Tzoalli, o los tamales prehispánicos para pedir la lluvia

Concebidos en forma de "angelitos" como los ayudantes de Tláloc, el tamal de "Tzoalli" es un peculiar platillo de la gastronomía prehispánica mexicana dedicado, sobre todo, a los ritos petitorios para las cosechas.

Los alimentos del día a día son sagrados en las mesas mexicanas desde hace milenios. Han figurado en ceremonias de toda clase, además de fungir como una especie de deleite u ofrenda en agradecimiento a los dioses.

La cocina mexicana, al igual que sus culturas, es una de las más variadas. Gracias a crónicas como la de Fray Bernardino de Sahagún (Historia general de las cosas de la Nueva España), hoy podemos deducir algunos de los platillos que se elaboraban en épocas prehispánicas y contrastarlos con las versiones que hasta hoy se siguen elaborando.

Uno de esos platillos antiguos –y ciertamente de los favoritos en la actualidad– es sin duda el tamal, cuya existencia data al año 100 a.C. y se trata de un importante método de cocción del maíz. Como se mencionó anteriormente, muchos de estos platillos honraban dioses; es el caso de los tamales, de donde conviene destacar al tamal de tzoalli de las regiones sureñas de México; un tamal que se elabora, sobre todo, para pedir la lluvia.

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Concebido a partir de una deliciosa masa de amaranto, maíz tostado y miel, el tzoalli fue un platillo peculiar cuya figura representaba a un tepictoton o ayudante de Tláloc. Luego de la conquista, la tradición fue disfrazada con insignias cristianas, por lo que hoy en día se acostumbran realizar en forma de ángel, esto porque hoy es una de las delicias rituales dedicadas al día de San Marcos (25 de abril), y los angelitos representan a los “auxiliares” de dicho santo (quien por cierto es una deidad agrícola). Los tamales se colocan en adoratorios rodeados de piedras, situados generalmente en la cima de alguna montaña. Aquí se llevan a cabo los ritos petitorios, aunque también los hay en los campos que se pretenden abundar o incluso en los hogares.

En la antigüedad también se comían como golosina de la cotidianidad, pues como advertía fray Diego Durán en sus crónicas, con el tzoalli no sólo se formaban tamales, sino “un pan que hacen estos naturales de semilla de bledos y maíz, amasado con miel negra, que hoy en día se come por golosina y cosa preciada entre ellos.”

Recordar la existencia de platillos como el tzoalli es recuperar lo que de alguna manera se ha perdido en México: la noble pero potentada creencia de los rituales petitorios, que más allá de fungir como letanías tradicionales de ciertas culturas, retoman esa capacidad inherente del mundo prehispánico de comunicarse con los dioses del clima; esto es, con la naturaleza.

 

*Imágenes: 1) Esmeralda Herrera para Arqueología Mexicana; 2) Samuel Villa para Arqueología Mexicana

Arqueología Mexicana

Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto huenasnoticias.com Y pintora con bordadora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )

Oda a la jícama y 6 refrescantes razones para comerla

Aunque no es el más popular de los superalimentos, la jícama es deliciosa y muy saludable.

Aunque no es el más popular de los superalimentos, la jícama —o nabo mexicano— se merece una oda y, definitivamente debería ser disfrutada con más frecuencia. Minimizada hasta haber sido convertida en una botana casual y lejos de estar entre los ingredientes básicos de nuestra paleta gastronómica, pocos conocen las refrescantes razones por las que vale la pena comerla.

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Imagen: Serious Eats

Pero venimos a recordártelas porque, con un poco de ingenio, la jícama podría convertirse en uno de tus tubérculos favoritos y estamos seguros de que hará una diferencia notable y positiva en tu salud. Además, comerla es la mejor manera de reivindicarla como uno de los pilares de nuestra cultura culinaria.

Ahí te van las razones para volver a tomarla en serio:

1: Está llena de nutrientes

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Imagen: Creative Commons

Aunque es inmensamente sabrosa y sin condimentos te regala un toque dulce y fresco, en México nos encanta echarle chilito y limón, pero a la jícama no le hace falta nada. Es un tubérculo rico en potasio, magnesio, calcio, vitamina C y vitaminas del complejo B. Así, es buena para reforzar los huesos, mejorar la circulación, incentivar la concentración y hasta apoyar al sistema inmunológico. 

2: Es una planta mexicana

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Imagen: Creative Commons

¿Sabías que la jícama más común (Pachyrhizus erosus) es una planta endémica mexicana? Su nombre viene del náhuatl y quiere decir “raíz acuosa”. Se sabe que la consumían los antiguos pueblos toltecas, zapotecas, mayas y mexicas.

En México la temporada de cosecha de jícamas es entre septiembre y diciembre. Los estados donde más se produce son Guanajuato, Michoacán, Morelos y Nayarit. Los agricultores le tienen cariño porque la planta de la jícama puede fijar el nitrógeno de la atmósfera en el suelo y eso beneficia a otros cultivos (esa misma es la función del frijol en la milpa).

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3: La jícama es prebiótica

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Imagen: Self-proclaimed Foodie

Fresca, deliciosa y super buena para tu sistema digestivo, pues contiene inulina, un tipo de fibra que promueve el sano desarrollo de tu “microbiota” o la vida que te mantiene sano y habita en tus intestinos.

