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Diosas prehispánicas asociadas a la maternidad

La mujer como madre fue un arquetipo constante e importantísimo en el misticismo y mitología prehispánica.

Para las culturas prehispánicas la fecundidad, naturalmente, estuvo relacionada fuertemente con lo femenino. La mujer, dadora de vida, fungió un fundamental rol en la creación del mundo, y aunque la mayoría de los dioses fueron de talante masculino, podría decirse que aquellos de donde surge la vida como tal, fueron mujeres.

La madre, un arquetipo universal de protección, amor, vida, fue honrada de algún modo a partir de los dioses femeninos, sobre todo los asociados a la vida.

Presentamos dioses, la mayoría de origen nahua, relacionados con la maternidad:

Diosa O, diosa de la Luna o Chak Chéel: fue la diosa maya encargada de asistir a los rituales para contribuir a la regeneración de la vida.

 

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Itzamná: aparece en la página 74 del Códice Dresde. Fue el principal dios maya de la creación, sin embargo es andrógino. En su aspecto femenino lleva vestiduras de mujer que arroja agua con un vaso, en alusión a su función regenerativa.

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Nahuas:

Omecihuatl: la gran creadora, de donde surgen los dioses y los hombres.

Omecihuatl

Oxomoco: primera mujer creada de la que surgió el resto de la raza humana.

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Toci: nuestra abuela.

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Tonacacihuatl: mujer de nuestro sustento, principal nodriza de la población.

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Teteoinnan: madre de los dioses.

Teteoinnan

Ixchel: diosa de la luna, marca los ritmos de la vida y es la deidad femenina por excelencia. Considerada por algunos autores como la gran madre de donde procede la humanidad .

Ixche


Coatlicue: “La de la falda de serpientes”. En el panteón azteca, la madre de los dioses y de la tierra, asociada con la primavera. Se le conocía también como Tonantzin “Nuestra madre”, era también madre de Huitzilopochtli.

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Xochiquetzal:se le conoce como flor preciosa, se le representa con flores y con un tocado de quetzal. Es parte de las diosas lunares que eran las madres de los dioses y de la Tierra. Protegía a las parturientas, a parteras, hechiceros relacionados con el mundo amoroso y a los hombres con intensa actividad sexual.

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Coyolxahuiqui: diosa del placer, la voluptuosidad, la fecundidad y la fertilidad. Diosa lunar hermana de Huizilopochtli e hija de Coatlicue, la madre Tierra.

Coyolxahuiqui

Yoalticitl: patrona de los partos.

Xochiquetzal

Tlazoltétol: la gran paridora.

 

*Imágenes: 2) vrc.niu.edu; 3) Código Dresde; 5) Códice Borgia; 8) Paul L; 9) Códice Madrid; 10)Museo Nacional de Antropología; 11) Códice Fejéváry Mayer; 12) Códice Borgia

Seres fantásticos hechos de icónicos platillos mexicanos (GALERÍA)

Este increíble ilustrador mexicano reinterpreta ingeniosamente algunas joyas de nuestra cultura.

Si eso que llamamos “cultura mexicana” a veces nos sabe a viejo, tal vez sea porque nuestros referentes son un poco planos y bastante convencionales. Es cierto: todos los símbolos necesitan refrescarse de vez en cuando y no sólo para reivindicarse, también para adaptarse a nuevas formas de vivir y entender el mundo. Por otro lado, a ninguna reliquia le cae mal un toque de buen humor y, en nuestro caso, ingenio a la mexicana.

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Esto es lo que está detrás de las ilustraciones del perspicaz artista morelense Pedro Larez que se dedica a reinterpretar algunas joyas de nuestra cultura. A él le interesa mantener activas estas referencias culturales, pero con un enfoque fresco que le hable a las generaciones contemporáneas y que se permita jugar y mezclarse con el mundo de la cultura popular y la estética millennial.

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Lo que hago es una reinterpretación a mi manera, de la forma que más me gusta; pero al mismo tiempo invito a las personas a investigar más a fondo sobre nuestra cultura, a adentrarse en ella y seguirla transmitiendo.

