Altares surrealistas sobre ruedas: los camiones públicos en México (FOTOS)

Luces de neón, alusiones religiosas, murales de grafitti; el transporte público mexicano es una fiesta perenne.

En México, gran parte de la cultura gira en torno al transporte público. Acercarse a la cultura estética de diferentes rutas que navegan las calles de las ciudades mexicanas es meterse de lleno en la mente del mexicano.

El mundo de los camiones y los peseros pertenece a esta mística cultural desde hace ya bastantes años, por medio de grafittis, grecas y luces de neón; verdaderas joyas estéticas, lingüísticas, fraternales, humorísticas y sociales que se pueden encontrar cualquier día a bordo de una “unidad”.

Por eso una marca de camiones decidió documentar este simpático fenómeno en alrededor de 600 fotografías de distintas rutas de transporte público urbano, además de entrevistar a más de 250 operadores y dueños de unidades en diferentes localidades de Guerrero, Puebla, Veracruz, Estado de México y el Distrito Federal. El material quedó reunido en el libro “Súbale, hay lugares”.

No solamente se muestran a los choferes, sino toda la gente que está alrededor del transporte público como la gente que limpia, los boleros y mecánicos, pero lo que resalta es la decoración interna de las unidades como texturas, patrones, personajes, objetos, calcomanías e inclusive altares.

Este libro, que se puede descargar gratuitamente aquí, pretende ser un homenaje a los dueños y operadores de autobuses de todos los rincones de México.

 

Carlos Cid
Autor: Carlos Cid
Trotamundos en busca de neutrinos, siempre en modo Random.

Profundos retratos de los seguidores de la Santa Muerte en Oaxaca

De la muerte hablamos poco, pero para algunos mexicanos la "niña blanca" es una Santa...

La naturaleza de nuestra espiritualidad es increíblemente compleja. Especialmente en un país como México, donde lo místico se alimenta de infinitas formas de ser humano. Pero es precisamente esta complejidad lo que vuelve a la dimensión espiritual de nuestro país tan seductora.

Esa atracción llamó profundamente a la increíble fotógrafa Luján Agusti que enamorada de nuestro sincretismo ha realizado distintos proyectos para retratar el mestizaje, le religiosidad y la fiesta en México. En 2015, Agusti vino a estas tierras buscando investigar las creencias del país y hacer un registro documental de la forma en que la religión católica se ha mezclado con referentes de múltiples culturas y particularmente con creencias prehispánicas.

Pero mientras estaba en su proceso creativo, ocurrió un extraño incidente que la involucró directamente con el asunto investigado:

… una mujer dijo haber hablado con mi madre, quien falleció hace diez años, describiéndola tal cual era. Yo atea y descreída, dudé. Algo cambió a partir de ese encuentro. El tema que había decidido investigar me invadió, me llevó a cuestionarme sobre cuáles eran realmente mis creencias.

Para Agusti la exploración se transformó en ese momento en una búsqueda personal y decidió concentrar una serie fotográfica en un grupo de seguidores de la Santa Muerte del estado de Oaxaca. El resultado es “Salva tu Alma” donde los personajes posan luciendo su compromiso con el culto.  

mexico-cultos-religion-santa-muerte-imagenes-oaxaca

Como con casi todas las expresiones de religión (en México y el mundo), los seguidores de La Niña Blanca manifiestan su fé a través de gestos grandilocuentes, en muchos sentidos “teatrales” y definitivamente catárticos, pero que en su caso recuerdan más a los antiguos rituales prehispánicos que a la solemnidad religiosa que suele apreciarse en las iglesias.

El culto a la Santa Muerte está estrechamente ligado al culto a la naturaleza, comprendiendo la muerte como un proceso delicado, pero justo, uno que se corresponde con la vida. Lo que parecen buscar en última instancia sus fieles, es una reconciliación con el hecho que promete la figura; es decir, estar en paz con la muerte, con la idea y también con el evento: lo que se pide es una muerte no violenta.

