El día que los mexicanos hicieron del muro fronterizo su red de voleibol

Parece inimaginable, pero el muro que divide a Sonora y Arizona fue, en 1979, sitio de reunión para jugar voleibol con el muro fronterizo (y para festejar la amistad).

Del ingenio mexicano han surgido improbables ritos que transforman realidades. Uno de ellos: el acto de hacer, de un símbolo de discriminación –como lo es el muro fronterizo con Estados Unidos–, un espacio para practicar un deporte inédito y entre camaradas.

No hay cómo explicar que tal contradicción exista, excepto si pensamos que dicha perspicacia distingue de forma innata a los mexicanos, sobre todo cuando se trata de poner en práctica filosofías como “al mal tiempo buena cara”. Así lo han hecho los habitantes de Naco, en Sonora, y los mexicanos estadounidenses del otro lado de esta misma población, que pertenece a Arizona.

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Todo comenzó con la invención del Border Volley, o wallyball, un voleibol que comenzaron a jugar en 1979 en la frontera, utilizando el muro —que en ese entonces era una malla con púas— como la clásica red del deporte original. Ambos equipos jugaban, paradójicamente, en casa. Mirones y jugadores eran parte, en aquellos años, de los festejos que se hacían cada cinco partidos, cuando el equipo perdedor debía hacer un homenaje, en su lado de la frontera, al vencedor.

En ese entonces se podía cruzar el muro, ya fuera con agujeros hechos con alicates o a hurtadillas por “el hoyo”, un túnel que servía para pasar de un lado a otro, lo que hacían los vencedores para asistir a su homenaje.

Este inédito deporte fue posteriormente documentado por la televisión francesa, y actualmente se práctica también en Baja California y Tijuana. Se trata de un voleibol subversivo y de resistencia contra el terror y la disgregación que implica la frontera. Con él, los pobladores de estas zonas deconstruyen el paradigma impuesto por una valla y, si acaso, se quedan con la melancolía irremediable que prosigue a todo partido acabado.

Hoy en día este encuentro entre dos poblados que, en esencia, pertenecen a la misma tierra, se transformó en la famosa Fiesta Bi-nacional. Se trata de un evento tradicional donde se celebra con bailes regionales, se lleva comida y se toca música en vivo, como puede verse en el siguiente video del 2007:

Además, desde 2010 la frontera se volvió también el lienzo de cientos de niños de ambas comunidades que dibujan sobre el muro. 

Grandes festejos transfronterizos, como la Fiesta Bi-nacional, son ya comunes no sólo en Sonora, sino en otras comunidades a lo largo de la frontera. Según Xavier Oliveras-González, del Colegio de la Frontera Norte, se puede decir que la reproducción de esta fiesta “crea unos efectos tanto o más insidiosos que el propio endurecimiento material y legal de la frontera”.

Pero, de aquellos legendarios encuentros de voleibol en la frontera no solo queda la celebración ritual. En esta fiesta se reafirma la identidad colectiva –la mexicanidad sin límites–, en una preciosa metáfora surgida, paradójicamente, de uno de los mayores símbolos de odio y segregación en el planeta.

*Referencias: Fiestas transfronterizas y representaciones espaciales en la frontera México-Texas
Cuando mexicanos y estadounidenses usaban el muro para jugar al voleibol

*Imágenes: 1) y 2) Archivo particular Sixto de la Peña; 3) Proyecto Puente

Boxeador gringo se burla de mexicano por el muro; boxeador mexicano lo noquea (VIDEO)

El boxeador estadounidense salió portando un calzoncillo con la imagen del muro; el mexicano Francisco Vargas simplemente lo derribó.

El probable futuro del muro de Trump quedó plasmado en una pelea de box de peso super-pluma, ocurrida en Indio, California. El contendiente estadounidense, Rod Salka, salió al ring portando unos calzoncillos con una imagen del muro y la leyenda “America 1st”. Se trataba de una clara ofensa hacia su oponente, el mexicano Francisco “El bandido” Vargas.