La ilustración es sin duda un vehículo perfecto para este ejercicio. Se presta a reunir mundos completamente ajenos, es accesible y puede ser muy divertida. Para Pedro ilustrar fue un “movimiento instintivo”, porque siempre le gustó mucho dibujar. Además es un medio muy abierto, que permite conjugar toda clase de ideas y realmente expresarse con ganas. De hecho, sin faltar al respeto, Pedro juega con los clichés y los límites de la cultura que retrata, especialmente de los dioses del panteón mexica, pero también con figuras de la religión católica y otros signos tradicionales.

Me mueven muchas cosas (…) principalmente es saber que estoy poniendo un granito de arena para volver a hacer notoria la cultura mexicana. Desde pequeño me ha motivado el conocimiento, en general y la mitología es uno de los tópicos que más me atrae; entonces, saber que le gente ve lo que hago y se motiva para investigar, hablar, dialogar o incluso hacer sus propias historias ilustradas es una de las mayores motivaciones que siento como creador.  

La comida mexicana no podía faltar y su serie sobre gastronomía es imperdible. Nos cuenta que, además de que le encanta la cocina de nuestro país, la serie comenzó como un experimento azaroso, unos cuantos juegos de palabras y otros chistes curiosos. Aquí te dejamos una buena probada:

Xochipilli, dios de las flores y las artes, acompañará a los asistentes al festival Burning Man

México estará presente en la edición 2017 de Burning Man, festival de psicodelia comunitaria, gracias a una monumental escultura de Xochipilli, el "príncipe de la flores" de los mexicas.

Entre las deidades mexicas Xochipilli destaca por regir sobre una serie de campos que conforman, en buena medida, la experiencia estética de la vida en este mundo. Xochipilli, “el príncipe de las flores” es el dios de la artes y flores, de los juegos, el amor, la belleza y las plantas de poder. Su representación exhibida en el Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México, es una de las piezas más poderosas de este recinto; en ella observamos a un personaje que porta una máscara y un pectoral, y su cuerpo está cubierto de con flores con propiedades psicotrópicas, entre ellas la nicotina, la “semilla de la virgen” o ololiuhqui, y la datura. 

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Precisamente es Xochipilli la figura que inspiró una instalación que estará presente en la próxima edición del festival Burning Man (27 de agosto al 4 de septiembre de 2017). Se trata de una réplica de la representación que conocemos, con una dimensión de cuatro metros de altura, y que participará en un ritual dedicado al Día de los Muertos, dentro de este popular festival. Recordemos que este evento promueve una cultura de autosuficiencia y expresión creativa, la cual “se manifiesta alrededor del mundo a través del arte, el esfuerzo comunitario e innumerables actos de auto-expresión individual”. 

Obra del colectivo mexicano Xochipeople, y con fondos obtenidos vía la plataforma de financiamiento colectivo Kickstarter, esta escultura, réplica de la que se encuentra en el museo, pretende fungir como un ‘templo de la creatividad, la libre expresión radical, artes plásticas, representaciones visuales, la música y la danza’. Así que además de llevar un pulso de cultura mexica, y mexicana, hasta el desierto de  Nevada, en esta ocasión Xochipilli, su escultura, será una suerte de tótem que acompañará a los asistentes del Burning Man 2017 en busca de respuestas e improntas que trasciendan la existencia mundana para luego nutrirla.  

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Tonantzin, la deidad detrás del culto guadalupano

La virgen de Guadalupe ha sido, además de motivación religiosa, un factor de unidad nacional presentada por la iglesia católica como el máximo milagro mexicano, sin embargo, detrás de su culto existe otro más antiguo.

El relato del Nican Mopohua que significa “ Aquí se narra”  o “Aquí se relata”, es el manuscrito más antiguo en el que se cuenta, en idioma náhuatl, la aparición de la virgen de Guadalupe al indio Juan Diego. Según el historiador Siguenza y Góngora, se le atribuye la hechura de este relato al indio Antonio Valeriano, iniciado por parte de los frayles franciscanos en la escritura y artes en castellano, y quien por cierto fue alumno y profesor del Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco.