La Santa es común entre sujetos que arriesgan la vida o que viven en sitios con dinámicas sociales complejas, aunque en muchas comunidades de México, aunque no sean adeptas a la Santa Muerte, es común venerar a los muertos, incluso pensar que aún habitan entre nosotros y que de distintas maneras continúan interviniendo nuestra existencia.

mexico-cultos-religion-santa-muerte-imagenes-oaxaca

Otro asunto interesante y que Agusti deja ver en sus imágenes es que la muerte es una deidad femenina, lo que hace del culto uno muy especial, sobre todo para la sociedad mexicana, que no puede curarse de su no muy sutil machismo. Así, se muestran en esta serie fotográfica a distintas mujeres sosteniendo a la “mujer mística” que las guía.

Por otro lado, los retratos son delicados, elegantes y no parecen dejar saber lo que la fotógrafa está pensando sobre los sujetos en la imagen. Son una figuración bastante neutra que no pretende aleccionarnos sobre la Santa Muerte y tampoco celebrar el culto, recordándonos lo importante que es ser respetuosos de las formas de vida ajenas.

Mientras que esta curiosa vertiente del catolicismo intriga y asusta, la realidad es que, como cualquier otra creencia del estilo, existe para alimentar la vida, hacerla mucho más transparente y fácil de navegar.

También en Más de México: El culto a la Santa Muerte: de la cosmovisión prehispánica a la actualidad

Diccionario ultra mexicano: estas son las 50 palabras más mexas de todas

Ándale, güey, móchate con unas palabras mexas bien chipocludas, que si no las oigo me achicopalo…

El español mexicano es delicioso y complejo. Igual que la identidad que presumimos, el idioma que hablamos es una mezcla rica. Por un lado, trae a presencia algunas de las otras lenguas que hay en el territorio (como el náhuatl y el maya). Por otro lado, se fue forjando de manera relativamente espontánea, en la calle, con ingenio y con la energía fogosa que nos caracteriza. Así, nuestras palabras son ricas de pronunciar y escuchar.

Además, cuando decimos que es complejo, va en serio, pues “español mexicano” no es solo uno, sino, un conjunto de dialectos y sociolectos regionales que tienen palabras y frases propias, que, incluso, entre mexas no conocemos. Nuestro español es, ese sentido, infinito y, además, constantemente se está actualizando, abriendo caminos nuevos en el laberinto conceptual que es nuestra identidad.

Entre nuestras palabras hay rarezas geniales, que solo podrían haber ocurrido aquí. Algunas refieren a acontecimientos o personajes locales (como el verbo “cantinflear”), otras se usan para describir objetos que no hay en ningún otro lugar del mundo (“itacate”, por ejemplo) y unas más, las heredamos en la conquista y pertenecen a un español tan antiguo que simplemente ya dejaron de usarse en otros países hispanohablantes (como “dizque”, “fierro” y “recibirse”).

Así, nos mochamos con este diccionario ultra mexicano, con unas palabras mexas bien chipocludas, para que no te achicopales, perdido en el seductor e inmenso español de esta tierra.

Diccionario ultra mexa:

Achicopalarse: Según el diccionario del COLMEX: Entristecerse, deprimirse o perder el ánimo a causa de alguna aflicción, una pena o un dolor.

Agüitarse: sentirse melancólico, desanimado, molesto, deprimido, afligido, decaído, enfermo. Un objeto, animal o planta también pueden apreciarse “agüitados”.

Apantallar: sorprender, deslumbrar, como cuando se prende una pantalla (de televisión, por ejemplo) y la luz nos deja cegados, pero en un sentido conceptual, el “deslumbramiento” más que físico es mental.

Apapachar: dar cariño, consentir, de forma física o emocional. Se dice que viene del náhuatl “papatzoa” que significa “ablandar algo con los dedos”, como si se ablandara el enojo con cariños.

Apixcahuarse: cuando la ropa huele mal porque se guarda húmeda. Es más común en el sureste del país.

Arrecholar: De español de Coahuila. Arrumbar, arrinconar, quedarse en casa, no salir a la calle es arrecholarse.  

Bacalear: Del español yucateco. Acariciar a la pareja, cachondear, fajar.

Bomberazo: Cuando hay que resolver con urgencia un asunto imprevisto. Se usa mucho en medios y periodismo: un artículo que tiene que salir rápidamente.

Bonche: un montón grande de cosas, un conjunto grande.

Cantinflear: en honor al personaje de Mario Moreno, Cantinflas, según la RAE: “Hablar o actuar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada con sustancia.”

