Vibrante e icónica: así se vería la Época de oro del cine mexicano a color (GALERÍA)

¿Has pensado cómo se verían a color algunas de las películas mexicanas más queridas?

A pesar del tiempo, la Época de Oro del cine mexicano continúa siendo un referente cultural clave. Aunque hay mucho de este cine que definitivamente ya deberíamos aprender a olvidar, sin duda tiene maravillosos detalles que siguen inspirando a nuestros creadores. 

Se considera que este momento en nuestra historia cinematográfica estuvo activo entre 1936 y 1959. Una boyante industria y una gran cantidad de consumidores dieron lugar a este fenómeno. 

Se piensa que, en gran medida ocurrió porque durante ese periodo debido a la Segunda Guerra Mundial, el cine estadounidense estaba más apagado y las audiencias comenzaron a ver con buenos ojos el cine nacional. El asunto explotó: empezaron a surgir grandes estrellas (que aún continúan siendo admiradas y queridas) y se produjeron algunas de las más importantes películas de nuestra historia

Vibrantes y encantadores, así eran estos filmes en blanco y negro, que, en muchos sentidos, aún enamoran a miles. No es extraño preguntarse, con un pie en el presente, cómo se verían estas películas si hubieran estado a color, cómo eran los personajes y los escenarios que habitaban. 

Tratando de contestar a la pregunta, Alejandro Pérez Rodríguez, diseñador originario de Tijuana, decidió restaurar y colorizar los antiguos fotogramas, buscando, en sus palabras, “un ángulo nunca antes visto, una nueva perspectiva”. Con esta curiosa labor, sin duda refresca la existencia de estas “crudas y bellas historias” contadas con elegancia por grandes como María Félix, Pedro Infante y Dolores del Río.

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Hollywood ha pintado a México de color sepia (y queremos saber por qué)

Los memes sobre el “color de México” según las películas estadounidenses han abierto una discusión que urge tener.

Representar México siempre es un ejercicio tremendamente ambicioso. No hay una textura, un paisaje o un color que pueda resumir al territorio con precisión, probablemente porque es impreciso y muy vasto. 

Sin embargo, recientemente —en la esteparia geografía de las redes sociales— han surgido memes que evidencian el absurdo tono sepia con el que las películas estadounidenses “tiñen” a México. Señalar este ejercicio de la visualidad hollywoodense es importante, pero sobre todo, tenemos que empezar a preguntarnos por qué se practica.

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Probablemente en muchos niveles solo sea una resolución “simple” a un problema técnico. La conexión constante que tenemos con el vecino del norte lo ha obligado a incluirnos en más de una de sus narrativas fílmicas y, en muchos casos, es necesario dejarle claro a la audiencia que la trama está transcurriendo en México. 

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Así se construyó un cliché: en la visión de Hollywood, México es un sitio caluroso, polvoso, sucio, tal vez, y de donde vienen personajes ultra apasionados o con una pinta criminal (como hacen también con otros países no-occidentales) y eso se deja saber tiñendo la imagen de sepia.

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Pero el cine forma e informa a sus espectadores y el recurso narrativo se transforma en un injusto y peligroso esquema de representación que nunca ha tenido justificación, pero que hoy, en más de un sentido, está desactualizado, pues como explica el teórico de la cultura Edward Said:

Nadie hoy es puramente una cosa. Las etiquetas como indio, o mujer, o musulmán, o estadounidense no son más que puntos de partida, que si son seguidos por la experiencia real por un momento, quedan rápidamente atrás.

Así lo dijo en “Cultura e imperialismo”

Por otro lado —y a riesgo de ensamblar una contradicción— el sepia sí es un tono “muy mexicano”. Hay un momento, en temporada de lluvias (cuando en Morelos y en Oaxaca ya salieron las hormigas chicatanas y los cerros están verdes, verdes) que cuando atardece y el cielo está gris, pero aún hay sol, en el que todo se pone un poco sepia y el ocre del adobe y las arcillas domina absolutamente la paleta visual.

