Truco 7, un grato rincón para desayunar o comer en el corazón de Guanajuato

Todo en este restaurante transmite esa esencia hogareña de las casonas del siglo pasado; colmado de objetos viejos y especiales.

Los objetos cuentan infinidad de historias. Y aquellos antiguos, que son tradicionales de un sitio, además llevan un dejo de nostalgia y magnetismo. En el centro de la colorida y hermosa ciudad de Guanajuato existe un restaurante tan modesto como vivo: Truco 7, que rinde, quizá de manera accidental, un tributo a los objetos.

En una casona del siglo pasado, de techos altos y puertas de madera gruesas, se despliegan equipales y paredes colmadas de objetos: muñecas, cuadros, artesanías, todos antiguos. Truco 7 es un tradicional restaurante que entre colores memora la sensación de las casas hechas con adobe de hace siglos, con su frescura pero singular calidez hogareña.

Aquí podrás sentirte como un local, acaso una de las experiencias que muchos buscamos cuando visitamos una ciudad: deseamos vivirla como lo hacen sus habitantes. Es tan tradicional que su confluencia, aunque también internacional, consta más bien de habitantes de Guanajuato que aprecian sus muchas cualidades.

Las mesas están distribuidas en 3 cuartos enormes y su mobiliario, como el sitio donde se encuentra la caja de cobro, es ese tipo de muebles enormes y de madera gruesa, hinchada, que solían usarse en las misceláneas de antaño.

Los precios son accesibles y el menú es mayormente mexicano, aunque también encontrarás hamburguesas, por ejemplo. El café les queda muy sabroso y está abierto  el sitio durante todo el día; ideal para hacer el desayuno y leerte un buen periódico, o bien para pasarte la tarde en un lugar así de sencillo y especial, casi hecho para la contemplación.

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No existe una descripción exacta de qué es lo que hace a Truco 7 tan auténtico, tal vez sea su naturalidad, como un espacio que ha ido formando su personalidad propia desde la generosidad que transmite esta casona vieja y afable.

Ubicación:

Calle del Truco 7

(473) 732 8374

Centro Histórico, Guanajuato.

Horario: 8:30 a 23 Hrs.

Mayor Información.

*Imágenes: 1y 2) Archivo MásdeMx

Con escombros de los terremotos, un artista zapoteco está remodelando la memoria colectiva

Las vigas derrumbadas se transforman en preciosas esculturas a través de la reflexión y el trabajo de Víctor Chaca, artista oaxaqueño.

Juchitán fue uno de los pueblos más afectados por los tres grandes sismos de 2017. Pero la tierra —que también está viva a su manera continuó moviéndose y recordándole a los oaxaqueños constantemente la fragilidad de la materia. Esta tensión ininterrumpida, definitivamente ha dejado cicatrices profundas en la memoria personal y colectiva de este y otros pueblos mexicanos.

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Mientras que para algunos, el sismo es un tema-tendencia que ya vio pasar su tiempo, para muchos otros, la vibración producida continúa vigente en lo más inmediato. No se trata nada más de estar, secretamente, siempre a la espera del sonido de la alerta sísmica; sino de algo mucho menos abstracto. Dado que la reconstrucción ha sido muy lenta, hay personas que aún viven como si los terremotos hubieran ocurrido ayer. Y para atender a esta sensación latente, se vuelve esencial el trabajo y reflexiones de artistas como Víctor Chaca.

Re-modelando la memoria colectiva

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No se trata de naturalizar la posibilidad del sismo, porque el elemento sorpresa tiene algo muy valioso, aunque no lo sepamos: la inestabilidad de las placas tectónicas, nos recuerda que nuestras vidas carecen de garantías y esto es lo que, en muchos sentidos, las hace tan relevantes.

Por otro lado, es vital reinventar las memorias de los temblores, re-modelar la manera en la que nos aproximamos al acontecimiento pasado, a las pérdidas, al miedo y a la muerte. A eso se ha dedicado Víctor Chaca, reconocido artista zapoteco, durante el último año.

Inspirado por la propia necesidad de curarse, ha recuperado las vigas de las casas que se cayeron en su pueblo natal, Juchitán, para llevarlas a su taller en San Agustín Etla y transformarlas en intrincadas esculturas que representan personajes imaginados en un proceso de catarsis.

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Haciéndose cargo, así, de diferentes labores simbólicas, que, frente al panorama que dejan la reconstrucción y la memoria social del sismo, se han vuelto urgentes. Por un lado, nos recuerda que lo que sucedió sigue sin ser resuelto, especialmente en los niveles políticos y económicos. Además, nos dice: no es necesario olvidar el recuerdo del sismo, aunque es importante replantearlo.

Sus esculturas son profundamente personales. A veces la materia prima son las vigas que colapsaron en casas de amigos, de su abuelo, de algunos vecinos. Otras veces, son vigas que salvaron la vida de alguien, que evitaron que se les viniera encima un techo. Algunas más, son las vigas que mataron, en sus palabras, “puñales” que se clavaron para siempre en todos. Por otro lado, los restos son valiosos no solo por haber erigido un hogar, también porque son maderos muy antiguos, de árboles tradicionales y muy locales, que estuvieron, antes de colapsar, mucho tiempo con las familias que los habitaron.

Tzompantli al pueblo oaxaqueño

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La meta de Víctor Chaca es armar un conjunto de 50 esculturas medianas y 12 monumentales, que planea exponer con el nombre Tzompantli, haciendo referencia a los enormes altares donde los mexicas exhibían las cabezas o cráneos de enemigos matados o sujetos sacrificados. Según el artista, este tzompantli es resultado de un “llamado de atención de la Tierra”.

La noción puede parecernos violenta desde algunos ángulos, pero el asunto es que la vida se define también en los quiebres, en su falta de garantías. Olvidamos que todos nuestros inventos, nuestros problemas, nuestras relaciones, nuestros deseos se están desarrollando en un plano sin consistencia, el plano que es este suelo, cambiante, vibrante.     

El hermoso y desgarrador homenaje de Víctor Chaca a su pueblo es un recordatorio también, un llamado de atención: nuestras vidas se componen de escombros, que en algún momento nos permitimos mirar como materia prima, que nos permitimos re-modelar, volver a cincelar, para continuar, para ser otros.

Más de una vez nos hemos asumido sin garantías y más de una vez hemos tenido que aceptar que tenemos miedo, pero ejemplos como este demuestran que hay formas constructivas de pasar a través de esas grietas. Especialmente si lo hacemos juntos.

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*Imágenes: Oliin Velasco; excepto no. 3 de Rosy Ramales.

Las plantas recuerdan y narran: íntimos retratos de la flora oaxaqueña (GALERÍA)

Hay comunidades indígenas en Oaxaca que creen que las plantas sienten, recuerdan, escuchan y nos hablan. Estas fotos retratan sus delicados mensajes.

Dice Amaury Barrera, joven fotógrafo mexicano, que las plantas forman parte de la naturaleza de una manera profunda y compleja; mucho menos evidente de lo que nos parece en lo cotidiano.

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Además de su “compleja estructura molecular interna”, de su función con respecto a otros seres y de ser el ícono que resume eso que coloquialmente llamamos “ecología”, las plantas son “entidades cósmicas que tienen memoria, una historia impregnada en sus ‘venas’ y las reminiscencias de otro tiempo”.

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Sus sospechas son confirmadas por las creencias de las comunidades indígenas de Oaxaca, quienes saben que las plantas “pueden sentir, recordar, escuchar e incluso hablarnos.” Pero nosotros tenemos que prestarnos a recibir sus mensajes.

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Como a otras joyas que se despliegan constantemente frente a nuestros ojos a las plantas y a sus insólitas texturas, sus inteligentes patrones, las cicatrices en su piel, los dejamos pasar de largo. Pero hay en distintas cosmogonías, elementos para interpretar al mundo que nos rodea como un plano constante de significados, que solo es interrumpido por nuestra necesidad de de “avanzar”, de ir lejos.

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Así, expresiones como el íntimo acercamiento propuesto por Amaury Barrera en la serie “Venas de otro tiempo”, son una invitación a detenernos a explorar el mundo desde un ángulo muy distinto, uno que no quiere descubrir, sino descubrirse; uno que no quiere aprehender, sino ser aprehendido.

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Ahí, en este permiso que nos damos de entrañar con lo más ínfimo del mundo, se hace presente una imagen potente y dramática. Aparecen plantas, pero capturan el ojo como si fueran cuerpos desnudos (tal vez porque lo son) o sublimes paisajes.

