de su ruptura amorosa. Primero llegaron a Nueva York, en donde se vieron envueltos con numerosos intelectuales, artistas y galeristas. Después, sin haberlo planeado, llegó a México como invitado especial de Frida Kahlo.

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En 1939, Paalen llegó a México mientras que en Europa se desataba la II Guerra Mundial. Tras una temporada cercana de la casa de Kahlo y Rivera y de León Trotsky, el vienés decidió establecerse en un nuevo estudio en San Ángel, en la ciudad de México. Se trató de un espacio en el que se albergaba un monstruoso oso en la parte superior y un enorme pene de ballena que consiguió en Wrangell. Cuando le preguntaban al respecto de la decoración de su estudio, él respondía que se trataba de una instalación arquetípica del anima-animus, la cual solía inspirar a su mente en todo sentido y así expandir su pasión por el arte Tótem.

Frey Norris explica que el artista intentó revolucionar el constructo freudiano del totemismo –el horror de incesto y el suicidio de su padre–, al simbolizar el oso como la madre que estaba detrás de todo argumento de Paalen, como un compañero silencioso en su diálogo:

Nada será tan apasionante que la conversación íntima entre un hombre y un animal en un atardecer totémico. Es más grande que la polarización teocrática de Egipto, más audaz que el arte griego, más ardiente que el fuego glacial de los mosaicos bizantinos, y más puro que las constelaciones cubistas que brillarán siempre para aquellos que abandonan para una expansión, y cuyos mapas aún están por realizarse, y cuyas profundidades aún están por descubrirse: es un espacio nuevo.

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Conforme iba pasando tiempo en México, él comenzó a escribir, pintar sin interrupciones, leer en vez de dormir. Por momentos lograba olvidarse de su terrible miseria y melancolía, de su cruenta inseguridad acerca de lo correcto o exitoso que realizaba en el mundo. Fue así que sus pinturas comenzaron a reflejar un mundo onírico de materia desintegrante con figuras fibrosas de altura extraordinaria; mientras que él, a través de sus estudios a medianoche, descubrió que la materia no es más que una gama de sombras que inundan una recámara como un gas líquido: “Reflejos en la superficie de un ojo que sueña despierto, como si el ojo mismo mirara con un macrolente poderoso sobre materia sólida, fuera del fenómeno de percepción.”

Desde entonces Paalen hizo el amor con México, dando como resultado una tabula rasa, una resonancia de las apariciones internas y luces que advierten la existencia de lo irrealizable, lo impensable, lo posible. Como si a través de un filtro filmográfico, él pudiese ver la realidad más allá que una mera coincidencia de imágenes, si no como una experiencia valiosa con la fuerza creadora y trascendental.

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En este punto, Paalen se convirtió en el amante de un México abstracto, y no como uno que absorbe sus raíces ni que las transforma: contempló el tiempo y el espacio, cambiando la imagen del cosmos físico en que la cultura mexicana se veía inmersa; mandó un mensaje al viejo continente sobre la destellante presencia de este país misterioso que hilaba una realidad, una identidad, un simbolismo por ser descubierto.

Fue nombrado como “el hombre con un destello de presencia nuclear”, pues en México cargó sus pinturas de una esperanza arcana de tintes existencial en donde es posible estar en frente de la infinidad del universo sin miedo alguno. ¿Premonición o intuición?

1) Commons Wikipedia, 2) The Getty, 3) Museo Franz Mayer, 4) Textonauta

 

Maria Jose Castañeda
Autor: Maria Jose Castañeda
Psicóloga, educadora sexual, bailarina, lectora, persona. Ha colaborado en Algarabía, Pijama Surf, Petite Mort, entre otros.