Sueños y etnopoesía: el relato onírico de un curandero chiapaneco

El valor ritual, social y cultural de los sueños en México, forma un delirante patrimonio de identidad y metafísica.

Con frecuencia se relaciona a México con lo surreal, con lo que está más allá de las fronteras de nuestra realidad pero que a la vez se hace presente, o mejor dicho se desborda, en esta. Algo tendrá que ver esta cualidad mexicana, aunque sin determinar si como causa o efecto, con la importancia decisiva que tienen los sueños entre distintos grupos del país. Y si de injerencia onírica se trata, una fascinante muestra de esta se cultiva en Zinacantán.

Este municipio, ubicado en los altos de Chiapas, muy cerca de San Cristóbal de las Casas, tiene una población predominantemente tzotzil. Los zinacantecos son floricultores y artesanos notables, y dentro de su inquieta cosmovisión, los sueños son decisivos en su vida ritual, social y cultural.

En Zinacantán los sueños son el vehículo utilizado por el alma para navegar un mundo paralelo al nuestro. Soñando, el alma se sacude al cuerpo y viaja para interactuar con otras almas, con la divinidad y con fuerzas varias. Lo que “allá” ocurre tiene una injerencia “aquí”, en tiempo real, y con consecuencias tangibles. Para ellos, los sueños tienen distintas funciones, desde lo premonitorio o el autoconocimiento, hasta lo coercitivo o lo iniciático.

Robert Laughlin, estudioso estadounidense y curador emérito del Smithsonian Institute, dedicó años a ahondar en la cultura maya y trabajó un buen rato precisamente en Zinacantán. Producto de su trabajo tenemos el libro Of Wanders Wild and New: Dreams from Zinacantán (1976), un atisbo esencial al mundo onírico de este grupo. En esta obra Laughlin no solo nos introduce a la presencia casi ubicua de los sueños en la vida zinacanteca, también transcribe la narración de 170 sueños, experimentados por once habitantes. Entre estos se incluye a Anselmo Pérez, chamán y escritor de cuentos.

De hecho, Anselmo se hizo chamán mediante un rito iniciático, que simplemente toca a algunos: de acuerdo a la tradición zinacanteca, los elegidos sueñan tres veces que su alma es llamada a comparecer ante los dioses ancestrales de la Gran Montaña Mayor. Mercedes de la Garza, en su libro Sueño y alucinación en el mundo náhuatl y maya (1990), cita el relato del curandero sobre como recibió su iniciación onírica:

Desde los seis anos me ordenaron que debía ser curandero, pues lo traía de nacimiento. A los seis años soné́ que llegó un señor a darme flores, velas, un incensario, sal espiritual de Ixtapa, las yerbas, y canastos para guardar todo; también traía sangre en un platito y me hizo meter ahí́ un dedo para aprender a pulsar. En otro sueño vinieron a traerme para llevarme junto a los tntilmeiletik. Entré en una casa y ahí́ estaban todos y también los otros curanderos. Me presentaron y explicaron a los tiihles y parteras diciendo: “ese muchacho será́ mejor que ustedes”. Me recibieron bien; me dieron un bastón de bish (bambú́) y me dijeron que con esa iba a curar la enfermedad; me enseñaron las yerbas que estaban sobre una mesa. Aguanté el miedo y a los doce años empecé́ a curar. Los que no han soñado, no pueden curar.

Sobre él, Laughlin dice: “Era el zinacanteco más guapo que jamás hubiese visto, recordaba a un pavorreal.”, y elogia su elocuencia y sagacidad. Cinco de los 260 sueños colectados son de Anselmo, los cuales se describen en la obra como “textiles sobre los que surca laberínticamente un desfile de extraordinarios sucesos”.

Este sueño podrían no ser más que una curiosidad –aunque una que abre tantas puertas como las que cada uno abrimos mientras soñamos–. Pero también es, además de poseer un rico ingrediente literario, un puente, y por eso lo retomó aquí, a un elemento primario de la cosmovisión de los zinacantecos –y en algún sentido de los mexicanos, al menos de muchos, entre quienes los sueños son brújula del autoconocimiento y dibujan coordenadas esenciales para navegar la realidad cotidiana.

Sueño #247: Soy perseguido por serpientes y salvado por un hombre al darme una cruz y un trago 

collage-serpiente-sueño

 Soñé hace mucho tiempo que era atormentado terriblemente. Me estaban llevando a atravesar un río sobre el tronco de un árbol, un tronco redondo. Estaba caminando sobre él. A mitad del río trataban de empujarme para que cayera. ¡Si!