4: Es una botana super sana

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Imagen: Sweet Canela

Si no te pasas con las raciones de “miguelito” y chamoy, la jícama puede ser un buen aliado en cualquier dieta, pues tiene muy pocas calorías por porción, pero es una botana muy satisfactoria.

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5: Es un ingrediente muy versátil

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Imagen: Kiwilimón

Aunque no solo sirve de botana. La jícama puede ser utilizada en recetas más complejas. Si eres vegano, puede sustituir al pescado en un rico ceviche. Si no se te antoja comer tortilla, puedes hacer toda clase de tacos con rodajas de jícama. El agua de jícama es rica y dulce. También se puede preparar en dulce; en sopas frías o guisada. 

6: Es muy barata

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Imagen: Paleo Paparazzi

En temporada, el kilo de jícama es muy accesible y al ser una gran fuente de nutrición y fibra, no hay que pensarlo dos veces.

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El romance entre los mexicanos y la cerveza comenzó al pie de un volcán

Paradójicamente, los mexicanos hemos perfeccionado la "receta secreta" de la refrescante bebida que tanto amaban en España.

Algunos piensan que, porque la cerveza no es endémica, no merece el título de mexicana; pero no podrían estar más equivocados: con esta deliciosa bebida nuestro país ha mantenido un romance largo y delicioso. 

La cerveza llegó a nosotros durante la conquista aunque no se popularizó tan rápidamente como uno pensaría, pues los nativos ya tenían sus bebidas predilectas (particularmente el pulque). Fue en 1542 cuando Carlos V dio permiso oficial para comenzar a producir cerveza en la Nueva España. 

La primera fábrica se estableció a los pies del Popocatépelt, en Amecameca, Estado de México y fue dirigida por el pionero Alfonso de Herrera. Pero el arte alquímico de esta deliciosa bebida probó ser una auténtica complicación. La primera cervecería en la historia de nuestro país permaneció en pie apenas cinco años. La producción era cara y muy pequeña. 

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Así se veía la primera cervecería de México./Imagen: INAH.

Este no fue el único intento, pero como explica la investigadora María del Carmen Reyna, los españoles simplemente se rehusaban a compartir la receta con los locales, así, los ensayos se limitaba a un grupo muy exclusivo que conocía las fórmulas de los monasterios que se habían perfeccionado en la Edad Media. Además, el lúpulo y la cebada utilizados tenían que importarse de Europa y Estados Unidos, respectivamente.

Hasta el siglo XX comenzaron a surgir las grandes cerveceras, muchas finalmente financiadas por capital nacional (como Corona y Moctezuma). Y, aunque los sabores de estas gran industria son clásicos, paradójicamente, las mejores cervezas de México son las más locales, las que se crean en la experimentación, combinando con ingredientes nacionales (como cacao o hierbas medicinales).

La cerveza se ha convertido en un sabor absolutamente mexicano; de hecho nuestro país es el primer lugar de exportación en el mundo. El romance que comenzó al pie del Popocatépetl continúa y, sin duda una de sus manifestaciones más exquisitas también se da al pie de otro volcán: el de Colima; región bien conocida por sus geniales y particulares cervezas.

*Imagen destacada: Zatriel Madrid/Más de México

El zacahuil: el tamal gigante de un lúgubre origen (FOTOS)

El zacahuil es el tamal más grande del mundo, mide más de metro y medio y puede alimentar hasta 70 personas. Es originario de la Huasteca.

Inicialmente el mega tamal conocido como zacahuil era sinónimo de fiesta. Este puede alimentar hasta 70 personas y llega a medir más de un metro y medio de largo y pesar hasta 20 kilos. En la increíble región de la huasteca en México es común este platillo que es además en sí un acto comunitario: para prepararlo se reúnen decenas de personas en un convivio que resulta en unión social.

Para todo tipo de festividades: bautizos, carnavales, pero sobre todo en el tradicional Xantolo (fiesta de todos los santos celebrada el 1 y 2 de noviembre) este mega tamal es hecho como ofrenda para los difuntos. Su nombre viene del náhuatl y significa “bocado grande”.

En tiempos prehispánicos solía prepararse relleno de jabalí, venado, faisán, cordorniz, armadillo y vívora. Hoy se prepara generalmente relleno de pollo o puerco.

Leyenda

Se cuenta que el primer zacahuil se hizo con la carne de un líder mexica llamado Huehutli que había sometido a los huastecos y causado infinidad de atrocidades. Las mujeres comieron de este tamal, sobre todo las que habían sido ultrajadas por él, como medio para recuperar su honra. 

Modo de preparación

Se cuece en un horno horizontal de barro, o bien, en un hoyo en la tierra. Su masa de maíz es martajada con chile ancho, chile guajillo, chile pasilla, cebolla asada, ajo, manteca, diversas especias, polvos para hornear y piezas de carne de cerdo o guajolote. En esta masa deben quedar trozos sin moler (a diferencia del resto de los tamales). Su cocción puede tardar entre siete y doce horas.

Disponibilidad

Hoy, más allá de en las fiestas propias del área de la huasteca puede encontrarse en los mercados de los pueblos de esta zona. Suele servirse en grandes cantidades en un plato hondo; el tamal va arriba de un pedazo de hoja de plátano (con la que va envuelta el zacahuali).