Tras seis rounds Salka terminó noqueado –y así, Trump, su muro y Salka besaron el suelo al menos por esta noche. Miles de detractores del presidente de Estados Unidos y su política anti-inmigrantes, interpretaron esta pelea como una hilarante profecía. En las redes sociales no se hizo esperar la burla masiva al contendiente gringo  

Ve aquí uno de los más deleitantes momentos de la tunda que le metió Francisco “El bandido” Vargas:

Y si quieres un poco más de la pelea (y la metáfora), aquí va el resumen:

La historia de 4 jóvenes migrantes que hicieron un robot fantástico

Hace una década cuatro adolescentes mexicanos le ganaron al MIT en un concurso de robótica. Su historia parece trama de película…

Fue un incidente curioso. Joshua Davis, uno de los editores de la revista WIRED se enteró de una noticia insólita. Cuatro jóvenes mexicanos, migrantes e indocumentados, acababan de ganarle al MIT en un concurso de robótica organizado por la NASA. Sorprendido, decidió buscar más; pues, evidentemente, detrás de esa curiosidad, debía haber otras historias interesantes. Su investigación lo llevó a escribir un precioso artículo titulado “La Vida Robot”, que conmovió a sus lectores y puso un dedo sobre un problema social que continúa vigente: la vida de los jóvenes migrantes.

Óscar Vázquez, Cristian Arceaga, Luis Aranda y Lorenzo Santillán eran, hace 10 años, alumnos de preparatoria en Carl Hayden Community High School. Habían nacido y pasado algunos años de la infancia en México, pero sus papás los habían llevado a vivir a Estados Unidos, cruzando la frontera, ocultos por supuesto. Ninguno de ellos se imaginaba en la universidad, porque las oportunidades que tienen en Estados Unidos son muy escasas. Sin papeles, sólo pueden tener trabajos de bajo perfil y, por supuesto, no pueden adquirir financiamientos o becas escolares.

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Construyendo a “Stinky”.

Pero, extrañamente, no parece ser muy importante. Con un pasado tan desafortunado y un futuro poco prometedor, nadie espera gran cosa de estos chicos. Por eso, cuando conformaron un equipo en la escuela para tratar de entrar a la Competencia de Vehículos Operados Remotamente del Centro de Educación de Tecnología Marina Avanzada, ellos, sus maestros –y probablemente otros miembros del evento– pensaron que lo hacían sólo por diversión.

De cualquier manera, entrar a la competencia implicaba dedicarle tiempo al ensamblaje de un robot submarino, asunto que a los cuatro les consumía tiempo y aseguraba que no tuvieran que estar en la calle. El Este de Phoenix era su escenario urbano. Un sitio que, como lo describió Joshua Davis hace 10 años, está poblado en gran medida por migrantes y por dinámicas de calle muy intensas.

Así, con poco presupuesto, mucho ingenio y la ayuda de dos fantásticos maestros, construyeron un robot barato, rudimentario, pero increíble. Fue una extraña coincidencia que los puso en este equipo y nadie podría haber especulado que los cuatro eran brillantes; cada uno desde su propia trinchera.

Como si fuera el guión de una película predecible, las cosas empezaron a salir bien y el equipo logró llevar a “Stinky” (“Apestoso”), el robot submarino, a competir contra alumnos de universidades como Cambridge y MIT; superiores, especialmente porque sus robots contaban con un tremendo presupuesto.

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En el clásico giro negativo, el robot casi no llegaba ni siquiera a competir, pues en una prueba previa, notaron que este tenía una fuga y, evidentemente, si se mojaba, no podría operar. Necesitaban algo para absorber el agua que se colara dentro del Apestoso. A continuación, en una magnífica y cómica epifanía, Lorenzo “el vato loco” dijo: “¿absorbente, como un tampón?”. Por supuesto, conseguir los tampones fue toda una aventura y Lorenzo se rehusó a rezarle a la Virgen que los tampones funcionaran, porque le dio un poco de pena.

