Day of the Dead, el documental estadounidense que “ofrenda” el culto a los muertos en México (VIDEO)

La famosa pareja de diseñadores estadounidenses, Charles y Ray Eames, crearon en 1957 este sofisticado documental sobre una de las fiestas mexicanas más fascinantes.

“Lloramos a los vivos. En este día (de muertos) no se llora. Llorar hace los caminos resbalosos, para los muertos que vuelven.”

Día de Muertos (Eames, 1957)

 

Sumergido en metáforas, México atesora cientos de mitos, ritos y tradiciones de mucha profundidad, una de ellas, el culto a la muerte.

La muerte se presenta elusiva. Inevitable, pero fuera de nuestro alcance. Misteriosa, incomprensible y, al mismo tiempo, se reconoce como absoluta certeza. A la muerte hay que trabajarla con las manos; permitirle la entrada a la casa; colocarla como decoración y símbolo de respeto. Si no podemos evitarla, hay que recibirla, sin culpa, ni tristeza, —no necesariamente con devoción— pero definitivamente con paciencia. Y a los que se fueron, hay que darles ofrenda, cada año, para no olvidarnos de ellos, para que sepan que no lo hacemos.

Así se desenvuelve el culto a la muerte en México. Más allá del dolor y la fiesta, en una aceptación muy íntima de su presencia constante. La relación entre los mexicanos y la muerte es tan personal que, anualmente, la volvemos a invocar a través de la producción de artesanías, ofrendas y la decoración de nuestros panteones, todo con acentuado colorido y sabor.

A más de uno le sorprende, ese posicionamiento tan extraño, paradójico y al mismo tiempo razonable, de esta cosmovisión mexicana. Los días para celebrar a los muertos son un suceso asombroso, que ha dado cabida a numerosas “ofrendas” artísticas en todo el mundo, como es el caso de este documental de corta duración ideado por la pareja de diseñadores Charles y Ray Eames, en 1957.

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Su decisión fue ilustrar, a través de un corto documental —que no carece de belleza e ingenio— la producción artesanal y algunos de los rituales propios del día de muertos. Con sorpresa —pero abandonando el tono exotizante de otros análisis a nuestras costumbres— relatan la forma en que a finales de octubre, nuestros mercados, casas y espacios públicos se llenan del rostro de la muerte: la calavera.

En su versión de dulce, papel picado o retratada en los rostros de niños y jóvenes, la muerte se combina con la vida diaria, de una forma explícita; como si nos visitara, de nuevo, un miembro de la familia, muy querido, al que recibimos con su debido reconocimiento. Y, precisamente, eso es la muerte en este país: la suma de todos aquellos que nos han dejado. Nuestro deber es abrirles la puerta, cuidarlos y alimentarlos.

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Como relata el documental, la naturaleza se suma a las fiestas, decorando las calles con flores amarillas, especialmente el aromático cempasúchil. Por su lado, las manos artesanas del país vierten la pasta de azúcar en moldes con forma de calavera; decoran figuritas de cerámica que serán puestas en las ofrendas, y pican el papel de china cuidadosamente, creando intrincados patrones. Volvemos a ensamblar a la muerte. Como cada año, la materializamos en objetos, curiosidades y alimentos. Los panaderos no temen amasarla y hornearla, decorarla con lágrimas y huesitos, que luego los niños se disputarán en la mesa, porque son la parte más rica del pan de muerto. Las familias toman los panteones, desgajan las flores y con maestría acomodan pétalo tras pétalo, hasta crear una serie de cruces y otras figuras simbólicas.

La convicción a las labores manuales del día de muertos es absoluta. Y para descansar, uno se pone admirar las tumbas y ofrendas ajenas, que son igualmente preciosas. El amor a los muertos es silencioso. Así fue en 1957, cuando este documental fue hecho y así es cada año, pues aunque la vida cambie —y la muerte es prueba irrefutable de ello— el amor a nuestros difuntos es eterno.

El documental solo está disponible con la opción de Youtube para subtítulos, en inglés.

*Imágenes: Charles y Ray Eames

 

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El significado detrás de los elementos de la ofrenda de Día de muertos (INFOGRAFÍA)

Monta el altar perfecto: te decimos qué debe llevar tu ofrenda de Día de muertos y el origen de cada elemento.

El Día de muertos es, probablemente, la más importante tradición mexicana. Nuestra natural capacidad de ser ambivalentes; de enfrentar la desgracia con humor; de relativizar el tiempo y de romper cotidianamente las barreras entre realidades y extra-realidades nace con esta fiesta, que —a su manera— son muchas fiestas.

Resultado de la intensa remezcla ocurrida post conquista, nuestro Día de muertos contemporáneo combina creencias prehispánicas (de diversas culturas antiguas); costumbres católicas y una inmensa cantidad de símbolos que, a través de los siglos, continúan en proceso de ser interpretados. 

Por supuesto, esta tradición no escapa de la rica influencia de las comunidades indígenas de hoy y de las propuestas de otros sitios cercanos (como nuestro vecino del norte, Estados Unidos). 

La ofrenda de Día de Muertos es el elemento central de la celebración

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Imagen: Dane Strom

Al centro de esta hermosa fiesta se encuentra la ofrenda: un vibrante homenaje esperando la llegada de los muertos que, de acuerdo a la amalgama de hipótesis mexicanas, nos visitan todos los años (para algunos el 1 y 2 de noviembre, para otros por más días). Esta mesa que se llena de regalos para los muertos, está compuesta por diversos elementos. 

Cada uno tiene un significado especial. Algunos son reminiscencias importantes de las ofrendas de culturas antiguas —como la teotihuacana; que solía incluir comida, copal, piedras y semillas, perros xoloitzcuintles en sus altares. Otras son evidentemente católicas; y por lo tanto están inspiradas también por viejos rituales europeos.

Hay que decir, que en cada región del país y para cada comunidad, esta costumbre es un poco distinta y sería imposible definirla por completo. Se trata de entender lo mejor posible lo que podría estar detrás de cada uno de estos objetos, para que tú decidas cómo hacer la ofrenda de Día de muertos que mejor te acomoda.

Te urge saber: Qué elemento de la ofrenda eres, según tu relación con el más allá (TEST)

¿Sabes qué significan los elementos del altar de muertos?

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Las fechas dedicadas a los muertos

Dependiendo de la fecha en la que pongas tu ofrenda, estarás recibiendo a un grupo de muertos distintos. Mucho de esta creencia está determinado por la antigua división de los difuntos en el inframundo azteca, en donde cada sujeto se iba a un “nivel” distinto, no según como había vivido (como dicta la tradición católica), sino de acuerdo a cómo había muerto. Recuerda que la ofrenda se pone máximo a las 12:00 AM del día en el que quieres recibir a tus difuntos. En algunos sitios la hora va variando. Para algunos es a las 12:00 PM y para otros es a las 15:00 PM.

Descubre: ¿Por qué celebrar el Día de muertos podría ayudarte a vivir mejor?

Niveles de la ofrenda

Aunque puedes hacer una ofrenda sencilla en tu mesa, el número de niveles cambia el significado y hasta la filiación espiritual: 

  • 2 niveles: representan la división del cielo y la tierra.
  • 3 niveles: pueden representar el cielo, la tierra y el infierno o purgatorio.
  • 7 niveles: hace alusión a los niveles del Mictlán que deben atravesar las almas; a los 7 pecados capitales, o a los distintos tipos de muerte que nominó la cosmovisión mexica.

Aromas:

Los elementos aromáticos purifican a las almas que nos visitan y las guían hacia nosotros. Tradicionalmente son representados por infusiones de hierbas de olor y más comúnmente por copal humeante. 

Arco:

Se coloca en el nivel más alto. Algunos lo hacen de carrizo, palma o alambre y se decora con flores, frutas y dulces. Simboliza un umbral entre el mundo de los muertos y el nuestro. Es un elemento esencial y muchas veces olvidado.

Papel picado:

En las ofrendas prehispánicas, pliegos de papel amate teñido o decorado con figuras de dioses diversos eran colocados en las ofrendas y se utilizaban como ornamento en las fiestas religiosas. Este tipo de papel tenía un particular carácter sagrado. Distintos medios reportan que el papel picado, decorado con los clásicos diseños de José Guadalupe Posada, sustituye los antiguos adornos de papel amate. 