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007 Spectre (2015)

¿Cabe la posibilidad de que en un extraño ejercicio de abstraer al increíble México a través de un solo recurso, los no tan ingeniosos creadores en cuestión optaron por una abstracción que, ciertamente, apela a una de nuestras más hermosas facetas?

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Casa de mi padre (2012)
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Breaking Bad (2008-2013)
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Nacho Libre (2006)
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Once Upon A Time in Mexico (2003)
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Casa de mi Padre (2012)
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Frida (2002)

Chicuarotes: la película que está abriendo una reflexión urgente sobre la realidad en México

La nueva película de Gael García plantea una serie de preguntas indispensables con una potencia memorable.

La relación que establecemos con el lugar donde vivimos –sea el pueblo, la colonia o el barrio– no siempre es fácil. A veces, lograr que prevalezca el sentido de pertenencia y las ganas de hacer comunidad, requiere que seamos muy tercos; sobre todo cuando el contexto que nos rodea es bastante desalentador.

Pero hay en los mexicanos un sentido de resiliencia –una deliciosa necedad– que siempre nos convoca a “estar mejor” y a buscar otros caminos. Esta energía, que distingue a nuestros paisanos, se deja ver profusamente Chicuarotes (2019), la nueva película dirigida por Gael García Bernal.

“Chicuarotes”, palabra que se usa para definir una actitud “terca” o “necia”, se utiliza también como el gentilicio para nombrar a los habitantes del barrio de San Gregorio Atlapulco, en la emblemática alcaldía de Xochimilco en la Ciudad de México.

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Este barrio es el lugar donde toma lugar la historia del filme, que cuenta un episodio en la vida de “Cagalera” y “Moloteco”, dos adolescentes que emprenden una búsqueda peculiar (pero que tristemente se repite entre muchos) para cambiar sus circunstancias. En el camino pondrán en cuestión todas las definiciones que los guían, especialmente la de “sueño” o “aspiración”. 

Xochimilco, donde se filmó esta película, tiene un aura mística y entrañable. Para quien no lo sepa, se trata de una zona al sur de la Ciudad de México que está repleta de tradiciones. Es también lugar que guarda conocimientos ancestrales ligados a la agricultura en chinampas. 

Estos elementos clave para la identidad de la zona –destacando, por supuesto, al enigmático ajolote– son delicadamente retratados en la película y aparecen frente a los personajes como preciosos talismanes: objetos mágicos que podrían cambiar la realidad, si tan solo se permitieran escucharlos. 

Como en otros barrios mexicanos, en San Gregorio hay fuertes dinámicas sociales (en muchos sentidos violentas) que ponen en riesgo la composición de la colectividad. Sin embargo, la belleza y la fuerza de la cultura y las tradiciones se manifiestan como promesa. Tal vez por eso, muchos en Xochimilco están tan profundamente enamorados de los ajolotes: los conciben como un digno representante de lo que son. 

Pero los personajes de “Chicuarotes” habitan una tragedia personal: ajolotes, chinampas y antiguas tradiciones se les presentan como signos transparentes, no como fundamentos para cambiar de vida.

La dura propuesta audiovisual, mucho más que una invitación a la reflexión, se planta frente a uno como una exigencia de compromiso; no solo con la experiencia del filme, también con el contexto que está dibujando (inspirado en una de las múltiples aristas de la realidad mexicana) y, sobre todo, con uno mismo

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Aunque la conversación que abre “Chicuarotes” es una que genuinamente duele abordar, es urgente que se ponga en nuestras mesas. Es un regalo, en muchos sentidos, que una película tenga la capacidad de volver a sacudirnos.

Para muchos, el cine es un espacio frívolo, superficial, un momento para “desconectarnos”; pero es su capacidad de sumergirnos en la vida de otro –en su mundo– la que lo transforma en una herramienta que deberíamos aprovechar para conectarnos.

Si “Chicuarotes” abre preguntas sobre el estado de nuestra sociedad, tal vez sin ofrecer respuestas, es porque nos quiere recordar que solo desde la propia trinchera se puede construir un mundo mejor; un territorio donde todos vislumbremos la materialización de nuestras aspiraciones. Por eso verla es un compromiso: cuando vivas la historia que tiene para contar, no podrás quedarte de brazos cruzados.

