8 lugares alrededor de México para escuchar buena música en vivo

Acústica, ambiente y comunidad confluyen en estos espacios en donde escuchar buena música es lo fundamental.

En México hay foros que son realmente mágicos. Se trata de lugares que destacan por su oferta musical y, además, por hacer confluir cualidades, desde técnicas hasta atmosféricas, que casi garantizan una muy grata experiencia alrededor de la música: buena acústica, historia, cultura, facilidades y, sobre todo, una surtida cartelera que invite a disfrutar colectivamente de un buen concierto.

Si bien la oferta alrededor de la República es enorme, desde clásicos espacios que alojan los conciertos más masivos, hasta diminutos cafés o rincones donde por las noches suenan algunos acordes y vocales, no todos los foros tienen características tan revitalizadoras como los que elegimos a continuación.

Sala Nezahualcoyotl, Ciudad de México

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La buena acústica es difícil de obtener arquitectónicamente, y la Sala Nezahualcoyotl es en ese sentido una proeza de ingeniería acústica, y la calidad de ésta es comparable a salones mundialmente famosos como el Carnegie Hall de Nueva York. Por eso los mejores conciertos de música clásica pueden apreciarse en esta sala de manera apabullante, aunque también han reverberado los sonidos de míticas bandas como la Sonora Santanera o voces como la del escritor uruguayo Eduardo Galeano, quien convocó a cientos de jóvenes a esta sala en 2012 para escucharlo recitar pasajes de su obra.

Visítala en el Centro Cultural Universitario, Insurgentes Sur 3000, Ciudad Universitaria.

 

El Breve Espacio, Puebla

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En el corazón de la ciudad se encuentra este pequeño lugar que nació siendo una librería, pero que se convirtió en punto de encuentro de amantes de la trova, el jazz y el rock independiente.  Su foro está muy bien adaptado y cuenta con buen sonido. Además los viernes y sábados se toca rock de los 60 y 70, lo que hace a su cartelera una muy amplia.

No por nada El Breve Espacio se ha vuelto favorito de los poblanos, pues es una opción diferente a los antros y bares de la zona turística. Visítalo en Norte 8 colonia Centro Histórico.

Foro del Tejedor, Ciudad de México

Este acogedor foro es, según sus fundadores, “el resultado de un intento de dar techo digno a la canción”, esfuerzo que comenzó el año de 1993 en El Péndulo de la colonia Condesa. Es un lugar que atrajo y sigue atrayendo a muchas propuestas musicales mexicanas, desde trova hasta rock y jazz. Además se presentan obras de teatro y proyecciones, haciendo de su cartelera algo muy variado, llamativo y que invita a “volar alto”, como dicen sus fundadores.

Ahora se encuentra en Álvaro Obregón 86, colonia Roma.

Checa su cartelera aquí.

Café Iguana, Monterrey

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Este café tiene una larga trayectoria, pues abrió sus puertas el año de 1991, una década que vio nacer un nuevo auge por el rock nacional. Es grande y pintoresco, con una fachada adornada con máscaras de diversas culturas, y en sus habitaciones ha retumbado la música de cientos de artistas y bandas. Ha sido un punto de encuentro de los regiomontanos tan importante que actualmente se considera un lugar de culto.

Se encuentra en el Barrio Antiguo de la ciudad, en la calle Diego de Montemayor y Morelos 927.

En su cuenta de Facebook puedes conocer su cartelera.

Fonoteca Nacional, Ciudad de México

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También llamada “la casa de los sonidos”, este recinto guarda un venue al aire libre, un jardín sonoro y un auditorio llamado Murray Schafer, en honor al músico canadiense que introdujo el concepto de paisaje sonoro. En todos estos espacios se cultiva el amor por los sonidos, y es común encontrarse con propuestas musicales de todo el mundo, desde tambores japoneses hasta tango argentino, que resuenan en toda su potencia con la gran acústica del lugar.

Se encuentra en Francisco Sosa 383, en el barrio de Santa Catarina, Coyoacán. Aquí puedes checar la cartelera (en la cual hay algo increíble casi todos los días).

