Hombre recolecta los sueños de los niños de Oaxaca y los resultados son sorprendentes (FOTOS)

Los paisajes y ecosistemas influyen en la psique de los habitantes, el libro “Oaxaca, Libro de sueños” nos presenta la ciudad de Oaxaca desde los particulares sueños de sus niños.

Un “recolector de sueños” es una profesión extraña y hermosa, y existe. Roger Omar, un mexicano oriundo de Mazatlán, Sinaloa, ha recabado sueños de niños de distintos lugares del mundo como Brasil, Alemania, Cuba, Israel, México, Francia y España.

En sus propias palabras, y luego de su experiencia, encontró que los sueños de los niños de Oaxaca son particulares, presumiblemente llenos de magia y fantasía. En los sueños de los niños de Oaxaca “hay conejos voladores, osos sordos, burros descabezados y domadoras de muertos” (¿te recuerda a Toledo o a Tamayo?).

Su proyecto llamó la atención de una editorial española llamada Media Vaca, abocada sobre todo a libros de ilustraciones y una de las particularidades de los sueños recabados por Roger Omar es que estos van acompañados de las propias ilustraciones de los niños. El resultado es el libro “Oaxaca, Libro de Sueños” que presenta a Oaxaca desde una perspectiva inédita y fantástica.

En el libro de sueños “Oaxaca” participan en su mayoría niñas y niños de la ciudad de Oaxaca, pero también sueñan niñ@s de los municipios aledaños de “Santa Cruz Xoxocotlán”, “San Sebastián Teitipac”, “Rojas de Cuauhtémoc”, “San Raymundo Jalpan” y -un poco más lejos- “San Pedro y San Pablo Teposcolula”.

Han participado unos 400 soñadores (todos niñ@s oaxaqueños) con más de mil sueños. Se publican sólo 99 sueños (texto + ilustración). Además, se publican íntegramente, mostrando las hojas escritas y dibujadas por los niñ@s.

El trabajo de recopilación de sueños fue todo trabajo de campo, es decir, llegaba a los sitios en bus, a pie, en colectivo… y me presentaba como “recolector de sueños”.

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Puedes adquirir o conocer más sobre este libro, aquí.

 

Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Editora en jefe de +DeMx. Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto ciudadano yanostoca.com. Y pintora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )

Memes finos y muy mexicanos para celebrar al Museo Dolores Olmedo (GALERÍA)

Para celebrar sus 24 años este museo organizó un concurso de memes inspirados en la obra de Diego, Frida y más. ¡Tienes que verlos!

 

El Dolores Olmedo, uno de los museos más icónicos de la Ciudad de México, acaba de celebrar su 24 aniversario y decidieron hacerlo de una forma bastante peculiar: organizando un concurso de finos y muy mexicanos memes.

Estos están inspirados en el acervo del museo: la antigua colección de Dolores Olmedo Patiño, que tiene más de 3000 obras, entre ellas 600 piezas prehispánicas, 139 de Diego Rivera y 25 de Frida Kahlo. Además, el jurado incluía a los creadores del Instituto Nacional de Bellos Memes, una página de Facebook dedicada a convertir obras de artistas mexicanos consagrados en pequeñas joyas virales para los amantes del humor contemporáneo.

El resultado es fantástico: una serie que, tal vez sin quererlo, modificó para siempre la lectura de algunas de las piezas más icónicas del acervo del museo; re-contextualizándola y dándole un sentido que probablemente sus autores no habrían sospechado.

Mientras que a algunos ese ejercicio podría suponer una “falta de respeto” (dicho de la manera más políticamente correcta) para otros tiene sentido regresar al imaginario colectivo no solo a los creadores de otras épocas, también a piezas que no les conocíamos.

Y lo mejor, es que los memes se permiten hacerlo de forma crítica; por un lado, porque hablan del pasado con la voz del presente, y por el otro, porque la “burla” es una manera de bajar lo consagrado a un plano más flexible, donde se vale jugar con ídolos y quemarlos de las maneras más ingeniosas posibles.

Es innegable que los memes tienen la cualidad de manifestar no solo los sentimientos o las anécdotas sociales de una generación, también de narrar en presente la historia de toda clase de disciplinas. Ahora le tocó al arte mexicano y a uno de sus grandes recintos que, sin duda, merece ser celebrado.