4 polémicas películas mexicanas que marcaron la historia del cine (y dónde verlas)

Lo genial del cine es que nos pone en los zapatos de un otro insospechado y a veces la propuesta es deliciosamente radical y transgresora.

Lo genial del cine es que tiene la capacidad de ponernos en los zapatos de un otro insospechado. La propuesta, a veces, es deliciosamente radical y transgresora. Esto, sin duda, transforma al cine en una poderosa herramienta de crítica que puede poner muy incómodos a los grupos que dictan los fundamentos de la moral o que ocupan altas posiciones de poder social.

En ese sentido, en la historia de nuestro séptimo arte, hay múltiples ejemplos que pusieron “el dedo en la llaga” y causaron enorme polémica y hasta activaron mecanismos de censura. Sin embargo, entre la curiosidad y las ganas genuinas de escuchar voces alternativas, el público de distintas épocas ha luchado por estirar los límites de la moral y estas geniales propuestas fílmicas ya vieron la luz.

Te presentamos, entonces, 4 polémicas películas mexicanas que marcaron la historia del cine nacional (y hasta te decimos dónde verlas).

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1: La sombra del caudillo (1960)

Basada en la novela homónima de Martín Luis Guzmán publicada en 1926, narra el escabroso (y extrañamente familiar) contexto político post revolucionario. Dirigida por Julio Bracho y estelarizada por Ignacio López Tarso, fue vetada por el Estado antes de ser estrenada, pues, como comunicó la Secretaría de la Defensa, el filme “denigraba a México y sus instituciones”, además de “ofrecer una visión falsa de la historia y del Ejército Mexicano”. Por 30 años estuvo censurada, pero hoy la puedes ver en el video insertado arriba.

2: El Vampiro y el sexo (1968)

Tal vez uno de los personajes más queridos del cine mexicano fue El Santo o el Enmascarado de Plata, un auténtico héroe acostumbrado a liberarse de toda clase de criaturas y monstruos.

Sin embargo El Santo no se salvó de la censura. Mientras que en 1968 estrenó “Santo en el tesoro de Drácula” sin muchos problemas, hay una versión alternativa de la misma película que hasta 2011 no era conocida por el público.

En esta versión, además de luchar contra el mítico vampiro, el héroe mexicano tiene que enfrentarse a un séquito de seductoras vampiras que aparecen semidesnudas. Sin duda la película era un reto a la moral de la época, pero después de su restauración fue proyectada en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, aunque El Hijo del Santo trató de evitarlo.

Hoy puedes verla en el video insertado arriba.

3: El castillo de la pureza (1972)

Aún hoy puede ser difícil de ver y sin duda evoca una sensación tristemente familiar. En muchos sentidos, la polémica que causó es resultado de una visión sobre la sexualidad que continúa activa y que, en muchos sentidos, nos daña y constriñe. Pero Arturo Ripstein habló de esta constricción múltiples veces en su obra (no olvidemos la genial “El lugar sin límites” de 1978).

La fuerte trama narrada en “El castillo de la pureza” está basada en una historia real. Se trata de una familia que ha sido privada de la libertad por el padre durante 18 años, pues él considera que la sociedad y el mundo “de afuera” son potencialmente dañinos para el espíritu. Las cosas se complican, por supuesto, cuando los hijos llegan a la adolescencia y comienzan a explorar su sexualidad.

Puedes verla gratis en el video insertado arriba, aunque la calidad no es muy buena. Te recomendamos verla en Filmin Latino, la renta te costará 25 pesos.

4: Canoa (1975)

Una de las más controversiales películas en la historia de México (y también de las mejores). La intensa narración está basada en un caso real ocurrido en San Miguel Canoa, Puebla, cuando, injustamente y por una extraña confusión, fueron linchados unos jóvenes empleados de la Universidad Autónoma del estado. Por su contenido e intenciones políticas, el gobierno retiró el “peligroso” filme de las salas y estuvo sin poder proyectarse durante casi una década.

Puedes verla gratis y en una calidad bastante aceptable en el video insertado arriba.

*Imagen destacada: Cuadro de “El Vampiro y El Sexo”