Cháchara: es una baratija, objeto de poco valor o que no tiene mayor utilidad. Chacharear es ver, buscar o comerciar chácharas.

Chale: Expresión que denota decepción, similar a “caray”, “caramba”, pero suele expresarse con hueva o zozobra.

Chambelán: un arcaísmo, sin duda, originalmente se define como, según el diccionario del COLMEX como “Miembro del personal de la corte de un rey, que se ocupa de ayudarlo y ejecutar tareas menores ”, en México se usa popularmente para nombrar a un “joven que, en fiestas que se celebran para festejar a una quinceañera, hace con ella pareja para bailar el primer vals, y cada uno de los que forman las parejas de sus damas de honor.”

Chicano: la definición del COLMEX es preciosa: “Ciudadano de Estados Unidos de América, de origen mexicano, que milita en la defensa de sus derechos sociales, laborales, culturales y lingüísticos como minoría en ese país; que forma parte de esa comunidad o se relaciona con ella.”

Chicle: dulce o pastilla que se mastica para entretener el hambre o mejorar el aliento. Está hecho a base de una sustancia pegajosa que se extrae del árbol de chicozapote.

Chido: Dice el diccionario del COLMEX que lo chido es “bueno, bonito o apreciable.” Estamos de acuerdo.

Chincual: Del español de Veracruz. Es una fiesta o parranda.

Chingar: Dice el diccionario del COLMEX que significa “molestar o causar grave daño a una persona”, además, “chingarse” puede ser fracasar o sacrificarse. Esta palabra nos encanta porque encarna perfectamente la definición de polisemia. Y de sus variaciones, ni se diga.

Chingón: Mientras que chingar es una palabra negativa (especialmente sustantivada en “chingada”), chingón puede ser o el que chinga o un sujeto u objeto bueno, agradable, bien hecho, simpático, increíble, trabajador, inteligente o extremadamente capaz.

Chipocludo: Un sujeto que es el mejor en lo que hace, el más destacado o chingón. también puede ser un objeto que cumpla con estas cualidades, como estas palabras chipocludas.

Chocolate: aunque ya se use en todo el mundo, con sus respectivas traducciones, para nombrar al delicioso dulce de cacao, es una palabra náhuatl. Viene de xococ (agrio) y atl (agua).

Chuchuluco: la palabra es de origen náhuatl y según el Diccionario del náhuatl en el español de México, se puede definir como “golosinas o dulces para niños”, “cosas sin valor que se acumulan”, “tamales mal amasados”.

Chueco: torcido, ladeado, deforme, mal hecho o ilegal.

Chulear: es alabar o decir cosas positivas con respecto a la belleza de una persona, un objeto o los actos de alguien.

Cooperacha: La “coopera” es una apotación voluntaria de amigos, familiares y vecinos para comprar licores, “chelas” o comida en una fiesta.

École: Es una expresión que se dice cuando alguien acierta, le atina a algo o le queremos dar la razón.

Encabronarse: “cabrón” es otra de nuestras joyitas, aunque encabronarse podría ser considerada su máxima expresión: significa enojarse mucho, tanto que uno se transforma en un cabrón, es decir un sujeto en tal nivel de empoderamiento que podría dañar a otros, importándole poco las consecuencias. Que no te hagan encabronar.

Escuincle: niño, joven o sujeto mayor de edad que se comporta de forma pueril.

Gacho: feo, malo o malvado.

Guácala: es una expresión usada para denotar asco o desprecio, especialmente repugnancia hacia un olor o alimento. En México hay otras expresiones similares como “fuchi” o una yucateca preciosa, corta y contundente: “fo”.  

Güero/guëra: Los españoles nos regalaron el “prieto”, nosotros nos inventamos el güero que significa rubio, persona blanca y de ojos claros. Hay que usarla con cuidado, pues es un apelativo que pone distancia entre los que son güeros y los que no lo son.

Güey: La RAE lo define como “persona tonta” (estás bien güey), pero en México es un apelativo para casi cualquier sujeto. Un güey puede ser un desconocido. Mi güey, quiere decir: “mi novio o pareja”, güey también es “amigo, compañero”. Una palabra difícil de definir, no es raro que la RAE se quedara corta.

Huachicol: (o guachicol) es una bebida adulterada. También se utiliza la palabra para nombrar al combustible adulterado o robado.