Rancho Zandunga, San Miguel Allende

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Los paisajes de esta zona montañosa de Guanajuato son hermosos, y se pueden disfrutar en el mágico Rancho Zandunga, un venue para comer lo mejor de la comida mexicana, beber buen mezcal y escuchar conciertos de jazz, blues y música instrumental tradicional. El Rancho Zandunga se ha convertido poco a poco en un lugar de culto y en el favorito de los habitantes y visitantes de San Miguel de Allende.

Se encuentra a tan sólo 20 minutos del centro de San Miguel Allende. Puedes reservar un lugar mandando un correo a esta dirección: kamelhar@me.com o llamando al 415 152 4608.

 

Zinco Jazz Club, Ciudad de México

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Ubicado en lo que fuera el Banco de México, en el Centro Histórico, este pequeño club se ha ganado muchos adeptos. Adentro te sentirás transportado a una época de elegancia y sobriedad, y las notas musicales del jazz que se toca ahí en vivo todas las noches te envolverán. La experiencia la puedes acompañar tomando un whisky, la bebida popular en el Nueva York de los años 30, época en la cual los bares y clubes como el Zinco eran la tendencia.

Motolinía 20, Centro. Checa aquí sus próximos eventos.

Woodstock Plaza, Santiago

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Su nombre lo dice todo. Este venue al aire libre se encuentra en el camino entre la ciudad de Monterrey y el pueblo mágico de Santiago; a la entrada te reciben los Beatles y dentro podrás disfrutar de diferentes atracciones y de la vista montañosa del territorio. El Woodstock fue uno de los primeros sitios que se crearon para dar espacio a bandas de música locales y nacionales, y actualmente es punto de reunión de cientos de amantes de la música. 

 

Aquí puedes consultar próximos eventos.

 

*Imágenes: 1) Foro el Tejedor; 2) Flickr David Barajas; 3) Café Iguana; 4) Flickr Jess Asenscio; 5) dumbblonde622; 6) Lisabette Brinkman: 7) Rudy J 

Gerardo Romero, geógrafo nahua, nos explicó la lucha vital de la Sierra Norte de Puebla (y cómo apoyarla)

Territorio es la palabra clave en la historia de México. Y, cuando se trata de este territorio, todos somos responsables. Este joven geógrafo nos explica por qué.

Territorio es la palabra clave en la historia de México. Al fin y al cabo, los choques y alianzas entre las distintas culturas, identidades y corrientes de pensamiento que transitan este espacio, se dan en torno al territorio. 

Mientras que algunos buscan poseerlo, otros simplemente quieren habitarlo y entienden que “habitar” es un ejercicio de reciprocidad, pues a su parecer, el territorio solo nos permitirá una vida plena si —a cambio— lo cultivamos, lo atendemos y hacemos el esfuerzo de resonar con él.

Estas formas de comprender y experimentar el espacio, al encontrarse, generan toda clase de conflictos, delineando no solo la historia del país, también las vivencias de cada uno de nosotros —aunque no siempre estamos conscientes de esto. 

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En ese sentido, se vuelven esenciales investigaciones como la de Gerardo Romero Bartolo. El licenciado en geografía por la UNAM recibió recientemente el Premio Arturo Warman, que se entrega a las mejores investigaciones en el área de ciencias sociales, por su tesis “Megaproyectos, despojo y resistencia: el caso de la Sierra Norte de Puebla como territorio estratégico en disputa” (que puedes leer aquí).

A lo largo de la tesis, Gerardo explica desde diversos ángulos la lucha que ejercen las comunidades locales de la Sierra Norte de Puebla por mantener —no solo la tenencia— la salud y la diversidad del territorio que habitan. Esta lucha es vital y en más de un sentido, nos concierne a todos. 

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Un poco sobre Gerardo Romero

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Originario de San Salvador El Seco (antes Cuayehualulco que significa “lugar rodeado de arboledas”) Gerardo Romero es parte de la comunidad macehual (nahua) de la zona. Su familia es campesina y artesana. Además de trabajar en la milpa y en la siembra de amaranto y haba se dedican al trabajo de artesanías de piedra (como los molcajetes).

