Gasolina más barata y ecológica en México, te decimos dónde

En México se están gestando opciones reales de abastecimiento de combustible ecológico.

En el mundo nos encontramos en un momento decisivo respecto al uso de hidrocarburos pues dependemos completamente de ellos, y tajantemente, están destruyendo el planeta.

Por otro lado los recientes gasolinazos en México han impactado, en un momento de por sí complicado, a las personas que menos tienen (sobre todo por el aumento de la canasta básica). Las opciones de una movilidad más ecológica y barata son urgentes, y hoy que nos encontramos en una crisis al respecto, aprovechar estas alternativas para que cobren fuerza es también preciso.

En este contexto en los últimos meses la empresa Oxifuel (la primera cadena de combustible ecológico en México) se ha convertido en una opción real para cientos de mexicanos que están cargando tanques de gasolina más ecológica. Se trata de una mezcla de gasolina con etanol.

 

Según la propia empresa:

Oxifuel es un aditivo oxigenante formulado a partir de etanol anhidro, proveniente de la caña de azúcar cultivada en México, ayuda a reducir la contaminación, brinda mayor potencial al motor y es más económico.

 

El costo de esta gasolina ronda en los 13 pesos el litro, que en comparación con la gasolina Premiun que aumentó a 17 pesos es muy atractivo. El combustible de Oxifuel aporta 113 puntos de octanage, lo cual favorece la combustión y provoca menos contaminación. Su base se encuentra en Tlaxcala, con sucursales en Tetla y Apizaco; también cuenta con franquicias en Puebla y Veracruz. Por ahora se proyecta la construcción de 120 nuevas estaciones en distintos estados del país. Puedes contactar a esta empresa en el siguiente link

 

*Si conoces de más opciones de combustibles ecológicos a la venta, compártelos. Generemos una cadena alternativa al mercado energético, urge que sea más económico y sustentable.

 

 

 

Sobre la importancia vital del campo mexicano, las entrañas de nuestra tierra (VIDEO)

Escucha uno de los discursos más genuinos y conmovedores sobre la importancia del campo mexicano y las personas que lo cultivan.

Hemos desplazado al campo mexicano de nuestro imaginario. Lo que sabemos sobre nuestra cultura parece dejar de lado que casi cualquier cosa presumible de este país tiene origen entre las manos de un campesino. La gastronomía es el ejemplo más evidente, pero también las artesanías, nuestros rituales tradicionales y hasta las luchas sociales que definen nuestra contemporaneidad.

También en Más de México: Campesinos mexicanos: los guardianes de nuestro vínculo con la tierra

Pero el campo, como figura simbólica se ha distorsionado. Lo entendemos como sinónimo de pobreza —a pesar de que literalmente todo lo que nos nutre viene de ahí— y como un territorio plenamente infértil, donde lo cultural no parece tener cabida. No hay percepción más injusta y errónea (como lo demuestran, por ejemplo, estos rituales en torno a la siembra). 

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Imagen: El Bonito Tianguis

Afortunadamente, el discurso que busca reivindicar al campo y a los campesinos, a las auténticas entrañas de nuestra tierra, está floreciendo desde diversas trincheras. Y tal vez uno de los más conmovedores es el que recién pronunció Enrique Cervantes, fundador de El Bonito Tianguis

Este mercado itinerante se ha consolidado como un importante punto de encuentro entre productores artesanales y locales con consumidores sensibles y urgidos de financiar a la diferencia. Enrique expresa con potencia la forma en que se despliega una cadena de valor simbólico y material que, al fin y al cabo, funge como columna vertebral de nuestra identidad: la que va del campo a la mesa.

Un discurso conmovedor

Esta estructura nuclear es lo que él entiende por “México profundo”; ese México producto de su compleja historia, cuyos componentes esenciales son personas que, a fuerza de observar la tierra, las plantas, la materia (como las piedras y la madera) y a fuerza de experimentar con el fuego y el movimiento, han dado con instrumentos y recetas, francamente, maravillosos. 

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Imagen: El Heraldo

¿Quién se atrevería a decir que un mole es cualquier cosa? ¿O que una tortilla lo es? Pensemos en todo lo que ha tenido que pasar para que, entre miles de humanos a lo largo de la historia, se concretaran estos sabores y materias que hoy simplemente damos por hecho. Y contrastar estos procesos casi sagrados con la contemporaneidad sanguinaria que hoy habitamos es, definitivamente, motivo para llorar de coraje y tristeza. Se pregunta Enrique: ¿si aprendemos a respetar y venerar este origen, el de nuestros alimentos, cómo trataremos a un ser humano? Muy distinto, eso seguro. Probablemente con cuidado y atención. 

¿Cuándo dejó de ser digno plantar maíz?

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Imagen: Animal Gourmet

Sin duda, como él afirma, el momento en que dejó de ser digno plantar maíz, los valores se trastocaron. México necesita volver a mirar al campo, no como un hecho a la distancia, sino como la condición fáctica del territorio; en otras palabras, su verdad. Casi todo nuestro país se desenvuelve en lo rural y eso es magnífico, porque lujo es, como dice Enrique, saber quién siembra tus tortillas. Pero, especialmente, porque el campo resguarda la clave para la soberanía alimentaria, para defendernos contra el cambio climático y, con mucho trabajo para la pacificación del país. 

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Fotografía: Alexis Nava

Y no estamos hablando de un campo cualquiera. No estamos hablando de la agricultura extensiva; de las producciones intensas (como las de café y aguacate) que se han fabricado para enriquecerse. Estamos hablando de revolucionar nuestra lógica de consumo y de virar nuestro entendimiento del campo mexicano hacia ese que echa raíces en la milpa y florece en el comal. Pensemos en eso. En esa posibilidad.

