El surrealista de los fantasmas que se casó con México: Wolfgang Paalen

Wolfgang Paalen se convirtió en el amante de un México abstracto, y no como uno que absorbe sus raíces ni que las transforma: contempló el tiempo y el espacio, cambiando la imagen del cosmos físico de la cultura mexicana.

Suelen decir que Wolfgang Paalen, un hombre sin hogar que tenía la obsesión de trascender y el gusto por el insight, logró fundamentar su propia cosmogonía como un drama mental de existencia y difuminación. A través de sus viajes en Europa y América, principalmente México, Paalen transformó las definiciones del pensamiento, materia, arte y Surrealismo, en un espacio cósmico abierto por y para el individuo.

Antes de que Paalen fuera uno de los grandes amantes de México, este excéntrico artista pasó de ser el hijo de la nobleza vienesa a convertirse en la mano derecha de André Breton. Envuelto en un historial familiar de depresión y suicidios –como el de su padre y hermano–, Paalen solía expresar sus experiencias fantasmagóricas con sus familiares pintando, al principio, espacios políglotas de apariciones y resonancias aptas a cuantiosas formas según la percepción. Sin embargo, la culpa de superviviente, encausada por una culpa arquetípica de su cultura, lo persiguió hasta el fin de sus traumas, experiencias, alegrías, miedos y visiones.

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Para él, su arte –y vida– tenía el objetivo de encontrar de nuevo a su hermano para que, de alguna manera, pudiese recuperar su habilidad de ver, creer y existir. Si bien comenzó a gozar de un alto reconocimiento en el mundo artístico en Europa, principalmente al ser mano derecha del padre del Surrealismo, André Breton, para Paalen la fama no era más que un espejo distorsionado que llevaba a un estado alterado de consciencia. Por lo que él estaba hambriento del movimiento, nuevos inicios.

Paalen quería que su experiencia artística se tradujera en la evolución de un proceso casi terapéutico. Por ello viajó al Nuevo, acompañado de su esposa Alice y su amiga Eva Sulzer. Nunca se imaginaron, él ni su esposa, que este viaje sería la premonición de su ruptura amorosa. Primero llegaron a Nueva York, en donde se vieron envueltos con numerosos intelectuales, artistas y galeristas. Después, sin haberlo planeado, llegó a México como invitado especial de Frida Kahlo.

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En 1939, Paalen llegó a México mientras que en Europa se desataba la II Guerra Mundial. Tras una temporada cercana de la casa de Kahlo y Rivera y de León Trotsky, el vienés decidió establecerse en un nuevo estudio en San Ángel, en la ciudad de México. Se trató de un espacio en el que se albergaba un monstruoso oso en la parte superior y un enorme pene de ballena que consiguió en Wrangell. Cuando le preguntaban al respecto de la decoración de su estudio, él respondía que se trataba de una instalación arquetípica del anima-animus, la cual solía inspirar a su mente en todo sentido y así expandir su pasión por el arte Tótem.

Frey Norris explica que el artista intentó revolucionar el constructo freudiano del totemismo –el horror de incesto y el suicidio de su padre–, al simbolizar el oso como la madre que estaba detrás de todo argumento de Paalen, como un compañero silencioso en su diálogo:

Nada será tan apasionante que la conversación íntima entre un hombre y un animal en un atardecer totémico. Es más grande que la polarización teocrática de Egipto, más audaz que el arte griego, más ardiente que el fuego glacial de los mosaicos bizantinos, y más puro que las constelaciones cubistas que brillarán siempre para aquellos que abandonan para una expansión, y cuyos mapas aún están por realizarse, y cuyas profundidades aún están por descubrirse: es un espacio nuevo.