En muchos sentidos su conexión con el territorio —con la tierra— es directa y constante. La geografía es para él una herramienta, una extensión que le sugiere la posibilidad de analizar simultáneamente naturaleza y sociedad. 

Y esta herramienta se volvió urgente, pues necesitaba investigar a fondo las “posibles afectaciones que generan los proyectos extractivos”, especialmente, el desarrollo interno de los conflictos socioculturales que provocan.

Entre relatos de amigos, familiares y vivencias propias, mientras crecía, Gerardo comenzó a entender que su relación personal con la tierra no era solamente una particularidad cultural, también era un acto de resistencia frente a una lógica de territorialización que —paradójicamente— se desenvuelve para alimentar un espacio abstracto muy lejano a la materialidad del espacio (de la tierra): el capital económico.

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¿Qué pasa en la Sierra Norte de Puebla y por qué es un territorio estratégico?

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Fotografía: Ana Karen de la Torre.

Gerardo Romero explica que llama a la Sierra Norte de Puebla un “territorio estratégico” por distintas razones. Por un lado, porque en esta región abundan una serie de recursos clave para el desarrollo industrial y, así, se comprende como capital de distintos intereses empresariales. 

La Sierra Norte de Puebla está marcada por el yacimiento de hidrocarburos no convencionales (son los que se extraen por medio de un proceso conocido como “fracking”); además, es una zona esencial para la industria minera (financiada por capitales extranjeros, especialmente canadienses) y donde se tienen contemplados múltiples proyectos de hidroeléctricas.

Por otro lado, es estratégico en un sentido muy particular: la Sierra Norte de Puebla es un sitio con una amplia tradición de lucha social. De hecho, relata Gerardo Romero, fue en el poblado de Zacapoaxtla donde se libró la batalla del 5 de mayo, suceso que las comunidades poblanas aún tienen muy presente, de ahí la frase contemporánea citada por Gerardo: “Si pudimos con los franceses cómo no vamos a poder con los canadienses.”

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Imagen: Red de Afectados por la Minería

La sensibilidad aguerrida que guía a las comunidades de la zona no es gratuita. Hay una justa mezcla étnica en la región, entre nahuas, totonacas, tepehuas y otomíes que tienen como herencia cultural una historia de luchas no solo por el territorio, sino por la supervivencia de su estilo de vida. 

Pero el panorama que tienen frente a ellos es ultra complejo. Como explica Gerardo Romero, los proyectos extractivos (también conocidos como “megaproyectos” y “proyectos de muerte”) han establecido “relaciones metabólicas” entre sí. 

Su aparición en el territorio responde a un esquema mucho más amplio. Las hidroeléctricas y los gasoductos que atraviesan la Sierra Norte de Puebla sirven para abastecer industrias de maquila en otras zonas, por ejemplo. El trazo de esas relaciones es un eje central en la investigación de Gerardo. 

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Fotografía: Ana Karen de la Torre.

Por eso sugerimos —un poco antes— que los principios a los que responde la idea de “habitar” más capitalista, poco tiene que ver con la tierra. Así, explota aquí para usar los recursos allá, sin hacerse responsable de los lugares que atraviesa. En su caso, es el “estatus económico” y la abstracción llamada mercado quienes dictan cómo se construye y cómo se destruye. 

En un espectro completamente distinto, las comunidades regionales explotan el espacio que habitan, para aprovechar los recursos que necesitan y después se hacen cargo de mantener el equilibro y, encima, de defender al territorio de eso que llaman “megaproyectos de muerte”. 

Por eso, Gerardo Romero llama a la visión de las comunidades “megaproyectos de vida”, para denotar el enorme contraste entre una dimensión del habitar y la otra. Particularmente porque la “de muerte” no está atendiendo su huella y representa en muchos sentidos una catástrofe ambiental que produce contaminación en mantos acuíferos, subsuelo, aire y está lastimando a la vegetación, a los animales y causando distintas enfermedades en los seres humanos.

