Altares surrealistas sobre ruedas: los camiones públicos en México (FOTOS)

Luces de neón, alusiones religiosas, murales de grafitti; el transporte público mexicano es una fiesta perenne.

En México, gran parte de la cultura gira en torno al transporte público. Acercarse a la cultura estética de diferentes rutas que navegan las calles de las ciudades mexicanas es meterse de lleno en la mente del mexicano.

El mundo de los camiones y los peseros pertenece a esta mística cultural desde hace ya bastantes años, por medio de grafittis, grecas y luces de neón; verdaderas joyas estéticas, lingüísticas, fraternales, humorísticas y sociales que se pueden encontrar cualquier día a bordo de una “unidad”.

Por eso una marca de camiones decidió documentar este simpático fenómeno en alrededor de 600 fotografías de distintas rutas de transporte público urbano, además de entrevistar a más de 250 operadores y dueños de unidades en diferentes localidades de Guerrero, Puebla, Veracruz, Estado de México y el Distrito Federal. El material quedó reunido en el libro “Súbale, hay lugares”.

No solamente se muestran a los choferes, sino toda la gente que está alrededor del transporte público como la gente que limpia, los boleros y mecánicos, pero lo que resalta es la decoración interna de las unidades como texturas, patrones, personajes, objetos, calcomanías e inclusive altares.

Este libro, que se puede descargar gratuitamente aquí, pretende ser un homenaje a los dueños y operadores de autobuses de todos los rincones de México.

 

Carlos Cid
Autor: Carlos Cid
Trotamundos en busca de neutrinos, siempre en modo Random.

La Noche que nadie duerme: una fiesta muy colorida que se apropia de la calle y la oscuridad (FOTOGALERÍA)

Para celebrar a la Virgen de la Caridad, la comunidad de Huamantla decora las calles con vibrantes tapetes efímeros. Una visión espectacular.

La noche y la calle son dos espacios con los que los mexicanos tenemos una relación ultra-compleja. 

Aunque somos plenamente callejeros y habitamos con todo nuestro esplendor el espacio público y nuestras ricas garnachas aromatizan el aire de la atmósfera nacional, la calle se ha vuelto sinónimo de la dolorosa violencia. Y la noche: su misterio sigue activo, la fiesta de la que es eterno escenario, también, pero no es tan sencillo navegarla.

Sin embargo, hay expresiones preciosas, vibrantes, luminosas, coloridas y comunitarias que, tal vez sin saberlo, contrarrestan esta oscuridad. Una de las más magníficas es “La noche que nadie duerme”, en Huamantla, Tlaxcala. Esta celebración se realiza en honor a la Virgen de la Caridad, aunque también está ligada a la fiesta prehispánica en honor a Xochiquetzalli, diosa de las flores y la fertilidad. 

Los preparativos para la fiesta se realizan desde temprano. Las calles son adornadas con velas, flores y otras decoraciones. Pero el motivo principal son los larguísimos tapetes de flores y aserrín, algunos con imágenes religiosas, que los artistas y artesanos del pueblo diseñan cuidadosamente cada año. 

Los tapetes están para adornar el camino por donde se hará una procesión con la representación de la Virgen. El trabajo es absolutamente impresionante y será disfrutado por locales y viajeros durante una noche de júbilo, cohetes, música, cantos, rezos y la rica gastronomía típica de Tlaxcala, como el mole de guajolote, memelas y los clásicos buñuelos.

Así en la noche del 14 de agosto la identidad, la pertenencia y el cariño reclaman la calle y la noche. La fiesta es plenamente comunitaria: las familias deben reunirse para trazar estas enormes y vibrantes artesanías efímeras, que a penas termina la fiesta son barridas y descompuestas (como los hermosos mándalas de los monjes budistas). A veces no duran la noche, pues los aguaceros las difuminan a su paso. 

Pero eso no detiene las ganas de celebrar, de poblar la calle con color y reactivar una y otra vez su potencia en la noche, demostrando en dónde está oculta la energía necesaria para salir de esta oscuridad.

También en Más de México: El significado detrás de la Guelaguetza, fiesta máxima de Oaxaca

 

 
 
 
 
 
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La Pascualita: la novia-maniquí que provoca escalofríos en los chihuahuenses

En una antigua tienda de vestidos de novia en Chihuahua se originó el relato de la Pascualita, reconfigurando para siempre el imaginario de la ciudad…

Más de un relato escalofriante se ha encargado de configurar el imaginario mexicano. Inaugurando nuevas y muy extrañas tradiciones; contribuyendo a los rituales del Día de Muertos o simplemente generando un halo de horror en pueblos y ciudades del país, las leyendas urbanas están muy presentes en la vida cotidiana.