No me caí. Pude sostenerme de un árbol. Me aferraba a él. Estaban girando el tronco pero de cualquier forma logré cruzar. Aferrándome. Cruce por completo. ¡Si!

Crucé el río. Habían allí muchas serpientes. Las serpientes trataban de morderme. ¡Si!

Tomé una serpiente y la arrojé al río.

Me atraparon de nuevo. Me iban a matar. ¡Oh! Volé. Corrí. Encontré ahí una casa. Entré. Los propietarios estaban ahí. Me ocultaron en la casa. Las serpientes rodeaban por fuera la casa. ¡Si!

Esperaban a que yo saliera. Salí por otra puerta. No me vieron. Seguí. Luego encontré a un hombre en el camino.

“¿A dónde vas?” me preguntó.

“Voy a casa.” dije.

“¿Por qué viniste aquí?” me preguntó.

 “No sé a dónde he venido. Ellos me estaban tratando de atraparme, tratando de matarme” dije.

“¿Por qué?” preguntó.

“No sé quiénes eran los que bloquearon ahí mi paso” dije, ¡Si!.

“Vamos a ver quiénes son. ¡Yo lo voy a averiguar!” me dijo.

Regresé con él. Luego me encontré con esos diablos. Estaban a punto de atraparnos otra vez. ¡Si!

Luego ese hombre me defendió “¿Por qué lo tienen que atrapar?” preguntó. “Qué ha hecho mal” preguntó.

No hizo nada malo. Mató a uno de nuestros amigos” respondieron.

“¿Dónde? ¡Vamos a ver! dijo el hombre que estaba conmigo.

“Lo lanzó al río” dijeron los diablos.

“Hemos estado buscándolo y nunca lo encontramos” dijeron los diablos.

“Pero no les permitiré atrapar a este chico” les advirtieron. “Si lo tienen que atrapar entonces atrápenme a mi. No tienen justificación para atraparlo.” dijo el hombre que estaba conmigo.  

Esos diablos estaban reunidos ahí. Ahí se quedaron. Nos fuimos –yo y el hombre. Nunca me percaté cómo llegué ahí. La siguiente vez que miré estaba ahí, ahora en una iglesia. Había una fiesta. Había muchas personas. Cuando llegué, estaba parado dentro de la iglesia. El hombre que había estado conmigo apareció.

“¿Estás aquí ahora?” me preguntó.

“Estoy aquí” dije.

“Entonces vayamos allá” me dijo.

“¿A dónde? pregunté.

“A mi cuarto. Aquí” dijo.

“Está bien, vamos” dije, y fuimos, llegué.

“Aquí hay una silla. Siéntate” me dijo. 

“Está bien”, dije, y me senté.

Un caballero apareció. “¿Estás aquí hijo?” me dijo.

“Estoy aquí señor” dije, e incliné la cabeza saludando.

“¿Quién te trajo?” me preguntó.

“Un hombre me trajo” dije.

“¿Quién era ese hombre?” me preguntó.

“No se quién era. No lo conozco” dije.

“¿Dónde te encontró?” me preguntó.

“Lo encontré en el camino” dije. “Ese hombre me salvó” dije. “Por eso me trajo aquí” dije.

“¿Quién trataba de matarte?” me preguntó.

“No los conocía. Había un gran grupo.” dije.

“ Dios, ¿pero por qué trataban de matarte?” me preguntó.

“No lo sé” dije. Estaba ahí sentado en una silla.

“No importa, hijo, lleva esto contigo.” Me dijo. Me dio una pequeña cruz. Era de este tamaño. Pero la pequeña cruz era realmente hermosa. Esta crucecita era de puro oro. “Te estoy dando esto para que te lo lleves. Te acompañará” me dijo.

“!Bien!” dije.

“Entonces marcha” dijo.

“Bien” dije.

No sé cómo salí de ahí. La siguiente vez que vi, estaba ahí junto al juzgado. Estaba caminando junto a él. Luego conocí a alguien.

“¿A dónde fuiste?” me preguntó.

“Fui a la iglesia” dije.

“¿A qué fuiste?” me preguntó.

“Le fui a rezar a nuestro señor” dije.

“¿Vas a regresar ahorita?” me preguntó.