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Estamos viviendo una fuerte desconexión entre nosotros y el concepto de territorio

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Está claro que la lucha de las comunidades en la Sierra Norte de Puebla es vital, pero ¿cómo va a apoyarla o simplemente entenderla alguien externo? Es importante considerar que muchos de nosotros no solo no poseemos “tierra”, tampoco la reconocemos nuestra y mucho menos la hemos trabajado.

Que Gerardo Romero tenga una conexión tan evidente con el territorio que habita y que sea profundamente sensible a las vivencias que sus amigos y la comunidad que lo rodea no es un afortunado accidente: es su mejor recurso como investigador. Y por eso le preguntamos: 

Aunque territorio es la palabra clave en la historia de México, pocos podemos ligar nuestras experiencias cotidianas al territorio en sí. ¿Cómo volvernos a conectar?

“El territorio es vida”, respondió Gerardo Romero, haciendo referencia a otra frase común entre las comunidades de la Sierra, “dependemos absolutamente del territorio,” continúa: “Los pueblos indígenas sólo siguen vivos por su tierra.” La tierra les da alimento y también les da propósito, sentido, identidad. Si los pueblos indígenas sobreviven es porque comulgan con el territorio, saben cuidarlo, lo escuchan y han aprendido por siglos su lenguaje.

“Por otro lado,” nos advierte Gerardo “si cuando pensamos en territorio sólo pensamos en el bosque, en el campo, el desierto, estamos equivocados. El territorio es todo, es la base del movimiento subjetivo. El territorio es incluso tu cuerpo [que también está en disputa, cortesía de toda clase de intereses, especialmente el capitalismo].” 

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Así, para re-concectar con la idea de territorio hay que conectar con el territorio en sí: los sitios que habitamos, los espacios que, para nosotros, guardan significado, “el espacio en el que sobrevivimos: la calle, el barrio, la colonia, el espacio público”. Todo esto es territorio y, como nos dice Gerardo, también tiene recursos que están en disputa, que son capitalizados: agua, aire, espacio. Si dependemos de él, simplemente para estar, es territorio y de él somos responsables.

Es así que, “entendemos la lucha de estas comunidades como una lucha de todos,” pues la diferencia [fundamental] entre un megaproyecto de vida y uno de muerte es que el “megaproyecto” pretende absorbernos a todos en la proyección de un futuro concreto en donde posiblemente nos articulemos solo como recurso explotable [como trabajadores]. El proyecto de vida nos considera como energía activa, como subjetividad, como parte de la infraestructura orgánica.

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Así, además de empatizar con la lucha vital en la Sierra Norte de Puebla, hay que relfexionar sobre la forma en que cada uno de nosotros existe. El habitar siempre es territorial, de esta forma hay que preguntarnos ¿cómo nos apropiamos del territorio en el que vivimos? ¿Cómo lo tratamos? ¿Cómo lo cuidamos? ¿Cómo lo explotamos? ¿Cómo le retribuimos?

“Cuando vamos resistiendo desde lo local, nos damos cuenta de que nuestra lucha tiene en común con la del otro y podemos ir transitando a procesos de resistencia que no son solo locales. Nos damos cuenta de que dependemos mutuamente unos de otros.”

¿Cómo ayudar?

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Imagen: Gerardo Romero Bartolo

Empecemos por nosotros mismos. Hay que informarnos y generar conciencia social en un sentido amplio. Hablemos de tu calle: ¿Sabes qué pasa ahí? ¿Qué procesos de resistencia existen? ¿Quién administra los recursos? ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Quién se beneficia y quién no? Cuando tú tengas la respuesta, difunde la información.

Para Gerardo, los investigadores son vitales en este sentido pues “pueden generar conexiones y entender consecuencias. Analizar es dar cuenta de las relaciones.” Después, podemos “ubicar rasgos en común entre nuestra lucha y la de otros” y, también “aprendemos a preocuparnos por otros”, a ser solidarios. En su momento, podremos “articularnos, tejer estrategias de resistencia y procesos de lucha.”