Actualmente existen tres versiones del manuscrito en la Biblioteca pública de Nueva York pero hasta el momento se ignora cuál es el original. Investigadores del texto concluyen que está escrito bajo el auto sacramental, una epsecie de drama litúrgico muy famoso del siglo XVl, el cual presentaba escenas religiosas para evangelizar a los espectadores, en este caso a los indígenas, ya que éstos solían transmitir su historia de forma oral, y una representación teatral cumplía con éxito la misión de los franciscanos.

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Cada 12 de diciembre en nuestro país se festeja a la virgen morena, la virgen de nuestra raza, una festividad que cuenta acorde a la leyenda del manuscrito, un 9 de diciembre 1531 hizo una aparición frente al indio Juan Diego en el cerro del Tepeyac ubicado al norte de la Ciudad de México.

En este encuentro tan improbable y creído por millones de católicos mexicanos, la virgen le pide a Juan Diego que vaya con el Arzobispo fray Juan de Zumarraga del recién creado virreinato de la nueva España, para que le construyera un templo en lo alto del cerrillo. El fraile no cree en sus palabras, de primera instancia y le pide una prueba. Al regresar a un segundo encuentro divino, la virgen le manda a llevar flores en su tilma y al soltarlas Juan Diego frente al fraile, se concreta el milagro que hasta nuestros días prevalece con fervor: la imagen de la virgen de Guadalupe que apareció milagrosamente impresa entre sus ropas ha perdurado por casi 500 años, ahora impresa en el imaginario colectivo mexicano. La santificada imagen se encuentra en la actual Basílica de Guadalupe siendo prueba fehaciente del milagro. Una historia que todo mexicano sabe desde la niñez.

Ahora repasemos las investigaciones hechas tanto por historiadores guadalupanos como también por los llamados “antiaparicionistas “, quienes dudan, no de la fe sino de la veracidad de esta historia y la importantísima sombra que trae detrás el mito guadalupano. Esta sombra tiene un nombre: Tonantzin. Aquella deidad de la cosmogonia prehispánica, ha dado luz a un mito todavía más antiguo y fundamental para entender el pensamiento actual del mexicano contemporáneo.

Existencia  del templo a Tonantzin en el cerro del Tepeyac

Antes de la conquista española existía un templo de adoración a la diosa Tonantzin –nuestra madre- a la que acudían pobladores de todo el país del Anáhuac como se le llamaba a la federación de tribus. Historias recabadas por los frailes españoles dan cuenta de esto: los mexicas y otros pueblos nahuas creían que en la cima del cerro del Tepeyac se aparecía la madre de los dioses:

La diosa, muy venerada por los indígenas se les aparecía en figura de jovencita, con su túnica blanca ceñida, aunque siempre a uno solo, y le revelaba  cosas secretas”. Fray Juan de Torquemada en “Monarquía Indiana- 1615.

Fray Bernardino de Sahagún manifestó en textos que en el montecillo llamado Tepeaca, tenían un templo dedicado a las madres de los dioses que llamaban Tonantzin a la cual le hacían muchos sacrificios; venían hombres y mujeres de todas las comarcas decían “vamos a la fiesta de Tonantzin”.

 

Tonantzin – Coatlicue

La religión azteca contaba con un misterioso sincretismo que los investigadores no han podido resolver: la mutación de tonantzin en diferentes nombres pero con mismo significado. Así bien, consideraban a Tonantzin, Coatlicue, Cihuacóatl o Tetéoinan como “la madre divina” o “la de falda de serpientes”. Algunos antropólogos creen que bajo el nombre de“Cihuacoatl “La Mujer Serpiente”, también fungía como protectora de las mujeres.

