Barcelonnette, la ciudad francesa que se convirtió en el rincón mexicano de Europa

Una peculiar ciudad de Francia celebra la mexicanidad desde hace más de un siglo.

Barcelonnette es tal vez la única ciudad fuera de México que atesora la imagen de un águila devorando una serpiente. Que sus casas más bellas se inspiran en el folclore mexicano y donde una vez al año se celebra con mariachis, caballos y música mexicana. Con el contexto político-social que enfrenta el mundo en la actualidad, difícilmente podríamos creer que existe Barcelonnette, una peculiar ciudad de Francia que celebra la mexicanidad desde hace más de un siglo.

En este poblado, los franceses locales celebran con peculiar fervor algunas de las tradiciones mexicanas que adoptaron sus migrantes entre 1821 y 1910, cuando mudaron a México en busca de empleos y éxito empresarial. En esta localidad del departamento de Alpes-de-Haute-Provence, los prototipos occidentales se rompen, y la visión francesa y mexicana comienzan a engendrar un valioso intercambio cultural. 

México y Francia han enraizado una historia particularmente interesante. El contexto nos lleva más allá de la perseverancia de Porfirio Diaz, de contextualizar en un plano más moderno, económico, tendencioso y parisino, el México de su presidencia, ya que desde entonces los mexicanos han adoptado ciertas influencias desde la cultura francesa. Pero, sorpresivamente también ha venido ocurriendo a la inversa: cada vez es más notable la presencia de franceses admirados por la cultura ancestral mexicana; por los ritos y mitos del día a día mexicano, por sus paraísos biológicos, pero también por el exótico contexto urbano de nuestro territorio, que confluye todos los días con su folclore indeleble y un sabor a picante irremplazable. Así, el encuentro social de dos grupos humanos a través de la migración engendra inevitablemente influencias que revisten a ambas culturas. 

barcelonnete mexico

Esto ocurrió entre la Ciudad de México y Barcelonnette. La primera mostró un peculiar interés por consumir francés mientras que la segunda, regresó a su natal Francia cargada de toda clase de mexicanismos que mutaron su poblado en una mezcla franco-mexicana asombrosa. 

La influencia de Francia en México

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        Mujeres mexicanas vistiendo a la francesa / 1915.

En Barcelonette, la influencia mexicana había sucedido ya, hace casi dos siglos. El poblado ubicado en el Valle de Ubaye, en los Alpes franceses, encontró su destino en la Ciudad de México, luego de que en 1821 los hermanos Arnáud probaran suerte acá. Cuentan quienes estuvieron ahí, que los tres hermanos franceses llegaron a la capital mexicana para fundar el Cajón de ropa de las “Siete Puertas”, con ayuda de un socio también francés que los esperaba en México. Los hermanos Arnáud no regresaron a Francia, sin embargo así lo hicieron los varios barcelonnettes que mandaban reclutar, y estos no regresaban solos: regresaban a su tierra natal cargados de éxito y riqueza. La voz se corrió entre el poblado del valle y pronto unos miles de barcelonnettes, inspirados en los Arnáud, habrían de probar suerte en la prometedora capital mexicana, ya fuera como empleados o como líderes empresariales.  

No sé tiene la cifra exacta, pero se cree que pudieron emigrar a México alrededor de 5 mil barcelonnettes (una cifra bastante alta para la época). Las razones de su éxito en México, más allá de su compromiso laboral y con su cultura, fue sin duda la hermandad con la que fueron recibidos por los mexicanos (sobretodo por el general Díaz), pero sobre todo por los mismos franceses que los esperaban acá, ya que como señala Raoul Bigot, en un estudio sobre la migración barcelonnette a México: “si un barcelonnette necesitaba un empleado, mandaba traer a un compatriota, si necesitaba diez, traía diez compatriotas…”. 

Tintorerías, tiendas de moda, sombrerías, fábricas, droguerías, pastelerías y toda la parafernalia industrial de occidente fue liderada prácticamente por los barcelonnettes en las calles del Centro Histórico. Escribe una investigación, que estos franceses pasaban entre 10 y 15 años trabajando arduamente todos los días, apoyándose uno a otro y viviendo en condiciones poco afables. Su hermandad no se corrompía por nada, incluso se podía confiar en que ninguno de los trabajadores hurtaría dinero, pues no había tiempo para gastarlo. Rara vez estos franceses se mezclaban con mexicanos u otros europeos, o salían a sitios públicos para disfrutar, simplemente se dedicaban a ahorrar para regresar a sus tierras a formar otro futuro. En casi un siglo de realidad mexicana, los barcelonnettes lideraron las fábricas y tiendas de textiles de la Ciudad de México en un 70 %.

