Altares surrealistas sobre ruedas: los camiones públicos en México (FOTOS)

Luces de neón, alusiones religiosas, murales de grafitti; el transporte público mexicano es una fiesta perenne.

En México, gran parte de la cultura gira en torno al transporte público. Acercarse a la cultura estética de diferentes rutas que navegan las calles de las ciudades mexicanas es meterse de lleno en la mente del mexicano.

El mundo de los camiones y los peseros pertenece a esta mística cultural desde hace ya bastantes años, por medio de grafittis, grecas y luces de neón; verdaderas joyas estéticas, lingüísticas, fraternales, humorísticas y sociales que se pueden encontrar cualquier día a bordo de una “unidad”.

Por eso una marca de camiones decidió documentar este simpático fenómeno en alrededor de 600 fotografías de distintas rutas de transporte público urbano, además de entrevistar a más de 250 operadores y dueños de unidades en diferentes localidades de Guerrero, Puebla, Veracruz, Estado de México y el Distrito Federal. El material quedó reunido en el libro “Súbale, hay lugares”.

No solamente se muestran a los choferes, sino toda la gente que está alrededor del transporte público como la gente que limpia, los boleros y mecánicos, pero lo que resalta es la decoración interna de las unidades como texturas, patrones, personajes, objetos, calcomanías e inclusive altares.

Este libro, que se puede descargar gratuitamente aquí, pretende ser un homenaje a los dueños y operadores de autobuses de todos los rincones de México.

 

Carlos Cid
Autor: Carlos Cid
Trotamundos en busca de neutrinos, siempre en modo Random.

¿Sabes cómo se extingue una lengua indígena? esta activista lo explicó en un conmovedor discurso

Igual que algunas flores, plantas y animales, muchas lenguas mexicanas están desapareciendo. Esta activista mixe explica por qué.

Igual que algunas flores, plantas y animales, muchas lenguas mexicanas están desapareciendo. Y, aunque a muchos les parezca natural, en realidad no lo es. La extinción no es un proceso fluido o solo la “manera en la que se manifiesta el paso del tiempo”. Al contrario, la extinción suele ser violenta y relativamente abrupta.

Como los seres vivos, las lenguas se extinguen si lastimamos el entorno donde normalmente se activan y a los sujetos que las hacen sonar. En México se hablan más de 60 idiomas indígenas, algunos más y otros menos, pero todos se encuentran relativamente en peligro; porque la sociedad mexicana no las está protegiendo, ni a ellas, ni a sus hablantes.

Yásnaya Aguilar, activista y lingüista mixe, lo pone en palabras simples: “ninguna lengua muere en paz”; así, cuando perdemos un idioma, lo que se encuentra detrás son procesos de globalización, discriminación y hasta censura.

Pero deberíamos ser capaces de revertir este asunto, pues México es una tierra fértil en todos los sentidos posibles y lo que cosecha es una enorme diversidad que distintos procesos históricos, culturales, políticos y sociales han puesto en riesgo. Pero se pueden cuestionar y replantear.

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México no hay uno, ni dos, sino miles

En el marco del Año Internacional de las Lenguas Indígenas, Yásnaya Aguilar pronunció un discurso en la tribuna de San Lázaro; lo hizo en su lengua materna, ayuujk. A través de sus preciosas palabras, lo que construye es la respuesta a una pregunta que duele contestar: ¿por qué se están muriendo las lenguas indígenas?

Empieza por remitirse al nombre de “México”, un país con una identidad concreta, cuyo nombre oficial nos recuerda una sola versión de su fundación, pero que en ningún momento sugiere que, en realidad, como nación, es una compleja abstracción de cientos de naciones.

“Nëwemp” (el lugar del agua) se llama en mixe; “Giajmïï” (sobre el agua), en chinateco; “Nangi ndá” (la tierra en medio del agua), en mazateco; “Kuríhi” (dentro del agua) en chichimeco; “Nu koyo” (pueblo húmedo) en mixteco; “México” (en el ombligo del lago de la luna) del náhuatl; pero ahora en español. Y así, podríamos seguir nombrando.

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Pero la necesidad insistente de distinguirse de otros, de tener una identidad concreta llevó a algunos grupos a concretarse en uno solo y, relegar a los otros “méxicos” a la distancia o al pasado. No en vano es muy común pensar que los pueblos indígenas son parte de la historia o “portadores de un legado” y no sujetos del presente.

Las identidades nacionales son las que legislan y deciden en última instancia cómo podemos desplazarnos; dónde podemos vivir y a dónde simplemente algunos no pueden entrar. Es así como el español terminó por dominar sobre los otros idiomas locales. Y, mientras que en 1862 el 65% de la población hablaba una lengua indígena, ahora solo lo hacen el 6.5%.

La “castellanización” pasó de ser un método de conquista a una política cultural de Estado, que se sigue ejerciendo a través de la “alfabetización” y una creencia muy tramposa de que saber leer (en español) es signo de preparación.