Un precioso relato de lucha

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“La resistencia en la Sierra Norte de Puebla es una resistencia barroca” nos dijo Gerardo Romero, porque resiste desde muchos lugares: “es lucha política, espiritual, cósmica, territorial, ecológica”, se trata de mantener el equilibrio desde muchos frentes. Así, nos contó para finalizar la entrevista, una entrañable anécdota que figura en su tesis:

“En el mes de diciembre de 2016 la organización Atlepe Tajpianij instaló un campamento en el lugar donde CFE pretende construir la subestación eléctrica de la línea de alta tensión. Más de mil personas realizaron una acción de fuerza simbólica que existe para el pueblo maseual: sembrar maíz. Desde ese momento protegerían la tierra […] hace más de 200 años el pueblo masehual hizo lo mismo para defender las tierras que un latifundista les quería arrebatar.”

(extraído de “Megaproyectos, despojo y resistencia: el caso de la Sierra Norte de Puebla como territorio estratégico en disputa”, p. 242-243)

Sembrar maíz, un acto muy particular, especialmente porque con esta planta guardamos una relación tan estrecha que se podría decir que nuestros destinos están permanentemente entrelazados. Sembrar maíz, como anuciándole a la tierra: aquí estamos, vamos a cultivarte, significarte, quererte, habitarte.

Mira aquí un documental hecho por Gerardo Romero con más información sobre lo que está pasando en la Sierra Norte de Puebla:

María Fernanda Garduño Mendoza
Autor: María Fernanda Garduño Mendoza
Estudios y gestión de la cultura, UCSJ. Ensayando discursos, constantemente. Articulando rupturas.

Estos son algunos de los más extravagantes récords mundiales que tiene México

Está claro que a los mexicanos nos seduce la idea de lo enorme y lo que desborda. Tal vez por eso tenemos estos extrañísimos récords mundiales…

A México lo llaman surrealista. Y el adjetivo le va perfecto, considerando que en esta tierra ocurren algunas cosas extrañísimas con toda naturalidad. Entre ellas, no está de más mencionar algunos de los más extravagantes récords mundiales que tiene México.

Algunos son ciertamente entrañables, porque celebran preciosos aspectos de nuestra cultura; hay otros que son tan raros que parecen ficción; unos son auténticamente épicos y demuestran que somos mucho más que los clichés que se asumen sobre nosotros, y también hay una colección considerable de récords inútiles, pero extraordinarios.

Lo que está claro es que, además de corromper los límites entre realidad y surrealidad, a los mexicanos nos seduce terriblemente la idea de lo enorme y lo desbordante, que, en gran medida, es lo que agrupa a las rarezas que te vamos a presentar.

Paisajes que se desbordan

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En México tenemos paisajes increíbles. Pero dos de ellos, particularmente, tienen récords mundiales. Por un lado tenemos el jardín más grande del mundo. Se trata de Jardines de México en el estado de Morelos, un enorme ensamblaje de plantas, árboles y flores que suman 51 hectáreas de diseño con naturaleza.

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Por otro lado y, contrario a algunas creencias populares, en tierra nacional también se encuentra la pirámide más grande del mundo: la pirámide de Cholula, un monumento de 55 metros de alto y una base de 450 metros (tres veces más que la pirámide de Giza).

Records para celebrar la cultura nacional

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El danzón en México es inmensamente popular, aunque se trata de un género musical de la cultura cubana. En distintos parques, plazas y explanadas públicas del país es típico (y precioso) ver parejas bailando un buen danzón. Así, no es tan raro que en Acapulco, entre el 15 y 16 de noviembre de 2008 se bailó el danzón más largo de la historia, que duró 35 horas seguidas.

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Otro record para celebrar nuestras tradiciones es este: en 2018 artesanos wixárikas fabricaron un mosaico de chaquiras gigante, al que le fue otorgado un récord Guinness. Para la elaboración se usó casi media tonelada de chaquiras y la pieza final mide más de 80 metros cuadrados.