La influencia de México en Francia

Y así, en algún momento del siglo XX, y mucho debido a la Revolución Mexicana, aquellos franceses leyenda regresaron definitivamente a su natal Francia, esta vez permeados de toda la cultura mexicana que a sus ojos agradó y adoptaron como si fuese suya. En su regreso, los llamados mexicains comenzaron a transformar su poblado: arquitectura colorida (las llamadas maisons mexicaines), platillos al estilo mexicano y detalles folclóricos (incluyendo la imagen de un águila devorando una serpiente y sus Villas con nombres como “Puebla” o “La Tapatia”) son sólo algunas de las influencias que hasta el día de hoy se pueden observar en Barcelonnette, también apodada La Mexicaine.  

Las fiestas, los adornos, la música, las danzas regionales, el mariachi, los caballos y todo tipo de salsas tampoco fueron la excepción, y hoy en día son ingredientes que no hacen falta en la celebración del mes de Agosto, sus Fêtes Latino- Mexicaines, que exhibe durante una semana actividades que van desde presentaciones de Mariachi estilo Jalisco hasta cursos para aprender a bailar salsa, todo protagonizado e impartido por mexicanos.

Fetes Latino- Mexicaines bercelonnette mexico ciudad mexicanizada de Francia

A pesar de que fueron los franceses quienes, con su avanzada industria de la moda evocaron singular asombro en los mexicanos de aquél entonces, paradójicamente hoy, a casi dos siglos de su emigración a México, hoy son los mexicanos quienes, con tradición y peculiar carisma, vuelan a visitar Barcelonnette para deleitar a occidente. 

 

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*Fuentes de consulta:

Javier Pérez Siller, “Una contribución a la modernidad: la comunidad francesa en la Ciudad de México”, mexicofrancia.org

MAE Laura Leticia Laurent Martínez, Dr. En H. Jorge Loza López y MAE Enrique Laurent Martínez, “Migraciones Francesas A México En El Siglo XIX: El Caso De Los Barcelonnette”,  Instituto Literario No. 100. Toluca Estado de México.

Javier Pérez Siller, De mitos y realidades, la emigración Barcelonnette a México, del libro, Capítulo aparecido en el libro: Leticia Gamboa Ojea, “Los Barcelonnettes en México. Miradas regionales, siglos XIX-XX”, México, BUAP-ICSyH-UJED, 2009, pp. 103-137.

 

 

*Imágenes:

1) martintrip.com; 2) La moda femenina en México, ca. 1915, fondo Casasola, inv. 96436, SINAFO, CONACULTA-INAH-MÉX; 3)  poster de las Fêtes Latino- Mexicaines  – barcelonnette.com; 4-9 Instagram

Lo que realmente significaba el equinoccio de primavera para nuestros antepasados

Algunos mitos y realidades sobre la curiosa práctica de subirse a las pirámides cada 21 de marzo.

Sin duda los fenómenos astronómicos siempre han tenido cierta influencia en nuestra cosmogonía. No solamente porque nuestros mitos hacen esfuerzos por explicarlos, también porque a muchos de ellos atribuimos explicaciones sobre nuestras vidas (incluso sobre nuestras actitudes y personalidades).

Por otro lado, los mitos contemporáneos tienen la muy natural costumbre de remezclar entre distintos tipos de tradiciones y creencias y eso a veces se manifiesta en rituales relativamente superficiales que ya no se pueden ni justificar a sí mismos, ni dar cuenta de su origen.

Un ritual “New Age” que busca ligarse con el pasado prehispánico…

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Eso pasa, en muchos sentidos, con los equinoccios, el momento en donde hay un cambio de estación (entran la primavera o el otoño, según el caso) y el día y la noche duran lo mismo. Particularmente es sonado el equinoccio de primavera, pues desde hace varias décadas se generó la costumbre de ir a “cargarse de energía” a los antiguos centros ceremoniales durante este acontecimiento natural (que se da el 20 o 21 de marzo).

Para muchos, este ritual contemporáneo ligado a las creencias “New Age” tiene origen en las costumbres de los pueblos prehispánicos, especialmente del centro del país. Así, desde la madrugada antes del equinoccio, cientos de personas se dirigen vestidas de blanco a zonas arqueológicas como Teotihuacán y Chichen Itzá a danzar, celebrar el “Fuego Nuevo”, hacerse limpias, rezar, cantar y, si pueden, subirse a las pirámides.

En muchos sentidos los circuitos de turismo (tanto privados, como públicos) fomentan estas prácticas y aprovechan esta creencia para procurar que los viajeros se acerquen a los sitios arqueológicos. Sin embargo, como explica Rosalba Delgadillo en su artículo “El equinoccio de primavera: mitos y realidades”, esta tradición daña más a los monumentos de lo que se piensa y, en realidad poco se relaciona con los rituales y creencias de nuestros antepasados.

