De Pancho Villa a Burroughs: presos legendarios de ‘El Palacio Negro de Lecumberri’

La diversidad de mentes que pisaron esta cárcel es una muestra de que el lugar también sirvió como un depósito de conciencia y libertad.

A veces lo que es ‘ilegal’, no tiene nada que ver con lo éticamente correcto. En este sentido, muchas épocas han tenido en sus cárceles a los verdaderos héroes,  los que tuvieron la entereza para ser los disidentes de las mentiras en boga. No estamos diciendo que todos los personajes que enlistamos a continuación lo sean, pero sí creemos que de 1900 a 1976 el ‘Palacio de Lecumberri’, también conocido el ‘Palacio Negro de Lecumberri’, se convirtió en un hoyo negro en el que convergieron personajes que siguiendo su conciencia o llamados, también fueron muy incómodos a la élite. 

Esta icónica  cárcel se convirtió en el hoyo oscuro de México, donde, se sabe, las atrocidades y promiscuidades más impensables sucedieron.

Algunos de los emblemáticos personajes que conocieron desde dentro aquellas rejas.

 

David Alfaro Siqueiros

 

El muralista fue encarcelado en 1960. Estuvo preso por 4 años, acusado de disolución social, pues era el presidente del ‘Comité de Presos Políticos y la Defensa de Libertades Democráticas’. Parte de su estilo estético lo desarrolló ahí, entre los muros. La fotografía que presentamos de él, una de las más icónicas, fue también tomada ahí.

 

Pancho Villa

 

El rebelde de la Revolución fue acusado de insubordinación, desobediencia y robo. Estuvo recluido en Lecumberri del 7 de junio al 7 de noviembre de 1912. A punto de ser fusilado, fue perdonado.

 

William Burroughs

 

Este escritor de la ‘Generación Beat’, uno de los más importantes de la historia, estuvo en Lecumberri por haber matado por accidente a su esposa cuando en una fiesta le disparó al vaso de ginebra que tenía en la cabeza tratando de imitar la hazaña de Guillermo Tell. Permaneció 14 días en la prisión.

 

José Revueltas

 

El icónico escritor estuvo recluido durante 2 años y medio. Fue detenido solo por ser parte del movimiento estudiantil del 68 en noviembre de ese mismo año.

 

Juan Gabriel (Alberto Aguilera Valadez)

El cantante estuvo preso durante año y medio, entre 1970 y 1971, acusado de robo. La cantante Enriqueta Jiménez, “La Prieta Linda”, consiguió el dinero para pagar su fianza.

 

¿Qué otro caso más conoces?

Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto huenasnoticias.com Y pintora con bordadora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )

La Llorona, el más triste de nuestros fantasmas

Un poco sobre el nacimiento y evolución de uno de los espectros más famosos de nuestro país; una de las leyendas más extendidas y con más variaciones; símbolo y arquetipo del dolor femenino.

La mujer que, por locura o traición, mata a sus hijos, es parte del universo mítico de muchas culturas. Quizá, una de las primeras fue Medea quien, enloquecida por el abandono de su amado Jasón, mató a sus hijos. Pero cada pueblo tiene su expresión muy propia del arquetipo, y en México existe el lamentoso fantasma conocido como La Llorona.

El mito de esta trágica mujer tiene su origen en el México precolombino

Sus primeras apariciones están asociadas con los presagios de la llegada de los invasores españoles y la caída de Tenochtitlán. 

El espectro que sería conocido como La Llorona más tarde aparece en los textos de fray Diego Durán, que escribió que, poco antes de que su imperio cayera en manos de los conquistadores europeos, Moctezuma II soñó que iba a ser derrocado, tras lo cual encomendó a brujos y adivinos que le explicaran el significado de sus sueños; también pidió a todos los que andaban de noche por las calles de la ciudad que preguntaran a la mujer que gime y llora por las noches el motivo de su pesar. Esto deja ver que la presencia de la mujer fantasma que se lamenta por las noches y que ronda desesperada las calles de la ciudad existió antes que el país que hoy llamamos México.