Comida a ultra gran escala

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Sin duda los retos más curiosos son los que se tratan de hacer versiones masivas de algunos de nuestros platillos icónicos.

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El chocolate caliente más grande del mundo…

En ese campo tenemos una larga colección, que incluye: el mazapán más grande del mundo (3 metros de diámetro, 1.20 metros de alto y 8 toneladas de ingredientes); una torta de 67 metros de largo y 800 kilos de peso; la taza de chocolate caliente más grande del planeta (con 4,826 litros); la enchilada más larga del mundo (105 deliciosos metros); guacamole de 3 mil kilos; la torta ahogada de 646 metros de largo, y el vaso de jugo de naranja mejor servido de la Tierra con más de 1000 litros.

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¡Guacamole para todos!

Auténticas rarezas

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Algunos récords son verdaderamente insólitos, pero, extrañamente tienen una buena explicación detrás de su existencia.

Por ejemplo el récord a la mayor cantidad de personas mentando la madre al mismo tiempo fue un acto de catarsis colectiva donde alrededor de 5 mil personas se reunieron el 23 de junio de 2012 a insultar al entonces gobernador de Jalisco.  

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Otro de la categoría es el record por el mayor número de personas besándose al mismo tiempo, obtenido en 2009 en el zócalo de la CDMX. La cifra oficial fue de 39, 897 participantes y el evento era una curiosa invitación del gobierno de la ciudad a celebrar el 14 de febrero.

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Uno ciertamente memorable, es el récord al mayor número de personas desnudas en el mismo sitio, que también ocurrió en el zócalo de la capital (un sitio al parecer bastante liberal) cuando el fotógrafo Spencer Tunick logró hacer posar a 20 mil personas sin ropa. El resultado es una joya. 

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Un favorito y muy reciente (obtenido el 28 de abril de 2019) es el record por el oso de peluche más grande del mundo. Se trata de Xonita, una “osita” de peluche de más de 4 toneladas y 20 metros de largo. Sin duda una extravaganza, incluso aquí, en el país más surrealista del mundo. El récord lo hicieron posible 60 artesanos de Xonacatlán, EDOMEX, entidad conocida como “ciudad peluche”, porque una buena parte de su población se dedica a esta industria.

*Imágenes: 1) Spencer Tunick; 2) Jardines de México; 3) De poder; 4) Verne; 5) Guinness World Records; 6) El Universal; 7) Chicago Tribune; 8) Getty Images, 10 y 11) AFP.

Cholula Dans Division, un proyecto musical que remixea en serio

Cholula tiene su propio ritmo y, a juzgar por estos sonidos, es delicioso…

No hay ejemplo más fantástico de la diversidad que habita los confines geográficos de eso que llamamos México, que la música que aquí se produce. No cabe duda de que, entre las grietas de una identidad cultural que simplemente no puede definirse de forma concreta, surgen toda clase de manifestaciones. Entre ellas, nació Cholula Dans Division, un proyecto musical que remixea, pero en serio.

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Imagen: Zamurai Zamora

El dúo lo componen Arturo Uriza, poblano y Jorge Chalino, culichi, que son músicos más por gusto, menos que “de profesión”. Amigos de esos que no se completan precisamente las frases, pero contestan, sin miedo a fallar, “lo que él dijo me describe”, se conocen desde hace cuatro años y trabajan en múltiples proyectos creativos. Entre ellos está Montecarlo 88, un power trío que hace música como esta:

Pero el proyecto que nos llevó a buscarlos con insistencia fue Cholula Dans Division y su primer EP, Heavenly Sounds in Lo-Fi Vol. 1, una pequeña joya de 4 piezas electrónicas en donde es sampleado material “original” (entre comillas porque el término siempre es cuestionable) de músicos de todo tipo, desde Flans y Wham!, hasta Thelonius Monk y Béla Bartók.

