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Así celebran el año nuevo los Seris

El Año Nuevo seri es un sentido de identidad, una necesidad de supervivencia para celebrar que viven en un mundo hermoso.

Los conca’ac –o seris– son los nómadas del desierto mexicano, quienes han recorrido las arenas y los mares más inhóspitos del país; han sobrevivido sequías, masacres e inclusive exilios por parte de los miembros de su misma raza. Son supervivientes.

Gracias a su estrecha y empática relación con la naturaleza, los conca’ac han convertido al desierto en su cobijo; a las plantas endémicas de la sequedad en alimentos y provisiones medicinales; a la privación de minerales en fuente de vida.

Si bien gran parte de esta población ha optado por una práctica sedentaria, las costumbres y tradiciones continúan realizándose a través de los tiempos. Como por ejemplo, realizar collares de conchas, caracoles y semillas, figuras de animales en palo fierro y piedra, canastas y paseos en lanchas. Estas actividades conllevan a un sentido de identidad, una necesidad de supervivencia para celebrar que viven en un mundo hermoso.

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Sin embargo hay otras actividades en que rendir homenaje a la vida y a la renovación representa la felicidad eterna; como lo es la festividad del Año Nuevo. Se trata de una especie de puerta, del 30 de junio al 1 de julio, en el que termina un ciclo y comienza otro lleno de abundancia y productividad.

De manera que, en Bahía de Kino, del 30 de junio al 1 de julio, el Consejo de Ancianos de la comunidad se encarga de que sus descendencias retornen a la tradición. La etnia se abastece de comida mientras se interpretan cantos relacionados con la naturaleza, danzas y música tradicional; se pintan los rostros y decoran las chozas con listones y ocotillo.

Hay un factor común entre los 900 integrantes de la etnia: la intensidad del orgullo por formar parte de esta supervivencia, persistencia, desafío ante la vida. Ellos se saben gente de la arena, y aún así han logrado entramar un complejo cultural, económico, político y social a lo largo de los años. Sin necesidad de establecerse en un sitio.

1)José del Río, 2) Nuvia Mayorga

El día que los mexicanos hicieron del muro fronterizo su red de voleibol

Parece inimaginable, pero el muro que divide a Sonora y Arizona fue, en 1979, sitio de reunión para jugar voleibol con el muro fronterizo (y para festejar la amistad).

Del ingenio mexicano han surgido improbables ritos que transforman realidades. Uno de ellos: el acto de hacer, de un símbolo de discriminación –como lo es el muro fronterizo con Estados Unidos–, un espacio para practicar un deporte inédito y entre camaradas.

No hay cómo explicar que tal contradicción exista, excepto si pensamos que dicha perspicacia distingue de forma innata a los mexicanos, sobre todo cuando se trata de poner en práctica filosofías como “al mal tiempo buena cara”. Así lo han hecho los habitantes de Naco, en Sonora, y los mexicanos estadounidenses del otro lado de esta misma población, que pertenece a Arizona.

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Todo comenzó con la invención del Border Volley, o wallyball, un voleibol que comenzaron a jugar en 1979 en la frontera, utilizando el muro —que en ese entonces era una malla con púas— como la clásica red del deporte original. Ambos equipos jugaban, paradójicamente, en casa. Mirones y jugadores eran parte, en aquellos años, de los festejos que se hacían cada cinco partidos, cuando el equipo perdedor debía hacer un homenaje, en su lado de la frontera, al vencedor.

En ese entonces se podía cruzar el muro, ya fuera con agujeros hechos con alicates o a hurtadillas por “el hoyo”, un túnel que servía para pasar de un lado a otro, lo que hacían los vencedores para asistir a su homenaje.

Este inédito deporte fue posteriormente documentado por la televisión francesa, y actualmente se práctica también en Baja California y Tijuana. Se trata de un voleibol subversivo y de resistencia contra el terror y la disgregación que implica la frontera. Con él, los pobladores de estas zonas deconstruyen el paradigma impuesto por una valla y, si acaso, se quedan con la melancolía irremediable que prosigue a todo partido acabado.

Hoy en día este encuentro entre dos poblados que, en esencia, pertenecen a la misma tierra, se transformó en la famosa Fiesta Bi-nacional. Se trata de un evento tradicional donde se celebra con bailes regionales, se lleva comida y se toca música en vivo, como puede verse en el siguiente video del 2007:

Además, desde 2010 la frontera se volvió también el lienzo de cientos de niños de ambas comunidades que dibujan sobre el muro. 

Grandes festejos transfronterizos, como la Fiesta Bi-nacional, son ya comunes no sólo en Sonora, sino en otras comunidades a lo largo de la frontera. Según Xavier Oliveras-González, del Colegio de la Frontera Norte, se puede decir que la reproducción de esta fiesta “crea unos efectos tanto o más insidiosos que el propio endurecimiento material y legal de la frontera”.

Pero, de aquellos legendarios encuentros de voleibol en la frontera no solo queda la celebración ritual. En esta fiesta se reafirma la identidad colectiva –la mexicanidad sin límites–, en una preciosa metáfora surgida, paradójicamente, de uno de los mayores símbolos de odio y segregación en el planeta.

*Referencias: Fiestas transfronterizas y representaciones espaciales en la frontera México-Texas
Cuando mexicanos y estadounidenses usaban el muro para jugar al voleibol

*Imágenes: 1) y 2) Archivo particular Sixto de la Peña; 3) Proyecto Puente

Viajero camina de México a Canadá y documenta un segundo cada día (VIDEO)

La pieza final nos muestra un hermoso collage, imágenes de enorme belleza de la biodiversidad.