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Sueños y etnopoesía: el relato onírico de un curandero chiapaneco

El valor ritual, social y cultural de los sueños en México, forma un delirante patrimonio de identidad y metafísica.

Con frecuencia se relaciona a México con lo surreal, con lo que está más allá de las fronteras de nuestra realidad pero que a la vez se hace presente, o mejor dicho se desborda, en esta. Algo tendrá que ver esta cualidad mexicana, aunque sin determinar si como causa o efecto, con la importancia decisiva que tienen los sueños entre distintos grupos del país. Y si de injerencia onírica se trata, una fascinante muestra de esta se cultiva en Zinacantán.

Este municipio, ubicado en los altos de Chiapas, muy cerca de San Cristóbal de las Casas, tiene una población predominantemente tzotzil. Los zinacantecos son floricultores y artesanos notables, y dentro de su inquieta cosmovisión, los sueños son decisivos en su vida ritual, social y cultural.

En Zinacantán los sueños son el vehículo utilizado por el alma para navegar un mundo paralelo al nuestro. Soñando, el alma se sacude al cuerpo y viaja para interactuar con otras almas, con la divinidad y con fuerzas varias. Lo que “allá” ocurre tiene una injerencia “aquí”, en tiempo real, y con consecuencias tangibles. Para ellos, los sueños tienen distintas funciones, desde lo premonitorio o el autoconocimiento, hasta lo coercitivo o lo iniciático.

Robert Laughlin, estudioso estadounidense y curador emérito del Smithsonian Institute, dedicó años a ahondar en la cultura maya y trabajó un buen rato precisamente en Zinacantán. Producto de su trabajo tenemos el libro Of Wanders Wild and New: Dreams from Zinacantán (1976), un atisbo esencial al mundo onírico de este grupo. En esta obra Laughlin no solo nos introduce a la presencia casi ubicua de los sueños en la vida zinacanteca, también transcribe la narración de 170 sueños, experimentados por once habitantes. Entre estos se incluye a Anselmo Pérez, chamán y escritor de cuentos.

De hecho, Anselmo se hizo chamán mediante un rito iniciático, que simplemente toca a algunos: de acuerdo a la tradición zinacanteca, los elegidos sueñan tres veces que su alma es llamada a comparecer ante los dioses ancestrales de la Gran Montaña Mayor. Mercedes de la Garza, en su libro Sueño y alucinación en el mundo náhuatl y maya (1990), cita el relato del curandero sobre como recibió su iniciación onírica:

Desde los seis anos me ordenaron que debía ser curandero, pues lo traía de nacimiento. A los seis años soné́ que llegó un señor a darme flores, velas, un incensario, sal espiritual de Ixtapa, las yerbas, y canastos para guardar todo; también traía sangre en un platito y me hizo meter ahí́ un dedo para aprender a pulsar. En otro sueño vinieron a traerme para llevarme junto a los tntilmeiletik. Entré en una casa y ahí́ estaban todos y también los otros curanderos. Me presentaron y explicaron a los tiihles y parteras diciendo: “ese muchacho será́ mejor que ustedes”. Me recibieron bien; me dieron un bastón de bish (bambú́) y me dijeron que con esa iba a curar la enfermedad; me enseñaron las yerbas que estaban sobre una mesa. Aguanté el miedo y a los doce años empecé́ a curar. Los que no han soñado, no pueden curar.

Sobre él, Laughlin dice: “Era el zinacanteco más guapo que jamás hubiese visto, recordaba a un pavorreal.”, y elogia su elocuencia y sagacidad. Cinco de los 260 sueños colectados son de Anselmo, los cuales se describen en la obra como “textiles sobre los que surca laberínticamente un desfile de extraordinarios sucesos”.

Este sueño podrían no ser más que una curiosidad –aunque una que abre tantas puertas como las que cada uno abrimos mientras soñamos–. Pero también es, además de poseer un rico ingrediente literario, un puente, y por eso lo retomó aquí, a un elemento primario de la cosmovisión de los zinacantecos –y en algún sentido de los mexicanos, al menos de muchos, entre quienes los sueños son brújula del autoconocimiento y dibujan coordenadas esenciales para navegar la realidad cotidiana.

Sueño #247: Soy perseguido por serpientes y salvado por un hombre al darme una cruz y un trago 

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 Soñé hace mucho tiempo que era atormentado terriblemente. Me estaban llevando a atravesar un río sobre el tronco de un árbol, un tronco redondo. Estaba caminando sobre él. A mitad del río trataban de empujarme para que cayera. ¡Si!

No me caí. Pude sostenerme de un árbol. Me aferraba a él. Estaban girando el tronco pero de cualquier forma logré cruzar. Aferrándome. Cruce por completo. ¡Si!

Crucé el río. Habían allí muchas serpientes. Las serpientes trataban de morderme. ¡Si!

Tomé una serpiente y la arrojé al río.

Me atraparon de nuevo. Me iban a matar. ¡Oh! Volé. Corrí. Encontré ahí una casa. Entré. Los propietarios estaban ahí. Me ocultaron en la casa. Las serpientes rodeaban por fuera la casa. ¡Si!

Esperaban a que yo saliera. Salí por otra puerta. No me vieron. Seguí. Luego encontré a un hombre en el camino.

“¿A dónde vas?” me preguntó.

“Voy a casa.” dije.

“¿Por qué viniste aquí?” me preguntó.

 “No sé a dónde he venido. Ellos me estaban tratando de atraparme, tratando de matarme” dije.

“¿Por qué?” preguntó.

“No sé quiénes eran los que bloquearon ahí mi paso” dije, ¡Si!.

“Vamos a ver quiénes son. ¡Yo lo voy a averiguar!” me dijo.

Regresé con él. Luego me encontré con esos diablos. Estaban a punto de atraparnos otra vez. ¡Si!

Luego ese hombre me defendió “¿Por qué lo tienen que atrapar?” preguntó. “Qué ha hecho mal” preguntó.

No hizo nada malo. Mató a uno de nuestros amigos” respondieron.

“¿Dónde? ¡Vamos a ver! dijo el hombre que estaba conmigo.

“Lo lanzó al río” dijeron los diablos.

“Hemos estado buscándolo y nunca lo encontramos” dijeron los diablos.

“Pero no les permitiré atrapar a este chico” les advirtieron. “Si lo tienen que atrapar entonces atrápenme a mi. No tienen justificación para atraparlo.” dijo el hombre que estaba conmigo.  

Esos diablos estaban reunidos ahí. Ahí se quedaron. Nos fuimos –yo y el hombre. Nunca me percaté cómo llegué ahí. La siguiente vez que miré estaba ahí, ahora en una iglesia. Había una fiesta. Había muchas personas. Cuando llegué, estaba parado dentro de la iglesia. El hombre que había estado conmigo apareció.

“¿Estás aquí ahora?” me preguntó.

“Estoy aquí” dije.

“Entonces vayamos allá” me dijo.

“¿A dónde? pregunté.

“A mi cuarto. Aquí” dijo.

“Está bien, vamos” dije, y fuimos, llegué.

“Aquí hay una silla. Siéntate” me dijo. 

“Está bien”, dije, y me senté.

Un caballero apareció. “¿Estás aquí hijo?” me dijo.

“Estoy aquí señor” dije, e incliné la cabeza saludando.

“¿Quién te trajo?” me preguntó.

“Un hombre me trajo” dije.

“¿Quién era ese hombre?” me preguntó.

“No se quién era. No lo conozco” dije.

“¿Dónde te encontró?” me preguntó.

“Lo encontré en el camino” dije. “Ese hombre me salvó” dije. “Por eso me trajo aquí” dije.

“¿Quién trataba de matarte?” me preguntó.

“No los conocía. Había un gran grupo.” dije.

“ Dios, ¿pero por qué trataban de matarte?” me preguntó.

“No lo sé” dije. Estaba ahí sentado en una silla.

“No importa, hijo, lleva esto contigo.” Me dijo. Me dio una pequeña cruz. Era de este tamaño. Pero la pequeña cruz era realmente hermosa. Esta crucecita era de puro oro. “Te estoy dando esto para que te lo lleves. Te acompañará” me dijo.

“!Bien!” dije.

“Entonces marcha” dijo.

“Bien” dije.

No sé cómo salí de ahí. La siguiente vez que vi, estaba ahí junto al juzgado. Estaba caminando junto a él. Luego conocí a alguien.

“¿A dónde fuiste?” me preguntó.

“Fui a la iglesia” dije.

“¿A qué fuiste?” me preguntó.

“Le fui a rezar a nuestro señor” dije.

“¿Vas a regresar ahorita?” me preguntó.