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Esta leyenda también se encuentra registrada en la Historia de Tlaxcala, escrita entre 1576 y 1591, por Diego Muñoz Camargo. En su texto, los presagios de la invasión incluían: una llama que aparecía en la noche y que asustaba a la gente, desde diez años antes de la Conquista; un incendio inexplicable e inextinguible en el Templo de Huitzilopochtli; un rayo que cayó al Templo Xiuhtecutli sin hacer ruido alguno; la inundación de una gran cantidad de casas a causa del desbordamiento del lago; un fuego que apareció en el poniente y se dividió en tres partes; la supuesta captura de una gruya que tenía un espejo en la cabeza en el que podían verse sucesos del porvenir; el nacimiento de personas deformes con un cuerpo y dos cabezas.

Finalmente, una mujer que recorría las calles gritando lastimosamente —una figura parecida a Raquel que, en la Biblia, lanza fuerte lamentos por sus hijos (el pueblo de Israel).

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Imagen: Carmen Ligeia

La leyenda de La Llorona también fue documentada por fray Bernardino de Sahagún

A través de sus informantes indígenas, supo de una mujer que llamaba a su hijos por las noches, les advertía que tenían que irse lejos y se preguntaba a dónde habrían de ir; el fraile asocia a este espíritu femenino con la mujer serpiente, Cihuacóatl, y con Tonantzin, la diosa madre. Sahagún también apunta que esa mujer solía llevar una cuna vacía al mercado por las noches y dejarla ahí; dentro de ella sólo había un cuchillo hecho de pedernal, el mismo que usaba para hacer sacrificios humanos.

El espectro sobrevivió la Conquista, y se mezcló con la cultura que nació de ella. Aparece, también, en las crónicas de Luis González Obregón (1865-1938), específicamente en Las calles de México, donde el historiador narra que, a mediados del siglo XVI, en el centro de la Ciudad de México, se escuchaban tristes gemidos por las noches. 

Provenían de una mujer vestida de blanco, que llevaba un velo sobre la cara, y que recorría las calles de la capital hasta llegar a la Plaza Mayor, donde se hincaba viendo hacia el Oriente y se lamentaba; luego se dirigía hasta la orilla del lago, donde se esfumaba como bruma. El espectro asustaba a los vecinos, y muchos valientes conquistadores, aunque llenos de miedo, la seguían con cuidado para verla desvanecerse en el agua.

Hoy existen muchas versiones de la leyenda de La Llorona dependiendo del estado de la república donde se narra

A pesar de las muchas variaciones, casi todas ellas coinciden en contar la historia de una mujer muy bella, de origen indígena, que se enamoró un acaudalado criollo. La pareja tuvo dos hijos (en algunas versiones tres), pero nunca contrajo matrimonio.

Eventualmente, él decidió casarse con otra mujer de su misma clase social y casta, y decidió llevarse a sus hijos a su nuevo hogar. En un ataque de ira y desesperación, una noche, la mujer ahogó a sus hijos en el lago, aunque otras versiones dicen que los acuchilló. Una vez que los había matado, al darse cuenta de lo que había hecho, comenzó a vociferar ese lamento que hasta hoy es capaz de estremecernos: “Ay, mis hijos”. Se dice, hasta el día de hoy, que el espectro se ha visto en muchas partes de la ciudad, casi siempre cerca de donde hubo un río o un cuerpo de agua.

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Muchos expertos asocian la leyenda y la figura de esta mujer con Malitzin, esposa indígena de Hernán Cortés, también conocida como “la malinche”. Según algunas versiones de la historia, el hijo que nació de su enlace fue llevado por él a España, y ella nunca lo volvió a ver. Lloró por él cada noche. Existen numerosos mitos parecidos a este en lugares más lejanos como Venezuela, Chile, Ecuador, El Salvador y hasta España, en la que el espectro que se lamenta es el de una gitana traicionada.  

La Llorona, nuestro fantasma más desgarrador, encarna el antiquísimo arquetipo de la mujer que llora por dolores que la trascienden y que son universales, que existieron antes de ella y que la sobrevivirán: el engaño, la muerte de un hijo, la traición del amado e, incluso, la caída de un gran imperio.

*Fuentes:

Durán, fray Diego, ”Historia de las Indias de Nueva España e islas de la tierra firme”

González Obregón, Luis, ”Las calles de México”

Muñoz Camargo, Diego, ”Historia de Tlaxcala”

Sahagún, fray Bernardino, ”Historia general de las cosas de Nueva España”

María González de León
Autor: María González de León
Escritora, guionista y editora web. Estudió letras inglesas; escribe películas y series. Ha trabajado en medios como Faena Aleph y Pijama Surf. Le gustan la música, el yoga y los vampiros.