En palabras de sus autores:

El statement estético tiene que ver con la reapropiación y reutilización de elementos existentes a los cuales les añadimos además bajos, guitarras, sintetizadores, vocoders y poesía prestada para darles una nueva y completamente distinta aproximación a lo que originalmente eran. Robamos de todos lados…

Y aunque no dudamos en decir (y dos veces) que el EP es una joya, en palabras de Chalino y Arturo el ejercicio fue un “asunto lúdico”. Para los amigos es cotidiano sentarse a escuchar música y a jugar con ella. Eso se transformó en algo literal cuando comenzaron a samplear:

… el proceso era elegir sonidos, irlos armando, filtrarlos, grabar cosas encima, meterles algo, como un rompecabezas y era muy lúdico, muy divertido.

Y el juego también dio para la experimentación: “Al principio era inadvertido; pero llegamos al tratamiento ‘Cholula Dans’, que consiste en pasar los sonidos a través de pedales de guitarra, o por sintetizadores, para darle texturas más cálidas.” Y aunque esto también lo hacen otros músicos, el “tratamiento” llevó a resultados muy especiales. Además, el sampleo es prácticamente invisible y lo que tienes es una pieza para leerse con la ingeniudad y fantástica sorpresa que viene con la novedad.

Y se puede decir que esta reutilización, relativamente descarada, pero muy ingeniosa y esta franqueza que viene con aceptar que vamos por la vida jugando, define no solo el estilo musical de este EP, también un poco la vida de músicos de Chalino y Arturo.

Al preguntarles sobre la industria musical y sus escenas en México (y también en Puebla), ambos se fueron por una tangente que les interesa más:

Chalino:

La miseria me libera. No ganamos nada, no vivimos de esto, no tenemos pensado firmar con una disquera, entonces podemos hacer lo que queramos. Sobre la industria, hace falta un desarrollo en cuanto a práctica, a cómo nos relacionamos con la música en este país, sobre todo hablando de derechos de autor; estamos acostumbrados a que la música sea gratis. En lugar de lamentarnos por eso, agarramos lo que tenemos: libertad creativa.

Arturo:

Tiene que haber un rollo muy libre en la creación; sí nos gustaría que tuviera más impacto (lo que hacemos), sobre todo para medirnos. Pero el objetivo es hacer música y divertirnos.

A nosotros también nos gustaría que fueran un referente en la música local y una probadita de lo que se puede hacer si nos animamos a jugar más con (todo) lo que tenemos al alcance. Su visión sobre la producción es algo que hay que tomar en cuenta: cuando les preguntamos sobre los retos a los que se enfrentan como creadores en México nos dejaron una sorpresa:

Chalino:

El reto es ser feliz y para eso trabajamos.

Arturo:

No nos hacemos torturas mentales para lograr metas que nadie nos está imponiendo. Hay que encontrarle valor a lo que uno hace y pensar ‘¿cómo lo que hacemos impacta positivamente en nuestra vida?’ Estamos en los momentos más tristes en el capitalismo tardío… Buscar en los sonidos cosas que amemos es una manera de procesar las amarguras, la violencia o las situaciones cotidianas.

A propósito del contexto, es interesante darse un llegue con sus ideas sobre la identidad, especialmente la mexicana. De nuestro lado tenemos la premisa de que los mexicanos somos unos genios cuando se trata de remezclar, porque cabe la posibilidad de que el hilo conductor de nuestra “identidad” nacional, no sea otra cosa que nuestra desbordante e imparable diversidad. A estas especulaciones Chalino responde:

Adoro esta tierra y adoro las costumbres y la gente que vive por acá, los sabores, los sonidos; pero intento nunca postular lo que hago como algo mexicano, porque no estoy a favor de ningún nacionalismo: mi mundo es el planeta Tierra e intento no llevar las cosas por ahí. Ser mexicano implica adoptar un proyecto de Estado-nación con el cual no estoy de acuerdo, lo prefiero ver más anarquistamente. Lo que hacemos se nutre de lo que nos rodea y lo que nos rodea se llama México… [Pero] no lo quiero pensar dentro de los confines imaginarios de una división geopolítica.

Además, dicen, “Cholula tiene su propio ritmo.” Eso, sin duda, ya nos quedó claro. Y nos fascina.