Siempre han existido viajeros empedernidos; de hecho, la historia de Occidente estuvo marcada enormemente por este ímpetu de aventura (y también de conquista). Y ahora con las redes sociales, es posible acceder a la documentación que de sus viajes hacen cientos de estos nómadas contemporáneos.

México, por supuesto, es una de las musas preferidas de los viajeros. Sabemos,  este país se encuentra entre los 5 países más biodiversos del mundo, y ello sin mencionar su enorme multiculturalidad, una de las naciones favoritas del mundo globalizado desde que este fenómeno comenzó a hacerse más palpable: como ejemplo el amor profesado para México del popular biólogo y viajero de mediados del siglo XIX, Alexander von Humboldt.

Y entre los nómadas contemporáneos, el viajero, simplemente conocido como Mac, ha llamado la atención por sus viajes a través de la naturaleza del mundo, pero también por los formatos que está creando. Mac, recientemente emprendió un viaje a pie desde México a Canadá, una hermosa odisea impregnada de cambios de paisaje, de transformaciones radicales de cultura, y de un entrañable recorrido simbólico (como el de la monarca) por la parte norte del continente.

Lo mejor de su trabajo, es que grabó cada día un segundo, y luego ensambló las imágenes haciendo una pieza que muestra la hermosura de las distintas zonas del norte del continente; México, indudablemente, una de las más privilegiadas.

Conoce más de su trabajo en su blog: Halfway Anywhere.

Los seris, la etnia nómada de Sonora que sobrevive contra todo pronóstico

Los conca'ac mantienen una relación íntima con el medio ambiente, cobijándose con desierto y dialogando con la vegetación.

Los conca’ac, también conocidos como seris, son los habitantes de las arenas y los mares mexicanos. Se trata de una etnia que ha recorrido tanto la historia como el territorio más inhóspito del país, sobreviviendo ante sequías, guerras y exilios.

Se cree que los conca’ac nacen de los pobladores nómadas que cruzaron el estrecho de Bering. Desde entonces, su peregrinaje por el estado de Sonora ha sido ancestral –pues no se sabe con precisión cuándo llegaron ahí ni cuánto tiempo han permanecido aventurándose en canoas, balsas y desiertos.

Entre las leyendas de los conca’ac se cuenta que sus antepasados se aventuraron al mar –actualmente el Mar de Cortés–, dirigiéndose a la montañosa isla del Tiburón. Con el paso del tiempo, los diferentes grupos de conca’ac –llamados peyorativamente como “seris” por los conquistadores españoles– se expandieron a diferentes zonas de Sonora, tales como las islas de Tiburón y San Esteban, la zona costera desde Guaymas hasta Puerto Lobos.

Mientras que los conca’ac fueron masacrados por conquistadores españoles y eventualmente por rancheros mexicanos, cubrieron montañas escabrosas, tierras calientas y secas hasta mares irreverentes.

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Fotografía: ©Jose del Rio

Fue de ese modo que esta etnia comenzó a mantener una relación íntima con el medio ambiente, convirtiendo al desierto en su cobijo, a la ausencia de comida y agua en un sorprendente descubrimiento de vegetación, a la privación de depósitos minerales en la fecundidad de la vida en el mar y el desarrollo en la habilidad de la caza. En palabras del historiador Edward Moser, “las plantas, animales y los peces entregaron sus secretos a este pueblo que en cambio, los incorporó a su religión, sus medicinas y sus cantos, así como su dieta.”

De no haber sido por su exilio causado por luchas internas y externas, epidemias y catástrofes, este pueblo no hubiera desarrollado recursos para descubrir al planeta que les dio cobijo de algún modo. Sólo así lograron descubrir 425 especies de plantas del desierto –entre las cuales 106 son de uso medicinal y 94 comestibles–, y cultivar algunas de estas plantas como recursos comestibles para tierras áridas; por ejemplo, durante años fueron los primeros en cosechar un grano de mar y consumir sus frutos.

Así han sobrevivido las 900 personas de esta etnia, adaptando la vida nómada y sedentaria a través de sus tradiciones, costumbres y viviendas. Gran parte de esta población ya casi no practica la caza, pero continúa pescando y recolectando frutos y semillas del desierto; inclusive ahora comercializan mediante una cooperativa que surgió con el gobierno de Lázaro Cárdenas. Ahora como sedentarios, los conca’ac habitan en antiguas y pequeñas viviendas de arcos de ramas de ocotillo y cubiertas de yerbas llamadas haco ahemza; se viven en collares de conchas, caracoles y semillas, figuras de animales en palo fierro y piedra, canastas y paseos en lanchas.

Los seris combaten la modernidad como una aguerrida pasión por la identidad cultural, una necesidad de sentirse vivos después de siglos de masacre, represión y negligencia. Celebran sus festividades, principalmente el Año Nuevo seri y la primera menstruación de las mujeres, como rituales que varían según la naturaleza y las necesidades de meditación. Se trata de un mundo simbólico y ritualista en un universo inexplorado al norte de México.

Imágenes: 1) y 2) ©Jose del Rio

 

Maria Jose Castañeda
Autor: Maria Jose Castañeda
Psicóloga, educadora sexual, bailarina, lectora, persona. Ha colaborado en Algarabía, Pijama Surf, Petite Mort, entre otros.