Improbables retratos de Palenque y los mayas, cortesía de un excéntrico conde

Los mayas nunca fueron representados de una forma tan deslumbrante, extravagante e inexacta como en la obra de Jean-Frédéric Waldeck.

Las culturas prehispánicas americanas han fascinado desde hace siglos al imaginario europeo. Pocas veces ha sido tan evidente como en el trabajo del artista viajero Jean-Frédéric Waldeck, quien hizo una lectura particularmente excéntrica de la cultura maya y su estética, a través de una serie de retratos de dicha civilización que, mezclados con elementos de otras culturas, resultaron en una especie de pastiche visual cuya singularidad e imprecisión resultan deslumbrantes.

La visión estrafalaria de Jean-Frédéric Waldeck

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La interpretación de la historia de América basada en las ideas del difusionismo ganó popularidad a finales del siglo XVIII y afectó de manera contundente en la producción intelectual a lo largo del siglo XIX. 

Esta corriente arqueológica parte de la premisa de que todas las civilizaciones son derivadas directas de otras llamadas nucleares; esta rama de la arqueología ha estado envuelta en distintas controversias a lo largo del tiempo debido a sus dudosas bases históricas y visiones eurocéntricas estrafalarias. Uno de los cultivadores de este tipo de pensamiento fue, precisamente, el protagonista de este texto.

Jean-Frédéric Waldeck, sin duda alguna, fue un personaje enigmático y controvertido cuya vida, obra y pensamiento rayan en lo fantástico. Su biografía está llena de datos incomprobables: se le conoció también como el conde de Waldeck, Friedrich Von Waldeck, o Johann Friedrich Maximillien, entre otros títulos y nombres, todos ellos auto impuestos.

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Tampoco existe un registro comprobable de su fecha o lugar de su nacimiento; probablemente nació el 16 de marzo de 1766 y durante su vida —que según algunos registros duró 109 años— él aseguró haber nacido en Praga, París y Viena, aunque también dijo ser  británico y alemán; en ocasiones usando el título de duque y, en otras, de barón. 

Waldeck también aseguraba haber sido parte de la expedición de Napoleón Bonaparte a Egipto y haber ido de pesca con el mismísimo Lord Byron, así como haber retratado a María Antonieta poco antes de su ejecución —nada de esto es demostrable. Incluso su muerte estuvo rodeada de hechos muy probablemente ficticios: se dice que murió de un infarto mientras contemplaba a una hermosa mujer en las cercanías de los Campos Elíseos, en París. 

Es un hecho que el conde Waldeck hizo un viaje a México

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Lo que es un hecho es que este personaje fue un artista, viajero, escritor, grabador y pensador europeo. También se sabe de cierto que en 1856 hizo una versión del escandaloso libro renacentista de imágenes eróticas I Modi, destruido tiempo atrás por órdenes papales; es un hecho, también, que Waldeck hizo un viaje a México contratado por una compañía minera en algún momento de su vida. 

El trabajo resultó un fracaso, pero le permitió viajar durante una larga temporada por el país y pasar dos años, de 1831 a 1833, en Palenque. Durante esta temporada el supuesto conde habitó una de las pirámides de la zona arqueológica acompañado de dos concubinas mayas (o al menos eso cuenta su leyenda). De hecho, el hoy conocido como el Templo del Conde lleva ese nombre por la estadía de Waldeck ahí. 

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Su fascinación por la arqueología y las bellas artes lo condujeron a producir una serie de dibujos y bosquejos que retrataban, en principio, las ruinas o restos arquitectónicos de las zona arqueológica de Palenque; para después derivar en una serie de obras en apariencia reconstructiva de los usos y costumbres de la civilización maya. 

La singularidad de dichas obras radica en que la mezcla de estilos arquitectónicos, de vestimenta, flora y fauna, simplemente no coinciden con la realidad sobre dicha cultura, y que reflejan un grado tal de fantasía que, se sabe, le valieron el desprecio de muchos expertos en el tema de la época.