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Conforme iba pasando tiempo en México, él comenzó a escribir, pintar sin interrupciones, leer en vez de dormir. Por momentos lograba olvidarse de su terrible miseria y melancolía, de su cruenta inseguridad acerca de lo correcto o exitoso que realizaba en el mundo. Fue así que sus pinturas comenzaron a reflejar un mundo onírico de materia desintegrante con figuras fibrosas de altura extraordinaria; mientras que él, a través de sus estudios a medianoche, descubrió que la materia no es más que una gama de sombras que inundan una recámara como un gas líquido: “Reflejos en la superficie de un ojo que sueña despierto, como si el ojo mismo mirara con un macrolente poderoso sobre materia sólida, fuera del fenómeno de percepción.”

Desde entonces Paalen hizo el amor con México, dando como resultado una tabula rasa, una resonancia de las apariciones internas y luces que advierten la existencia de lo irrealizable, lo impensable, lo posible. Como si a través de un filtro filmográfico, él pudiese ver la realidad más allá que una mera coincidencia de imágenes, si no como una experiencia valiosa con la fuerza creadora y trascendental.

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En este punto, Paalen se convirtió en el amante de un México abstracto, y no como uno que absorbe sus raíces ni que las transforma: contempló el tiempo y el espacio, cambiando la imagen del cosmos físico en que la cultura mexicana se veía inmersa; mandó un mensaje al viejo continente sobre la destellante presencia de este país misterioso que hilaba una realidad, una identidad, un simbolismo por ser descubierto.

Fue nombrado como “el hombre con un destello de presencia nuclear”, pues en México cargó sus pinturas de una esperanza arcana de tintes existencial en donde es posible estar en frente de la infinidad del universo sin miedo alguno. ¿Premonición o intuición?

1) Commons Wikipedia, 2) The Getty, 3) Museo Franz Mayer, 4) Textonauta

 

Maria Jose Castañeda
Autor: Maria Jose Castañeda
Psicóloga, educadora sexual, bailarina, lectora, persona. Ha colaborado en Algarabía, Pijama Surf, Petite Mort, entre otros.

El “mal del aire” contemporáneo y algunas maneras de contrarrestarlo

Este “mal del aire” de nuestros tiempos nos ha llevado a una auténtico estado de contingencia…

Entre distintas comunidades indígenas el “mal del aire” es una enfermedad auténtica y peligrosa. Se trata de un padecimiento —elusivo, pero potente— que puede acaecer cuando uno se expone a “energías” o situaciones pesadas y de maldad.  

El sujeto enfermo normalmente se siente débil, con “cuerpo cortado” y puede experimentar punzadas en distintas regiones, particularmente la cabeza. Por otro lado, confirmar el diagnóstico es complejo, uno debe ir a ser revisado por un especialista, un curandero que pueda efectuar los rituales indicados para determinar si alguien sufre de un “mal del aire”.

De acuerdo con las creencias populares, este mal le puede suceder a casi cualquier persona y sin previo aviso y funciona como una “intrusión” en el cuerpo, que debe ser expulsada mediante el uso de remedios medicinales, limpias y ahumadas.

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¿Cuál es el “mal del aire” contemporáneo?

Hay otro mal que acecha en el México contemporáneo. Se trata de un muy literal “mal del aire”, producto de la inmensa e innegable contaminación ambiental. Partículas contaminantes en volúmenes catastróficos se mezclan con el oxígeno que nuestros cuerpos anhelan y se adentran en nosotros, como un aire intruso, enfermándonos, nublando nuestra visión y concentración.

Las consecuencias son notables, pues este tipo de contaminación está asociada a distintas enfermedades cardiovasculares, respiratorias y hasta un aumento en la mortalidad. Según la OMS 18 mil personas anualmente mueren por este mal que entra hacia nuestro cuerpo, sin que lo notemos o podamos evitarlo, como un “mal aire”.

Y aunque la situación es francamente alarmante, hay algunas acciones que podemos practicar para contrarrestar.