Un relato antiguo mexica cuenta que antes de la llegada de los españoles se escuchaba en el lago de Texcoco un lamento de una mujer llorando que decía: Hijos míos, amados hijos del Anáhuac, vuestra destrucción esta próxima. Los sabios sacerdotes pensaron que era la diosa Cihuacoatl quien les profetizaba la destrucción del Anáhuac. Poco después de la derrota de la tribu mexica, al ser destruido el gran templo mayor y el templo de la virgen en el Tepeyac, también se escuchó el lamento de la diosa, llorando por su morada la cual había sido profanada por el invasor.

Aquí tenemos una relación simbólica que nos lleva a una evolución de la concepción misma de la deidad, que de pasar a lamentar la destrucción del templo, se manifiesta poco después frente al indio Juan Diego en la advocación de la virgen de Guadalupe, rogándole la construcción de una ermita-

 

La original virgen de Guadalupe Española

En el siglo Xlll en la provincia de Cáceres España, y a orillas del río de Guadalupe –palabra de origen moro (árabe) que significa “río de lobos”–, se desarrolló una leyenda la cual cuenta que el vaquero Gil Cordero encontró una estatuilla morena de la virgen Maria, la cual se dice obró varios milagros en aquella comarca. Años después durante la conquista de América fue designada por los reyes católicos como protectora de los indios del Nuevo Mundo al ser de tez morena.

Hernán Cortés, gallardo conquistador de Tenochtitlan, cargaba con su estandarte de la virgen extremeña de la cual era fiel devoto ya que el procedía de la región guadalupana. El historiador mexicano  Edmundo o’ Gorman advierte en algunos de sus apuntes que por el año de 1530 los frailes franciscanos construyeron una ermita dedicada a la virgen española intentando sustituir un rito pagano, por uno católico.

La imagen de Nuestra Señora de Guadalupe

La leyenda milagrosa ya mencionada de la imagen plasmada en la tilma del indio Juan Diego, toma otra visión más objetiva, si se analiza las hechuras y símbolos que se manifiesta en la pintura, ya que contiene elementos de ideas totalmente prehispánicos, representados con insignes católicas. Contiene, por ejemplo, retóricas como “La Flor y el Canto”, una de las filosofías, si se quiere ver desde la perspectiva occidental, más avanzadas del mundo nahua.

Esta revisión de la historia del mito guadalupano, retoma una fuerza distinta cuando recordamos el culto a Tonantzin, como así lo presenta uno de los más importantes historiadores-nahuatlos del siglo XX en México, el Dr. Miguel León Portilla, quien aborda la lectura del nican mopohua desde la perspectiva con la que están escritos los hermosos recursos retóricos de la poesía náhuatl.

Conociendo las premisas ya señaladas, el culto a la virgen de Guadalupe ya no es de cuestionarse, mucho menos si son verídicas o no sus apariciones. El núcleo efervecesnte de esta historia épica radica más bien, en ese profundo sentimiento religioso que a casi  500 años –y probablemente mucho más–, continúa llevando millones de personas a la Basílica del Tepeyac a pedirle favores; en esencia, intervenciones milagrosas para ayudarnos a sanar nuestros males.

La fidelidad devota no demerita el culto a la virgen de Guadalupe, al contrario, la enriquece, ya que aporta elementos verídicos y espirituales con una raíz plenamente originada desde nuestros antepasados –la tradición de la fe, el ritual y el mito– y de nuestra rica cultura náhuatl.

Al mexicano –quien se ha visto desnudo cultural como espiritualmente, al quedarse en medio de sus profundas raíces indígenas y los paradigmas impuestos por la religión católica y la visión occidental del mundo, aunado a la cultura moderna estadounidense de la cual ya se encuentra impregnado– solo lo salva la fe. 

 

 Autor: Josue Madrid 

*Fuentes: Miguel León Portilla, “Tonantzin Guadalupe”; Edmundo O’Gorman, “Destierro de Sombras”; Mariano Cuevas, “Álbum histórico Guadalupano”.

*Imágenes: 1, 3) Museo nacional de Antropología; 2) Wikimedia Commons; 4) preguntasantoral.es