Fuego: 

Las velas, veladoras y cirios son un elemento típico en las fiestas católicas, ligado a lo espiritual. En la ofrenda, alumbran el camino a los muertos y de alguna forma los invocan. En ofrendas como las del estado de Morelos, además de las velas prendidas en la mesa, una vela se prende en la puerta de la casa, como primera señal. Después de encender esta primera vela, se invita a los muertos a pasar a la casa.

Conoce: Las más extrañas y hermosas tradiciones mexicanas para honrar a los muertos

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Fotografía: Juanjo González

El camino:

Caminos de sal o pétalos de cempasúchil guían a los muertos hacia la casa y hasta la ofrenda. 

Agua:

Un vaso con agua, para calmar la sed de los difuntos y reminiscencia de las “entradas al inframundo” ligadas a Tláloc y Chaac (dioses de la lluvia y agua, mexica y maya, respectivamente).

Tierra:

Fertilidad, muerte, renacimiento, ciclos. La tierra es un elemento crucial. Puede ser representada por semillas como maíz y cacao o por la sal.

Flores:

Adornan los altares. Son aromáticas, luminosas y curiosamente, elementos muertos que resplandecen, como en una vida continúa. La más tradicional es el cempasúchil, flor de temporada.

Calaveras:

De azúcar, chocolate, amaranto, barro, son adornadas con colores y suelen llevar inscrito el nombre del difunto a quien se representa la ofrenda. 

Reminiscencia del tzompantli y símbolo vital de la relación divertida y estrecha que los mexicanos guardamos con la muerte.

Comida:

Al centro de la ofrenda, va la comida que se regala al difunto. Hay platos de temporada y algunos de los favoritos del ser querido. Los más tradicionales son mole, tortillas, tamales. Además, fruta y dulces. Algunas personas colocan, junto a la comida, platos y cucharas, para que los queridos difuntos y sus acompañantes coman a gusto. 

Pan de muerto: 

Aromático y con sabores de temporada (como la naranja) es adornado por “huesitos” y “lágrimas”.

Licores y cigarros:

Se incluyen los que en vida encantaban al difunto.

Objetos personales: 

Prendas del fallecido, libros, discos y otras cosas que amaba, para que las vuelva a disfrutar. Si la ofrenda es para niños se acostumbra poner juguetes.

Cruz:

Si es de sal o cal, purifica; si es de ceniza, ayuda a salir del purgatorio. Símbolo máximo de la religión católica y también representación de los 4 puntos cardinales.

Retratos de los fallecidos:

Para recordarlos, honrarlos y señalar que esa ofrenda es para ellos. 

Figura del xoloitzcuintle: 

El “xolo” era el guía que ayudaba a las almas a cruzar el río Itzcuintlán hacia las profundidades del Mictlán y podría ayudar a traerlos de regreso.

Mira: Un hermoso e imprescindible documental sobre el Día de muertos

*Referencias y más información:

Como pasa con cualquier otra muestra de patrimonio vivo, relatar de forma absolutamente precisa el significado de los elementos del altar de muertos sería casi imposible. No solo porque cambian de región a región y casi dependiendo de las costumbres de cada familia; también porque han mutado por más de 500 años.

Algunos de los elementos son muy reconocidos por la “tradición popular” y aunque no estamos seguros de su significado, son sumamente importantes y simplemente los mantenemos; otros los extrajimos de nuestra propia experiencia de vida o de lo que nos contaron nuestras madres, padres, tías, abuelas que heredaron estos saberes de sus antepasadas y antepasados.

Por otro lado, estas son algunas lecturas recomendadas, donde podrás encontrar, sobre todo, información ligada a los símbolos que heredamos de la tradición prehispánica:

Para entender la figura del Xoloitzcuintli, ligado a la muerte: “El carácter sagrado del xoloitzcuintli entre los nahuas y los mayas” de Mercedes Garza, publicado en Arqueología Mexicana núm. 125, pp. 58-63.

Sobre la relación entre el inframundo, la muerte y los dioses Tláloc y Chaac: “Las cuevas de Teotihuacán”, de Doris Heyden, publicado en Arqueología Mexicana núm. 34, pp. 18-27. Más sobre esto en “Las cuevas en el mundo mesoamericano” de Linda Manzanilla, publicado en la Revista de Ciencias de la UNAM y disponible aquí

Sobre los niveles del Mictlán (que se pueden reflejar en los niveles de la ofrenda): “Una visión de la vida y de la muerte en el México prehispánico”, de María Elena Salas Cuesta y Jorge Arturo Talavera González, publicado en Arqueología Mexicana núm. 102, pp. 18-23. Fragmento publicado aquí.

Acerca de las celebraciones de muertos en el México prehispánico: “DÍAS DE MUERTOS EN EL MUNDO NÁHUATL PREHISPÁNICO” de Patrick Johansson, por el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, disponible aquí y “Raíces indígenas de las ofrendas a los difuntos” de Adriana Berrueco García, Investigadora del Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM, disponible acá.

Sobre el carácter sagrado del papel amate: “El papel amate. Sagrado, profano, proscrito” de Citlalli López, publicado en la Revista de Ciencias de la UNAM y disponible aquí.

 

*Imagen destacada: Dane Strome

Señorita Libertad: la peculiar tradición patria de una comunidad veracruzana

En esta comunidad de Veracruz la libertad de México se celebra como en ningún otro sitio. Un fotógrafo local retrató íntimamente los preparativos para esta fiesta.

Nuestro complejo país es espectacular, precisamente porque no se agota en una sola cara. México es distinto desde donde lo mires. Por otro lado hay algunas cosas —platillos, ingredientes, tradiciones, símbolos— que se repiten por todos lados y se vuelven una suerte de “hilo conductor” que nos reune a pesar de nuestra inmensa diversidad.

Las fiestas patrias —el grito, el desfile del 16 de septiembre, la comida, las banderas que decoran las calles— son sin duda uno de esos hilos que tejen cada año un espacio para la identidad compartida. Tal vez por eso hemos olvidado indagar en lo profundo y se nos han pasado de largo las formas particulares en las que cada región celebra la idea de independencia y la existencia de un México que —en potencia— se auto-define. 

Pero hay un sitio donde la fiesta patria muestra una cara muy peculiar. Se trata de Santiago Tuxtla, en Veracruz. En esta comunidad la libertad de México se celebra como en ningún otro sitio, en torno a una alegoría muy interesante: la Señorita Libertad.

Señorita Libertad

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También llamada “Diosa Libertad”, esta personaje es encarnada por una joven del pueblo. Cada año se la elige con aval del presidente municipal y junto a ella se organiza la máxima fiesta patria de Santiago Tuxtla. La chica, ricamente ataviada, representa a la “mujer mexicana” (ligada evidentemente con el rostro femenino de nuestra tierra, su abundancia, su fertilidad, su bondad). Llena de joyas y con un atuendo blanco, rojo y dorado, será paseada por el pueblo en una carreta adornada con flores. 

“… con la mano derecha toma un óleo de Miguel Hidalgo, mientras que con la izquierda hace lo propio con la bandera de México. Los toros que jalan la carreta son pintados con aerosol de color dorado. 

Al final del recorrido del desfile por todas las calles de la ciudad, en la casa de la señorita libertad se ofrece una fiesta, abierta a todo el pueblo, donde se consumen más de 300 kilos de carne y demás.” Así lo relata Felipe Oliveros, fotógrafo y escritor local.

Es un verdadero festín que se ha celebrado desde hace 128 años. Los tuxtlas se toman en serio la noción de Independencia y, al mismo tiempo, no temen jugar con la idea de sincretismo. Aún anclados profundamente a su cosmogonía prehispánica gozan tremendamente esta tradición fundada por elementos bastante lejanos.

Cuenta Oliveros que la fiesta nació cuando el alcalde Francisco Ortiz Castellanos viajó a Francia y se enamoró de la conmemoración de la toma de la Bastilla. Fuegos artificiales, carros alegóricos y una mujer que encarna una figura que recuerda inmediatamente a “La Libertad guiando al pueblo del pintor” Eugène Delacroix.

Y el pueblo sigue a La Libertad

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Para las chicas que representan el papel, el asunto es una ceremonia y un honor particular. Cada año, explica Felipe, se trata de una joven distinta que tiene alrededor de 15 años. El mismo presidente municipal va a su casa a pedir permiso para que participe. La preparación de la Señorita es un ritual en sí mismo y el fotógrafo veracruzano ha logrado retratarlo con una intimidad absolutamente conmovedora.