Remedios terapéuticos

Las creencias sobre el “mal del aire” dictan que a este hay que expulsarlo del sujeto enfermo. Para eso se realizan distintas limpias y sahumadas. La última, en caso de un mal aire contemporáneo no se recomienda; de hecho tiene un efecto adverso encender incienso, copal y cigarros.

Por otro lado, sí podemos recurrir a algunos “remedios terapéuticos” muy tradicionales, como los baños con vapor, que ayudan a descongestionar las vías respiratorias; la hidratación de la piel con la “carnita” del aloe (solo extráela de la planta y úntala en tu piel), y las infusiones de plantas medicinales.

También en Más de México: 5 plantas medicinales para tus “achaques” contemporáneos

Estas últimas pueden ayudarte mucho a descongestionar, prevenir enfermedades, limpiar las vías respiratorias y a relajarte un poco. Usa plantas mexicanas como la gobernadora, jara negra, coronilla, gordolobo, manzanilla y geranio.

Acciones que remedian

Por otro lado, es vital que te involucres en hacer que mejore la situación. La contaminación del aire es la suma de acciones humanas (en diferentes escalas). Algunas acciones que remedian son:

  1. Evita fumar, especialmente en espacios cerrados o interiores.
  2. Camina más; prefiere la bicicleta o el transporte público a los automóviles.
  3. Si estás en un lugar que es susceptible a los incendios (como un bosque), toma todas las precauciones: no fumes, no tires basura, no enciendas fogatas. Los incendios son una de las causas más importantes de eso que llamamos la “contingencia ambiental”.
  4. Compra local y lo menos procesado posible. Al hacerlo privilegias la economía de tu zona y disminuyes el impacto por distribución de bienes o su fabricación industrial (que es ultra contaminante).
  5. Hazte responsable del manejo de tu basura. No permitas que sea quemada. Haz composta. Re usa y recicla tanto como puedas. 

Remedios psíquicos

Igual que el “mal del aire” reconocido por algunas comunidades indígenas, hay algo psíquico y hasta místico en este mal aire contemporáneo. Se trata de la forma en que nos relacionamos con la naturaleza. Si no empezamos ya a entenderla como el único escenario donde nuestra vida es posible, probablemente nunca mejore la situación.

Los remedios psíquicos incluyen: tomar responsabilidad sobre la propia acción en contra de la contaminación; hacerse cargo del entorno que uno mismo habita; revalorar la función de la naturaleza en la propia existencia, y tratar al medio ambiente de forma análoga a la manera en que se trata al propio cuerpo.

El día que André Breton declaró a México el país más surrealista del mundo

México destila surrealismo y en 1938 André Bretón lo corroboró cuando mando a hacer una mesa con un carpintero mexicano.

En México el surrealismo no es un movimiento artístico o una corriente filosófica sino un ingrediente de su genética cultural. Para comprobarlo basta echar un vistazo a sus danzas y rituales, a su gran tradición encabezada por curanderos y chamanes, a la magia que sedujo a incontables ocultistas europeos o, también, a los criterios ornamentales que imperan en su transporte público.

Existe una genial anécdota que nos cuenta cómo es que André Breton, el francés considerado como fundador del surrealismo, llegó a la conclusión de que México era el país más surrealista del mundo. La historia cuenta que en 1938, cuando Breton visitó México y maravillado por la refinada artesanía que distingue al país, quiso encargar a un carpintero local una mesa artesanal. Como sugería el protocolo cartesiano, bocetó la silla que quería, en perspectiva, por lo cual el cuerpo resultante era una especie de rombo descompuesto. Días después de haber entregado su boceto, Breton recibió una mesa exquisitamente manufacturada, bien montada y con un acabado espléndido. Solo que el carpintero mexicano, con plena naturalidad, había mantenido una completa fidelidad al modelo bocetado por el francés, por lo cual la mesa, de tres patas cada una de distinta altura, era más bien un cuerpo amorfo –una abstracción mobiliaria–.