“Si, voy de regreso” dije.

“¿No quieres tomar un trago?” me preguntó.

“No, no quiero” dije.

“Vamos rápido” me dijo.

“Dios, lo dices en serio” dije.

“Vamos –un trago no dolerá” me dijo.

“Vamos pues” dije. Fuimos. Luego llegamos a la tienda. Pidió media medida del licor de caña y una coca. Las mezcló. 

“!Tomemos un poco!” me dijo.

“!Gracias!” dije. Estaba sosteniendo el trago. Yo estaba sentado ahí cuando desperté. Eso es todo lo que vi. No había nada más. Terminó así.

(¿Cuándo lo soñaste?) Fue hace mucho. Tal vez hace unos tres años y medio. Fue hace mucho, mucho. Hace tiempo solía atormentarme con frecuencia. No sé por qué. Tal vez los diablos estaban atormentándome. ¡Si!

 

 * El relato fue traducido por Laughlin del tzotzil, lengua que por cierto llegó a dominar, al inglés. Esta traducción es la que se llevó al español para ser incluida en este artículo.

Javier Barros Del Villar
Autor: Javier Barros Del Villar
Editor digital con aspiraciones carpinteras. Mexicano.

México: los sueños como escenario vital de aprendizaje

Sobre los sueños: las impresiones metafísicas de este acto onírico en el México antiguo y en la realidad indígena actual.

“El sueño es una segunda vida”, decía Gérard de Nerval. Acaso una especie de contrapeso de ésta, y ambas partes una unidad. En el sueño tejemos numerosas experiencias de nuestra vida cotidiana; un espectáculo claramente del inconsciente que se impregna ahí, a veces como revelaciones o proyecciones simbólicas y sacrales,  otras veces como un mero collage de fantasías del imaginario. Pero, ¿quién alguna vez no ha pensado que lo que se dibuja en sueños va más allá de meras impresiones visuales, cuando no alucinaciones, pues lo que se halla ahí dentro, en ese universo dual, podría tratarse justamente de una segunda vida para nosotros, quizá como la tierra y el agua lo son para un anfibio?

El acto onírico fue, sin más, esa labor anfibia de sumergirse al agua; una práctica vital en la vida prehispánica, y lo sigue siendo para las culturas indígenas de nuestra época. Ahí, en ese mundo inasible, el mexicano dialoga con sus revelaciones y las vincula con su universo material.

Antes de comenzar a indagar en forma sobre las impresiones metafísicas que este acto onírico representa para la cultura mexicana, es importante dejar en claro dos cosas. Por un lado, la notable influencia del mundo onírico o el estado de trance para civilizaciones tan adelantadas a nuestro tiempo –las prehispánicas–, que hoy siguen siendo complejas de entender y, por otro, su enorme biblioteca de conocimientos naturales que fusionan cabalmente conceptos como ciencia y espíritu. 

 

Espíritus que habitan en el cuerpo y en el universo

volcan

Advierten avezados investigadores como Mercedes de la Garza que, culturas como la nahua y la maya, poseían un admirable conocimiento de las leyes de la naturaleza, y concretamente segmentaban la existencia en materia visible e invisible. Por invisible no se refiere a la visión occidental del mundo de los fantasmas, sino a una materia que el ser humano puede percibir en vida bajo acertada sensibilidad –el aire, la luz, el calor, los olores y las emociones; la memoria y la voluntad, son algunos ejemplos–, y que en esencia se les nombraba espíritus. La capacidad de mirar cada pieza del universo como un espíritu vivo, es una cosmovisión que hoy sigue dejando maravillados a cientos de investigadores, pues ya no se habla de percepciones religiosas de época, sino de una unidad de pensamiento natural y universal.

Por ello es que investigadores como Julio Glockner consideran que todo hecho atribuido a los espíritus por las culturas indígenas actuales no podrían nombrarse creencias sobrenaturales, sino más bien naturales, pues yacen ahí, en la naturaleza misma. Ante lo anterior, resuena con cierto sentido el hecho de que en dimensiones como el sueño, a las culturas indígenas les es posible entablar comunicación con dichos espíritus desde tiempos memorables; un universo dual, que acontece sin tiempo y espacio, pero que no deja de ser un territorio sensible donde es fácil adquirir grandes aprendizajes.