Los robots mexicanos que llegarán a la Luna en 2021

México se une a la exploración espacial con este ingenioso experimento hecho por alumnos de la UNAM.

La enorme curiosidad que nos provoca el espacio nos ha llevado a hacer cosas absolutamente magníficas. Aunque de esta entidad solo podemos esbozar algunas premisas y lo que observamos es apenas un fragmento infinitesimal, el universo nos cautiva y la urgencia que tenemos por aprehenderlo no se agota. 

Y México no se ha quedado atrás en eso que llamamos la “carrera espacial”. Aunque el término tiene un origen muy extraño —pues se refiere a la carrera entre Rusia y Estados Unidos por conquistar, por lo menos conceptualmente, el “espacio exterior” a la Tierra— y una connotación de orgullo nacional que francamente es paradójica —considerando, precisamente, que la humanidad entera no es nada en comparación con el universo.

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La cosa es que hemos participado más de una vez del romance tecnocientífico que guarda nuestra especie con el cosmos. Como se explica en este artículo de El Universal, todo comenzó en los años cuarenta, cuando un grupo de ingenieros del Instituto Politécnico Nacional realizaba pruebas con sistemas de propulsión en suelo mexicano. Gracias a este experimento se inauguró la Comisión Nacional del Espacio Exterior en 1962. 

En 2010 se creó la Agencia Espacial Mexicana, que, desde 2015, comenzó un proyecto junto al Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM. El objetivo es mandar un robot 100% a la Luna. En 2021 este sueño se hará realidad.  

¿Un robot mexicano en la Luna?

Sí, a lo largo de 4 años, estudiantes e investigadores de distintas disciplinas en la UNAM han colaborado en el proyecto “Montaje Autónomo de Estructuras sobre la Superficie Lunar”. Lo que mandarán son, de hecho, nueve robots que, al llegar al apreciado satélite que orbita en torno a nuestro planeta y ser expulsados en su superficie, podrán ensamblarse de manera autónoma, formando un panel solar. 

El asunto no es cualquier cosa. Este avance podría aportar muchísimo a la investigación que se ha hecho sobre la edificación de estructuras en la Luna. Los robots mexicanos que, por cierto, no pesan más de 40 gramos y, apenas tienen 8 centímetros de altura y 8 de diámetro, son capaces de reconocerse, conectarse entre sí y autoensamblarse. 

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Así se verá la cápsula donde alunizaran los robots mexicanos.

Más importante, tienen la capacidad de funcionar en un ambiente muy hostil. Los 150 jóvenes estudiantes responsables de estas piezas de tecnología hicieron pruebas con ellos en una “reconstrucción de la superficie lunar” y reconstruyeron el sector de la nave que transportará a los robots, para adecuar el diseño. 

Si todo sale como se espera, México podrá presumir que llegó a la Luna, aunque —nuestros antepasados lo sabían bien la conexión entre nuestra tierra y el cuerpo celeste siempre ha sido profunda, divina e indeleble. No en vano México es llamado ombligo de la Luna.

También en Más de México: Estos son los experimentos que brillantes estudiantes mexicanos enviaron al espacio

¿Orina empleada como biocombustible? es posible, gracias a un mexicano

El invento del doctor Gabriel Luna Sandoval abastece la energía eléctrica de una casa para tres personas, por una semana, a partir de sus desechos de orina.

Que no hayamos caído en cuenta que podemos obtener energía de muchas maneras posibles, más allá de los hidrocarburos, es un mal de nuestra época (en parte generado por los grandes capitales petroleros).

En la última década, sin embargo, inventos como motores de hidrógeno que funcionan a base de agua para sustituir la gasolina, la generación de bioetanol a partir de maíz, y otros sorprendentes inventos como el recién dado a conocer por el doctor Gabriel Luna Sandoval, investigador de la Universidad Estatal de Sonora (UES), han resultado en un impulso a un cambio de paradigma energético urgente.

Recientemente se ha dado a conocer que Luna Sandoval ha creado biocombustible a partir de orina. Su invento, que funciona con celdas solares, desprende dos moléculas de oxígeno y seis de hidrógeno; es capaz de generar biocombustible para abastecer estufas de uso doméstico y energía eléctrica.

Su invento ha sido ya patentado y ha generado interés a empresarios nacionales y extranjeros, es capaz de generar combustible para una semana con la orina producida por tres personas; una manera por demás práctica de aprovechar los diseños domésticos humanos.

Luna experimentó con una celda que usualmente produce hidrógeno a partir de agua, luego de varias adecuaciones consiguió este proceso pero a partir de orina. 

Cómo funciona

La celda mide 20 cm2, esta recibe la orina y mediante dos electrodos pasan 12 volts de energía proveniente del sol. Luego esta es almacenada en una batería. De la orina se obtiene una molécula, y una más de agua, de ambas son desprendidas dos moléculas de oxígeno y seis de hidrógeno; estas son servibles como combustible. 

Luna ha declarado:

Al principio no fue fácil porque en la electrólisis la orina no se comporta como el agua, ya que contiene sales y sólidos orgánicos que se adhieren a los electrodos de la celda y dificultan llevar a cabo el proceso. La orina es un electrolito natural, tiene compuestos orgánicos, y en ello radica la diferencia. (…)Entonces, lo que se hace es limpiar la orina antes de usarla a fin de quitar los sedimentos y aprovecharla de esta forma.

La generación de energía con insumos distintos a los hidrocarburos es urgente, si estos, además son renovables, se trata de un camino adecuado, y loable.