Huesear: agarrar cualquier empleo, poco relacionado con la propia carrera, para ganar dinero. Entre artistas y académicos suele ser un empleo mal pagado, como dar tutorías o tomar fotografías de eventos. Entre políticos y administradores públicos es “agarrar hueso”, es decir, tener cualquier trabajo que ofrezcan los amigos o “palancas”, para seguir en la nómina.

Hueva: un concepto seriamente complejo, o por lo menos así lo trabajó un gran filósofo mexicano. Algunos le llaman flojera (extrema), el acto de holgazanear. Nosotros la entendemos como zozobra, una congoja tan agobiante que no te deja hacer nada.

Itacate: Después de una comida familiar o de amigos, lo que sobra, se puede compartir con los asistentes para que se lo lleven a casa con ellos. A esta provisión se le llama “itacate”. En el estado de Morelos, el itacate es una gordita triangular, echa con masa mezclada con queso y rellena de guisados diversos.

Jaino: Del español de Chihuahua es novio o pretendiente.

Mamar: emborracharse, chupar con la boca los órganos genitales de otra persona o decir cosas imprudentes. De ahí la expresión tan querida: “no mames”.

Merequetengue: Es una fiesta, parranda en grande o un alboroto, una serie de obstáculos que no permitían realizar lo que uno se había propuesto. (Sacar la visa gringa es un merequetengue; ir al super el 24 de diciembre es un merequetengue).

Morro: O morra. Joven, adolescente, chamaco.

Neta: es la verdad. La verdad absoluta.

Ñáñaras: sensación de ansiedad o nervios, que provoca una situación, visión o condición física desconocida, inquietante o extraña. También puede ser un temor irracional. A muchos les provoca “ñáñaras”, por ejemplo, el ruido que hace un unicel cuando es cortado.

Ñero: en positivo: amigo, compañero. En negativo: persona u objeto vulgar.

Papalote: juguete precioso que se hace planear en el viento, hecho de un armazón liviano (muchas veces de carrizo) sobre el que se tensa una tela o papel y que tiene amarrado un hilo que sirve para volarlo. En Oaxaca, durante el día de muertos, se vuelan papalotes para permitir que las almas bajen a tierra a través de los hilos.

Pinche: despreciable, deleznable, mezquino o de baja calidad.

Rascuache: apariencia de mal gusto, de baja calidad, categoría o en mal estado. El diminutivo “rascuachitos” es seriamente peyorativo.

Sacatón: Cobarde, que “le saca”.

Teporocho: Borracho, alcohólico, sujeto que bebe incansablemente cualquier cosa, en cualquier lugar.

Varo: dinero, peso, moneda.

Zochear: Del español yucateco. Fisgonear, acechar, curiosear.

También en Más de México: Para hablar español con la maestría de un mexicano, tienes que conocer este diccionario

Mira los murales de street art europeo inspirados en obras de Diego Rivera (FOTOS)

Una ambiciosa muestra de street art en Europa está retomando el genio de Diego Rivera a través de las obras de estos muralistas contemporáneos.

Si existe un artista que le haya mostrado al mundo la importancia social de los espacios públicos como lienzos clave para plasmar críticas, ese es Diego Rivera. Célebre por su muralismo, por su Frida y a su vez por su llameante detracción social y comunista, Diego –su revolución pictórica– hoy inspira a mentes contemporáneas de toda la orbe que hacen street art.

Recientemente la plataforma de Mestizo Arts –espacio creativo situado en Bélgica, Holanda y otras partes del mundo, cuyo objeto es el de ensamblar y exponer el arte de diferentes culturas del mundo–, dio a conocer su muestra Mural, en la que se contactó a una serie de muralistas contemporáneos para mimetizar el arte de Rivera bajo sus propias técnicas.

La idea basicamente es refractar las obras de las bellas artes antiguas sobre las actuales, ejerciendo no una replica sino una mimesis de las ideas de Diego, de manera que, tanto espacios cerrados como abiertos (todos ellos públicos) sean aprovechados para la libertad de expresión ideológica y social. Así, encontramos las obras de una gama heterogénea de artistas que ornamentaron teatros, muros de edificios, interiores y ventanas recordando y elogiando al notable Diego:

 

 

*Imágenes: Mestizo Arts Platform