Mitos y realidades

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Sí: el equinoccio, igual que otros fenómenos naturales ha tenido importancia para diferentes culturas a lo largo de la historia; pero en realidad, mientras que a nuestros antepasados sí les interesaban mucho las estaciones y los movimientos del sol y la luna, el asunto tenía menos que ver con “recargar energía” y mucho más que ver con los periodos agrícolas y con la necesidad de determinar con precisión la temporada de lluvias.

Como afirma Rosario Delgadillo, en los antiguos recintos que sirvieron como observatorios (como el de Chichén Itzá en Yucatán y Monte Albán en Oaxaca) lo que se recaudaba era información que permitía generar calendarios muy exactos y estos servían para saber cuándo sembrar y cuándo cosechar.

De hecho, según el recuento de esta investigadora, los equinoccios no figuran realmente entre las fechas más relevantes para las culturas prehispánicas y la manera en que los entendemos hoy en día es francamente “desproporcionada”:

“Por ejemplo, el fenómeno que tiene lugar en el castillo de Chichén-Itzá, en el que se puede apreciar el desplazamiento de una serpiente a través de una escalinata debido al juego de luces y sombras, ocurre durante varios día, antes y después de los equinoccios. [no en la fecha exacta, lo que hace pensar a algunos investigadores que no necesariamente se trata de celebrar la posición del Sol]”

Por otro lado, marzo sí era un mes muy relevante. Se llamaba Tlacaxipehualixtli para las culturas del centro y la palabra significa “renovación de la tierra”, haciendo sí referencia al cambio de estación. Pero los rituales que se practicaban para rendir culto a los dioses no tenían nada que ver con la “Cumbre Tajín” de nuestros días.

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La naturaleza renacía y comenzaba el ciclo agrícola, así, era vital ofrecer algo a los dioses a cambio de la protección de las cosechas (particularmente frente a los desastres naturales). ¿Y qué se les ofrecía? pues probablemente dependía de cada dios, pero a Xipe-Topec (Nuesto Señor el Desollado) durante la fiesta principal que duraba 20 días, se le entregaban corazones extraídos directamente de los guerreros que habían sido capturados en batalla.

¿Y con las sobras? Pues se hacía pozole (potzollli). A quienes habían atendido a la ceremonia se les lanzaban trozos de carne humana para que los cocinaran en un caldo con maíz. Lejos estamos de recargar así las energías y no sabemos si nuestros antepasados practicaban la antropofagía con ese fin específico.

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Y claro que en distintas comunidades indígenas aún hay reminiscencias de estos rituales, aunque se expresen de formas muy distintas. Pero, si tú visitas las zonas arqueológicas para acercarte a esas tradiciones, el camino elegido probablemente no sea el adecuado. Además, hay que decirlo: las visitas masivas a las zonas arqueológicas son una manera de ponerlas en riesgo, especialmente si cientos de personas se suben a los edificios de manera simultánea.

Y aunque está increíble conectar con las culturas antiguas y contemporáneas y querer acercarse a estos sitios que no son ruinas, sino patrimonio relevante para distintos grupos, vale la pena repensar un poco la forma en la que lo estamos haciendo. Incluso sugiere Rosario Delgadillo que busquemos maneras alternativas de “recargar energía”, tal vez comiendo chocolate, una delicia con orígenes comprobables en el México del pasado.

También en Más de México: 6 dioses prehispánicos a los que no estaría de más prenderles una velita

*Imágenes: 1) Creative Commons; 2 y 5) Crédito no especificado; 3) Mike Fiechtner; 4) Gaby Rocha.

**Fuente: “El equinoccio de primavera: mitos y realidades” de Rosalba Delgadillo Torres, pueblicada en Revista Casa del Tiempo de la Universidad Autónoma Metropolitana.

Refresca tu visión de la historia mexicana con estas espectaculares fotos restauradas (GALERÍA)

Un joven mexicano le dio color a algunas emblemáticas fotografías históricas y el resultado es increíble.

La historia es elusiva. De ella no nos quedan más que recuerdos inconexos, testimonios personales, algunas evidencias medibles a través de la ciencia y, por supuesto, piezas y documentos. De estos últimos, tal vez los más atractivos son las fotografías, pues parecen ser el dispositivo más fidedigno. Así, nos encantan las imágenes históricas. Las consideramos igualmente curiosas y reveladoras.

Por otro lado, más que fidedignas, las fotografías (sin importar su temporalidad), son elocuentes. Nos dicen mucho, aunque no necesariamente la verdad. Los ángulos y las composiciones de estas imágenes hablan; pero, sobre todo, encuadran. Casi igual que un texto, las fotografías ensamblan un discurso, una narración que dice más sobre el fotógrafo y sobre uno mismo que sobre la escena retratada.