Al final, a pesar de todas las peripecias, ganaron la competencia. Dejaron considerablemente atrás al MIT y, a pesar de que los estirados jueces estaban sorprendidos de tratar con jóvenes chicanos; el equipo de indocumentados ganó la competencia. La historia es casi absurda y al mismo tiempo, perfecta, pero no terminó ahí.

Como lo describió Davis, hace diez años eran 60,000 indocumentados los que se graduaban de preparatorias estadounidenses, sin posibilidad de entrar a la universidad. En ese momento, la solución planteada era el “Dream Act”, programa que le dio residencia a muchos de estos jóvenes, pero que el gobierno estadounidense hoy está descontinuando. Felizmente la revista WIRED y sus lectores reunieron más de $90,000 dólares en becas para los cuatro chicos; aunque, a pesar de esto no todos lograron terminar la universidad.

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“Spare Parts” (2015)

“La Vida Robot” ahora es una película llamada “Spare Parts”. La traducción literal del título a español, “Partes sueltas”, funciona para entender y reflexionar sobre el dilema implicado en esta maravillosa historia. Los chicos ensamblaron el robot como pudieron, con lo que tenían; de la misma forma –y a causa de la disparidad social a la que nos enfrentamos– los migrantes ensamblan su destino con partes sueltas; con reminiscencias de una sociedad, que penden descuidadamente en los rincones; pero que, extrañamente, no les corresponde tomar.

Para los niños no hay muros ni fronteras: artista francés explora la conciencia infantil en su contacto con el muro fronterizo

Esta obra conjuga la sensibilidad infantil con un potente mensaje social: los hijos de mexicanos que se encuentran en uno u otro lado de la frontera.

Un niño gigante mira con ojos curiosos el muro que cruza la frontera de San Diego, California. Es su primer año de vida, y su inocencia aún no le permite dimensionar lo que esas barras con las que juega significan.

Quien elaboró esta inmensa instalación fue JR, un artista francés cuyo discurso estético retoma a la ilegalidad, a las minorías excluidas y, también, a las mayorías excluidas —como es el caso de su documental Women are heroes (Las mujeres son héroes), donde la dignidad de las mujeres es el núcleo de la obra—.

Colaboración de Sketchfab y JR de una vista 3D hecha con imágenes captadas por drones.

Su lienzo perpetuo son las ciudades; espacios que modifica (legal o ilegalmente), convirtiéndolos en nichos de reflexión y protesta, como la que realizó en la frontera de Tecate, México y San Diego,California. Se trata de una instalación impresionante, por lo dicotómico que encarna la escena. Y no sólo porque retrata a un niño de proporciones inmensas, sino porque su inocencia contrasta con el lugar en donde se encuentra: la parte del muro fronterizo que divide San Diego y el pueblo mágico de Tecate, y que a simple vista posee un manto de pesadumbre.

Esta obra conjuga la sensibilidad infantil con un potente y subversivo mensaje social que llama la atención sobre una cuestión latente: los hijos de mexicanos que se encuentran en uno u otro lado de la frontera, y la inherente incertidumbre que pesa sobre ellos.

La idea le vino al artista en un sueño: “Algunas personas sueñan sobre mundos de fantasía. Yo sueño con muros”, explica en su web.

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Muros que impiden la reunión de las familias y que sellan inexorablemente los destinos de miles de mexicanos. Y muchos de ellos aún no lo saben, como los niños. Sobre esto gira esta intervención, que deja una reflexión profunda sobre el mundo que heredarán los niños como el retratado por JR (cuyo nombre, por cierto, es Kikito). Un mundo en el que hemos impuesto fronteras y que sólo un espíritu infantil puede ver con inocencia, como si en cualquier momento pudiese pasarse al otro lado, sin visas ni pasaportes.

Pero, ¿y después? ¿Qué mundo heredarán las generaciones futuras? Es la pregunta que deja abierta este artista francés, ante la visión contrastante de Kikito jugando en la frontera.

 

*Imágenes: 1) JR; 2) Instagram Mytag