Y no es para menos: el papel es muy importante. Como relató el cronista local Eneas Rivas Castellanos: 

Nos referimos a la Diosa Libertad emblema y símbolo de la Libertad Mexicana con que contamos todos los habitantes de esta nación. […] La alegoría ha sido hasta hoy en la misma forma: La Diosa Libertad representa a su vez a la típica mujer mexicana la cual va vestida con una túnica blanca ceñida en la cintura y adornada por muchas prendas de oro y pedrería. En su cabeza el gorro frigio, emblema de la libertad, ceñido por detrás con dos ramos de ciprés y un listón tricolor, prende de la espalda un manto bordado con estrellas. El manto representa el territorio nacional y las estrellas equivalen al número de estados en que está dividida políticamente la Nación. […]. Cubren el resto del carro, hojas de tepejilote. 

“La libertad con que contamos todos los habitantes de esta nación”; es una frase que resuena y que sin duda habría que poner en cuestión. La libertad, tal vez una fuerza que solo se articula como potencia, pero por la que todos debemos estar luchando, no solo para nosotros mismos; también para los demás. 

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La libertad; tal vez el signo más noble de entre todos los que pueblan el repertorio de las fiestas patrias, pero que, al parecer solo en Santiago Tuxtla se manifiesta con tanta fuerza y cariño.

*Imágenes e investigación: Felipe Oliveros.

M.A. es un colectivo de artesanos que está reinventando la tradición

Un proyecto colaborativo que encontró el balance justo entre arte, diseño y tradición artesanal.

A ratos se vuelven obsesivas las categorías que le imponemos a los objetos. 

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Arte, diseño y artesanía son solo algunas de esas etiquetas. Para algunos de nosotros no son tan importantes y hay quienes estamos seguros de que un mismo objeto puede encarnar las tres a la vez. Otros pensarían que esa idea es absurda. 

Por otro lado, la división se ha jerarquizado. Esos objetos que llamamos arte parecen tener un valor supremo, y lo mismo se puede decir muchas veces del diseño. En estas disciplinas lo que importa es el nombre del autor: la firma. Pero la artesanía parece venir de un lugar menos sensible, más rudimentario y repetitivo. 

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Nada más lejos de la práctica: no somos los primeros en afirmar que el artesano vierte fragmentos de sí mismo en cada una de sus piezas. Aunque, como muchas otras cosas, la tradición artesanal se ha folclorizado y algunos de los objetos que pertenecen a ella se tratan como simples souvenirs turísticos. 

Urge reivindicar a nuestros artesanos

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Así, urge reivindicar a nuestros artesanos. Y tal vez para lograrlo tenemos que reinventar la tradición, permitir que toda clase de creadores exploren sus milenarias técnicas hasta encontrar formas sorprendentes con las que se identifiquen plenamente y hablen —a través de sus piezas— simultáneamente con la voz de la identidad personal y la colectiva.

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Y esto es exactamente lo que ha logrado M.A., un colectivo que combina la producción artística con los métodos atribuidos a la tradición artesanal. El proyecto está basado en la CDMX, pero la producción se hace de forma colaborativa en distintas comunidades mexicanas y procura imprimir en ella técnicas locales, la experiencia del grupo cultural y también las creencias y líneas cosmogónicas que definen su producción.

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El proyecto fue iniciado por Melissa Ávila, originaria de Tijuana. Ella misma es una artista interdisciplinaria que busca preservar la inmensa tradición artesanal de nuestro país, reforzando los vínculos comerciales con estos creadores y también capacitándolos, mientras aprende de ellos.

Las piezas son coloridas, particulares, inmensamente creativas y, al mismo tiempo, mantienen ese sabor familiar del diseño mexicano más arraigado. A su manera, manifiestan el balance justo entre arte, diseño y tradición artesanal. 

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Es una forma muy especial y equilibrada de incluir en este circuito comercial a sujetos creativos provenientes, sobre todo, de los pueblos indígenas de México, sin minimizar sus piezas y su trabajo. Además, porque lo que hacen es arte —al fin y al cabo— sus historias personales, el núcleo de su identidad y cada uno de los pedacitos de sí mismo a los que renuncia durante su hacer, recuperan su valor. 

Conoce más sobre M.A. y accede a su tienda en línea aquí.

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