Y dicen cosas de uno mismo, porque lo que vemos es en gran medida reflejo de lo que somos y sabemos. Así, es muy valioso el ejercicio de traer al presente (de manera explícita) eso que es antiguo. Es una forma de refrescar la mirada sobre el pasado, buscar nuevos puntos de identificación. Y eso es lo que hizo un adolescente mexicano cuando restauró fotografías históricas de México y sus personajes.

Por gusto o por alarde de técnica, quién sabe porque las fotos quedaron impecables, el increíble Marco Zozaya de 14 años decidió darle color primero a algunas emblemáticas imágenes de la Revolución Mexicana para “intentar ver la guerra desde los ojos de sus combatientes y no únicamente de una cámara de hace más de 100 años.” El resultado se viralizó bastante y el experimento se repitió, ahora con icónicos retratos de mexicanos ilustres.

Te los presentamos a continuación. Sin duda la suya es una propuesta que te reconectará con la historia mexicana desde un lugar bien iluminado.

Si el nombre de este chico te suena, tal vez sea porque has visto sus videos de divulgación científica. Conoce más sobre Marco en su página de Facebook.

Los mexicanos somos un pueblo sexual (y estos 20 desnudos prehispánicos lo demuestran)

Si no hubieran sido sexuales ellos no existiríamos nosotros, así que hay que celebrarlo…

La sexualidad es, tal vez, uno de los aspectos menos explorados en la vida. Y es que a pesar de estar irremediablemente adherido a nuestra existencia, de sexo hablamos poco. Así, no se nos platica o se pregunta sobre la sexualidad prehispánica. Mucho menos en la escuela.

Mientras que nos encanta ligar la palabra “fertilidad” a los nombres de las primeras civilizaciones, en realidad dejamos callado el detalle menos metafórico del acto de fertilizar.  Sin embargo, el asunto nos intriga y seduce notablemente y estamos acostumbrados ya a leer y construir toda clase de hipótesis sobre la forma en que nuestros antepasados concebían y practicaban su sexualidad, sus géneros y la acción de reproducirse, porque las estamos buscando.

También en Más de México: Genealogía de la remezcla mexicana: de castas, genética y deliciosas corrupciones

Pero ¿podríamos realmente entender la sexualidad en el México prehispánico?

Mujer que sujeta sus senos. Cultura Nahua, hallado en la Región Altiplano Central, realizado entre 1350-1521 d.C. Colección del Museo Amparo.

Sin embargo, deberíamos saber que cualquier lectura sobre la sexualidad en antiguas culturas es siempre una interpretación que podría refutarse con nuevos hallazgos o interpretaciones mejor argumentadas.

Y que, además, todo lo que “sabemos” sobre la sexualidad en el México prehispánico es una especulación construida con base en conceptos que son nuestros y que nosotros, los del presente, entendemos y dominamos.

Sin embargo, los historiadores anotan y concretan

Hombre de pie. Cultura Tlatilco, hallado en la región Valle de México, realizado entre 700-400 a.C. Colección del Museo Amparo.

Alfredo López Austin, por ejemplo, escribió que cada cultura “tuvo una actitud muy peculiar frente al erotismo.” Huastecos y otomíes, eran amables en ese sentido. Los nahuas, no tanto; para ellos, según el historiador, la sexualidad era un regalo y tenía que moderarse “su disfrute”. Los mayas, por su parte, tenían una sexualidad más fluida. Pero todo es relativo. Y ¿a qué? Pues a las fuentes.

En muchos casos son fuente las notas de los cronistas, españoles que exploraron desde su muy particular perspectiva un mundo que ninguno de nosotros ha terminado de entender. ¿Será que describieron lo que veían (y sentían) como más les parecía conveniente?

Por otro lado, hay prácticas que “nos sorprenden” como la homosexualidad en el México prehispánico. Algunos prefieren entenderla como una rareza del pasado y otros, como argumento para ser o no homosexual en el presente. Pero francamente ¿es tan extraño? Cada quien deberá asumir lo que significa su respuesta.

También en Más de México: La homosexualidad en el mundo prehispánico

Por otro lado, ninguno de nosotros puede evitar jugar con el propio cuerpo y los cuerpos que lo rodean. La vida es un inmenso experimento; una prueba constante; un camino que se va trazando de acuerdo a esos placeres que deseamos repetir y esos dolores que preferimos evitar; siendo la vida el placer máximo y la muerte el dolor eterno.

Pensemos que si no hubieran sido sexuales ellos no existiríamos nosotros, así que hay que celebrarlo. Nosotros lo hacemos con esta serie de preciosos a ratos carismáticos, a ratos tímidos desnudos prehispánicos.