En su estudio sobre Los Volcanes Sagrados, Glockner nos menciona que en el caso de los sueños de los tiemperos“la ausencia de la voluntad consciente no es vista como una ausencia, sino como una sustitución”, y añade:

Aquí la voluntad personal es sustituida por una voluntad divina que les revela ciertas verdades y le encomienda ciertas tareas que habrán de inducirla a cumplir un destino. 

Más allá de sacralizar el acto onírico, hay que recordar que, en lo espiritual, ésta ha sido por milenios una práctica universal bastante común en todos los rincones de la orbe; el acceso a las formas sagradas del sueño, entonces, no debería parecernos ajena ni fantasiosa, sino parte de una tradición milenaria que como seres humanos heredamos.

Pero, así como en el mundo, en el cielo y en el universo prehispánico e indígena se hallan espíritus de esencia natural, en el cuerpo humano también habitan otros, y no se trata de uno solo sino de varios. Según la cosmovisión prehispánica, aquellos podían salir consiente o inconscientemente del cuerpo bajo ciertas prácticas vitales: el orgasmo, el consumo de enteógenos y el sueño, eran las más comunes. Esta perspectiva dual-material de mirar al universo y al cuerpo humano en correspondencia, dio origen precisamente a los métodos de trance para mantener en comunicación ambos mundos: el sueño y la vida.

En culturas como la nahua y la maya, se pueden apreciar diversos espíritus en un solo cuerpo. El espíritu del corazón y la fuerza vital ubicada en la cabeza o mollera son las entidades más fuertes de ellas. La esencia del corazón advierte numerosos poderes tales como la voluntad, la imaginación, el libre albedrío, el pensamiento, la prudencia y el ánimo. Todo eso podía caber en el órgano que llamamos corazón. Por otro lado estaba la fuerza vital, que es la fusión de espíritu y conciencia. Una fuerza vital que se transporta a los mundos de los muertos una vez abandona el cuerpo; que es indestructible, y se regenera en otras vidas cuando regresa de esos otros mundos. En esencia, este espíritu (en náhuatl tonalli, en maya pixán) podría tratarse del alma de cada persona.

El sueño, para culturas como la nahua y la maya, viene a ser el desprendimiento temporal de esa alma del cuerpo. Significa vagar en alma por territorios desconocidos, de forma inconsciente, se quiera o no se quiera, se crea o no se crea.

 

El sueño

sueños-medico-mas de mx

En la actualidad, las sociedades nos hemos acostumbrado a pensar en el sueño como un reflejo de las imágenes vistas durante la vigilia. Pero, para los nahuas y algunos chamanes de la actualidad –los graniceros de Morelos, por ejemplo–, el sueño, más allá de un mosaico de imágenes, se desdobla como un escenario de aprendizaje. Esta concepción mantiene cierta relación con la realidad científica, ya que los procesos oníricos producidos durante el sueño REM se atribuyen a ciertas acciones del cerebro que no son posibles durante el estado de vigilia. Procesos como la capacidad del sistema límbico, relacionado a las emociones, de activarse durante el sueño e interactuar con la corteza visual, por ejemplo, que explica las alucinaciones visuales que experimentamos cuando soñamos. De manera que, como acierta Mercedes de la Garza soñar no sólo es entregarnos a las posibilidades de las reacciones físicas del cerebro humano, “soñar es abrir otro cauce de la mente para ampliar el conocimiento de nosotros mismos”.

En la cosmovisión indígena es en el sueño donde el actor puede experimentar espejismos; falsas imágenes o “locuras del alma” derivadas de una mezcla de vivencias tejidas en la mente (y probablemente asociadas a la etapa más prematura del llamado sueño REM), pero donde también es posible experimentar lo contrario: una serie de mensajes intuitivos, relacionados con la capacidad de un hombre para desprender su tonalli y dirigirlo hacia otros puntos.

En épocas pasadas encontraban lugar los llamados temiquixmiati, “el conocedor de los sueños” –hombres cuya mirada de noche podía penetrar el mundo sagrado y descifrar los más oscuros enigmas–, y los llamados Libros de los sueños, que eran una especie de guía de interpretación de éstos. 