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Estos exquisitos retratos, tomados en la Sierra de Juárez, Oaxaca, se develan frente a nuestros ojos como poesía, extraída directamente de la tierra, escrita en el idioma de la flora y recitada de forma particular para quien se atreva a dejarla sonar.

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De mexicas, budismo, muerte y otras filias: Germán Venegas en el Museo Tamayo

Este icónico pintor mexicano se encontró a sí mismo en un ecléctico laberinto de cosmogonías. Piérdete al interior de su obra en esta increíble exposición.

Preguntarse sobre la propia identidad siempre es intenso. Pero si eres mexicano, el ejercicio se puede transformar en una espiral inmensa de preguntas y hacer que te pierdas en un laberinto de cosmogonías múltiples. Esto porque las influencias culturales que tejen nuestra identidad son muchísimas. Así, son pocos los que se vierten espiritualmente en este “encontrarse consigo mismo”.

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El violín y la flauta XXIV, 2006. De la serie “El violín y la flauta”. Óleo sobre tela.

Uno de ellos, es Germán Venegas, escultor, artesano y pintor mexicano, destacado por haber sido uno de los exponentes del neomexicanismo de los años 80. Inmerso en su búsqueda por la identidad, su obra ensambla un complejo entramado delineado por la antigua cosmogonía mexica, los planteamientos estéticos de su generación, la pregunta por la muerte, la obra de grandes artistas (como Diego Velázquez) y el budismo.

Sí, desde su peculiar visión todas estas filias se han reunido a lo largo de sus carrera para manifestarse como seres iluminados, monstruos del pasado, autorretratos tenebrosos y desnudos brillantes. Para honrar su muy particular iluminación, el Museo Tamayo inaugurará una inmensa retrospectiva sobre su trabajo.

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“Tlalocan 11”, 2017. De la serie “Tlalocan”. Talla en madera estucada.

“Todo lo otro” es una exposición de Germán Venegas compuesta por casi 350 piezas que incluyen dibujos, esculturas y pinturas. El eje que las guía es la dualidad entre lo humano y lo divino, lo terrenal y espiritual, reflejados en los dos sistemas de creencias que se mezclan, disputan y retroalimentan en su obra: el budismo y la antigua cosmogonía mexica.

La combinación resulta insólita, pero resuena con el espíritu de la época que ha habitado Germán Venegas. El poblano y ex alumno de La Esmeralda, encontró en el budismo un punto de anclaje para poder abordar la vida en su obra.

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“Ascetas 2”, 2003. De la serie “Ascetas”. Óleo sobre tela.

Por otro lado, los símbolos mexicas responden a su participación en el neomexicanismo, una corriente pictórica que, después de ver caer la fachada nacionalista que pintaban los gobiernos antes del terremoto de 1985, comenzó a construir una identidad mexicana que buscaba narrarse con base en lo que imaginaba como sus cimientos más sólidos: las culturas indígenas, el pasado prehispánico y el arte popular.

Así, hay algo que hace eco con quien también está perdiéndose en su mexicanidad en la obra de este artista. La pieza fundamental de la exposición es un enorme buda de madera, policromado y de más de 5 metros de altura. El buda se transforma en un guía: a sus pies florece lo mundano y del lado de su cabeza aparecen todas las piezas de Germán Venegas que remiten a lo espiritual.

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“Desnudos eróticos 30”, 2005. De la serie “Desnudos eróticos”.

Si te permites seguir su camino, además de encontrarte con las más íntimas exploraciones del artista, podrías desenvolver tu propia composición.   

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¿Dónde y cuándo?

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“Autorretrato 16”, 2006. De la serie “Autorretratos”.

Salas 3, 4 y 6 del Museo Tamayo en Paseo de la Reforma 51, Bosque de Chapultepec, Bosque de Chapultepec I Secc, 11580 Ciudad de México, CDMX.

Del 11 de diciembre al 31 de marzo de 2019. Horarios: de martes a domingo, entre las 10:00 y 18:00 hrs.

Entrada General: $65.00. Entrada libre a niños menores de 12 años y estudiantes, maestros y adultos mayores con credencial vigente. El domingo la entrada libre es para todo público.