A raíz de este episodio Breton no dudó en proclamar a México como “el país más surrealista del mundo”. Eventualmente Salvador Dali, quien también visitó México, respaldaría a Breton, advirtiendo que jamás regresaría a este, un país más surreal que sus pinturas. 

Así que, independientemente de que México sea o no el país más surrealista del planeta, lo que queda claro es que aquí la metáfora es, con frecuencia, una realidad palpable –lo cual ofrece un encanto incomparable–. 

La legendaria Exposición de 1940 que introdujo a México al surrealismo

En 1940 surge la Exposición Internacional de Surrealismo como una puerta hacia el inconsciente colectivo del mexicano que reflejaba los valores culturales del movimiento artístico.

Espiritualidad, inconsciente y vanguardia, son sólo algunas de las características que dieron dieron vida a la Exposición Internacional de Surrealismo en el México de 1940. Fue una expansión o invasión del inconsciente colectivo de los surrealistas europeos que trascendía la realidad mexicana, y lo colocaba en el único país surrealista por antonomasia.

En la búsqueda de internacionalizar esta ola sublime que jugaba entre el inconsciente y el consciente para crear una armonía de los elementos, los artistas André Breton, Wolfgang Paalen, Leonora Carrington, Remedios Varo, Edward James, entre otros, pretendían recrear una revolución artística que se fundiera en las tierras y raíces americanas.

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A diferencia de otros países del continente Americano, México pareció ser el espejo indicado que reflejaba el agobio y la nostalgia de un periodo postguerra que se plasmaba en la literatura, la música, la escultura y la pintura. Ambos territorios pasaban por procesos psicológicos colectivos similares tras un periodo de caos social, por lo que pusieron a su disposición los paisajes oníricos que la región ofrecía en su biodiversidad.

Así, México se convirtió en un sitio de paz y protección el surrealismo europeo; una prolongación de su máxima expresión en el Viejo Continente. Si bien se trazaron redes desde París hasta Japón, pasando por Egipto y Ámsterdam, los artistas surrealistas encontrar un refugio y hogar caluroso que les permitía escapar de la realidad bélica europea.

Fue así que en 1940 surge la Exposición Internacional de Surrealismo, como una puerta hacia el inconsciente colectivo del mexicano que reflejaba los valores culturales del movimiento artístico. Ahí, los artistas, principalmente el austriaco Wolfgang Paalen, Frida Kahlo y Diego Rivera, decidieron convertir el arquetipo mexicano en belleza convulsiva y maravilla.

En la galería de Inés Amor, en la ciudad de México, se inauguró la Exposición Internacional del Surrealismo organizada por André Breton (en ausencia). Dicha muestra contó con un catálogo en forma elíptica, con una contraportada en espejo que reflejaba la aparición de “una gran esfinge nocturna, relojes videntes, marcos radioactivos, invitaciones quemadas”. Se pretendía confundir al espectador en un cuarto oscuro con maniquís y pinturas.

Al fusionar el pasado indígena y de modernidad postrevolucionaria, se creó un momentum que no sólo intervenía en la realidad espacio-temporal, la trascendía hacia un continuum de la socialización del arte. Sin distinción aparente entre el movimiento extranjero y la mexicanidad connatural, la exposición resaltan una ideología reactiva y retórica entre distintas épocas y latitudes.

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Se buscó la trascendencia de la hegemonía, la invasión en el mercado del arte y la cultura, el nexo que unía el anima mundi en una adimensionalidad, la revolución de la narrativa del arte moderno y la panacea de una sociedad enferma de caos, neurosis y guerra.

Twitter de la autora: @deixismj

  1. Museo Reina Sofía, 2) Museo de Arte Moderno, 3) MUNAL
Maria Jose Castañeda
Autor: Maria Jose Castañeda
Psicóloga, educadora sexual, bailarina, lectora, persona. Ha colaborado en Algarabía, Pijama Surf, Petite Mort, entre otros.