“Si, voy de regreso” dije.

“¿No quieres tomar un trago?” me preguntó.

“No, no quiero” dije.

“Vamos rápido” me dijo.

“Dios, lo dices en serio” dije.

“Vamos –un trago no dolerá” me dijo.

“Vamos pues” dije. Fuimos. Luego llegamos a la tienda. Pidió media medida del licor de caña y una coca. Las mezcló. 

“!Tomemos un poco!” me dijo.

“!Gracias!” dije. Estaba sosteniendo el trago. Yo estaba sentado ahí cuando desperté. Eso es todo lo que vi. No había nada más. Terminó así.

(¿Cuándo lo soñaste?) Fue hace mucho. Tal vez hace unos tres años y medio. Fue hace mucho, mucho. Hace tiempo solía atormentarme con frecuencia. No sé por qué. Tal vez los diablos estaban atormentándome. ¡Si!

 

 * El relato fue traducido por Laughlin del tzotzil, lengua que por cierto llegó a dominar, al inglés. Esta traducción es la que se llevó al español para ser incluida en este artículo.

Javier Barros Del Villar
Autor: Javier Barros Del Villar
Editor digital con aspiraciones carpinteras. Mexicano.
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Calea zacatechichi o hierba de los sueños, generosa aliada en rituales y ensoñaciones

Sueños lúcidos, hipnagogia acentuada y ligeras alucinaciones, son algunos de los efectos que los chontales, en Oaxaca, valoran de la calea zacatechichi.

La diversidad natural y el profundo conocimiento herbolario confluyen en México como tal vez en ningún otro país del mundo. Este abrazador menú botánico está dispuesto no solo para atender incontables necesidades médicas, también para facilitar numerosos rituales y experiencias místicas; para comprobarlo basta echar un vistazo a la cantidad de “plantas de poder” que crecen y han sido utilizadas milenariamente entre las distintas culturas que han habitado este país.

Un caso notable es el de la hierba de los sueños o planta de dios (Calea zacatechichi). Esta especie no solo tiene un rol medicinal, ya que se utiliza para combatir la fiebre o como astringente, contra malestares estomacales, cólicos, nausea y diarrea, sino que su uso ritual fue recurrente debido a una sugerente cualidad: la de actuar como onirógeno o facilitador de sueños lúcidos.

Cualidades oneirógenas

Si bien se atribuyen propiedades alucinógenas a la calea, pues agudiza los sentidos y puede detonar, aunque sutilmente, un cierto flujo alucinatorio, su principal condición tiene que ver con la inducción de sueños nítidos. Como onirógeno, uso común que se le da entre los chontales de Oaxaca, se ingiere a manera de infusión y luego luego se fuma un cigarrillo de la misma hierba. Esta ingesta combinada produce un estado de soñolencia y luego detona un desfile de “imagería hipnagógica” –esos pensamientos no lineales, y particularmente visuales, que caracterizan el estado previo a quedarnos dormidos–.

mujer chonta con cruz entre magueyes en oaxaca mexico

La calea es un arbusto que debe sus propiedades psicoactivas a una alta presencia de alcaloides en su composición. Generalmente crece en clima cálido (desde el nivel del mar hasta 300 metros por encima del mismo) y forma parte de la tradición herbolaria, medicinal, de comunidades en diversos estados, entre ellos Oaxaca, Morelos, San Luís Potosí y Michoacán.

Uso ritual

En el caso de la ingestión ritual de Calea zacatechichi que practican los chontales, la persona suele recostarse o sentarse en lugar silencioso, calmo, y se prepara ahí para navegar ese tenue filo que separa la realidad “despierta” del mundo de los sueños. Se reconoce que la dosis ha sido suficiente cuando el sentir de los latidos del corazón se intensifica y se logra escucharlos como “desde adentro” –lo cual por cierto es en sí una hermosa metáfora–. Eventualmente, cuando uno se duerme experimenta una procesión de sueños particularmente vívidos que ellos interpretan como mensajes de otro mundo, el de los espíritus.  

Y si los sueños son, no solo dentro de las creencias chontales sino de incontables culturas alrededor del mundo, atisbos de otro plano, y por lo tanto transmiten información particularmente sensible y valiosa, entonces sobra recalcar la relevancia que adquiere esta fascinante planta, la calea, en la exploración metafísica de aquel que con ella se acompaña.