Por otro lado, como explica Yásnaya, no solo se trata de políticas culturales, también de la forma en que a lo largo de la historia ese Estado que se llama México ha dispuesto de los territorios indígenas sin pensarlo dos veces. Es así como la tierra fértil, de agua, húmeda, es ahora la tierra de la extinción.

Sin tierra, sin agua, con contaminación y despojo, no es sorprendente que los hablantes de todas esas lenguas mexicanas estén desapareciendo. Es vital apostarle a eso que la activista llama un “pensamiento múltiple” y entender cuál es la responsabilidad que cada uno de nosotros tiene para mantener vibrante la diversidad de este fantástico mundo articulado por miles de mundos.

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Defender al maíz nativo como un modo de vida

La capacidad del maíz criollo para nutrir, y su enorme diversidad, enamoró a esta activista por la milpa y sus aportes a la salud y la biodiversidad.

Es una inspiradora guardiana del maíz y del patrimonio gastronómico mexicano. A la maestra en letras Cristina Barros, la vida y su amor por México la fueron llevando al campo de la gastronomía endémica de este país. Y en este mundo quedó deslumbrada por el maíz y ha luchado por su preservación desde hace 25 años.

Su trayectoria

El inicio de su carrera fue la docencia, ejerció como profesora de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM desde 1968 a 1980. Entre la investigación de la historia y el patrimonio cultural, ya para inicios de los noventa, en 1993, publica en coautoría con Mónica del Villar ‘El Santo Olor de la Panadería’. En 1996 saca a la luz con Marco Buenrostro ‘Itacate. La sorprendente cocina mexicana’ y su repertorio sobre la gastronomía mexicana se ha extendido en numerosas obras.

Sobre el  maíz, eje de la nutrición mexicana y de su cultura, ha quedado prendada de una manera que la sigue maravillando, y eso lo emana:

“Me di cuenta de la cantidad de maíces especializados que hay, que no hay planta tan diversa por la cantidad de ecosistemas en México en que fue domesticada. Me fui dando cuenta que la riqueza era infinita: el 70% de la proteína que consume el mexicano proviene del maíz”, me dice.

cristina barros valero

La milpa como sustento de la salud del mexicano

Barros cree que a través de las crisis económicas y sociales por las que ha pasado México, las personas con pocos recursos sobrevivieron (y aún hoy) gracias al maíz. Para ella, en gran parte gracias al método prehispánico de la nixtamalización, nos mantuvimos como una sociedad  de  una alimentación sana antes de  la industrialización y los alimentos chatarra:

“Gracias a la nixtamalización, el maíz se vuelve más digerible. La presencia de cal le añade calcio y si se junta con el frijol te da una calidad de proteína bastante buena. Un taco de frijol resulta muy buen alimento”, me cuenta.

 

Sobre su lucha por el maíz nativo

Involucrada desde hace décadas en luchas sociales y ecológicas, su aprendizaje ha sido vasto: “Cuando emprendes este tipo de luchas te encuentras en el camino personas que comparten tus creencias y generas fortalezas internas muy grandes, te da una esperanza y esto es muy importante para generar transformaciones”, reflexiona.

 

¿Y qué hacer para preservar el maíz nativo y la nixtamalización como sociedad?

Para ella, una referencia en la materia, la mejor manera de luchar por el maíz es hacerlo como consumidor:

“Pregunta por las tortillas que comes, que no sean chatarra, que sean nixtamalizadas, de productores que usan maíz criollo”, nos invita.

Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto ciudadano yanostoca.com. Y pintora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )

Mira los murales de street art europeo inspirados en obras de Diego Rivera (FOTOS)

Una ambiciosa muestra de street art en Europa está retomando el genio de Diego Rivera a través de las obras de estos muralistas contemporáneos.

Si existe un artista que le haya mostrado al mundo la importancia social de los espacios públicos como lienzos clave para plasmar críticas, ese es Diego Rivera. Célebre por su muralismo, por su Frida y a su vez por su llameante detracción social y comunista, Diego –su revolución pictórica– hoy inspira a mentes contemporáneas de toda la orbe que hacen street art.

Recientemente la plataforma de Mestizo Arts –espacio creativo situado en Bélgica, Holanda y otras partes del mundo, cuyo objeto es el de ensamblar y exponer el arte de diferentes culturas del mundo–, dio a conocer su muestra Mural, en la que se contactó a una serie de muralistas contemporáneos para mimetizar el arte de Rivera bajo sus propias técnicas.

La idea basicamente es refractar las obras de las bellas artes antiguas sobre las actuales, ejerciendo no una replica sino una mimesis de las ideas de Diego, de manera que, tanto espacios cerrados como abiertos (todos ellos públicos) sean aprovechados para la libertad de expresión ideológica y social. Así, encontramos las obras de una gama heterogénea de artistas que ornamentaron teatros, muros de edificios, interiores y ventanas recordando y elogiando al notable Diego:

 

 

*Imágenes: Mestizo Arts Platform