Y una de las más curiosas es definitivamente la de La Pascualita. Este maniquí de hipnotizante belleza decora un local de vestidos de novia en la esquina de las calles Ocampo y Victoria, en Chihuahua y así lo ha hecho desde 1930. Su delicada y detallada figura es tan precisa y su mirada tan abrumadora que si no miras dos veces, podrías confudirla con una mujer viva de carne y hueso.

pascualita-novia-maniqui-leyenda-chihuahua

Entre rumores, corridos y curiosidades mediáticas se ha construido una leyenda que explica el innegable parecido del maniquí a un cuerpo humano. Se cuenta que, cuando fue vista por primera vez en el aparador de la tienda “La Popular”, la gente no pudo evitar notar su enorme parecido al de la hija recién fallecida de la dueña, Pascuala Esparza. 

La especulación comenzó a fluir libremente entre los habitantes de Chihuahua; algunos se atrevieron a asegurar que la llamada “Pascualita” era el cadáver embalsamado y recubierto de la joven. 

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Los motivos de la muerte de esta chica también cambian según a quién se le pregunte. Unos dicen que murió por la mordida de una viuda negra, justo antes de su boda. Otros piensan que su novio la mató. Otros dicen que la mordida fue de alacrán, no de araña. 

También en Más de México: ¿Qué son los chaneques que habitan tantas leyendas?

El significado de La Pascualita es igualmente múltiple. A unos les aterra enormemente y aseguran haberla visto moverse, sonreír, parpadear y hasta sudar. Otros piensan que el maniquí resguarda el espíritu de una santa y puede conceder milagros.

Una de las responsables contemporáneas de la tienda contó —en esta imperdible (por su rareza) entrevista— que una mujer pasó por lo menos una década llevándole veladoras al maniquí, para agradecer que la salvó de la muerte. También explica el dueño de la tienda, que cuando las mujeres chihuahuenses lo visitan, acostumbran comprar el vestido que ese día le toca exhibir a La Pascualita, sin importar cuál sea; muchas creen que es de buena suerte.

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Las historias en torno a este personaje son infinitas y constantemente están mutando. Su presencia se ha transformado en un elemento vital de la ciudad. En Chihuahua todos saben quién es La Pascualita, que apaga y prende las luces de “La Popular” después de que cae la noche. Y mientras que algunos evitan pasar frente a ella, otros no se resisten.

Definitivamente hay algo en este cuerpo inerte que es irresistible: la tersura de su acabado; el inmenso nivel de detalle en su superficie que está poblada por venas, arruguitas y, según algunos, hasta pequeñísimos vellos. 

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Hay algo que es definitivamente real de La Pascualita y es la vida que le inyectan a su curiosa figura las palabras que sobre ella se susurran.

También en Más de México: 4 leyendas chiapanecas de fantasmas y misterios

Mira los murales de street art europeo inspirados en obras de Diego Rivera (FOTOS)

Una ambiciosa muestra de street art en Europa está retomando el genio de Diego Rivera a través de las obras de estos muralistas contemporáneos.

Si existe un artista que le haya mostrado al mundo la importancia social de los espacios públicos como lienzos clave para plasmar críticas, ese es Diego Rivera. Célebre por su muralismo, por su Frida y a su vez por su llameante detracción social y comunista, Diego –su revolución pictórica– hoy inspira a mentes contemporáneas de toda la orbe que hacen street art.

Recientemente la plataforma de Mestizo Arts –espacio creativo situado en Bélgica, Holanda y otras partes del mundo, cuyo objeto es el de ensamblar y exponer el arte de diferentes culturas del mundo–, dio a conocer su muestra Mural, en la que se contactó a una serie de muralistas contemporáneos para mimetizar el arte de Rivera bajo sus propias técnicas.

La idea basicamente es refractar las obras de las bellas artes antiguas sobre las actuales, ejerciendo no una replica sino una mimesis de las ideas de Diego, de manera que, tanto espacios cerrados como abiertos (todos ellos públicos) sean aprovechados para la libertad de expresión ideológica y social. Así, encontramos las obras de una gama heterogénea de artistas que ornamentaron teatros, muros de edificios, interiores y ventanas recordando y elogiando al notable Diego:

 

 

*Imágenes: Mestizo Arts Platform