La cosmovisión onírica es un hecho para el mexicano; nos desprendemos a otros mundos en un estado de trance recreado a lo largo de los siglos: “una antigua tradición mesoamericana que encontraba en las imágenes oníricas no meras fantasías, sino revelaciones divinas, signos premonitorios, viajes al inframundo o métodos terapéuticos y de adivinación” (Glockner, 2012). Todo lo que podría funcionar para entender el significado de la vida se encontraba en el sueño. 

suenos mexico-imagen-jaen-madrid

Del mismo modo, lo que hoy llamamos ensueño se llamaba cochitlehualitztli, pero su concepción era muy distinta, pues hacia referencia al “levantamiento cuando se está dormido”. De manera que el sueño era más que ensueño; significaba el desprendimiento del tonalli para distintos fines. Significaba, por ende, una especie de muerte temporal, que trasladaba el alma al inframundo, a ese espacio inaccesible para el cuerpo humano, donde muchas veces se conecta, también, con las almas ahí encontradas. 

El estado de sueño también era una forma en que el tonalli o alma podía entablar una comunicación íntima con sus dioses. Se encuentran relatos como el de la peregrinación azteca, donde se sabe que Huitzilopochtli guiaba a los hombres a través de los sueños, o las manifestaciones en la actualidad de los “trabajadores del tiempo”, los dioses del clima, o del Popocatépetl con rostro humano en los sueños de los chamanes tiemperos.

Otra notable utilidad de los sueños, aún en la realidad indígena actual, es la clarividencia o los signos premonitorios. El ejemplo más popular es la conquista avistada en sueños por Moctezuma y por los sabios más viejos, unos diez años antes de la llegada de los españoles a tierras mesoamericanas. En numerosos rincones de la República Mexicana todavía se pueden ver a hombres y mujeres, “psicólogos autóctonos”, que afirman avistar el futuro en innumerables experiencias oníricas, aunque muy amorfas, y sobre todo metafóricas. 

Finalmente se encuentran referencias del sueño con ciertos métodos terapéuticos derivados de la curación chamánica con plantas sagradas. Ésta viene a ser una especie de trance-sueño, en que el chaman puede accesar a los instrumentos necesarios para reconfigurar mentes y destinos, armonizar energías y más extraordinario aún, reconstruir órganos del cuerpo que fueron gastados o no encuentran armonía con los demás elementos. En esencia, este método de curación ha probado ser una herramienta eficiente de sanción en México.

 

Tal parece que los estados de trance conocidos vienen a ser el mismo acto onírico en que los animales pueden accesar a un algo, en un no-lugar, que en esencia es atemporal. Y ese algo, –un instante revelador– demuestra ser la continuidad de nuestro espacio-tiempo finito, donde la información es tal vez más clara de entender que cuando se está despierto. Una prueba, quizá, de que en vida se puede acceder a un universo de información valiosa, una dimensión espiritual ligada a la naturaleza de las cosas.

 

 

*Fuentes de consulta:

*DE LA GARZA Mercedes, “Sueño y Éxtasis, visión chamánica de ls náhuas y los mayas”

* GLOCKNER Julio, “Los Volcanes Sagrados”, PRISA ediciones, México, 2012.

*Imágenes: Jaen Madrid

 

Jaen Madrid
Autor: Jaen Madrid
Editora de tiempo completo, música y ser humano. Ha escrito numerosos artículos en este medio, dando vida principalmente a los rubros de Arte, Cultura, Misticismo y Surrealismo. Escribe y edita Ecoosfera. Su tiempo libre lo dedica a leer literatura griega, tarot y ocultismo, además de crear música con sintetizadores.

Hombre recolecta los sueños de los niños de Oaxaca y los resultados son sorprendentes (FOTOS)

Los paisajes y ecosistemas influyen en la psique de los habitantes, el libro “Oaxaca, Libro de sueños” nos presenta la ciudad de Oaxaca desde los particulares sueños de sus niños.

Un “recolector de sueños” es una profesión extraña y hermosa, y existe. Roger Omar, un mexicano oriundo de Mazatlán, Sinaloa, ha recabado sueños de niños de distintos lugares del mundo como Brasil, Alemania, Cuba, Israel, México, Francia y España.

En sus propias palabras, y luego de su experiencia, encontró que los sueños de los niños de Oaxaca son particulares, presumiblemente llenos de magia y fantasía. En los sueños de los niños de Oaxaca “hay conejos voladores, osos sordos, burros descabezados y domadoras de muertos” (¿te recuerda a Toledo o a Tamayo?).

Su proyecto llamó la atención de una editorial española llamada Media Vaca, abocada sobre todo a libros de ilustraciones y una de las particularidades de los sueños recabados por Roger Omar es que estos van acompañados de las propias ilustraciones de los niños. El resultado es el libro “Oaxaca, Libro de Sueños” que presenta a Oaxaca desde una perspectiva inédita y fantástica.