También en Más de México: Mira el precioso catálogo digital de memorias de la cultura maya publicado por Google

En las obras que hizo Waldeck durante su estadía en Palenque es posible encontrar personajes “mayas” en posturas que parecen provenir, más bien, del arte hindú; se pueden encontrar retratos de leones y cabezas de elefantes (que, por supuesto, no formaban parte de la fauna de la región), escudos romanos, guerreros en posiciones que evocan el antiguo Egipto y motivos clásicos greco-romanos —una deliciosa mezcla sin sentido de culturas. 

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Las ilustraciones de Waldeck en sí mismas son de una manufactura impecable. Aún el más educado de los ojos tiene una reacción ante ellas. Técnicamente conceden y reflejan las virtudes de un artista que tal vez, en un intento por abarcar demasiados intereses en un solo espacio, dejó de lado la responsabilidad con la ciencia y la transmisión de conocimiento que una práctica arqueológica supone. Al presenciar las excentricidades a las que sometió dichos retratos no hay manera de no sorprenderse. 

Cabe mencionar que durante el siglo XIX muchos adeptos al difusionismo, consideraron que las figuras representadas en la escultura y bajorrelieve de Palenque eran extensiones o derivaciones del arte egipcio, polinesio o de las diez tribus perdidas de Israel. Esto explica, en buena medida, el collage arqueológico y visual que el conde de Waldeck realizó sobre el papel.

Es muy probable que el artista estuviera frustrado por no ser lo suficientemente reconocido, y esperaba —a pesar de que su obra sobre Palenque y los mayas fue incluida en el Monuments anciens du Mexique (Palenque, et autres ruines de l’ancienne civilisation du Mexique) de Charles Étienne Braseeur de Bourbourg (1886)— ser reconocido mundialmente como un gran aportador a la cultura universal. Pero la historia es caprichosa y el hecho es que sus piezas, en su rareza y originalidad, brillan con luz propia hasta el día de hoy.

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La manera en que Waldeck ficcionó y fusionó su vida y obra resulta notable. Tal pareciera que, además de ser un representante del difusionismo, podría ser considerado una gran influencia de las prácticas artísticas contemporáneas y sus bases teóricas. De una manera extraña y tal vez inconsciente aplicó los principios del obra de arte total o Gesamtkunstwerk, que Richard Wagner proponía, mientras este extraño personaje, desde una pirámide en ruinas al otro lado del mundo, retrataba del pasado hacia el futuro.

*Referencias:

“Jean-Frédéric Waldeck y sus invenciones de Palenque”, Pablo Denier

“Brief Encounters with Jean-Frédéric Maximilien de Waldeck”, Rhys Griffiths

María González de León
Autor: María González de León
Escritora, guionista y editora web. Estudió letras inglesas; escribe películas y series. Ha trabajado en medios como Faena Aleph y Pijama Surf. Le gustan la música, el yoga y los vampiros.

Oxxos y Dr Simis como paisaje urbano: la obra de Carleti Lopes Traviesa

El capitalismo y las corporaciones son un elemento que va incorporándose al imaginario estético y esto está siendo plasmado en el arte.

Cuando vi la obra de Carleti Lopes Traviesa, albergue de Oxxos y doctores Simis, reparé en que, aunque se tratan de corporaciones, se han convertido en parte de la estética urbana de México.

“Los Oxxos son como patrones que se repiten por todos lados. Yo no los pinto como temas exóticos sino como elementos iconográficos”, me dice el artista, un español de 39 años radicado en México desde hace cuatro.

La CDMX está llena de estímulos. México tiene color, vida, acción. Para mí en el caos que tiene veo obras de arte y situaciones siempre.

Sus pinturas son sólo espejos de lo que él ve, de lo que ‘se le queda’ al ver. “Para mi lo primero es el objeto, la repetición, y ese elemento lo voy utilizando. En el caso del aguacate me pasa lo mismo, pero lo hago como algo no pensado, es algo que me surge”.

Carleti no está interesado en representar el folclor de México. Busca sólo una relación con la estética, con el objeto, la forma y los colores. Y en el caso de la presencia del Dr. Simi en su obra, este personaje le despierta reflexiones.

“¿Una botarga que te divierte al venderte remedios contra la enfermedad? Quizá eso sea el postcapitalismo”, me dice.

 

Carleti Lopez Traviesa

Carleti Lopez Traviesa

Carleti Lopez Traviesa

 

 

 

Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto huenasnoticias.com Y pintora con bordadora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )