Lo que realmente significaba el equinoccio de primavera para nuestros antepasados

Algunos mitos y realidades sobre la curiosa práctica de subirse a las pirámides cada 21 de marzo.

Sin duda los fenómenos astronómicos siempre han tenido cierta influencia en nuestra cosmogonía. No solamente porque nuestros mitos hacen esfuerzos por explicarlos, también porque a muchos de ellos atribuimos explicaciones sobre nuestras vidas (incluso sobre nuestras actitudes y personalidades).

Por otro lado, los mitos contemporáneos tienen la muy natural costumbre de remezclar entre distintos tipos de tradiciones y creencias y eso a veces se manifiesta en rituales relativamente superficiales que ya no se pueden ni justificar a sí mismos, ni dar cuenta de su origen.

Un ritual “New Age” que busca ligarse con el pasado prehispánico…

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Eso pasa, en muchos sentidos, con los equinoccios, el momento en donde hay un cambio de estación (entran la primavera o el otoño, según el caso) y el día y la noche duran lo mismo. Particularmente es sonado el equinoccio de primavera, pues desde hace varias décadas se generó la costumbre de ir a “cargarse de energía” a los antiguos centros ceremoniales durante este acontecimiento natural (que se da el 20 o 21 de marzo).

Para muchos, este ritual contemporáneo ligado a las creencias “New Age” tiene origen en las costumbres de los pueblos prehispánicos, especialmente del centro del país. Así, desde la madrugada antes del equinoccio, cientos de personas se dirigen vestidas de blanco a zonas arqueológicas como Teotihuacán y Chichen Itzá a danzar, celebrar el “Fuego Nuevo”, hacerse limpias, rezar, cantar y, si pueden, subirse a las pirámides.

En muchos sentidos los circuitos de turismo (tanto privados, como públicos) fomentan estas prácticas y aprovechan esta creencia para procurar que los viajeros se acerquen a los sitios arqueológicos. Sin embargo, como explica Rosalba Delgadillo en su artículo “El equinoccio de primavera: mitos y realidades”, esta tradición daña más a los monumentos de lo que se piensa y, en realidad poco se relaciona con los rituales y creencias de nuestros antepasados.

Mitos y realidades

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Sí: el equinoccio, igual que otros fenómenos naturales ha tenido importancia para diferentes culturas a lo largo de la historia; pero en realidad, mientras que a nuestros antepasados sí les interesaban mucho las estaciones y los movimientos del sol y la luna, el asunto tenía menos que ver con “recargar energía” y mucho más que ver con los periodos agrícolas y con la necesidad de determinar con precisión la temporada de lluvias.

Como afirma Rosario Delgadillo, en los antiguos recintos que sirvieron como observatorios (como el de Chichén Itzá en Yucatán y Monte Albán en Oaxaca) lo que se recaudaba era información que permitía generar calendarios muy exactos y estos servían para saber cuándo sembrar y cuándo cosechar.

De hecho, según el recuento de esta investigadora, los equinoccios no figuran realmente entre las fechas más relevantes para las culturas prehispánicas y la manera en que los entendemos hoy en día es francamente “desproporcionada”:

“Por ejemplo, el fenómeno que tiene lugar en el castillo de Chichén-Itzá, en el que se puede apreciar el desplazamiento de una serpiente a través de una escalinata debido al juego de luces y sombras, ocurre durante varios día, antes y después de los equinoccios. [no en la fecha exacta, lo que hace pensar a algunos investigadores que no necesariamente se trata de celebrar la posición del Sol]”

Por otro lado, marzo sí era un mes muy relevante. Se llamaba Tlacaxipehualixtli para las culturas del centro y la palabra significa “renovación de la tierra”, haciendo sí referencia al cambio de estación. Pero los rituales que se practicaban para rendir culto a los dioses no tenían nada que ver con la “Cumbre Tajín” de nuestros días.

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La naturaleza renacía y comenzaba el ciclo agrícola, así, era vital ofrecer algo a los dioses a cambio de la protección de las cosechas (particularmente frente a los desastres naturales). ¿Y qué se les ofrecía? pues probablemente dependía de cada dios, pero a Xipe-Topec (Nuesto Señor el Desollado) durante la fiesta principal que duraba 20 días, se le entregaban corazones extraídos directamente de los guerreros que habían sido capturados en batalla.

¿Y con las sobras? Pues se hacía pozole (potzollli). A quienes habían atendido a la ceremonia se les lanzaban trozos de carne humana para que los cocinaran en un caldo con maíz. Lejos estamos de recargar así las energías y no sabemos si nuestros antepasados practicaban la antropofagía con ese fin específico.

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Y claro que en distintas comunidades indígenas aún hay reminiscencias de estos rituales, aunque se expresen de formas muy distintas. Pero, si tú visitas las zonas arqueológicas para acercarte a esas tradiciones, el camino elegido probablemente no sea el adecuado. Además, hay que decirlo: las visitas masivas a las zonas arqueológicas son una manera de ponerlas en riesgo, especialmente si cientos de personas se suben a los edificios de manera simultánea.

Y aunque está increíble conectar con las culturas antiguas y contemporáneas y querer acercarse a estos sitios que no son ruinas, sino patrimonio relevante para distintos grupos, vale la pena repensar un poco la forma en la que lo estamos haciendo. Incluso sugiere Rosario Delgadillo que busquemos maneras alternativas de “recargar energía”, tal vez comiendo chocolate, una delicia con orígenes comprobables en el México del pasado.

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*Imágenes: 1) Creative Commons; 2 y 5) Crédito no especificado; 3) Mike Fiechtner; 4) Gaby Rocha.

**Fuente: “El equinoccio de primavera: mitos y realidades” de Rosalba Delgadillo Torres, pueblicada en Revista Casa del Tiempo de la Universidad Autónoma Metropolitana.

Las más hermosas zonas arqueológicas de México vistas desde Google Earth (FOTOS)

Vestigios de templos, pirámides, juegos de pelota, calles y bastos parajes son lo que forman estas vibrantes zonas.

Para los antiguos mexicanos cada zona de su ciudad era un lugar sagrado, y cada acto de su vida en ella un ritual. Así lo demuestran los sitios arqueológicos, mismos de los cuales existen 187 resguardados por el INAH y abiertos al público.

Vestigios de templos, pirámides, juegos de pelota, calles y bastos parajes son lo que forman estas magnéticas y vibrantes zonas. En ellas cada detalle remite a la historia de las muchas etnias que poblaron territorio mexicano, y los restos que se han hallado cuentan un poco de su forma de organización social y su cultura.

Algo que es por ello asombroso —y diríamos que todo un privilegio— es poder admirar estos hermosos vestigios desde las alturas. De esta forma puede apreciarse su hipnótica magnitud.

En breve te mostramos las imágenes aéreas más fascinantes de diez zonas arqueológicas vistas con Google Earth.

Paquimé, Chihuahua

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Pocos saben que en el norte se encuentra, a 300 kilómetros de la ciudad de Chihuahua, una zona arqueológica de tan monumental belleza. Las impresionantes estructuras que hay en este territorio desértico cuentan la historia de la cultura Mogollón, que ahí luchó contra las duras  condiciones climáticas propias de la zona. Se dice que los españoles comparaban sorprendidos las estructuras de esta ciudad con las de la Roma antigua.

Tzintzuntzan, Michoacán

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Una cultura de suma importancia residía en esta zona. Los purépechas eran una etnia combativa pero no tan belicosa como la mexica, aunque sabían defenderse, según consta por sus victorias en varias batallas contra estos últimos. Su territorio abarcaba los sorprendentes 75 mil kilómetros cuadrados, y sus estructuras destacan por su sencillez y belleza.

 

Chichén Itza, Yucatán

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Una de las siete maravillas del mundo moderno, y sitio de fundamental importancia para la cultura maya en Yucatán. Sus estructuras más bellas son El Castillo, El Caracol (u observatorio), el Juego de Pelota y el Templo de las mil columnas. Pero además, Chichén Itzá esconde múltiples secretos y hasta el canto de un quetzal.

Cantona, Puebla

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Esta ciudad fue, según los investigadoras, una rival de Teotihuacán, hasta que un cambio climático desecó las tierras, obligando a migrar a sus habitantes. Era eminentemente un pueblo comerciante, pero también se producían ahí diversos objetos hechos con la obsidiana del cercano volcán Citlaltépetl

Uxmal, Yucatán

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La ciudad maya invisible, Uxmal, es una exquisita combinación de diversos estilos. Esta es una de las cualidades que permanece hasta hoy como un misterio para los antropólogos que han estudiado esta zona. Entre sus sitios más destacados está la Pirámide del Adivino, el Cuadrángulo de las Monjas y la Casa de las Palomas. Visitar Uxmal por la noche ofrece una experiencia única, por lo cual el INAH ha diseñado diversos espectáculos que acompañan este místico recorrido.

Monte Albán, Oaxaca

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Monte Albán es un destino obligado de Oaxaca, pues está a sólo 10 kilómetros de la ciudad. Esta zona corresponde a la cultura zapoteca y mixteca, y su rasgo más característico es su enorme y verde explanada, denominada Gran Plaza, en la cual se ubicaban los comerciantes para montar el mercado.

Tula, Hidalgo

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En esta zona se adoraba a Quetzalcóatl, como demuestran las plumas de piedra que adornan las fachadas. Pero lo más apabullante del lugar son los gigantes de Tula, que representan a la casta guerrera de los toltecas que habitaban esta metrópoli. Otras estructuras y zonas importantes son el Palacio Quemado y los dos Juegos de Pelota, con sus bellos aros decorados con serpientes ondulantes.

Comalcalco, Tabasco

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Esta “ciudad de los comales” era eminentemente comercial. Pertenecía a la cultura maya, pero tenía mucho contacto con otras etnias tanto del norte como del sur. En ella se encontraron los vestigios de su intercambio cultural con otros pueblos. Destacan entre sus construcciones la Plaza Norte, la Acrópolis y la Tumba de los Nueve Señores.

Toniná, Chiapas

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Lo que más resalta de esta zona arqueológica maya son sus singulares edificaciones, así como sus múltiples templos y escalinatas construidas sobre las colinas. Y lo más sobresaliente es su pirámide, que se encuentra entre las más altas de México. Este fascinante lugar está localizado a unos diez kilómetros al este de la actual ciudad de Ocosingo.

Guachimontones, Jalisco

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Con un nombre peculiar —que se atribuye moderno y cuyo significado sería “montón de guajes”—, este sitio ostenta un tipo único de pirámides cónicas hechas con base a círculos. Este zona arqueológica, que aún sigue siendo explorada e investigada, se encuentra a una hora al oeste de la ciudad de Guadalajara en el estado de Jalisco.

*Imágenes: Google Earth

4 pirámides donde puedes observar fenómenos ópticos en el equinoccio de primavera (VIDEO)

En distintas ciudades prehispánicas la disposición de las pirámides permite juegos de luz y sombras que proyectan la llegada del equinoccio de primavera.

La observación rigurosa de la naturaleza resultó en una conclusión recurrente en distintas civilizaciones: la vida está conformada por ciclos, patrones que se repiten, y gracias a estos ciclos es que nosotros podemos vivir. Estaban conscientes de que si uno de estos ciclos se interrumpía entonces el ser humano se encontraría en peligro.

Por ello, fue crucial asegurar por medio de rituales que el sol volviera a nacer cada día, que las lluvias surgieran las cosechas, y naturalmente, que las estaciones ocurrieran. En esto ciclos, el inicio de la primavera fue imprescindible pues marcaba la posibilidad de la vida, y para las culturas prehispánicas, desde luego fue fundamental.

Prácticamente todas las etnias mesoamericanas reverenciaron el equinoccio de primavera, es decir la llegada de esta estación, y tanto los solsticios como los equinoccios fueron fulgurantes momentos en su vida cultural y religiosa. Diversos sitios arqueológicos en México muestran, afortunadamente hasta hoy, simbolismos para honrar el equinoccio de primavera por medio de un juego de luces y sombras provocadas por la arquitectura, en el que, en diversos casos se repite la presencia de Quetzalcóatl, el Dios Bueno, que desciende para anunciar la vida.

Hoy, cada año miles acuden a lugares como Chichén Itzá, Teotihuacán, Dzibilchaltún, El Templo Mayor y El Tajín para recibir energía o imaginar la confluencia de los astros y la vida ritual de los antepasados.

Te presentamos 3 sitios arqueológicos de México donde se manifiesta el equinoccio, y que por lo mismo, continúan siendo lugares-rituales de gran importancia en el país:

 

Pirámide de Kukulkán, Chichén Itzá, Yucatán

Por 30 minutos en la escalera norte del Templo de Kukulkán o El Castillo, en una esquina, durante los equinoccios de primavera y otoño se forma una serpiente como resultado de las sombra que proyectan las 9 plataformas de la ciudad haciendo 7 triángulos invertidos y esta va avanzando hacia la cabeza en forma de serpiente en la parte baja, que representa a Quetzalcóatl, así, la serpiente desciende por la pirámide hasta llegar a su personificación.

 

Templo de Quetzalpapálotl, Teotihuacán, Estado de México

Aquí se hace un juego de luces y sombras que ilumina partes de las almenas de la pirámide. También en Tehotihuacán, a pesar de que los teotihuacanos fueron muy distintos de los mayas en tiempo y cultura, su ingeniería para honrar el equinoccio hace alusión a Quetzalcóatl, que las 12:00 desciende y así simboliza un inicio de otro ciclo.

  

Templo de las 7 Muñecas, Dzibilchaltún, Yucatán

A las 5 a.m el sol aparece por el lado oriente de la pirámide, y a través de sus ventanas y puertas el sol avanza hasta que queda detrás del edificio. En ese caso, el protagonista es el sol mismo, que hace una exquisita danza.

 

La Ferrería, Durango

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La ciudad más importante de la cultura Chalchihuites en el valle de Guadiana, Durango, fue construida a partir de la observación de los astros. Y aquí en el equinoccio de primavera, estratégicamente, su edificio conocido simplemente como La Pirámide, comienza a iluminarse. Según explica el INAH:

Conforme transcurren las horas, el rayo de luz crece, se expande a lo ancho y enciende todo el conjunto arquitectónico, mientras al pie del cerro, un petrograbado con una imagen de cacería también se aclara.El pequeño patio hundido, localizado en la parte alta de La Pirámide, marca en sus puertas y esquinas los puntos de salida del sol durante los equinoccios y solsticios. El efecto de luces y sombras se debe a la alineación del conjunto arquitectónico: la pirámide está orientada a los puntos equinocciales y solsticiales.

 

Imágenes: 1)difusionculturaluninter.wordpress.com; 2)Gliserio Castañeda/ INAH

Tetzcotzinco: conoce el lugar donde Nezahualcóyotl descansaba (VIDEO)

Fue el Palacio por excelencia de Nezahualcóyotl, aquí construyó grandes jardines e ingeniosas obras hidráulicas.

El Tetzcotzinco es una de las tantas maneras como también se le llama a la zona arqueológica conocida popularmente como Los Jardines de Nezahualcóyotl.

Este monumental y bello sitio se encuentra muy cerca de la Ciudad de México; a poco más de 30 kilómetros de distancia con rumbo al noroeste, en la periferia del municipio de Texcoco, en el Estado de México.

Fue el lugar de descanso por excelencia de Nezahualcóyotl, aquí tomaba baños y llevaba a cabo asuntos imperiales. Aplicó en estos vestigios tecnología hidráulica que sorprende hasta nuestros días y mandó construir uno de los jardines más hermosos de su época.

Los datos de como llegar, la ruta y los tiempos del trayecto, así como los principales monumentos qué visitar en la zona arqueológica, los podrán encontrar perfectamente detallados en el video que acompaña a este artículo… Mencionado lo anterior, debo comentar que en el presente texto me enfocaré en mencionar algunas impresiones que me llevé del lugar pero que, por cuestiones del mismo formato del video, no pude incluir en dicho material.

Primeramente quiero mencionar lo “abandonada” que se encuentra esta zona arqueológica… Pero aclaro de antemano para evitar malos entendidos, amigo lector; que no me refiero (o por lo menos no de manera exclusiva) a las autoridades encargadas de proteger el lugar… Menciono lo anterior porque (sin conocer el caso particular del “abandono” del Tetzcotzinco), no es la primera vez que a lo largo de mis recorridos, me encuentro con vestigios arqueológicos “abandonados” debido a disputas legales sobre la propiedad de los terrenos, e incluso, a la reticencia de los propios habitantes ante las autoridades para “restaurar” los monumentos…

Sin embargo, y por otra parte, este mismo hecho; y me refiero al “abandono” y su consecuente “acceso libre” a la zona, ha traído consigo algunos factores “positivos” que mencionaré a continuación: primeramente, la afluencia de visitantes (la mayor parte proveniente de las localidades aledañas) es bastante nutrida… Todos los días de la semana encontramos paseantes en la zona, mismos que se incrementan sustancialmente los sábados y domingos. Estos mismos días, en la parte baja, es decir, en el “acceso principal”, se encuentran puestos de comida en donde se obsequian, previa “cooperación voluntaria”, modestas guías fotocopiadas para recorrer el sitio. Por otra parte, el acceso con mascotas está prohibido (pese a que en la zona podemos encontrar varios perros de la localidad que pasean libremente por el campo), sin embargo, es muy común encontrarnos también a familias que hacen todos el recorrido acompañados de sus fieles amigos perrunos… Por otra parte y de manera muy personal, quiero comentarles que como practicante del montañismo que soy, un hecho que me gustaría recalcar es que este “espacio abierto” se está volviendo popular entre los deportistas de montaña, a quienes se les ve cada vez mas frecuentemente correr entre los senderos que bordean las estructuras arqueológicas e internarse en campo abierto, hasta la vecina comunidad de San Pablo Ixayoc, en recorridos de entrenamiento, de ida y vuelta, a través de este paisaje sin igual.

Por último, los invito de nueva cuenta a ver el video adjunto… Pero mas importante aún, a visitar personalmente este lugar y a compartir esta experiencia con amigos y familiares para generar un “círculo virtuoso” que promueva el conocimiento de lugares tan bellos como éste y que nos enorgullecen como mexicanos, nuestro patrimonio cultural.

*Imagen: Somos Nómadas

*Ve más videos como este en el canal Somos Nómadas en YouTube.

Eduardo Bonilla
Autor: Eduardo Bonilla
Diseñador gráfico de profesión. Apasionado de la historia del arte y la arqueología. Se desempeñó en la publicidad por casi 10 años y actualmente es productor independiente de video. Se considera a sí mismo como un “viajero poco tradicional”. Ha sido conductor de series del canal History y colaborador en Discovery Channel.