En el libro de sueños “Oaxaca” participan en su mayoría niñas y niños de la ciudad de Oaxaca, pero también sueñan niñ@s de los municipios aledaños de “Santa Cruz Xoxocotlán”, “San Sebastián Teitipac”, “Rojas de Cuauhtémoc”, “San Raymundo Jalpan” y -un poco más lejos- “San Pedro y San Pablo Teposcolula”.

Han participado unos 400 soñadores (todos niñ@s oaxaqueños) con más de mil sueños. Se publican sólo 99 sueños (texto + ilustración). Además, se publican íntegramente, mostrando las hojas escritas y dibujadas por los niñ@s.

El trabajo de recopilación de sueños fue todo trabajo de campo, es decir, llegaba a los sitios en bus, a pie, en colectivo… y me presentaba como “recolector de sueños”.

oaxaca-2

oaxaca suenos ninos

oaxaca suenos ninos

oaxaca suenos ninos

oaxaca suenos ninos

Puedes adquirir o conocer más sobre este libro, aquí.

 

Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto ciudadano yanostoca.com. Y pintora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )
Sin categoría

Calea zacatechichi o hierba de los sueños, generosa aliada en rituales y ensoñaciones

Sueños lúcidos, hipnagogia acentuada y ligeras alucinaciones, son algunos de los efectos que los chontales, en Oaxaca, valoran de la calea zacatechichi.

La diversidad natural y el profundo conocimiento herbolario confluyen en México como tal vez en ningún otro país del mundo. Este abrazador menú botánico está dispuesto no solo para atender incontables necesidades médicas, también para facilitar numerosos rituales y experiencias místicas; para comprobarlo basta echar un vistazo a la cantidad de “plantas de poder” que crecen y han sido utilizadas milenariamente entre las distintas culturas que han habitado este país.

Un caso notable es el de la hierba de los sueños o planta de dios (Calea zacatechichi). Esta especie no solo tiene un rol medicinal, ya que se utiliza para combatir la fiebre o como astringente, contra malestares estomacales, cólicos, nausea y diarrea, sino que su uso ritual fue recurrente debido a una sugerente cualidad: la de actuar como onirógeno o facilitador de sueños lúcidos.

Cualidades oneirógenas

Si bien se atribuyen propiedades alucinógenas a la calea, pues agudiza los sentidos y puede detonar, aunque sutilmente, un cierto flujo alucinatorio, su principal condición tiene que ver con la inducción de sueños nítidos. Como onirógeno, uso común que se le da entre los chontales de Oaxaca, se ingiere a manera de infusión y luego luego se fuma un cigarrillo de la misma hierba. Esta ingesta combinada produce un estado de soñolencia y luego detona un desfile de “imagería hipnagógica” –esos pensamientos no lineales, y particularmente visuales, que caracterizan el estado previo a quedarnos dormidos–.

mujer chonta con cruz entre magueyes en oaxaca mexico

La calea es un arbusto que debe sus propiedades psicoactivas a una alta presencia de alcaloides en su composición. Generalmente crece en clima cálido (desde el nivel del mar hasta 300 metros por encima del mismo) y forma parte de la tradición herbolaria, medicinal, de comunidades en diversos estados, entre ellos Oaxaca, Morelos, San Luís Potosí y Michoacán.

Uso ritual

En el caso de la ingestión ritual de Calea zacatechichi que practican los chontales, la persona suele recostarse o sentarse en lugar silencioso, calmo, y se prepara ahí para navegar ese tenue filo que separa la realidad “despierta” del mundo de los sueños. Se reconoce que la dosis ha sido suficiente cuando el sentir de los latidos del corazón se intensifica y se logra escucharlos como “desde adentro” –lo cual por cierto es en sí una hermosa metáfora–. Eventualmente, cuando uno se duerme experimenta una procesión de sueños particularmente vívidos que ellos interpretan como mensajes de otro mundo, el de los espíritus.  

Y si los sueños son, no solo dentro de las creencias chontales sino de incontables culturas alrededor del mundo, atisbos de otro plano, y por lo tanto transmiten información particularmente sensible y valiosa, entonces sobra recalcar la relevancia que adquiere esta fascinante planta, la calea, en la exploración metafísica de aquel que con ella se acompaña.